lunes, 5 de octubre de 2026

Lula y Bolsonaro van a segunda vuelta; la diferencia, menos de 2%

Abstencionismo en Brasil alcanza 21 puntos
El candidato del PT acusa al derechista de tener “conexiones oscuras”
▲ En medio de la guerra mediática ultraderechista, un seguidor de Flávio Bolsonaro presume una figura del presidente brasileño con traje de preso.Foto Ap
▲ Jóvenes que apoyan al mandatario para ser relegido daban seguimiento a los resultados parciales de los comicios en Río de Janeiro.Foto Afp
Ap, Afp y Reuters
Periódico La Jornada   Lunes 5 de octubre de 2026, p. 21
Sao Paulo., El senador ultraderechista Flávio Bolsonaro –aliado del mandatario estadunidense, Donald Trump– y el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva se enfrentarán el 25 de octubre en una segunda vuelta por la presidencia de Brasil, en una elección clave para el futuro político de América Latina.
Bolsonaro consiguió 47.03 por ciento de votos, y Lula 45.16, con 99.99 por ciento del escrutinio, y al no tener ningún candidato 50 por ciento de sufragios habrá segunda vuelta, informó el Tribunal Superior Electoral (TSE).
La abstención alcanzó un máximo histórico de 21 puntos, con más de 33 millones de ausentes, informó Folha de Sao Paulo.
La diferencia entre Bolsonaro hijo y Lula es la mínima de la historia en una primera vuelta. El récord anterior fue en 2022, cuando Lula obtuvo una ventaja de 5.23 puntos porcentuales sobre Jair Bolsonaro. Nunca un candidato que ha quedado en segundo lugar en la primera ronda ha ganado en el balotaje.
“Brasil quiere un cambio y yo estoy muy feliz con los resultados”, dijo Flávio Bolsonaro, postulado por el Partido Liberal (PL), tras conocer los resultados, antes de proclamar “el fin de la era del Partido de los Trabajadores (de Lula)”.
“El resultado muchas veces es inesperado, nunca conseguimos todo lo que queríamos (…) estaba convencido de que iba a ganar las elecciones en la primera vuelta”, afirmó el presidente izquierdista, que busca un cuarto mandato, y acusó a su rival por sus “conexiones oscuras”.
Bolsonaro y Lula se impusieron a otros 12 candidatos tras una campaña centrada en la preocupación por el creciente costo de la vida, la corrupción y la inseguridad en la vida cotidiana de los brasileños.
Se investiga posible injerencia extranjera
El director general de la Policía Federal, Andrei Rodrigues, informó que el departamento de inteligencia de la fuerza investiga una denuncia sobre una posible injerencia extranjera en las elecciones presentada por la Abogacía General de la Unión, institución pública encargada de la representación judicial y extrajudicial del Estado federal de Brasil.
Sin embargo, el TSE indicó que no detectó pruebas de una posible interferencia extranjera.
La derecha también obtuvo más victorias en gobernaciones y en el Senado que reconfiguran el mapa político. De los al menos 13 gobernadores electos en primera vuelta, 11 son de partidos de derecha o centro derecha, cinco de ellos del PL.
En el Senado, el PL conquistó al menos 16 de los 54 escaños que se disputaron, tendrá al menos 25 senadores a partir de 2027 y con sus aliados podrá garantizar o boicotear la gobernabilidad en la próxima administración, dependiendo de quién venza las presidenciales en segunda vuelta.
Entre las derrotas de la izquierda figura la de Gleis Hoffman, ex presidenta del PT, quien no logró un escaño por Paraná.
Familia y amigos, al poder
Michelle Bolsonaro, esposa del ex presidente, ganó un escaño en el Senado por el Distrito Federal, donde se encuentra Brasilia. La mujer de 44 años, ferviente evangélica, nunca ha ocupado un cargo público.
Carlos Bolsonaro, hijo del ex presidente, fue electo senador por Santa Catarina. El menor de los varones Bolsonaro, Jair Renan (28), fue elegido diputado federal también por Santa Catarina.
Un hermano del propio Jair, Renato Bolsonaro (62), se hizo con un asiento como diputado federal por Sao Paulo.
El ex juez y ex ministro de justicia de Jair Bolsonaro, Sergio Moro (PL), ganó la gobernación de Paraná. Moro condenó a Lula a la cárcel por presunta corrupción, una sentencia que fue anulada después.
En Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, ex ministro de Jair Bolsonaro, fue relegido. En Minas Gerais, el derechista Cleitinho Azevedo ganó la gobernación. El PL ganó además Río Grande del Sur, Santa Catarina, Rodoñia, y Roraima; en Matto Grosso del Sur fue relegido Eduardo Riedel, aliado de Flávio.
Según datos del TSE, en Estados Unidos Bolsonaro ganó con el doble de votos que Lula , donde el candidato del PL obtuvo 59.7 por ciento mientras el izquierdista tuvo 30.7.
Estas elecciones son clave para el futuro político de América Latina tras las importantes victorias logradas por aliados de Trump en la región.
Los presidentes derechistas de Argentina y Colombia, Javier Milei y Abelardo de la Espriella, felicitaron a Bolsonaro en redes sociales.
El filósofo y ex sacerdote Leonardo Boff afirmó: “simplemente no logro comprender cómo millones de personas votaron por un sinvergüenza que no hizo más que robar fondos públicos, involucrado con la milicia hasta el punto de ir a prisión por condecorar a un asesino de la milicia, un hombre entregado a orgías que incluso fueron grabadas en video. Pero sigamos al filósofo: ni reír ni llorar, buscar comprender. Eso es lo que haré”.

Brasil, en la incertidumbre
Hasta el cierre de esta edición, las elecciones celebradas ayer en Brasil dejaban un apretado resultado en el que el opositor ultraderechista Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente del mismo apellido –Jair, hoy en prisión domiciliaria por haber organizado un conato de golpe de Estado a principios de 2023–, superaba por dos puntos porcentuales (47.03 por ciento) al presidente Luiz Inácio Lula da Silva (45.16), en tanto que el partido de los Bolsonaro, el Liberal, se impuso ampliamente como primera fuerza en el Senado y en la Cámara de Diputados. De esta forma se desvanecieron las esperanzas del Partido de los Trabajadores (PT) del mandatario de alzarse con el triunfo en primera vuelta, como parecían sugerirlo sondeos previos en los que Lula aparecía con una leve ventaja sobre su rival y la incertidumbre se traslada a un balotaje a realizarse dentro de tres semanas, el 25 de este mes.
La expectativa trasciende ampliamente las fronteras brasileñas, porque lo que está en juego en esta disputa electoral no es sólo la continuidad de un gobierno de centroizquierda, no alineado y con sentido social frente a un retorno acentuado del autoritarismo corrupto, oligárquico, depredador y sumiso a Washington que encabezó Bolsonaro padre entre 2019 y 2022; es, también, la persistencia de un integrante fundamental en el grupo BRICS, que representa un bastión mundial del multilateralismo; en Sudamérica, el gobierno del PT y el del Frente Amplio en Uruguay son ya los únicos exponentes progresistas, tras la llegada al poder en cascada de la ultraderecha y después del viraje impuesto manu militari en Venezuela por Estados Unidos.
El contraste entre la propuesta política de Lula y la de Flavio Bolsonaro pareciera llevar a una decisión obvia, habida cuenta de que la sociedad brasileña ha vivido la experiencia de ambas: combate a la pobreza, ampliación de derechos, políticas soberanas y protección del medio ambiente, en un caso, e incremento de las desigualdades, medidas represivas, alineamiento servil con Washington y depredación, en el otro. En tal circunstancia, no deja de resultar sorprendente que casi la mitad del electorado se haya inclinado por un candidato presidencial muy próximo al fascismo. Es innegable que, a pesar de sus éxitos sociales y económicos, los sucesivos gobiernos del PT (Lula, 2003-2006 y 2007-2010, Dilma Rousseff, 2011-2014 y 2015-2016, y nuevamente Lula, de 2023 a la fecha) han implicado un desgaste político y que en su último periodo en el Palacio de Planalto el actual mandatario, forjado en las luchas sindicales, no logró generar un consenso amplio entre la ciudadanía; ésta, por el contrario, ha permanecido polarizada entre el progresismo moderado de Lula y el alarmante ultraderechismo de los Bolsonaro.
Pero es claro también que tal polarización ha sido en buena medida inducida por un aparato mediático orgánicamente conectado con la oligarquía y, en épocas más recientes, por el brutal injerencismo –judicial, mediático, electoral, digital– de la administración trumpista, la cual, lejos de realizar a trasmano sus intromisiones en América Latina, las exhibe como signos de poderío. Ese injerencismo que pudo resultar determinante en los comicios de Honduras y Colombia para llevar a la presidencia a aventureros de corte fascista que hasta poco antes de resultar electos eran casi completamente desconocidos por las opiniones públicas de sus respectivos países. La reciente detención en Bolivia del mercenario digital Fernando Cerimedo, cofundador de La Derecha Diario y operador de redes de bots propagandísticos de la ultraderecha internacional, ha sacado a la luz la forma en la que la reacción articula campañas para atizar el odio y la desinformación en vísperas electorales. Y es inevitable suponer que algún efecto tuvieron tales operativos de guerra cognitiva en los comicios brasileños de ayer.
Cabe esperar, finalmente, que el próximo 25 de octubre Lula consiga remontar el resultado adverso de ayer y que Brasil permanezca a salvo del fascismo, que preserve su democracia y que logre continuar su posición a favor del multilateralismo y la defensa de su soberanía.

México SA
Brasil: a segunda vuelta // Diferencia menor a 2 por ciento // Balotaje: 25 de octubre
Carlos Fernández-Vega
▲ Los brasileños acudieron ayer a las urnas en unos comicios presidenciales fuertemente polarizados entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.Foto Afp
Lula da Silva convocó a los brasileños a rechazar “la barbarie”, pero no todos hicieron caso: el fascista Flavio Bolsonaro –hijo del esperpéntico ex mandatario de aquella nación– por estrecho margen y “haiga sido como haiga sido”, ganó la elección presidencial en primera vuelta, aunque no puede cantar victoria, porque al no conseguir 50 por ciento más uno de los votos enfrentará a Lula en segunda vuelta (balotaje, el 25 de octubre) y entonces el balance puede favorecer al ex líder sindical. Cierto es que la ultraderecha latinoamericana avanza, pero con la decisiva cuan pútrida e ilegal intervención de la Casa Blanca, y la nación más poderosa y grande de Sudamérica es una fruta muy apetitosa para el imperio.
Por cierto, antes de los comicios se conoció que “el departamento de inteligencia de la Policía Federal de Brasil investiga una posible injerencia extranjera (léase la gringa, para favorecer a Flavio Bolsonaro) en las elecciones en curso, a partir de una denuncia de la Abogacía General de la Unión (AGU), anunció este domingo el director general de la fuerza, Andrei Rodrigues, quien dijo: “recibimos una solicitud de la AGU (institución pública encargada de la representación judicial y extrajudicial del Estado Federal) que sugería investigar una posible interferencia externa; el asunto fue remitido a la Dirección de Inteligencia a fin de iniciar las averiguaciones. Se trata de una investigación en curso, un procedimiento preliminar; no existe un riesgo efectivo ni un elemento concreto, ni tampoco la existencia de un plan contra las embajadas de Estados Unidos y Australia en Brasilia, como trascendió en días recientes para justificar la suspensión de la atención consular” ( La Jornada).
Los primeros resultados llegaron a dar 10 puntos de ventaja al candidato fascista, pero según avanzó el conteo de votos la diferencia se fue reduciendo a menos de 2 por ciento. Llama la atención el resultado de la primera vuelta y el “sentir” de una parte del electorado, porque con Lula en el gobierno se redujo la pobreza, mejoró el ingreso de la mayoría, la inflación se mantuvo controlada, de nueva cuenta Brasil quedó fuera del mapa del hambre, se incrementó la inversión, bajó del desempleo, avanzó el crecimiento económico y reforzó su política de inclusión social. En síntesis, ha sido notoria las mejoría para los brasileños y dejó en claro que su país “no será patio trasero de nadie”; es decir, todo lo contrario de lo que sucedería con Bolsonaro, al ser otro de los títeres de Washington. Sin embargo, aquí cabe la ya clásica frase: “el peor enemigo de un pobre es otro pobre que se cree rico y defiende a quien los hace pobres a ambos”.
De acuerdo con información de algunos medios sudamericanos, en esta elección brasileña tuvo peso específico el electorado evangélico (estimado en 30 por ciento del total de votantes), especialmente aquel de zonas con población altamente vulnerable y tradicionalmente identificado con el partido político de Lula, que en esta ocasión cambiaron su decisión, porque ‘fueron convocados’ por sus pastores a votar por Flavio Bolsonaro”. Lo dicho: la religión es el opio del pueblo.
Al cierre del conteo final, Lula fue el primero en hablar: “que se preparen los bolsonaristas, porque la segunda parte de la campaña inicia ahora; la verdadera foto de Brasil se verá en el balotaje y soy muy bueno en el mata-mata” (fase de eliminación directa en partidos de futbol); buscaré a los ciudadanos que no votaron (abstencionismo de 21 por ciento, equivalente a 33 millones de brasileños) y desde el próximo martes, los Bolsonaro deben prepararse porque los vamos a derrotar”. En cambio, la conferencia del fascista Flavio fue un verdadero caos.
Con 99.9 por ciento de las mesas escrutadas, la diferencia apenas fue de 1.92 por ciento.
Las rebanadas del pastel
Uno de los títeres de Trump, el “presidente” boliviano, Rodrigo Paz, por decreto destituyó al fiscal general que investigaba el caso Fernando Cerimedo, amén de que tenía órdenes de aprehensión contra su esposa por operaciones fraudulentas. Además, se descubrió que el representante de Estados Unidos en la nación andina pagó sobornos a algunos legisladores para avalar dicha medida; en Ecuador, donde “gobierna” otra marioneta trumpista, Daniel Noboa, asesinaron al fiscal que investigaba lo mismo, pero en su nación. La impunidad gringa es brutal y para eso están los peleles firmantes del Escudo de las Américas. Y en esa misma línea servil están los “mandatarios” Javier Milei, José Antonio Kast, Abelardo de la Espriella, Keiko Fujimori, Nasry Asfura y algunos más, una vergüenza para la democracia latinoamericana.
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