▲ El movimiento de los Cucarachas de India volvió a exigir ayer la dimisión del presidente de la Comisión Electoral por anomalías. La policía detuvo otra vez a decenas de inconformes.Foto Ap
Reuters, Sputnik, Europa Press y Afp
Periódico La Jornada Sábado 17 de octubre de 2026, p. 18
Tirana. Jóvenes de países europeos y asiáticos lideran protestas que crecen con demandas que van desde temas educativos hasta el costo de la vida y el enojo por la corrupción de los gobernantes.
Miles de jóvenes albaneses se manifestaron ayer en Tirana, en el cuarto día de una campaña liderada por estudiantes cada vez más violenta, para obligar al primer ministro Edi Rama a dimitir.
“Llevamos 140 días protestando pacíficamente y nadie nos ha escuchado. Así que esta es nuestra única oportunidad de hacernos oír y conseguir los derechos que nos merecemos”, indicó Klea, de 19 años, durante la manifestación en la que rompieron ventanas y semáforos.
Acusan a los funcionarios de corrupción, de descuidar la educación y dijeron estar indignados por la venta de tramos vírgenes de la costa albanesa a un complejo turístico de lujo, respaldado por Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En Tirana hubo 156 personas lesionadas durante las movilizaciones. En tanto, en la localidad costera de Lezha, guardias se enfrentaron a manifestantes que lanzaban piedras. Las protestas también se extendieron a Elbasan, Skhodra y Korca, donde los manifestantes rompieron ventanas e incendiaron contenedores de basura, informaron medios locales.
Por su parte, la fuerza pública de India volvió a detener a Abhijeet Dipke, fundador del movimiento de las Cucarachas, antes de una manifestación convocada en el distrito financiero en Delhi, para exigir la dimisión del presidente de la comisión electoral, Gyanesh Kumar, acusado de manipular el padrón para beneficiar al partido del gobierno.
Un video publicado en la cuenta de Instagram del Partido Cucarachas Janta (CJP) se escucha el diálogo entre Dipke y un elemento de seguridad.
–Te estamos deteniendo ahora mismo–, expresó un agente a Dipke.
–No he infringido ninguna ley ahora mismo. ¿Cómo pueden detenerme?–, reviró el activista a los agentes mientras se lo llevaban.
De igual manera en Italia, estudiantes se congregaron en la Piazza Castello, en el centro de Turín, durante el Día Sin Meloni (en referencia a la primera ministra, Georgia Meloni), una jornada nacional de manifestaciones inspirada en lo que sucede en Francia y España, para protestar contra el costo de la vida, el decreto escolar, el estado de los edificios educativos y exigir mayor financiamiento.
Por otra parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hizo un llamado a la calma en las manifestaciones programadas para este sábado en París y varias otras ciudades.
Al movimiento estudiantil se unirán hoy otros sectores, entre ellos, los Chalecos Amarillos, cuya convocatoria en línea contra el aumento de los precios de combustibles ha cobrado fuerza bajo el lema: “terminemos lo que empezamos”, en alusión al movimiento que protagonizaron en 2018 y que derivó en una revuelta más amplia contra la desigualdad económica que movilizó a decenas de miles de personas a las calles.
“El derecho a manifestarse es plenamente respetado, pero debe ir acompañado del respeto a las personas y a la propiedad”, enfatizó Macron.
Marchan miles en Madrid por educación que sea pública y de calidad
Armando G. Tejeda Corresponsal
Periódico La Jornada Sábado 17 de octubre de 2026, p. 18
Madrid. Una marea verde, el color que simboliza la lucha por los derechos laborales en el sector de la educación pública, inundó ayer las calles del centro de Madrid. Alrededor de 35 mil personas, según el gobierno, y 60 mil, de acuerdo con los sindicatos convocantes, se manifestaron para exigir una enseñanza “pública y de calidad”, que incluya mejoras en salarios, infraestructura, la relación de alumnos por profesor y del plan educativo a largo plazo.
Así culminó el tercer día consecutivo de la huelga indefinida que preotagonizan profesores, personal administrativo, padres de familia y alumnos de la educación pública madrileña, desde prescolar hasta la universitaria, convocados por los sectores del ramo, Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores (UGT) en la comunidad autónoma de Madrid, gobernada por la derechista Isabel Díaz Ayuso, y donde han proliferado en los años recientes los centros educativos y universidades privadas, muchos de ellos de la red de escuelas de agrupaciones ultracatólicas, como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.
Los manifestantes recorrieron el centro de la capital bajo la consigna: “en defensa de una educación pública y de calidad”. Exigieron la dimisión de la consejera del ramo de Madrid, Mercedes Zarzalejo, a la que señalan de principal responsable del grave deterioro que sufre el sector.
La “marea verde” pasó por edificios públicos simbólicos para los manifestantes, como el ayuntamiento de Madrid, gobernado por el derechista José Luis Martínez Almeida, a quien acusan de ser corresponsable de la crisis educativa. También marcharon frente a la sede de la consejería de Educación, donde gritaron sin cesar: “dimisión”.
Después llegaron hasta la Puerta del Sol, donde por tercer día consecutivo se hermanaron con los acampados que reclaman una vivienda digna, donde gritaron juntos: “sin vivienda no hay educación”.
La vocera de la plataforma Menos Lectivas, Clara Saralegui, exigió a la consejera de Educación que “se siente a negociar con una actitud que no sea agresiva”.
Las docentes no pedimos imposibles, solicitamos algo que ya han implementado en otras comunidades autónomas compañeros suyos del Partido Popular (PP). Requerimos trabajar en condiciones dignas y con recursos suficientes para atender a nuestro alumnado”.
Y pese a todo, el optimismo
Ayer se cerró el plazo para que las izquierdas españolas presentasen candidaturas conjuntas para las elecciones anticipadas del próximo 29 de noviembre. Escribo estas líneas sin saber todavía el resultado de las últimas negociaciones, pero visto el sainete de las últimas semanas, que haya finalmente acuerdo o no ha dejado de tener la importancia que tenía hace apenas dos semanas.
Porque, aunque en un sistema electoral como el español la unidad es importante en las circunscripciones pequeñas, donde la atomización del voto se castiga en beneficio de los grandes partidos, no hay que llamarse a engaño. El principal problema que tiene la izquierda para volver a frenar a la derecha es la desmovilización de su electorado, parcialmente hastiado tras una legislatura extenuante donde poco se ha podido avanzar en materia progresista. Más que como medio de optimizar el voto de izquierdas, que también, la unidad de los partidos a la izquierda del PSOE debía ser una palanca para activar ese voto perezoso y escéptico. Tras las esperpénticas negociaciones de las últimas dos semanas, ni un acuerdo de mínimos a última hora podría servir para esto.
Toca fiarlo todo, de nuevo, a tres elementos. Primero: la capacidad de Pedro Sánchez de crecer en la adversidad. Segundo: la fortaleza de los partidos progresistas vascos, gallegos y catalanes (con algunas dudas en este último caso) en sus respectivas naciones. Son un seguro de vida contra la extrema derecha. Tercero: que los conservadores sigan metiendo la pata –como lo han hecho hablando de recortar y privatizar pensiones– y activen en el votante español progresista el miedo a lo que puede venir y la responsabilidad de hacerle frente. Una responsabilidad, por cierto, que acostumbra estar por encima de la que muestran sus dirigentes políticos.
Siempre cabe confiar en la secular estulticia de los conservadores españoles, nerviosos tras perder en 2023 pese a tener todas las encuestas a favor. También las tienen ahora, con mayor diferencia si cabe, y sin embargo, están muy nerviosos. Llevaban tres años pidiendo elecciones y cualquiera diría ahora que no las quieren.
Hay razones, por lo tanto, para un cauto optimismo. O yo al menos las veo, si bien he de decir que me encuentro bastante solo en esta trinchera de la esperanza. Puede que tenga más que ver con la sicología que con la política, y más con la naturaleza de cada quien que con el resultado de un análisis aséptico de la realidad, pero en las semanas en las que anualmente se entregan los premios Nobel a mí me es humanamente imposible entregarme en brazos del pesimismo.
Explico este giro de guion y matizo que no hablo aquí del Nobel de Economía, un invento que no tiene ni medio siglo; ni del de la Paz, demasiado pervertido. Me refiero a los galardones a la ciencia más puntera que, con todas sus trampas y sesgos –evidentes y conocidos, desde los geográficos a los de género, y muchos más–, abren anualmente una ventana para observar qué somos capaces de hacer los seres humanos en diversos ámbitos.
Piénsenlo, el Nobel de Medicina lo han ganado Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por revolucionar la forma en la que miramos al cerebro. Todo empezó con una microalga marina capaz de nadar hacia la luz. Todo un misterio, hasta que descubrieron la razón: una proteína sensible a la luz. Ahora, los científicos son capaces de insertar esa proteína en nuestros circuitos neuronales y apagarlos y encenderlos a distancia, como quien cambia de canal de televisión. El campo que este avance ha abierto ha recibido el nombre de optogenética y ha transformado la capacidad de entender lo que ocurre en nuestras neuronas, ha abierto prometedoras líneas de investigación para enfermedades como el párkinson o el alzhéimer y ha dado ya algunos resultados en tratamientos contra la ceguera.
O el Nobel de Física, que ha ido a parar a Francis Halzen, un ocurrente científico que no tuvo mejor idea que derretir un kilómetro cúbico de hielo antártico para instalar en él miles de detectores de neutrinos, una huidiza partícula sin carga eléctrica ni apenas masa que, al no interactuar apenas con nada, guarda intactos algunos de los secretos del universo. Son una ventana a agujeros negros supermasivos y explosiones de estrellas, y gracias al IceCube de Halzen, que ha convertido el cristalino hielo antártico en un enorme detector de neutrinos de muy alta energía –muy escasos–, es ahora una ventana abierta.
Yo sé que estas abstracciones no sirven de mucho a la gente que va (vamos) a pagar el eventual asalto de PP y Vox al Palacio de la Moncloa –igual que ocurre con el posible regreso de los Bolsonaro al poder en Brasilia y con tantos y tantos ejemplos que nos empujan hacia el abismo–. Sé que no sirve de mucho curar la ceguera cuando hay miles de personas que no quieren ver. Y sin embargo, aun a riesgo de pecar de candidez –mejor inocentes que mezquinos–, quien quiera buscarlas seguirá encontrando razones para confiar en cierto optimismo antropológico. ¿Cómo vamos a renunciar a él si somos capaces de ver el cerebro a través de un alga?
La derecha por cualquier vía
Torres Piña carece de antecedentes en las luchas de las izquierdas y apoyó la candidatura presidencial de Ricardo Anaya desde 2017
Foto: Cuartoscuro Foto autor
Lev M. Velázquez Barriga
17 de octubre de 2026 00:02
En 2021, el INE canceló, por una causa menor, la posibilidad de que el actual senador Raúl Morón compitiera por la gubernatura de Michoacán, por lo que la estrategia electoral tuvo que cambiar radicalmente: el ex líder magisterial dispuso en favor de Alfredo Ramírez Bedolla (una figura gris que ni siquiera había logrado la candidatura de Morena en Morelia) lo que no le podía ofrecer su propio partido; una estructura organizativa con presencia social y territorial construida durante más de una década.
A pesar de esto y del bajo perfil del nuevo contendiente, en las urnas se manifestó el hartazgo generalizado contra la camarilla de Silvano Aureoles, personaje que se ganó el mote de goberladrón y un amplio repudio social por el cinismo de sus despilfarros y corruptelas. Apenas asumió Bedolla, colocó en algunas de las principales secretarías del estado a parte importante del gabinete de primer nivel de su antecesor, del que había sido su equipo cercano y del PRI que callaron, solaparon y actuaron por omisión durante la administración de quien hoy está prófugo con ficha roja de búsqueda emitida por la Interpol.
Entre los reciclados de las páginas negras del silvanismo están: en la Secretaría de Gobierno, Carlos Torres Piña, ex presidente estatal del extinto PRD durante la campaña del goberladrón; repitiendo el mismo cargo, Elías Ibarra en la Secretaría de Salud; en la Secretaría de Bienestar, Giulianna Bugarini, antes titular de la Secretaría de los Jóvenes; en la Secretaría de Migración, Antonio Soto, anteriormente secretario de Desarrollo Comercial; en la primera titularidad de la Secretaría de Educación, Yarabí Ávila, del PRI, simpatizante de la organización de ultraderecha Provida, y Gabriela Molina, segunda secretaria en esa dependencia, ex directora del Sistema Michoacano de Radio y Televisión con Aureoles.
Pocos militantes de la izquierda electoral figuraban en espacios gubernamentales de relevancia política; en el ambiente estaba la sensación de que había ganado el gobernador, pero se entregó el gobierno. Quizás, esta era la manera de garantizar una transición tersa con el régimen perredista, que dejó en el desfalco financiero a las instituciones estatales, universidades públicas y a los trabajadores de sus dependencias, y al borde del colapso al sistema pensionario local.
En menos de un sexenio, el “nuevo gobierno” de Michoacán dejó de ser el movimiento que derrotó al viejo régimen nacional para convertirse, con otro nombre y discurso, en copia renovada de la misma estrategia de aquel partido de Estado, donde las estructuras que lo componen se movilizan en favor de intereses cupulares. La pieza clave para esta encomienda, por encargo del virrey de Bedolla, ha sido su eterno candidato Carlos Torres Piña, recién designado coordinador estatal de la Cuarta Transformación, a quien colocaba aquí o allá, dentro de la administración, fuera de ella en los supuestos órganos autónomos o en las cartas electorales de su partido, según conviniera a la continuidad del grupo formado en las filas del silvanismo.
Torres Piña no sólo carece de antecedentes en las luchas de las izquierdas o de los movimientos por los derechos de los pueblos originarios, aun proviniendo de la región purépecha, sino que apoyó la candidatura presidencial de Ricardo Anaya desde 2017 y denostó reiteradamente a la máxima figura del obradorismo, cuyas propuestas políticas calificó de ocurrentes; pero, dos años después, cambió de principios y se adhirió a las filas de Morena. Mientras fungió como titular en la Secretaría de Gobierno, cooptó hasta la inmovilidad y el corporativismo a líderes de los trabajadores de la educación, universitarios, de la salud y de las comunidades indígenas. Contra los indomables: denuncias, retenciones de pago, ceses técnicos y grupos de choque.
Desde la cabeza del Ejecutivo, la secretaría a cargo de la gobernabilidad interna y el partido, denuncian sus propios correligionarios, aunque es sabido por todos, echaron a andar las recetas del viejo manual para la conformación de estructuras electorales con recursos abundantes para eventos de relumbrón y el despliegue de publicidad excesiva, redes burocráticas de acarreo con recursos públicos (incluso de los ayuntamientos), la compra de medios comerciales panfletarios y el tejido de relaciones de poder que, en conjunto todo, constituyeron la maquinaria puesta al servicio de la candidatura rumbo a la gubernatura de 2027, inflada en unas cuantas semanas por la campaña mediática de guerra de cifras y validada por la encuesta oficial de dudosa confianza.
A lo anterior se puede añadir el paso de Torres Piña El Fiscal Carnal por la titularidad de la fiscalía, institución que debería ser autónoma de quien gobierna; pero él no desaprovechó la oportunidad para deslegitimar a sus adversarios internos, dando cauce procesal sólo a las acusaciones que Grecia Quiroz (en medio de la contienda electoral) hizo contra el senador Morón y su grupo cercano, pero no a los señalamientos hacia otros integrantes de su partido y de la actual administración estatal, por el asesinato de Carlos Manzo.
En Michoacán, con menos reflectores nacionales, pero iguales complicaciones que en otras entidades, se vive un proceso antidemocrático que no apuesta a la unidad, sino a la subordinación, y que allana el camino de la derecha por la vía electoral, gane o pierda el partido en el poder.
*Doctor en pedagogía crítica
