Partidarios del candidato presidencial Joe Biden durante un mitin ayer en el parque Franklin Delano Roosevelt, en Filadelfia. Foto Afp
Nueva York., En Estados Unidos un candidato presidencial puede ganar la mayoría del voto popular y perder la elección, algo que ha sucedido ya dos veces en los últimos 20 años, todo porque en el país que dice ser el más democrático del mundo no hay voy directo para presidente, y lo que determina el ganador son 548 personas que casi nadie conoce y que sesionan una vez cada cuatro años en el llamado Colegio Electoral.
Por eso, las encuestas nacionales –aun cuando son precisas– son un instrumento secundario para pronosticar el resultado de una contienda presidencial, ya que toda la contienda se reduce a entre 10 a 14 estados. Ahí se explica el misterio del porqué los candidatos y sus campañas están visitando e inundando de propaganda sólo a esos estados en la recta final.
Por cierto, fueron tres entidades –Michigan, Wisconsin y Pensilvania– con un margen combinando de 107 mil votos, de un total de más de 120 millones emitidos en la elección nacional, las que decidieron el ganador en 2016. En esa elección, la demócrata Hillary Clinton ganó por casi 3 millones el voto popular nacional, pero Donald Trump llegó a la Casa Blanca al triunfar en el Colegio Electoral.
En 2000, Al Gore ganó el voto popular, pero George W. Bush obtuvo la victoria en el Colegio Electoral y la intervención en la disputa por la Suprema Corte. Lo mismo puede volver a ocurrir en las elecciones que supuestamente culminan el martes.
Bajo este mecanismo único en el mundo, la elección presidencial no es un ejercicio nacional, sino que se trata de 51 elecciones simultáneas en cada estado y la capital. Ahí, cada voto emitido por un ciudadano a favor de un presidente se traduce más bien en voto para un representante del partido de ese aspirante, conocido como elector, quien después votará por el presidente a nombre de los votantes de su entidad. En casi todos los estados el candidato que obtiene la mayoría del voto gana todos los electores asignados a ese estado.
El voto presidencial es así traducido en un total de 538 votos en el llamado Colegio Electoral. El candidato que obtenga 270 votos electorales es quien gana la elección. El numero de electores es el equivalente al número de diputados federales más dos senadores de cada estado.
El mapa electoral presidencial, por lo tanto, no es nacional, sino que traza la ruta para conseguir los 270 votos electorales; los estrategas, analistas y comentaristas se dedican a crear modelos para calcular cuántos y cuáles estados se requieren para llegar a esa meta.
Los estados considerados claves o swing y en disputa en esta elección son Pensilvania, Florida, Georgia, Carolina del Norte, Michigan, Wisconsin, Arizona, Minnesota, Nevada, Ohio, Iowa, Nueva Hampshire y Texas (por primera vez en 40 años).
El proceso electoral
La elección federal no se realiza bajo reglas nacionales sobre el proceso, sino que cada estado tiene sus propias reglas, normas, horarios y hasta diferentes máquinas para registrar los votos o diferente proceso para el conteo de ese voto.
No existen tribunales electorales y por lo tanto las disputas se presentan ante tribunales civiles a nivel local y estatal, lo cual ya está ocurriendo en varios estados, con más de 200 quejas interpuestas sobre todo por republicanos para obstaculizar el voto, y en otros para tratar de descartar sufragios ya emitidos. Estas disputas pueden ser después presentadas ante tribunales federales y llegar hasta la Suprema Corte. En parte fue por esto que el gobierno de Trump ha tenido prisa en nombrar a cientos de jueces federales en los últimos años, así como consolidar el control conservador del tribunal máximo del país antes de esta elección.
El mecanismo para este proceso, el Colegio Electoral, fue establecido por la Constitución y aunque en cada elección presidencial hay quejas y llamados por reformar un sistema tan antidemocrático, eso requiere una enmienda constitucional.
Aunque se suele anunciar al ganador durante, o poco después de una elección, según el proceso electoral formal, el candidato que gane la presidencia no se determina oficialmente hasta el día de la reunión de los electores en diciembre, cuando sesiona el Colegio Electoral, y hasta que el resultado de su votación sea certificado y enviado al Congreso. Ese voto electoral es oficialmente confirmado en el Capitolio a principios de enero, donde el vicepresidente, quien por ley también es el presidente del Senado, anuncia el resultado. El nuevo presidente rinde juramento el 20 de enero.
Algunos críticos señalan que el sistema electoral presidencial estadunidense está tan repleto de fallas técnicas, legales y políticas, con la distorsión del Colegio Electoral al centro, que no puede garantizar el sufragio efectivo.
O sea, la voluntad del pueblo no es lo determinante en las elecciones presidenciales en esa democracia.
No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague
Arturo Balderas Rodríguez
La máxima que titula este artículo se cumplirá el martes, cuando se celebren las elecciones en Estados Unidos. La moneda está en el aire, y son numerosas las incógnitas. Los peligros que acechan los comicios en los que se definirá quién gobernará los siguientes cuatro años esa nación son muchos y las variables múltiples. Si las encuestas no vuelven a equivocarse, cómo hace cuatro años, todo indica que Joseph Biden superará a Donald Trump en el voto popular y también el Colegio Electoral. Sin embargo, serán las argucias de Trump y la enorme Corte de los milagros que lo apoya, incluida su Suprema Corte, las que a final de cuentas pudieran decidir quién pernoctará en la Casa Blanca el próximo 20 de enero. Argucias y trampas que seguramente se repetirán durante y posteriormente al día de la elección, y muy probablemente pudieran concluir en lo que se presagia como el robo del siglo, en una elección que pudiera cambiar el futuro de la nación, todavía, más poderosa del orbe.
La mayoría de los medios de comunicación, nacionales y locales, han dado cuenta de las sistemáticas violaciones que en algunos estados se han efectuado con el fin decoartar la participación de los electores o de escamotear sus votos, tales como la restricción de los buzones para depositar los votos, como el paradigmático caso de Texas donde el gobernador republicano dispuso que se habilitase solamente un buzón para cada condado (municipio), a pesar que uno de ellos alberga a más de 4 millones de electores. En otros estados se ha reducido el número de casillas, obligando a quienes acudieron a votar por adelantado a esperar hasta 10 horas bajo la lluvia y la nieve. En otros estados, grupos de supremacistas blancos han permanecido armados afuera de los sitios de votación.
Hasta este domingo, más de 90 millones de sufragantes habían votado por adelantado, muchos de ellos por correo. Pero, consciente de que la mayoría de estos últimos votan por Biden y los candidatos demócratas, Trump dispuso un cambio en las condiciones de trabajo a fin de reducir la eficacia para recibir y sortear la correspondencia. Cuando al fin se reciban los votos, el procedimiento para contarlos será diferente, dependiendo de las disposiciones de cada Congreso estatal. En algunos, se empezarán a contar tan pronto se reciban, mientras en otros será hasta la noche de la elección. Para quienes sufragan por correo hay disposiciones en algunos estados en los que el votante deberá incluir dos documentos firmados en presencia de dos testigos. La firma se verificará contra la que aparece en el registro, y las boletas en las que exista duda pasarán a segunda revisión o se descartarán
Este procedimiento puede durar días y semanas, en algunos casos. Probablemente darán lugar a litigios que pudieran llegar a la Suprema Corte. Uno de los magistrados nominado por Trump ya adelantó la posibilidad de que se repita el caso de Florida de hace 20 años, cuando la Corte dio el triunfo a Bush sobre Gore. En esta ocasión Biden ganaría en las urnas y Trump le arrebata la elección en la cortes.
Se estima que en los cuatro estados del corredor industrial: Wisconsin, Pensilvania, Michigan y Ohio, que pudieran definir al ganador en el Colegio Electoral, Biden aventaja a Trump por 7 o 10 puntos, pero quien recuerde lo sucedido en 2016 tiene razón en ser escéptico. La espera será larga y no se descarta la posibilidad de un gran conflicto: que Trump se declare ganador antes de concluirse el conteo final y que, habiendo ganado Biden, Trump se niegue a salir de la Casa Blanca, aduciendo que hubo un gran fraude.
No pocos pierden el sueño ante la posibilidad del desastre que presagia esos escenarios. Lo que ayuda un poco a recobrar el sueño es que más de una encuesta apunta a que Biden obtendrá 279 votos electorales por 259 de Trump.
