viernes, 30 de octubre de 2020

Francia, en emergencia de ataque tras atentado en Niza que dejó tres muertos.

No cederemos terreno, advierte Macron
EU, Canadá, Reino Unido, España, Alemania, Turquía, Arabia Saudita, Irán y Egipto condenan la agresión
Luego del ataque en la ciudad de Niza, decenas de personas se congregaron frente a la Puerta de Brandenburgo, cerca de la embajada francesa en Berlín para honrar a las víctimas.Foto Ap
Afp, Europa Press, Ap y Reuters
Periódico La Jornada.  Viernes 30 de octubre de 2020, p. 26
Niza. El gobierno de Francia elevó ayer el nivel de seguridad en todo el país a emergencia de ataque tras un atentado con arma blanca en la basílica de Notre Dame, en el corazón de Niza, que dejó tres muertos, uno fue degollado, además de reportar otras agresiones con cuchillo en Lyon, Aviñón y el consulado francés de la ciudad saudita de Yedá.
El ataque fue condenado por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, España, Alemania, Turquía, Arabia Saudita, Irán, Egipto, además de la Organización de Naciones Unidas, la Unión Europea y el Vaticano.
El atacante de Niza irrumpió en la catedral con un cuchillo de 30 centímetros cerca de las 8:30 la mañana y después de 30 minutos ya había matado a una sexagenaria, a quien le cortó la garganta hasta el punto de que casi la decapita, y al sacristán Vincent Loqués, de 55 años, informó el fiscal antiterrorista, Jean-François Ricard, en conferencia de prensa desde la zona del ataque.
La tercera víctima, una brasileña de 44 años, logró llegar de la iglesia a un bar cercano, donde murió a causa de sus heridas. Digan a mis hijos que los amo, logró decir antes de fallecer, según testimonios difundidos por la cadena BFMTV.
La policía de la ciudad, primera en llegar al lugar, disparó varias veces al agresor después de que, de acuerdo con los informes policiacos, se negó a soltar el cuchillo.
A las 9:10 el hombre ya había sido neutralizado y fue hospitalizado en calidad de detenido, según la policía. Durante el ataque y su traslado al hospital, el agresor no dejó de gritar: Alá es grande.
El fiscal Ricard explicó que el agresor es ciudadano tunecino, tiene 21 años e ingresó a Italia el 20 de septiembre por la isla de Lampedusa, donde fue puesto en cuarentena por la pandemia de Covid-19, y posteriormente entró sin documentos migratorios gubernamentales el 9 de octubre a Francia, directamente a París.
Su nombre es Brahim Aouissaoui y según una fuente policiaca le confiscaron un corán y dos teléfonos, además del arma, una bolsa con dos cuchillos que no llegó a usar y un documento de la Cruz Roja italiana expedido a un tunecino nacido en 1999.
El presidente Emmanuel Macron declaró que Francia fue atacada por nuestros valores, nuestro gusto por la libertad y la posibilidad de tener en nuestro suelo libertad de culto. Y lo digo con claridad: no cederemos terreno.
Despliegue de 7 mil elementos de seguridad
Junto a su ministro del Interior, Gérald Darmanin, y el alcalde de Niza, Christian Estrosi, Macron confirmó que el ataque fue un atentado terrorista islamita, elevó el nivel de seguridad a emergencia de ataque y anunció que incrementará de 3 mil a 7 mil el despliegue de la fuerzas de seguridad en todo el país para proteger a la población y los lugares religiosos ante las festividades católicas de este fin de semana.
Desde el Sagrado Corazón de París a la Iglesia de Talence en Burdeos, las campanas de todas las iglesias de Francia repicaron en homenaje a las víctimas. El gobierno tunecino, tras condenar el atentado, anunció la apertura de una investigación.
Niza ya fue escenario de un atentado el 14 de julio de 2016, cuando en plena fiesta nacional un miembro del Estado islámico embistió con su camión a cientos de personas en el Paseo de los Ingleses.
Durante la jornada de ayer hubo otros ataques con arma blanca: un hombre fue neutralizado en la ciudad de Aviñón tras amenazar a policías, un afgano armado fue arrestado en Lyon cuando intentaba subir a un tranvía y un saudita fue detenido tras apuñalar a un guardia en el consulado francés en Yedá.
Francia es azotada por atentados terroristas de gran impacto desde 2015, cuando un ataque yihadista el 7 de enero contra el semanario satírico Charlie Hebdo dejó 12 muertos. El 13 noviembre del mismo año un comando yihadista perpetró ataques coordinados en París que dejaron 130 muertos.
Actualmente se desarrolla el juicio en París por el atentado contra el semanario y la editorial volvió a publicar nuevas caricaturas del profeta Mahoma, lo que ha desatado multitudinarias protestas en los países con poblaciones de mayoría musulmana.
Las tensiones crecieron después de que un checheno de 18 años decapitó al profesor Samuel Paty cerca de París el pasado día 16 por haber mostrado a sus alumnos caricaturas de Mahoma en una clase sobre libertad de expresión. Durante un homenaje nacional al docente, Macron aseguró que no renunciará a la libertad de expresión.
Francia, en emergencia de ataque tras atentado en Niza que dejó tres muertos

El fundamentalismo, hijo del colonialismo
Francia está sacudida por un nuevo ataque criminal de aparente inspiración islamista que dejó tres personas muertas en la basílica de Notre Dame, de Niza. El atacante, quien fue detenido rápidamente por la policía local, es un tunecino de 21 años que llevaba tres meses en el país europeo. El sitio del atentado tiene una fuerte carga simbólica, no sólo porque ocurrió en ese recinto católico, sino porque en julio de 2016 Niza fue escenario de uno de los ataques terroristas más mortíferos de la historia francesa: 86 personas murieron cuando un hombre condujo un camión de 19 toneladas contra la multitud que celebrara el 14 de Julio –fiesta nacional francesa– en el Paseo de los Ingleses.
No puede pasarse por alto que el atentado de ayer se da en un contexto en que la sociedad francesa ya se encuentra conmocionada. Apenas el 16 de octubre un maestro de enseñanza media fue decapitado por un joven de ascendencia chechena días después de haber mostrado caricaturas del profeta Mahoma en una clase sobre libertad de expresión. Tres semanas antes de ello, dos personas fueron heridas cerca de la sede de Charlie Hebdo, revista satírica cuya redacción fue diezmada en 2015 en represalia por publicar caricaturas del fundador del Islam.
El hecho de que el atacante de ayer, así como el responsable del atentado de 2016 –también tunecino– y el asesino del profesor Samuel Paty sean todos inmigrantes de fe musulmana, plantea un severo peligro de que sus crímenes sean capitalizados por la ultraderecha francesa y den lugar a una nueva ola de racismo, xenofobia e intolerancia por parte de los sectores de la sociedad gala proclives a estigmatizar a los creyentes islámicos. En este sentido, la respuesta del presidente Emmanuel Macron difícilmente podría ser más deplorable: ajeno a cualquier intento de calmar las tensiones, el mandatario apeló al maniqueo discurso del choque de civilizaciones, planteando los asesinatos como ataques a los valores franceses y llamando a la defensa intransigente de éstos. Esta actitud de superioridad moral es replicada por la mayor parte de la clase política e intelectual de Francia.
Pese a estos intentos de trasladar toda explicación de los atroces atentados al ámbito de la cultura, está claro que el origen de esta situación no es tanto el fundamentalismo, sino el imperialismo y el colonialismo desplegados por los estados occidentales desde hace más de cinco siglos. No debe olvidarse que la presencia de ciudadanos de Medio Oriente y África en Europa –tanto magrebí como subsahariana– es un subproducto de la colonización de dichas regiones por las potencias europeas en los siglos XIX y XX, como también lo son la inestabilidad crónica impuesta por unas fronteras estatales trazadas desde las metrópolis por encima de realidades étnicas e históricas, la dependencia económica y el expolio sistemático por parte de las trasnacionales que hacen las veces de nuevos agentes coloniales.
Tampoco puede ignorarse que las comunidades de inmigrantes padecen una severa marginación socioeconómica en los países de acogida, donde se ven relegadas de todas las oportunidades y enfrentan una precariedad multidimensional. Si a todo lo anterior se suman las aventuras bélicas contra naciones predominantemente islámicas en las que los líderes occidentales se embarcan con tanta frivolidad –en ocasiones, de espaldas a la ciudadanía–, se genera un caldo de cultivo idóneo para la proliferación de organizaciones fundamentalistas que, como se ha visto en años recientes, ya no sólo operan desde Medio Oriente, sino en la misma Europa.
Superar este ciclo de violencia requiere de una combinación de política interior y exterior. En el frente interno, debe elaborarse una estrategia de dignificación de las minorías que han sido históricamente relegadas. Ello implica una mejora sensible en sus condiciones de vida, pero también la creación de un marco de entendimiento que les permita la plena integración con respeto a su singularidad y que ponga fin a la recolonización cultural impuesta en nombre de valores de pretensiones universalistas. En materia exterior, es imperativo establecer un voto de respeto de las potencias occidentales hacia las naciones que hasta ahora han considerado coto abierto para sus incursiones, no pocas de las cuales han quedado reducidas a cenizas en nombre de los derechos humanos y la democracia.