Foto Roberto García Ortiz Foto autor
Alma E. Muñoz, enviada
25 de septiembre de 2026 08:52
Villahermosa, Tab. La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, indicó que México nuevamente rompió cinco récords turísticos en el sector de hace más de 20 años al legar a 59.7 millones de visitantes internacionales, lo que significa siete por ciento más que de enero a julio de 2025.
Indicó que la derrama económica por los viajeros internacionales alcanzó 21 mil 743 millones de dólares, tres por ciento más, y citó que también “seguimos marcando historia” con 7.4 millones de cruceristas, 13.6 por ciento más que en los primeros siete meses de 2025.
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En su informe, sostuvo que se alcanzaron más de mil 965 millones de dólares de inversión privada turística; 6.3 por ciento de toda la inversión a nivel nacional.
Mientras en empleo turismo, dijo, alcanzamos 5.07 millones de personas, y equivale a 9.3 por ciento del empleo nacional.
La funcionaria mencionó que el turismo nacional, en el lapso citado, representó 65 millones de mexicanas y mexicanos, lo que representó un aumento de dos por ciento.
“Estamos creciendo de manera constante y para diciembre alcanzaremos más de 51 millones de turistas, que será la meta que vamos teniendo como objetivo de manera anual”.
En la mañanera, precisó que continúan con el fortalecimiento del turismo comunitario, así como enalteció el programa Acapulco se transforma y mencionó que el puerto vuelve a tener una ruta internacional “y eso genera que al corte tengamos 5 millones de llegadas de turistas, lo que significa más de 23 por ciento de incremento de turistas”.
En el caso de Tulum, destacó que el Parque Jaguar ya es gratuito para todos los nacionales y se hizo la reducción a la mitad del costo de la entrada a la zona arqueológica, “la zona protegida y se está haciendo todo un plan de ordenamiento de servicios”.
Rodríguez citó que casi 40 por ciento de los viajeros internacionales que llegan a México “ya no vienen a sol y playa, vienen a turismo cultural, luego turismo deportivo y luego sol y playa. Así que hay mucho potencial en nuestro país y eso hace que vayamos creando productos en estos segmentos”.
Programación energética y desarrollo nacional
Antonio Ponce
Comentábamos en este espacio, hace unos días, sobre la necesidad de elaborar planes de desarrollo de largo plazo del sector energético. Esto con el objeto de lograr el mayor provecho para nuestro país; sin embargo, no es sólo el largo plazo lo importante en la elaboración de los planes de desarrollo energético. Siendo la energía el centro del funcionamiento de una economía, es también un brazo poderoso para dar un enfoque a ese desarrollo. Vamos a extendernos un poco en el caso de India.
Desde la época de la crisis del petróleo, India comenzó un ambicioso programa nuclear de muy largo plazo. Este programa consideró todos los ángulos del desarrollo, no sólo el suministro de energía. Entre otras, tomó los siguientes caminos.
1. Envió estudiantes de ciencias e ingeniería a los principales centros de educación técnica del mundo. Era difícil llegar a una universidad de prestigio sin encontrar ahí estudiantes de India.
2. Comenzó programas importantes de desarrollo metalúrgico, lo que, además de darle capacidad de fabricar componentes nucleares, le permitió expandir enormemente su industria nacional y su capacidad exportadora.
3. Impulsó la geología y minería con recursos propios, lo que le dio independencia, no sólo en el área nuclear sino en muchas de las materias primas que necesitaba.
A raíz de estas medidas, India es ahora la envidia internacional por sus tasas de crecimiento y su acelerado desarrollo. En aquellos años, Argentina y México buscaron un desarrollo similar al de India. En Argentina lograron un buen avance antes de que las circunstancias políticas los frenaran.
En México, los trabajadores nucleares plantearon también un modelo similar al de India: se hicieron planes donde participó la CFE y los trabajadores nucleares, pero, al igual que en Argentina, las circunstancias políticas frenaron ese esfuerzo y todo se quedó en planteamientos.
Urge retomar esos planteamientos y, a partir de un programa de desarrollo eléctrico de largo plazo, encajar un programa nuclear que sea base de una industria nacional que podría detonar el desarrollo acelerado de nuestro país.
En México, lo único que se está planteando es el desarrollo de “energías limpias”. Y con ello se incluyen la solar y la eólica. Y esto es casi nada. Si se continúa por ese camino, el desarrollo industrial se basará sobre todo en los hidrocarburos, cada vez más costosos, cada vez más dependientes de la importación y con el problema creciente de la contaminación, el calentamiento global y la dependencia de fuentes externas.
La energía solar es sumamente limitada. Es abundante en ciertas regiones del país, pero por ser tan dispersa es necesario levantar áreas enormes de fotoceldas para tener el equivalente a una planta nucleoeléctrica pequeña. Por otra parte, mientras la fotovoltaica sólo genera energía durante las horas de sol intenso, la nuclear lo hace las 24 horas. La energía eólica es aún menos predecible. Nadie puede tener un programa de como soplará el aire en los siguientes días.
Todo eso no quiere decir que no deban utilizarse esas fuentes de energía. Donde haya condiciones favorables hay que aprovecharlas, pero no se puede hacer un programa de desarrollo nacional basado en ellas.
En estos días, nuestro país está enfrentando un reto enorme. No producimos el diésel suficiente para mantener los trasportes de carga, y se está ante la posibilidad de que se dificulte su obtención del extranjero.
¿Qué significa? Esto es nada menos ni nada más que nuestra soberanía en riesgo. Esto mismo podría ocurrir con el gas natural. Dependemos de Estados Unidos para obtenerlo.
El mensaje no puede ser más claro: urge alcanzar nuestra independencia energética si queremos seguir siendo un país soberano.
Independencia y soberanía. ¿Y la autosuficiencia alimentaria?
Arturo García Jiménez*
27 de septiembre de 2026 00:04
Los dos primeros conceptos se entremezclan en su significado y durante esta coyuntura de precampañas, combinada con el mes patrio, se han vertido en todos los discursos. Pero, en los tiempos actuales, la autosuficiencia es determinante de todos los demás.
Ciertamente somos un país en todo lo que implica, pero ello no nos hace soberanos; tan sólo veamos ¿qué pasaría si el troglodita de Trump nos cierra la llave de la importación de granos?
A pesar de que se ha hablado mucho de la autosuficiencia, nuestro país no tiene políticas públicas que apunten a ello, más bien, ha resultado lo contrario. De ser centro de origen del maíz, nos convertimos en los principales importadores; de haber ocupado el tercer lugar en producción de café, ahora importamos la mayor parte del consumo, cafés inferiores que la Nestlé procesa para hacernos consumir café soluble; son sólo dos ejemplos de la vida diaria.
Hay programas, sí, hasta elevados a rango constitucional: Sembrando Vida, Producción para el Bienestar, Precios de Garantía y Fertilizantes, pero, además de que no articulan cada uno su cadena de valor, aparecen descoordinados entre sí, y al final no es posible derivar en metas precisas para el sector productivo de manera integral; deben ser evaluados.
Es bueno hacer comparativos como para mirarnos en el espejo. China es un país de más de mil 400 millones de habitantes y 108 millones de hectáreas de superficie productiva. México tiene 134 millones de habitantes y cerca de 25 millones de hectáreas de superficie productiva. Pero China es prácticamente autosuficiente y nuestro país importa su comida básica.
Aparte de la eficiencia y organización, ellos priorizan la planeación y la definición de metas cada cinco años. En 1952, el presidente Mao Tse-tung vaticinó que se necesitarían 15 planes quinquenales para superar a Estados Unidos en producción, y en este 2026 arrancó el 15 plan quinquenal y China ya superó a Estados Unidos.
La planeación china es precisa y hasta romántica. La agricultura es un rubro fundamental en la planeación nacional: “La modernización agrícola y rural concierne a la situación general y calidad de la modernización china. Con atenimiento a que se tenga como la mayor de las prioridades la debida resolución de los problemas relativos a los ‘tres pilares del agro’ (la agricultura, el campo y el campesinado), promoveremos el desarrollo integrado urbanorural, haremos constante consolidación y ampliación de los logros del acometimiento de lo más duro en la liberación de la pobreza y propulsaremos que las zonas rurales reúnan en lo básico condiciones de vida moderna, acelerando así la construcción de un país fuerte en agricultura”.
Los tres objetivos estratégicos son:
Elevación de la capacidad productiva integral, calidad y rentabilidad de la agricultura.
Impulso de la conformación de un agro adecuado a la vida y al trabajo, armonioso y hermoso.
Elevación de la eficiencia de las políticas encaminadas a fortalecer la base agrícola, facilitar el desarrollo rural y fomentar una vida campesina próspera.
Pero, además, el gobierno chino sí le mete presupuesto.
Según el Documento Central número 1 de 2026 de China, el dinero público se está invirtiendo prioritariamente en garantía de seguridad alimentaria, mantener de forma vinculante la capacidad de producción de granos, tecnología agrícola y automatización, y subsidios de cobertura total, entre otros.
Para 2026, el año que inaugura su 15 Plan Quinquenal (2026-2030), enfocado en la modernización agrícola y la seguridad alimentaria, el presupuesto general de gastos del gobierno central de China asciende a 4.3 billones de dólares. De ello, entre 8 y 10 por ciento se dedica al desarrollo de la agricultura, es decir, 7.74 billones de pesos mexicanos, muy cerca del presupuesto total que México tendrá para 2027 (10 billones 636 mil 488.1 millones de pesos, de los cuales para la agricultura se dedica 1.13 por ciento).
Ciertamente, contamos con el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, el que contiene cuatro objetivos estratégicos bastantes generales. La Sader tiene que revisar sus planes y apuntar de manera prioritaria a la autosuficiencia. Pero, sobre todo, hacer una planeación multianual y abordar de manera integral y sustentable considerando sus desigualdades, desde luego, con la participación real de los actores.
*Asesor de la Coordinadora Nacional de Ejidos y Comunidades
Urge regular centros de datos; depredan agua y luz
Alerta Oxfam de riesgos en México
▲ Instalaciones del centro de datos ubicado en Georgia.
Foto Ap
Dora Villanueva
Periódico La Jornada Domingo 27 de septiembre de 2026, p. 13
Los centros de datos se están desarrollando de manera veloz e intempestiva mientras la regulación fiscal y medioambiental va “bastante atrás”; estas “fábricas de la economía digital” no sólo se están ubicando en territorios vulnerables, sino que también están cimentando una nueva dependencia entre los países del centro y la periferia, como en los años 60, pero ahora en lo digital, señaló Efrén Pérez de la Mora, gerente de gestión del conocimiento Oxfam México.
“El desarrollo tecnológico tiene una dimensión de desigualdad y desequilibrio entre quienes obtienen los beneficios y quienes se quedan con los costos (...) Estos centros de datos que se establecen en México ni siquiera son para beneficio de la industria mexicana, de las universidades o el desarrollo tecnológico del país, sino que los controlan empresas que no son mexicanas y, sin embargo, nosotros estamos ofreciendo territorio, población, agua y electricidad para que funcionen”, explicó en entrevista.
En Querétaro, donde la sequía extrema pegó a más de 94 por ciento del territorio entre 2024 y 2025, los centros de datos lideran su expansión. Ahí Microsoft posee autorizaciones para extraer hasta 25 millones de litros de anuales de agua en un solo pozo , “mientras la población utiliza aguas superficiales y tratadas”, señala el informe “La huella que dejan las nubes”, del que Pérez es coautor. El problema se busca mitigar con el proyecto hídrico El Batán.
De acuerdo con la plataforma Data Center Map, hay 66 centros de datos en México. Querétaro es el epicentro de este desarrollo con 19 instalaciones, Ciudad de México, con 15; Guadalajara, ocho; Monterrey, siete; Mérida, cinco; Toluca y Guanajuato, dos; así como Hermosillo, Tijuana, León, San Luis Potosí, Durango, Celaya, Manzanillo y Nogales, con uno en operación en cada entidad.
Además, el boom de los centros de datos, como la materialización de la inteligencia artificial (IA) y la industria tecnológica ahí no queda. Se expandirá. Según la Asociación Mexicana de Centros de Datos (Mexdc), citada por Prodensa, México recibirá más de 9 mil 200 millones de dólares en inversión directa para 2029 en este sector y se generarían más de 14 mil empleos indirectos.
El problema es que la inversión vinculada a centros de datos se anuncia como “nuestra oportunidad de insertarnos en la tecnología global y, en realidad, no es el caso”, señala Pérez de la Mora. El extractivismo hídrico y consumo masivo de electricidad no se traduce en la cantidad de empleos prometidos ni altamente calificados, apuntó.
Amazon Web Services (AWS) prometió la creación de 7 mil empleos de tiempo completo al año, Google 117 mil para 2030 y Microsoft cerca de 300 mil, indica el referido informe. Este número de empleos se podrían alcanzar durante una etapa de construcción, pero ya en operación los centros de datos no necesitan más de 200 empleados, detalló Pérez.
En general, son una “infraestructura digital sumamente contaminante”, expone el investigador. En el informe del que es coautor se señala que un solo centro de datos grande consume hasta 19 millones de litros de agua al día, el equivalente al consumo de una ciudad de hasta 50 mil habitantes.
Todavía sin alcanzar la expansión que se prevé, en 2024 la industria de los centros de datos consumió 415 teravatios, cifra equivalente al consumo eléctrico de Japón en un año y hoy representan 1.5 por ciento del consumo eléctrico global y subirán a 3 por ciento para 2030, con un crecimiento proyectado de 16 por ciento anual, indica Oxfam.
Los grandes anuncios con que se han presentado las inversiones en centros de datos no hablan de los efectos, sobre todo ambientales, en los territorios, señala Pérez de la Mora. Se consideran parte del sector servicios, pero son instalaciones industriales que procesan información en grandes cantidades y que funcionan de manera ininterrumpida 24 horas al día, siete días a la semana, con altas cuotas de consumo de agua y electricidad.
“Los centros de datos se están estableciendo donde hay menos resistencia, donde hay más vulnerabilidad y donde esos costos se pueden externalizar con mayor facilidad”, comenta Pérez. Además, señala, “se benefician de una gran cantidad de facilidades administrativas, burocráticas y fiscales”.
No sólo es en México, prácticamente en todo el mundo, los centros de datos se están estableciendo en lugares donde no es propicio, explica el analista de Oxfam México. De ahí la necesidad de regular.
“Si los centros de datos están en una comunidad donde no hay agua, pues entonces hay que poner un límite al gasto de agua. Si están en una comunidad con red eléctrica endeble ya está en entredicho, pues entonces habría que poner un límite al tamaño de los centros de datos que se establecen y al gasto de electricidad que hacen.”
Con base en los datos presentados por Hacienda, México Evalúa reporta que para 2027 se proyecta que la deuda alcance 21.7 billones de pesos, 55 por ciento del PIB. “Es el nivel más alto desde 1990 y superior al 54 por ciento esperado para el cierre de este año”.
Imagen generada con ChatGPT Foto autor
Dora Villanueva
26 de septiembre de 2026 14:28
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) exhibió que la deuda del país seguirá creciendo en lo que resta del sexenio hasta alcanzar 56.4 por ciento del producto interno bruto (PIB) una vez concluido 2030, por encima del 54 por ciento en que se estima al cierre de 2026, de acuerdo con información de un documento oficial.
Más allá del incremento esperado, destaca que por primera vez en años la dependencia publica en los Criterios Generales de Política Económica un aumento de la deuda en su medida más amplia para el cierre del sexenio. “Por primera vez en una década se entrega un presupuesto que no ancla la deuda pública. No sólo no la estabiliza ni la reduce: la proyecta al alza hasta el cierre del sexenio”, señaló México Evalúa.
Este diario buscó en varias ocasiones a la SHCP para ahondar en los datos que se desprenden de sus informes. Luego de dos semanas, no hubo respuesta.
Aparte, José Luis Clavellina Miller, director de investigación del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), comentó que el hecho de que por primera vez en años la SHCP no haya anclado la trayectoria del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) refleja que “este año se hicieron supuestos más realistas para la estimación de las principales variables de finanzas públicas”.
En otros ejercicios, la dependencia asumía un tope o incluso un descenso en las obligaciones públicas medidas por el SHRFSP en los Criterios Generales de Política Económica. Por ejemplo, el documento para 2026, en el que Hacienda ancló en 52.3 por ciento su proyección del crecimiento de la deuda respecto al PIB, lo que supone que el endeudamiento no rebasará la expansión de la economía.
En 2027, los Criterios Generales de Política Económica muestran que, en lugar de contenerse o bajar, la deuda seguirá aumentando; no sólo hacia el cierre del sexenio, sino según las mismas proyecciones de la dependencia, llegará a 56.5 por ciento del PIB en 2032.
“Incluso con los esfuerzos que en materia de ajuste se están haciendo, se requerirán en el futuro medidas adicionales si se pretende disminuir o contener el crecimiento de la deuda pública. Se requiere, como desde hace décadas, un replanteamiento fiscal que permita fortalecer los ingresos públicos en los tres órdenes de gobierno y hacer más eficiente el gasto público”, explicó Clavellina Miller.
Con base en los datos presentados por Hacienda, México Evalúa reporta que para 2027 se proyecta que la deuda alcance 21.7 billones de pesos, 55 por ciento del PIB. “Es el nivel más alto desde 1990 y superior al 54 por ciento esperado para el cierre de este año”, puntualizó la organización. Una vez que se divide este monto entre la población estimada, equivale a una deuda de 160 mil pesos por habitante, 11 mil pesos más que al cierre de 2025, agregó.
Comparaciones
El director de investigación en el CIEP también puntualizó que “si se compara la deuda de varios países como proporción del PIB se aprecia que la que corresponde a México es menor a la de economías desarrolladas. Sin embargo, para nuestro país, el indicador debe compararse también con la capacidad de generación de ingresos públicos”. En este punto, México no se encuentra en los primeros lugares de recaudación frente al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos o de América Latina.
Además de que, independientemente de su nivel respecto al PIB, el costo de deuda no es igual entre los diferentes países. Por ejemplo, explicó Clavellina, “la tasa de interés en México de Cetes a 28 días ronda 6.25 por ciento, mientras las tasas a 10 años están entre 8.5 por ciento y 9.5 por ciento. Para el caso de Estados Unidos, las tasas de corto plazo se encuentran en 3.9 por ciento y las de 10 años rondan 5.1 a 5.2 por ciento”.
En su análisis, México Evalúa reconoce que si bien el Paquete Económico 2027 apuesta a recaudar como nunca, con un aumento de 5.9 por ciento en los ingresos tributarios, “el desafío arranca cuesta arriba, porque este año la recaudación se estancó justo cuando la economía repuntaba”.
Datos del Servicio de Administración Tributaria muestran que en el acumulado a julio los ingresos tributarios de 2026 llevan un crecimiento real nulo. En su momento, Hacienda explicó que esto en parte responde al comportamiento del impuesto sobre la renta, afectado por una caída en los ingresos derivados de la declaración de empresas.
Dora Villanueva
26 de septiembre de 2026 14:28
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) exhibió que la deuda del país seguirá creciendo en lo que resta del sexenio hasta alcanzar 56.4 por ciento del producto interno bruto (PIB) una vez concluido 2030, por encima del 54 por ciento en que se estima al cierre de 2026, de acuerdo con información de un documento oficial.
Más allá del incremento esperado, destaca que por primera vez en años la dependencia publica en los Criterios Generales de Política Económica un aumento de la deuda en su medida más amplia para el cierre del sexenio. “Por primera vez en una década se entrega un presupuesto que no ancla la deuda pública. No sólo no la estabiliza ni la reduce: la proyecta al alza hasta el cierre del sexenio”, señaló México Evalúa.
Este diario buscó en varias ocasiones a la SHCP para ahondar en los datos que se desprenden de sus informes. Luego de dos semanas, no hubo respuesta.
Aparte, José Luis Clavellina Miller, director de investigación del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), comentó que el hecho de que por primera vez en años la SHCP no haya anclado la trayectoria del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) refleja que “este año se hicieron supuestos más realistas para la estimación de las principales variables de finanzas públicas”.
En otros ejercicios, la dependencia asumía un tope o incluso un descenso en las obligaciones públicas medidas por el SHRFSP en los Criterios Generales de Política Económica. Por ejemplo, el documento para 2026, en el que Hacienda ancló en 52.3 por ciento su proyección del crecimiento de la deuda respecto al PIB, lo que supone que el endeudamiento no rebasará la expansión de la economía.
En 2027, los Criterios Generales de Política Económica muestran que, en lugar de contenerse o bajar, la deuda seguirá aumentando; no sólo hacia el cierre del sexenio, sino según las mismas proyecciones de la dependencia, llegará a 56.5 por ciento del PIB en 2032.
“Incluso con los esfuerzos que en materia de ajuste se están haciendo, se requerirán en el futuro medidas adicionales si se pretende disminuir o contener el crecimiento de la deuda pública. Se requiere, como desde hace décadas, un replanteamiento fiscal que permita fortalecer los ingresos públicos en los tres órdenes de gobierno y hacer más eficiente el gasto público”, explicó Clavellina Miller.
Con base en los datos presentados por Hacienda, México Evalúa reporta que para 2027 se proyecta que la deuda alcance 21.7 billones de pesos, 55 por ciento del PIB. “Es el nivel más alto desde 1990 y superior al 54 por ciento esperado para el cierre de este año”, puntualizó la organización. Una vez que se divide este monto entre la población estimada, equivale a una deuda de 160 mil pesos por habitante, 11 mil pesos más que al cierre de 2025, agregó.
Comparaciones
El director de investigación en el CIEP también puntualizó que “si se compara la deuda de varios países como proporción del PIB se aprecia que la que corresponde a México es menor a la de economías desarrolladas. Sin embargo, para nuestro país, el indicador debe compararse también con la capacidad de generación de ingresos públicos”. En este punto, México no se encuentra en los primeros lugares de recaudación frente al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos o de América Latina.
Además de que, independientemente de su nivel respecto al PIB, el costo de deuda no es igual entre los diferentes países. Por ejemplo, explicó Clavellina, “la tasa de interés en México de Cetes a 28 días ronda 6.25 por ciento, mientras las tasas a 10 años están entre 8.5 por ciento y 9.5 por ciento. Para el caso de Estados Unidos, las tasas de corto plazo se encuentran en 3.9 por ciento y las de 10 años rondan 5.1 a 5.2 por ciento”.
En su análisis, México Evalúa reconoce que si bien el Paquete Económico 2027 apuesta a recaudar como nunca, con un aumento de 5.9 por ciento en los ingresos tributarios, “el desafío arranca cuesta arriba, porque este año la recaudación se estancó justo cuando la economía repuntaba”.
Datos del Servicio de Administración Tributaria muestran que en el acumulado a julio los ingresos tributarios de 2026 llevan un crecimiento real nulo. En su momento, Hacienda explicó que esto en parte responde al comportamiento del impuesto sobre la renta, afectado por una caída en los ingresos derivados de la declaración de empresas.
Gráfica de la perspectiva de deuda. Foto La Jornada
