En 1967, Ray Killen, predicador y supremacista blanco, ex líder del Ku Klux Klan, fue absuelto de los homicidios que él y otros miembros del KKK cometieron contra tres activistas de derechos humanos: Michael Schwerner, Andrew Goodman y James Chaney, quienes desaparecieron de un pequeño pueblo del estado de Mississippi en junio de 1964. No fue sino hasta 2005 que los crímenes de Killen salieron de nuevo a la luz y el responsable ya octagenario, fue condenado a 60 años de prisión. Aquellos asesinatos inspiraron al guionista Chris Gerolmo y al director Alan Parker para realizar la exitosa película Mississippi en llamas (1988) tenso y fascinante thriller de denuncia centrado en dos agentes de la FBI (Gene Hackman y Willem Dafoe) radicalmente opuestos en su forma de aclarar el caso.
De reciente estreno, A cualquier precio ( By Any Means, Estados Unidos, 2026) recupera no sólo los sucesos alrededor de los activistas desaparecidos que apoyaban a la comunidad afroestadunidense, sino un evento posterior que involucraba en ambos, a un brutal sicario de la mafia que de manera insólita fue contactado de manera ilegal para colaborar con la policía en los dos casos. Elegance Bratton (1979), responsable del documental queer Pier Kids (2019), retrato de tres jóvenes transgénero, y el largo de ficción La inspección (2022) sobre los conflictos de un marine cuestionado y acosado por su condición homosexual, consigue un vibrante y eficaz thriller de acción y violencia inspirado en otro atroz caso donde el Ku Klux Klan fue doblegado por la labor conjunta de un agente negro y un capo mafioso.
La acción de A cualquier precio se traslada a enero de 1966. Vernon Dahmer (Giancarlo Esposito), de raíces alemanas y afroestadunidenses, dueño de una tienda de comestibles y un aserradero, cargaba con una amenaza de muerte debido a su apoyo incondicional a la comunidad negra y a su labor de registro de votantes negros. Dahmer fallece debido a un incendio en su hogar provocado por varios “caballeros blancos” del KKK y es entonces que la FBI decide contratar de nuevo al asesino a sueldo Greg Scarpa (Mark Wahlberg) para resolver el asunto y con el fin de lavarse aún más las manos, “asciende” a detective al agente afroestadunidense Wayne Strider (Yahya Abdul-Mateen II) para apoyar a Scarpa.
Tal y como sucedía en Mississippi en llamas, el director Elegance Bratton coloca dos personalidades opuestas en pantalla que terminan por equilibrar sus diferencias. Si en el filme de Parker, Hackman representaba al sujeto duro y visceral acostumbrado a la violencia del sur estadunidense y Dafoe al policía cerebral que sigue los métodos académicos, en A cualquier precio, Wahlberg se roba la película encarnando al cínico y violento criminal adicto al sexo, el dinero y la tortura, como fiel reflejo del verdadero Scarpa; en cambio, el personaje del policía negro que supuestamente trabajó con éste en el caso, no sólo constituye la visión de una corrección política actual, sino la serenidad y justicia en un mundo en caos. Aunque, al final, Strider se percata de que la violencia también es necesaria para hacer valer los derechos de la comunidad.
Más allá de la excepcional recreación histórica, la impactante fotografía a cargo de Ante Cheng y notable banda sonora del jazzista Terence Blanchard, A cualquier precio es un relato de eficacia y elegancia narrativa que se apropia del pasado para sumergirse no sólo en los derechos humanos, sino en los violentos métodos de justicia muy en deuda con lo que propone a su vez La negociación, de Gus Van Sant y Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson. Como colofón, Gregory “Greg” Scarpa (1928-1994), apodado La Parca o El Sombrerero Loco trabajó para la mafiosa familia Colombo de Nueva York, estuvo involucrado en usura, secuestro, narcotráfico, agresión y homicidios. Colaboró como informante de la FBI hacia 1962 para evitar la cárcel y ello le llevó a formar parte y resolver los casos de Mississippi a partir de interrogatorios ilegales y violentos.
Mississippi en llamas puede verse en okru.com y A cualquier precio se exhibe en Cinemas WTC.
Ni pronósticos ni objetivos se cumplen
Ruxi Mendieta
04 de octubre de 2026 00:04
Con los estudios realizados hasta la fecha en cuanto al derrotero mercantil de la industria de hidrocarburos, la población de los países petroleros y de los que no lo son tienen mucho que reclamar.
Quienes hayan diseñado los programas de estudio sobre los precios y sus vaivenes, sus rutas comerciales, y todo lo que es necesario para la venta equitativa de hidrocarburos se han quedado cortos desde hace muchos años. La disposición de esta fuente de energía finita e indispensable para cualquier país que la necesite tampoco ha sido equitativa.
Aunque las instituciones encargadas de observar y supuestamente monitorear el nivel de extracción de petróleo en el mundo no han cumplido del todo con las expectativas, tampoco han contado con la astucia de la piratería de antaño y de la actual, ni con su maquinaria técnicamente súperavanzada para apropiarse, sí o sí, del petróleo ajeno.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) publica desde 1960, fecha de su fundación, su influyente Reporte mensual del mercado petrolero (MOMR), donde nos dan cuenta del comportamiento de la demanda, cambios en los precios y sus repercusiones en el crecimiento económico global, especialmente de los países miembros.
También informan acerca del control de cuotas o ajustes de las mismas. Algo muy importante es la línea política que marca la OPEP para influir globalmente en el nivel de extracción de los países miembros, y de aquellos que no lo son.
Otra institución importante para el mundo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es la Agencia Internacional de Energía (AIE) que también asesora, desde la década de 1960 a los países integrantes de la OCDE. Además de coincidir con los objetivos de la OPEP, la AIE publica sus influyentes reportes: el anual, Perspectivas mundiales del petróleo, y los mensuales, llamados Perspectiva energética mundial.
La asesoría, digamos, principal de la AIE es acerca del análisis sobre la demanda global y la capacidad de refinación de los países que la realizan, entre otros datos. Es una guía para que los países demandantes cuestionen cuánto necesitamos, cuánto podremos comprar, y qué precio nos van a imponer.
Finalmente, los gobiernos dependientes del petróleo deberán considerar la repercusión en la población general. Se supone que las políticas públicas estarían beneficiando a los pueblos más que a las empresas. ¿Considerarán instituciones asesoras y gobiernos las necesidades de la población, sea cual fuere el país consumidor?
Hace una década más o menos, analistas de la OPEP afirmaban que, a largo plazo, el petróleo aumentaría de precio aproximadamente a partir de la primera mitad del 2016. La afirmación surgió de la seguridad con la que esos y otros análisis afirmaban que la demanda disminuiría por el hecho de que una verdad universal era innegable: los pozos se estaban agotando y el bajo precio de ese momento no había permitido nuevos programas de extracción. Esto decían hace 10 años.
La OPEP supuestamente se enfocó en prevenir la extracción irresponsable, más que irracional, de los hidrocarburos. Recordemos que en 2014, incluso antes, la organización establecía las cuotas de producción con opiniones discrepantes entre sus miembros.
Por ejemplo, Irán no apoyaba el congelamiento de la extracción que proponía la OPEP. Es por eso que, en ese momento, Arabia Saudita buscó el apoyo de Rusia como, digámoslo así, el hermano mayor y el más influyente, para que no hubiera rechazo al congelamiento temporal de la extracción.
Desde entonces no sólo ese acuerdo específico OPEP-Rusia, se vislumbró como la gran amenaza y obstáculo prin cipal para Estados Unidos en su afán de acaparar el mercado mundial del petróleo. También otros países no miembros de la OPEP intentaron emular al gobierno estadunidense en su exigencia para evitar el congelamiento de las cuotas de extracción, y difundieron y presumieron de su alianza con los gringos. No cabe duda: siempre han existido los bufones.
Así es como la población mundial está en manos de las decisiones de sus gobiernos, sean países petroleros, o no. A veces congruentes, pero también temerarias, en eso de extraer y comercializar los recursos energéticos de acuerdo a como lo dicte el gobierno que se cree dueño del petróleo del mundo.
Total, que análisis surgen y se modifican o desaparecen, pero son pocos; más bien: ningún boletín, informe o registro toma en cuenta el aumento de la piratería de hidrocarburos. Hacen omisiones importantes acerca de los berrinches de los ocupantes de la Casa Blanca para que el petróleo suba, o baje, según la conveniencia del gobierno en turno, demócrata, o republicano.
Por lo tanto, no existe pronóstico que valga. Las guerras inventadas de los enemigos de la paz mueven el tablero energético a su antojo. Estamos esperando que la legislación mundial cambie y promueva y promulgue leyes que prohíban la venta y el consumo de los hidrocarburos robados, confiscados, o negociados a través de la represión arancelaria, o incluso la amenaza de utilizar la fuerza militar.
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará”
mimaruxi@gmail.com
Adolescentes de EU recaban armas y las venden a cárteles mexicanos: NYT
▲ El caso de la estudiante abusada en la fiesta de una fraternidad de la Universidad Cornell, en Nueva York, desató una ola de denuncias sobre casos parecidos. En la imagen, alumnas trataron el tema durante una asamblea escolar.Foto Ap
Afp y Ap
Periódico La Jornada Domingo 4 de octubre de 2026, p. 18
Washington. Estudiantes de secundaria en Estados Unidos forman parte de una creciente red que, presuntamente, ayuda a armar a algunos de los cárteles más poderosos de México.
De acuerdo con funcionarios de Washington y expertos en narcotráfico, los jóvenes consiguen pistolas y rifles de alto calibre y los venden casi exclusivamente a miembros de los cárteles radicados en Estados Unidos, reportó The New York Times.
Autoridades estadunidenses afirman que los grupos criminales mexicanos recurren cada vez más a adolescentes y jóvenes adultos en estados fronterizos como Arizona, señala la publicación.
Funcionarios policiales indicaron que estas redes crecen debido a la proximidad con México, la gran presencia de miembros de cárteles de la droga que viven en Estados Unidos y la promesa de dinero fácil; señalaron que el proceso se ha acelerado por las nuevas tecnologías, incluidas las aplicaciones de mensajería en WhatsApp y Telegram.
Uno de los adolescentes relató al medio que para iniciar el negocio él y sus amigos reunieron 700 dólares de la venta de bocadillos y trabajó en un restaurante; uno de ellos ya tenía 18 años y pudo comprar un rifle tipo Kalashnikov en un distribuidor autorizado, el cual vendieron en mil 200 dólares.
Inmediatamente después, invirtieron en más armas, una y otra vez.
“Lo que hagan y a quién maten no me importa, siempre y cuando gane mi dinero. Estoy seguro de que no son inocentes”, añadió.
Los jóvenes traficantes afirmaron que normalmente guardan las armas en escondites o en sus viviendas, hasta que los miembros del cártel las recogen. A veces, pagan a otros estudiantes para que transporten las armas a través de la frontera y las entreguen en lugares designados en México.
Apoyo masivo a víctima de violación grupal
Miles de estadunidenses indignados se manifestaron en redes sociales en apoyo a la víctima de una violación grupal denunciada en la Universidad Cornell, en el estado de Nueva York, ante la amenaza de que se revele su identidad, luego de que el periodista Michael Tracey pidiera ayuda para dar a conocer su nombre, bajo el argumento de que desea “evaluar su veracidad”.
Los mensajes de apoyo con el hashtag #IAmJaneDoe –un seudónimo que se utiliza habitualmente en el sistema judicial estadunidense para proteger la identidad de una persona– se multiplicaron en TikTok, X e Instagram, en miles de perfiles que afirman ser la denunciante, con el objetivo de defender el derecho de las víctimas de agresiones sexuales a permanecer en el anonimato.
La mujer, identificada en los documentos judiciales como Jane Doe, afirmó que fue drogada con ketamina, agredida y violada por siete miembros de la fraternidad Chi Phi, en 2024, cuando tenía 20 años. Las autoridades se negaron inicialmente a presentar cargos, pero la investigación se reabrió el lunes.
El presidente de Cornell, Michael Kotlikoff, calificó ayer de “profundamente perturbadora” la presunta agresión, señaló que pesaría sobre la universidad durante los próximos años y prometió una mayor transparencia, en medio del creciente enfado por cómo gestionó el caso la institución.
