El tema recurrente en mis columnas de La Jornada es la historia y su relación con la política. A veces más inclinado hacia el pasado, otros, más hacia el presente, pero siempre en ese eje. Hoy, sin embargo, quiero hablar de otro asunto, aunque quizá no es otro tema, pues como dicen que dijo Marx en alguna parte, sólo conocemos una ciencia, la ciencia de la historia. Es decir, todo lo humano es histórico.
Este año, las mariposas monarca llegaron a México antes de tiempo: desde mediados de octubre. Se atribuye este fenómeno a los efectos del clima por la entrada del huracán Delta a Estados Unidos. Año tras año inician la migración desde Canadá para pasar el invierno en los bosques de Michoacán y del estado de México. Un punto especial de su destino, Angangueo, fue el sitio elegido para desarrollar una historia fascinante en la película de ficción Hijo de Monarcas, dirigida por el biólogo y cineasta franco-venezolano Alexis Gambis; estrenada el 31 del pasado octubre en el 18 Festival Internacional de Cine de Morelia.
La historia hilvana la compleja metamorfosis personal de un biólogo oriundo de Angangueo, de nombre Mendel, que dedica sus solitarias, persistentes y apasionadas horas de estudio a las mariposas monarca, identificando la composición de los espléndidos patrones (matemáticos) en sus alas y la disposición de los colores en las mismas, obteniendo información genética que da luz acerca de elementos claves para la comprensión de la evolución. Todo esto en un laboratorio universitario en la ciudad de Nueva York, al que llegó como estudiante de doctorado.
La historia familiar lo llama de vuelta a Angangueo, donde observa los pedazos de bosque pelones que anuncian el grave daño que enfrentará la población de mariposas monarca, de continuar la tala indiscriminada de los bosques de oyamel en la región. Pero la tala del monte y la reactivación de la minería, ahora a cielo abierto, amenazan no sólo a la mariposa, sino a la vida entera. La tala y la mina, escenarios de todos los días en regiones y comunidades que siguen siendo sacrificadas por intereses económicos depredadores. La mina mata: de hecho, ya ha matado. Mata y divide, pues enfrenta entre sí a los personajes: hace 15 días escribí de la lucha del pueblo de Loma de Bacum contra el gasoducto y hace un mes de la lucha de las comunidades del municipio de Gómez Palacio, Durango, contra la fábrica de cianuro, pero no escribí –no cabe todo en un artículo– que algunos de los pobladores han sido comprados, literalmente, por las trasnacionales para aceptar el despojo o la fábrica. También ocurre así en esta ficción no tan ficticia en Angangueo.
En fin, la migración de Mendel de vuelta a su tierra, a su familia, lo obliga a enfrentar traumas pasados y a reflexionar sobre su nueva identidad híbrida, lanzándolo a una metamorfosis personal y espiritual. El protagonista se llama así en memoria del padre de la genética, que buscaba respuestas al origen de la vida.
Las mariposas monarca han dado imágenes espléndidas para construir metáforas sociales y políticas en distintos planos, el más sensible lo encontramos en las tradiciones orales de esta región biocultural. Metáfora de las migraciones en el continente americano, para las que la disolución de las fronteras –y no la construcción de muros, ni en el Bravo ni en el Suchiate– debería ser un imperativo; metáfora de una historia que nos recuerda lo insondable y especial del patrimonio natural de México. Metáfora también de un patrimonio biocultural que se asienta en esa región compartida gracias a la llegada de las mariposas monarca, en Michoacán y el estado de México, poniendo a nuestro país una vez más al frente de una tarea extraordinaria: la defensa de un patrimonio universal que brinda claves para comprender la evolución natural que cada día nos arroja con urgencia sus cuestionamientos: lo vemos en los efectos cotidianos del cambio climático. Además de tratar la pasión por el estudio de esta asombrosa especie, es la historia de un patrimonio que se encuentra bajo la amenaza constante de su pérdida. ¡Nos dicen animales para insultarnos!, comenta uno de los amigos de Mendel, pues ¿qué no lo somos?
No se la pierdan en la plataforma de Cinépolis Hijo de Monarcas (Alexis Gambis, 2020), es una ficción con contenido profundo.
Pd: Este artículo es para Pablo. Y también para María. Ellos saben por qué.
Twitter: @HistoriaPedro
México SA
Bolivia: a reconstruir // Golpistas a la cárcel // Arce: trabajo arduo
Carlos Fernández-Vega
El próximo domingo tomará posesión el nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce, del Movimiento al Socialismo, quien arrasó en las elecciones de octubre pasado (obtuvo 55 por ciento de los votos) y retomará el programa de crecimiento, desarrollo, inclusión y soberanía puesto en marcha por Evo Morales desde 2006, el mismo que la derecha del país sudamericano intentó truncar por medio de un golpe de Estado en noviembre de 2019.
El futuro mandatario boliviano, ex ministro de Economía y Finanzas Públicas de Evo, reconoce que al nuevo gobierno le llevará hasta dos años y medio recuperarse del desastre financiero que deja el régimen de facto ( La Jornada, Luis Hernández Navarro) y detalla que “la proyección del producto interno bruto para 2020 (el periodo golpista) está entre menos 8 y menos 11 por ciento; es más, de acuerdo con las cifras oficiales de este gobierno (de facto), tres meses atrás ya habríamos alcanzado menos 8. Estamos con rumbo a profundizar la crisis. Esto, cuando nuestro país crecía 8.2 por ciento. Es una caída de 15 o 16 puntos porcentuales, que es mucho. Por otra parte, el desempleo. Teníamos un desempleo de apenas 4 por ciento. Ahora supera 30 por ciento. Otro elemento es el déficit fiscal. Planteamos que íbamos a llegar a 6 por ciento de déficit fiscal, pero ellos (los golpistas), ya a esta altura –y no ha acabado el año–, están en 9 por ciento de déficit fiscal. ¡50 por ciento más!”
El otro tema, dice Arce, es la deuda, muy preocupante: la dejamos en 25 por ciento del PIB. Ahora ya está a más de 32 por ciento, acercándose a 38 por ciento. Lo más importante: ha crecido la deuda interna del Banco Central, es decir, la maquinita de hacer billetes. Nosotros dejamos una deuda de cerca de 3 mil millones, más o menos, y ellos, en este tiempo, ya se han prestado entre 7 mil y 9 mil millones. Sumando estos 3 mil, ya estamos entre 11 y 12 mil millones. Es la estimación, porque no hay cifras. Estamos hablando de que se habría cuadruplicado la deuda interna, con los consiguientes riesgos sobre la inflación. El deterioro es muy fuerte. Con las cifras que hemos visto, salir de la crisis, para retomar el nivel de crecimiento, nos va a demandar entre uno y medio y dos y medio años. Va a ser un trabajo duro” (ídem).
Así es, en menos de un año los golpistas destrozaron al país, lo saquearon e intentaron echar a la basura 15 años de desarrollo (reducción de la pobreza, aumento del ingreso, redistribución de la riqueza, recuperación de los bienes nacionales, etcétera), tanto que fue el mayor de Sudamérica y uno de los cuatro de mayor calado en América Latina. Felizmente, subraya Arce, tenemos un plan para sacar adelante a la nación. Queremos implementarlo a la brevedad. Entre el siguiente año, el año y medio que viene, vamos a estar retomando las cifras que teníamos antes del golpe de Estado y de la pandemia.
Como se ha comentado en este espacio, a lo largo de la presidencia de Evo Morales, Bolivia registró altas y sostenidas tasas de crecimiento y desarrollo, al tiempo que la nación recuperó su gran riqueza energética. De acuerdo con la Cepal, en la década reciente la nación sudamericana gozó de un ritmo de crecimiento económico promedio de 4.9 por ciento del PIB, muy por encima del crecimiento mundial y regional.
Un elemento fundamental para comprender los resultados de ese proyecto de desarrollo es el aportado por el Instituto Nacional de Estadística del país sudamericano: en 2018, la pobreza extrema se redujo a 15.2 por ciento de la población, contra 38.2 por ciento en 2005, es decir, un año antes de la llegada de Evo Morales al Palacio Quemado, es decir, una reducción de 23 puntos porcentuales.
Y a partir del próximo domingo, tal proyecto se reactiva. Falta que la justicia vaya por los golpistas.
Las rebanadas del pastel
¿La mejor democracia del mundo? Ni de lejos: los estadunidenses no pueden elegir a su presidente por voto directo; es un colegio electoral el que decide, y sólo queda la esperanza de que éste no se incline por ese esperpento llamado Donald Trump.
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