El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, muestra una copia ampliada de la papeleta electoral del partido Likud; Israel celebrará elecciones el 27 de octubre, las primeras desde el ataque perpetrado por Hamas el 7 de octubre de 2023, en lo que se considera un referéndum sobre el primer ministro.
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Afp
19 de octubre de 2026 12:51
Jerusalén. El presidente estadunidense, Donald Trump, le indicó al primer ministro israelí y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu, que espera que obtenga una victoria electoral "tremenda" la próxima semana, en una llamada telefónica difundida por el propio premier este lunes.
En la conversación por altavoz, que Netanyahu divulgó un día después de que Trump anunciara que lo respalda, el primer ministro de derecha, a su vez, calificó al magnate republicano como "de lejos, el mejor amigo que Israel haya tenido jamás".
Además, el premier compartió en una publicación en X, que en esta misma conversación después de que Trump anunciara su apoyo a Netanyahu para las elecciones, indicó que ambos van a eliminar a Irán para siempre.
La votación del 27 de octubre será la primera elección en Israel desde el ataque del 7 de octubre de 2023 liderado por el movimiento islamista palestino Hamas, que remeció los cimientos del país, por lo que estos comicios se consideran un referéndum sobre Netanyahu.
Netanyahu, que cumplirá 77 años este mes, es el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo en Israel y suma más de 18 años en el poder en distintos mandatos desde su primera elección en 1996.
El presidente Donald Trump habla con los periodistas antes de partir en el helicóptero presidencial Marine One desde el jardín sur de la Casa Blanca, el lunes 19 de octubre de 2026, en Washington.
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la redacción
19 de octubre de 2026 14:00
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insistió este lunes en cambiar el nombre del estado de Nuevo México por el de Nueva América, territorio que perteneció a México antes de la expansión estadunidense del siglo XIX.
En una publicación en su red Truth Social, sostuvo que la modificación “elevaría el prestigio de la entidad y aumentaría el valor de las viviendas y los ingresos de sus habitantes”.
“Nuevo México debería cambiar inmediatamente su nombre a Nueva América. ¡No somos México, somos Estados Unidos de América!”, escribió Trump. También afirmó que el cambio haría que los residentes sintieran mayor orgullo al saludar la bandera estadunidense y lanzó acusaciones de fraude electoral contra el estado, sin presentar pruebas.
El mandatario no detalló cómo se llevaría a cabo la modificación ni anunció medidas oficiales para impulsarla. Su propuesta se suma a otras iniciativas para cambiar nombres geográficos, como las de llamar lago América al lago Ontario en Canadá y golfo de América al golfo de México.
La propuesta evoca el robo territorial de Estados Unidos a México, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, en la que obligó al Gobierno mexicano a ceder un vasto territorio que comprendía la mayor parte de los actuales California, Nevada, Utah y Nuevo México, así como porciones de Arizona, Colorado y otros estados.
A esa pérdida se sumó la Venta de La Mesilla, acordada en 1853 durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna, mediante la cual México se vio forzado a ceder más de 100 mil kilómetros cuadrados al sur de los actuales Arizona y Nuevo México a cambio de 10 millones de dólares. La operación se produjo en un contexto de presión expansionista estadunidense y ante la amenaza de una nueva invasión.
la redacción
19 de octubre de 2026 14:00
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insistió este lunes en cambiar el nombre del estado de Nuevo México por el de Nueva América, territorio que perteneció a México antes de la expansión estadunidense del siglo XIX.
En una publicación en su red Truth Social, sostuvo que la modificación “elevaría el prestigio de la entidad y aumentaría el valor de las viviendas y los ingresos de sus habitantes”.
“Nuevo México debería cambiar inmediatamente su nombre a Nueva América. ¡No somos México, somos Estados Unidos de América!”, escribió Trump. También afirmó que el cambio haría que los residentes sintieran mayor orgullo al saludar la bandera estadunidense y lanzó acusaciones de fraude electoral contra el estado, sin presentar pruebas.
El mandatario no detalló cómo se llevaría a cabo la modificación ni anunció medidas oficiales para impulsarla. Su propuesta se suma a otras iniciativas para cambiar nombres geográficos, como las de llamar lago América al lago Ontario en Canadá y golfo de América al golfo de México.
La propuesta evoca el robo territorial de Estados Unidos a México, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, en la que obligó al Gobierno mexicano a ceder un vasto territorio que comprendía la mayor parte de los actuales California, Nevada, Utah y Nuevo México, así como porciones de Arizona, Colorado y otros estados.
A esa pérdida se sumó la Venta de La Mesilla, acordada en 1853 durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna, mediante la cual México se vio forzado a ceder más de 100 mil kilómetros cuadrados al sur de los actuales Arizona y Nuevo México a cambio de 10 millones de dólares. La operación se produjo en un contexto de presión expansionista estadunidense y ante la amenaza de una nueva invasión.
Secretario de Defensa de EU hace viaje a Medio Oriente en "misión histórica"
Pete Hegseth, anunció en redes sociales el lunes por la noche, que estaba en Medio Oriente visitando a tropas que estaban en una “misión histórica”, la cual no especificó.
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Ap
19 de octubre de 2026 20:47
Washington. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció en redes sociales el lunes por la noche, que estaba en Medio Oriente visitando a tropas que estaban en una “misión histórica”, la cual no especificó.
Sin embargo, la publicación también llegó varias horas después de que Axios informara que Hegseth se encuentra en Israel en una visita al primer ministro israelí y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu. Cuando se le preguntó sobre el encuentro y los reportes, el Pentágono declinó hacer comentarios.
Cuba y África, un empeño descolonizador
"En septiembre de 1960, en la ONU, Fidel Castro delineó claramente la política de liberación nacional como un derecho de los pueblos y la incondicional solidaridad de Cuba hacía esas luchas".
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Tatiana Coll*
20 de octubre de 2026 00:03
Nunca, me atrevo a decir, ha habido un compromiso y convicción de asumir todo lo necesario para realizar un colosal proceso de descolonización no sólo con Angola y Sudáfrica, sino con el conjunto de las luchas de liberación nacional de ese vasto continente, como el de Cuba. Una cantidad de datos, reflexiones, hechos y relatos dan cuenta de ello en el reciente libro de nuestra querida compañera Lohania Aruca, una vital y tenaz historiadora-periodista cubana, que ha vivido con pasión los 67 años de revolución.
La diplomacia cubana en África 1960- 1991; liberación nacional y antirracismo, publicado por RUTH Casa Editorial (www.ruthtienda.com), es el título que incluye entrevistas a seis destacadísimos embajadores tanto en África, como en la ONU, en la URSS, con el Movimiento de los No Alineados y frente a las contradicciones con EU; nos aporta el conocimiento de complejas estrategias, contraestrategias y las percepciones de Fidel Castro en estos intrincados espacios. “Sus voces, llenas de convicción y experiencia, responden a la pregunta esencial: ¿cuál fue el verdadero alcance de la solidaridad cubana?”. Las respuestas permiten entender un conjunto de procesos y contradicciones esenciales en el mundo de la segunda mitad del siglo XX, cuando se produjo tanto la irrupción de la revolución, como la desaparición del campo socialista, la globalización del neoliberalismo y la descolonización de África.
En septiembre de 1960, en la ONU, Fidel Castro delineó claramente la política de liberación nacional como un derecho de los pueblos y la incondicional solidaridad de Cuba hacía esas luchas, fortalecida tras la derrota estadunidense de Playa Girón al año siguiente. Habló frente a MacMillan, Jruschov, Nasser, Nehru, Sukarno, NKrumah, Lumumba, Sékou Touré, Amílcar Cabral, entre los grandes de África. Desde entonces, Cuba desplegó una intensa actividad en Argelia, Etiopía, Guinea y Cabo Verde, el Suroeste Africano, Angola, Namibia, Mozambique y el Congo.
La diplomacia cubana fue, a diferencia de todas, una de corte revolucionario creada por el inigualable Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, que además de luchador desde la revolución del 30, fue un intenso intelectual exiliado en México; sus alumnos, entrevistados por Lohania Aruca, despliegan con maestría y soltura muy cubanas sus habilidades revolucionarias. Hechos no contados hasta ahora aparecen en estas imprescindibles páginas. Avanzar en la lectura nos deja claro que el histórico motivo de Cuba no fue sólo la presencia desde 1511 de los esclavos negros que nutrieron la savia esencial de la isla hasta nuestros días, sino de una adelantada visión descolonizadora para ese violentado continente, impulsada decididamente por Fidel, Roa, Raúl, Che, Piñeiro, Almeida, Osmany y el pueblo cubano.
Las primeras armas que cruzaron el Atlántico fueron para Argelia en 1959, muchas otras lo hicieron para casi todo el continente, incluso “era más fácil enviar las armas para el movimiento revolucionario de América Latina desde Argelia que directamente desde Cuba” nos dice Oscar Oramas. Sus recuerdos hacen el recorrido por diversos países y dirigentes, cuando Sékou Touré le brinda su habitación personal y le dice “Fidel, en África sólo se le da la cama y el cuarto a un hermano”, o cuando a la salida de Conakri vieron un letrero enorme que decía: “Fidel Castro Ruz, camino infinito de la Historia”. Añade: “Cuando Angola declara su independencia el 11 de noviembre de 1974 ya hay cubanos allí, ya se realizó la defensa de Quifangondo!”. Siguió la batalla diplomática para lograr el ingreso de Angola independiente en la Organización para la Unidad Africana (OUA) y con ello entrar a la ONU; de entrada se contaba con el rechazo de Zaire y Sudáfrica, se llegó a un primer empate, para finalmente ganar su reconocimiento.
Su conclusión es apabullante: “Allí comprendí qué cosa es el colonialismo. Porque nosotros y nuestras generaciones actuales vivimos bajo el neocolonialismo. Pero vivir el colonialismo es otra cosa, mucho más humillante, más lacerante. Allí tuve y tengo la convicción de que África es futuro (…) por el talento ancestral que existe en esa tierra.”
El embajador Juan Sánchez Monroe, graduado en historia por la Lomonosov, empezó por aprender ruso para lograr descifrar las instrucciones que venían en los equipos soviéticos “quiero decir que este era un problema muy importante porque en la Crisis de octubre fueron muchas las situaciones difíciles porque las traducciones eran inexactas. Estuvimos al borde de la guerra, no porque los yanquis nos atacaran, sino porque rusos y cubanos no nos entendíamos.” Y así se considera un fundador de la rusística cubana. Empezó en la embajada de Cuba en la URSS en 1964, cuando se destituía a Jrushchov.
Analiza cómo el proceso de descolonización africano no fue comprendido cabalmente en los países del Norte desarrollado y tampoco en la URSS, sumergidos en la noción Este-Oeste: “pienso que desgraciadamente, el pensamiento teórico al respecto no evolucionó lo suficiente, quedó estático a partir de las conclusiones de Lenin sobre los países coloniales de principios de siglo (…) había un actitud de simpatía, pero nunca de verlos como compañeros de luchas en el combate por un mundo mejor y contra el imperialismo”.
*Autora de Entre Quetzalcóatl y el Che, Laurette Sejourné una vida a contracorriente en el México del siglo XX
Manifiesto de amor y odio
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Hermann Bellinghausen
19 de octubre de 2026 08:22
El escritor británico China Miéville convierte en una aventura apasionante la lectura, hoy, del Manifiesto Comunista de Karl Marx y el magnífico Federico Engels, publicado en 1848 (y no en 1842, como apareció errónea e inexplicablemente aquí la semana pasada, y Esteban Krotz tuvo a bien corregir). No que le falte presencia, es una lectura fundamental para la cultura moderna. Traducido a muchas decenas de idiomas, ha guiado revoluciones, Estados, organizaciones de todo tipo, sueños y pesadillas. Por si hiciera falta, Miéville nos recuerda que “hay quienes se han servido de argumentos del Manifiesto para cometer actos atroces” (Un espectro recorre el mundo, Akal, 2024).
Panfleto universal con errores de predicción o interpretación que la historia ha puesto en su lugar, sigue siendo un texto de bella escritura, emocionante y hasta poético, que posee una extraordinaria actualidad. Frases y párrafos enteros parecen escritos hoy, ante el encanallamiento del mundo conducido por una minoría de magnates y políticos que son la materialización exacta de lo que Marx y Engels llamaban burguesía:
“El gobierno del Estado moderno no es más que un comité que administra los negocios comunes de la clase burguesa”. “La burguesía no puede existir sin revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y con ellos las relaciones de producción, y por lo tanto las relaciones sociales”. “La moderna sociedad burguesa que ha hecho surgir medios de producción y circulación tan poderosos, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”.
Momento, ¿habla de Musk, Trump, Thiel, Netanyahu, el calentamiento global? ¿O de aquella burguesía que varias revoluciones aplastaron para instaurar regímenes “populares” que terminaron en el infierno y al naufragar reabrieron paso a aquella burguesía polvorienta y su aristocracia parásita, recargadas y potenciadas ahora en el paraíso capitalista global que describieron Marx y Engels con precisión y sin fecha de caducidad.
Hay que volver al Manifiesto después de Lenin y Stalin, después de Mao, Castro y un etcétera tan numeroso como el lector recuerde. Miéville plantea: “¿Qué significa hoy buscar inspiración en el Manifiesto o guardarle fidelidad? ¿Leer con suficiente generosidad como para extraer lo que podamos de sus páginas, con suficiente espíritu crítico como para ver sus fracasos y puntos ciegos, para criticarlo con rigor y sensibilidad?” Lo describe como “un producto imperfecto y parcial de su tiempo, y no obstante es algo vivo, leyéndolo en este nuevo tiempo sin anteojos, con empatía y afán”.
Hoy, el capitalismo se hace ver inevitable, invencible, casi inmanente, nos convence de que el cambio es imposible y la catástrofe en puerta sólo barrerá a los débiles, pobres o subhumanos. Impone “otra” inteligencia y con ella reglas ilegales y brutales de obediencia. Miéville no omite subrayar la fascinación de los autores del Manifiesto ante los logros de la burguesía cuando describen la expansión de Occidente y el establecimiento de un sistema de pensamiento, producción y dominio global donde, sin embargo, las masas trabajadoras viven entre la explotación y el desempleo, la miseria interior y la miseria material. Trotsky siempre reclamó al Manifiesto “subestimar las posibilidades futuras latentes del capitalismo”.
Aun así, y en parte por eso, la frescura del librillo sigue siendo sorprendente. Sus primeras líneas, si cambiamos los nombres, se cumplen en Washington y Bruselas, y de rebote en América Latina: “Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada contra el fantasma del comunismo: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los sicarios uniformados alemanes”.
El hundimiento del comunismo soviético, los delirios polpotianos y todos los pecados históricos del comunismo no fueron tanto por culpa del Manifiesto como por la traición febril a sus principios. Los autores dejan claro que el comunismo no mata a los individuos que son sus enemigos de clase, sino que transforma los modos de organización y producción para desaparecerlos “como clase”.
La lúcida lectura de Miéville concluye con una reflexión sobre el odio a partir del trumpismo, Bolsonaro, “el auge de la alt-right y la creciente presencia del racismo y el fascismo”. Trump predica el odio explícitamente. Pero hay otro odio, el odio de clase que siente, y debe sentir el “proletariado” (que en términos actuales se aplica a todos los pueblos sometidos, rebeldes o no, obreros, campesinos). Engels dedicaría más páginas al odio, aún implícito en el Manifiesto. Dice Miéville: “Nunca se debe confiar en el odio… pero, siendo inevitable, no debemos ignorarlo. Tampoco es automáticamente inmerecido” y puede ser “aliado de la liberación”.
Y cierra así: “El odio no puede ser el único ni el principal impulso renovador. Eso sería profundamente peligroso. No debemos celebrar ni confiar en nuestro odio, pero tampoco debemos negarlo. ‘A riesgo de parecer ridículo’, dijo el Che Guevara, ‘permítanme decir que el verdadero revolucionario se guía por un gran sentimiento de amor’. Es por ese amor que, leyéndolo hoy, debemos odiar más y mejor de lo que supo y pudo el Manifiesto comunista”.