viernes, 30 de octubre de 2020

México SA

Aliancistas: espectáculo mediático // Ahora rechazan lo que aprobaron
Carlos Fernández-Vega
Dado que los autodenominados aliancistas no ofrecen más que gritos, chantajes, mentadas, desinformación y espectáculo mediático (clásico paquete armado con fines electoreros), el gobierno federal ha tenido a bien explicarles, con peras y manzanas, que no se les adeuda nada (AMLO dixit), que hasta ahora han recibido mil 545 millones de más (Arturo Herrera), que sus ácidos reclamos por el pacto fiscal vigente deben dirigirlos a El Borolas y a los legisladores que lo aprobaron en 2007 (entre ellos Javier Corral, ahora, según dice, gobernador de Chihuahua), que entre enero y agosto se les canalizaron recursos por arriba de lo programado y que, en fin, no se vale que quieran engañar a la gente.
De hecho, a la hora de las sumas y restas, como lo detalló el presidente López Obrador, algunos de esos matraqueros “no han entregado lo que tiene que ver con la retención del impuesto sobre la renta, entre otros adeudos; hay quienes no han entregado lo que corresponde al Issste, al Fovissste, pero no se trata de eso, sino de aclarar, que no digan: ‘La Federación no nos está enviando los recursos’. Estamos cumpliendo. Todo esto para que la población de esos estados sepa que sí se les están entregando los recursos”.
López Obrador también detalló que los recursos que maneja el gobierno federal “también se entregan, nada más que ya se decidió hacerlo de manera directa a la gente, sin intermediarios, porque si pasa por muchas instancias a veces no llega al beneficiario, se queda en el camino; hay moches (los panistas gritan ¡presente!), aparecen carreteras ‘terminadas’ que nunca las hicieron y muchas obras así. Entonces, por eso a todos los adultos mayores del país su pensión les llega de manera directa, las becas, el mantenimiento de las escuelas, que antes pasaban por muchas instancias y no se hacía nada, ahora directo a la sociedad de padres de familia. Todo así”.
Claro, a esos recursos ahora los aliancistas no le pueden meter la mano. Entonces, sería sano que, como lo propone Andrés Manuel, que esos gobernadores nos digan por qué votaron esa fórmula (el referido pacto fiscal calderonista) y ahora ya no les parece, por qué cambiaron. Mi interpretación es que están usando esto como bandera política electoral. Como vienen las elecciones, para que la gente esté inconforme con nosotros y ellos saquen votos, sus partidos. Pero se me hace, la verdad, muy ramplón. Y no hay pero que valga, porque en aquel entonces todos los partidos, todos, votaron a favor de la propuesta de El Borolas, tanto en la Cámara de Diputados (440 de 441 legisladores presentes; la diferencia fue la abstención de la panista María de Jesús Martínez Díaz), como en el Senado (113 de 113 presentes).
El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, también estuvo en la mañanera y en ella explicó que existen dos mecanismos para la entrega de recursos a los estados: el directo de las participaciones federales, que viene de lo que se recauda, etcétera; y también de los ingresos petroleros, ese ha venido disminuyendo porque la actividad ha caído, pero se ha venido compensando con recursos del Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas.
Explicó que, hasta ahora, lo que recibirán las entidades federativas en su conjunto suma 638 mil millones de pesos de participaciones federales, y esto representa un incremento de 2.9 por ciento respecto del mismo periodo de 2019.Mucho se ha venido señalando que la Secretaría de Hacienda y el gobierno federal han venido disminuyendo las transferencias a las entidades. Nosotros no las podemos disminuir; es través de la Ley de Coordinación Fiscal. La última reforma relevante fue en 2007, de tal forma que la estructura, el corazón del pacto fiscal prevaleciente, no es producto de esta administración, sino de la reforma que se realizó hace 13 años.
Entonces, ¿así o más claro?
Las rebanadas del pastel
Por cierto, ayer el Senado aprobó la Ley de Ingresos de la Federación y el Paquete Económico del 2021. Falta el presupuesto, responsabilidad exclusiva de los diputados.
cfvmexico_sa@hotmail.com

Reisefieber
Maciek Wisniewski
1.El auge global de extrema derecha (Trump, Bolsonaro, Johnson, Orbán, Kaczyński, Modi et al.) y el retorno del fascismo como categoría política y analítica –pero que “resurge a veces como una ‘facilidad semántica’, cuando no sabemos cómo denominar lo nuevo” (bit.ly/3e2q8Gf)– parece causar un peculiar ‘desasosiego’” y desorden conceptual. Reisefieber –inquietud antes del viaje− una palabra que en sentido amplio, tal como p.ej. se pasó del alemán al polaco ( rajzefiber) para denotar una suerte de desorden general o vértigo, parece una buena palabra para esto. Los tiempos son oscuros (Arendt). Pero la falta de claridad semántica y el desasosiego conceptual −agravado ahora por la pandemia y la ansiedad personal ( Angst)− oscurecen aún más las cosas.
2. Si la historia no es más que una forma de lenguaje (Koselleck), entonces las palabras resultan cruciales. La historia de los conceptos ( Begriffsgeschichte), al romper con el positivismo histórico, ve la clave al pasado en el lenguaje y en la semántica: a una sociedad se le conoce no tanto por su pasado, sino por la forma en como lo narra. Pero dado que la experiencia histórica precede a su conceptualización, entre los hechos históricos y su transcripción hay una tensión. El lenguaje y los conceptos ayudan a narrar la experiencia histórica, pero a la vez van más allá de ella (el fascismo, por ejemplo, tiene una dimensión historiográfica concreta, pero también parece un concepto transhistórico).
3. En el centro –junto con la responsabilidad por el uso público de la historia (Fontana) y por las palabras en el discurso público− yace la cuestión del uso y abuso de las analogías históricas (p.ej. de Trump o Bolsonaro a Hitler, etcétera). Muchas veces olvidamos que el meollo de una comparación no sólo es dejar de llevarse por las aparentes similitudes (y mucho menos forzarlas); es apuntar a lo singular entre los casos en cuestión enfatizando también las diferencias (Bloch). No sólo fijarse en las continuidades, también en las rupturas (Friedländer/Broszat).
4. El virus infectó también a los conceptos. Por un lado, según algunos, la pandemia, más que fortalecer o debilitar al populismo, propició, al afianzar un proceso autoritario (bit.ly/3kGNSlQ), su mutación o regresión al fascismo (Finchelstein), junto con el surgimiento de una, como en el caso de Trump, marcada por incapacidad y ceguera ideológica, política fascista de la enfermedad (bit.ly/37T3fnw). Por otro, como en el caso de Bolsonaro, desempolvó el concepto de genocidio –de por sí peligrosamente torcido en el presente (bit.ly/2HAtULj )− que, según otros, con su negacionismo (bit.ly/34zg9VD) está causando en Brasil un crimen equivalente por el que muchos responsables del nazismo fueron condenados a muerte en Núremberg −¡ sic!− (Löwy).
5. Pensar en Trump como un fascista es un desafío conceptual ( vide: similitudes/diferencias). Para algunos es una ventaja: exculpa al modelo político estadunidense, pintándolo como un fenómeno que vino desde afuera (¿de las calles de Weimar?). Para otros, por el contrario, es una condena y el fin del excepcionalismo (bit.ly/37OFjSl). Con su supremacismo blanco, racismo y nativismo, Trump es un fenómeno típicamente autóctono: Jackson et al. −¡todo el fascismo lo es!)− y el modelo de su autoritarismo, que hoy ante las elecciones resalta a la luz de la supresión del voto negro, son las leyes Jim Crow ( nyti.ms/3kRsYQI ), no la jurisprudencia de Schmitt (allí está también la historia a rebours de cómo el modelo racial de Estados Unidos inspiró a Hitler: lat.ms/3e7H9i3).
6. Fascismo, el término levantado históricamente por la izquierda (Trotsky et al.), hoy acabó instrumentalizado sobre todo por las élites liberales. Bien que regresó como concepto, pero sufre abusos y vaciamiento parecido al que sufrió el populismo (bit.ly/3oAwbqa), volviéndose sólo sinónimo de algo que no nos gusta (Zizek). Poner p.ej. a Trump, Orbán, Chávez y Kim Jong-il en el mismo saco −véase: M. Albright, Fascism: a warning (2018)− destruye la semántica, mata la claridad y oscurece, al pintarse éstas de “un frente amplio ‘antifascista’” ( sic), el papel de las élites en su auge. Postfascismo (Traverso, Tamás), un concepto transitorio y en desarrollo (bit.ly/34Gi6jk ) pretende superar estas limitaciones: apuntar a continuidades/discontinuidades históricas y condiciones que facilitaron su propagación ( bit.ly/35OQ3O1).
7. Más que su refutación, Donald Trump es un producto del sistema: “un Golem natural del establishment” ( bit.ly/3e4xnNS). Un Boulanger (bit.ly/3jGcvxq) o un Pouja de americano (bit.ly/3mwiy9H), figuras caricaturescas, protofascistas (Sternhell), que pretendían salvar al sistema, sólo para hundirlo más. ¿Qué tal –para quedar con el concepto de fascismo– si lo que observamos en las elecciones Trump-Biden es al final una lucha entre dos incipientes modelos fascistas (bit.ly/3kEfbgB): el securocratismo post-9/11 (con su campo de concentración en Guantánamo), una respuesta del establishment al atentado contra las Torres Gemelas concebida bajo Bush Jr. y absorbida por Barack Obama y el nativismo trumpista (con sus campos de concentración en la frontera), dos modelos que por falta de condiciones no han coincidido, pero tal vez un día lo harán? No sé si esto calma el desasosiego, pero sí ofrece más claridad.