La sala de la Asamblea General de la ONU quedó mayormente vacía durante el discurso del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Foto: AP Foto autor
AFP
24 de septiembre de 2026 14:14
Nueva York. Decenas de enviados de todo el mundo abandonaron este jueves la sala de la Asamblea General de la ONU durante el discurso del primer ministro de Israel, y prófugo de la CPI, Benjamín Netanyahu, en señal de protesta.
24 de septiembre de 2026 14:14
Nueva York. Decenas de enviados de todo el mundo abandonaron este jueves la sala de la Asamblea General de la ONU durante el discurso del primer ministro de Israel, y prófugo de la CPI, Benjamín Netanyahu, en señal de protesta.
Mientras los delegados que permanecieron en la sala abucheaban al líder israelí, su equipo aplaudía de pie y el presidente de la sesión pedía orden a gritos.
“Si quedan otros cobardes morales que aún no hayan abandonado esta sala, háganlo ahora”, dijo Netanyahu al tomar la palabra.
La sala, poco concurrida al inicio de la sesión, se fue llenando gradualmente antes del discurso de Netanyahu.
En una nota a la que tuvo acceso la AFP, la delegación palestina había pedido que otras misiones se sumaran a su propia acción de protesta.
La sala, poco concurrida al inicio de la sesión, se fue llenando gradualmente antes del discurso de Netanyahu.
En una nota a la que tuvo acceso la AFP, la delegación palestina había pedido que otras misiones se sumaran a su propia acción de protesta.
Netanyahu dice en la ONU que atacar a Irán fue “una de las decisiones más fáciles” que ha tomado
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, aseguró que Israel no cometió un genpcidio, sino que lo evitó, durante su intervención en la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el 24 de septiembre de 2026. Foto Ap Foto autor
Ap
24 de septiembre de 2026 13:18
Nueva York. El primer ministro israelí y prófugo de la CPI, Benjamin Netanyahu, declaró este jueves que atacar a Irán “fue una de las decisiones más fáciles que he tenido que tomar” y denunció como “cobardes morales” a la multitud de delegados que abandonaron la Asamblea General de la ONU cuando subió al podio para hablar.
“Al defenderse, Israel también está defendiendo a muchos de los países cuyos delegados acaban de salir de este salón”, indicó Netanyahu. “De hecho, quiero que sepan que muchos de sus líderes incluso nos agradecen en privado por eliminar las armas nucleares de Irán”.
El premier israelí afirmó que acusar a Israel de genocidio “es la mayor mentira del siglo… Israel no cometió genocidio; Israel lo evitó”, insistió en que Israel no tiene más remedio que ganar y agradeció al presidente Donald Trump durante su discurso, describiéndolo como el mejor aliado de Israel.
También calificó de "delincuentes juveniles" a los colonos violentos que atacan a comunidades palestinas en Cisjordania reocupada: "Lo que (los medios) cubren es un puñado de delincuentes juveniles, unos 150 en total, que van o lanzan piedras, que talan olivos".
El Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York detuvo a varios manifestantes que protestaban contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y contra la continua violencia israelí en los territorios palestinos, en las inmediaciones del edificio de las Naciones Unidas previo al discurso del premier.
Mahmoud Abbas, presidente palestino, implora en la ONU a tomar medidas más fuertes contra Israel
El presidente palestino Mahmoud Abbas, ofrece un discurso pregrabado durante la 81 sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de Nueva York, el 24 de septiembre de 2026.
Foto Ap Foto autor
Ap
24 de septiembre de 2026 10:22
Nueva York El presidente palestino Mahmoud Abbas se dirigió a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) este jueves y ofreció declaraciones pregrabadas desde su oficina en Ramallah, después de que Estados Unidos le negó a él y a otros altos funcionarios palestinos visas para asistir a la reunión por segundo año consecutivo.
“El pueblo palestino enfrenta uno de los momentos más peligrosos de su historia”, declaró Abbas al citar la ocupación militar en Cisjordania y Gaza. Israel, sostuvo, “ha atacado todas las necesidades básicas de la vida”.
El primer ministro israelí y prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu tenía previsto hablar en persona a primera hora de la tarde. Mientras Abbas hablaba, los asientos de las delegaciones israelíes en el salón de la Asamblea General permanecían vacíos.
En su discurso, Abbas volvió a implorar a la comunidad internacional que tome medidas más enérgicas y se pronuncie con más fuerza contra Israel.
“¿Cuánto tiempo más seguirán algunos Estados guardando silencio ante Israel o suministrándole las armas que utiliza contra nuestro pueblo? El mundo ha sido testigo del tremendo costo en la franja de Gaza y Cisjordania”, declaró Abbas. Añadió: “¿Qué está esperando la comunidad internacional para proteger al pueblo palestino?”
Aunque no se han llevado a cabo negociaciones desde hace años, Abbas instó a la comunidad internacional a impulsar una solución de dos Estados al conflicto israelí-palestino. Netanyahu ha dicho que no se establecerá ningún Estado palestino mientras él sea el líder de Israel y ha argumentado que la Autoridad Nacional Palestina no es un socio para la paz.
La comunidad internacional ha respaldado el plan impuesto por Donald Trump para que un grupo de administradores apolíticos gobierne Gaza bajo la Junta de Paz. Pero Abbas afirmó que el territorio no podía permanecer políticamente separado de Cisjordania y Jerusalén oriental a largo plazo.
Indicó que la franja de Gaza, Jerusalén oriental y Cisjordania debían ser gobernadas por “un Estado, un gobierno, una ley y una entidad legítima autorizada para portar armas”.
EU: cambio de ánimo social
Los discursos del primer ministro israelí y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu, y del presidente palestino, Mahmoud Abbas, ante la Asamblea General de Naciones Unidas fueron un espejo de la condición ruinosa en que se encuentra la comunidad internacional. Mientras el genocida se pasea por el mundo y repite bulos con total impunidad, el dirigente árabe tuvo que dirigirse a sus pares mediante una videoconferencia pregrabada porque Estados Unidos le negó el visado para acudir a Nueva York.
En su mensaje, Abbas recordó lo que todo el mundo sabe: “el pueblo palestino enfrenta uno de los momentos más peligrosos de su historia” porque Israel “ha atacado todas las necesidades básicas de la vida”. Cuestionó “¿cuánto tiempo más seguirán algunos estados guardando silencio ante Israel o suministrándole las armas que utiliza contra nuestro pueblo?”, una pregunta que parece no encontrar respuesta mientras millones de seres humanos languidecen de hambre y enfermedad bajo la bota del sionismo.
Aunque Washington mantiene secuestrada a la ONU de la misma manera que Tel Aviv tiene rehén a la nación palestina, desde abajo brotan algunas señales de esperanza. Las protestas realizadas ayer ante la sede de Naciones Unidas cuando Netanyahu tomó la palabra recuerdan que no todos los estadunidenses acompañan la complicidad de su gobierno con la masacre. De hecho, el sadismo desplegado contra el pueblo palestino ya provocó un cambio de ánimo que años atrás habría sido impensable: de acuerdo con una encuesta de AP-NORC divulgada en julio, aproximadamente un tercio de los adultos en Estados Unidos cree que Israel ha cometido genocidio en Gaza; dos de cada 10 dicen que no, y alrededor de la mitad considera no saber lo suficiente para tomar postura. De manera significativa, 30 por ciento de los adultos judíos estadunidenses afirman que las acciones de Netanyahu constituyen genocidio.
A principios de agosto, un estudio de Pew Research registró que 60 por ciento de los adultos estadunidenses ahora tienen una opinión desfavorable de Israel. La erosión del apoyo al sionismo se da incluso en los sectores más recalcitrantes: entre los evangélicos blancos pasó de 71 por ciento a 57 por ciento. De acuerdo con un libro acerca del cabildeo israelí en Estados Unidos, 29 por ciento de los demócratas que votaron por Joe Biden en 2020, y no respaldaron a Kamala Harris en 2024, indicaron que lo ocurrido en Gaza fue la razón principal de su abstención. Debe recordarse que durante su campaña la ex candidata se negó a condenar la matanza de civiles y calló de manera grosera a sus simpatizantes que le pidieron abordar el tema.
Algo de esos sentires se expresó en los alrededores de la sede de la ONU: miles de manifestantes repudiaron a gritos a Netanyahu mientras éste hablaba en el interior del recinto, y a las consignas contra el genocidio se unieron las de rechazo a la guerra y a los atropellos cometidos por la autoridad migratoria y sus paramilitares en contra de extranjeros y de ciudadanos estadunidenses. Una de las movilizaciones fue organizada por integrantes de la comunidad judía de Nueva York –la mayor en el mundo fuera de Israel– y más de cien manifestantes –entre quienes figuraban las actrices Susan Sarandon y Hannah Einbinder, así como la ex militar disidente Chelsea Manning, la candidata demócrata al Congreso Darializa Ávila Chevalier y el concejal Chi Ossé– fueron detenidos por la policía.
Lamentablemente, la desconexión de la clase política estadunidense con las necesidades y exigencias de la ciudadanía se manifiesta de manera notoria en este ámbito, lo cual no sorprende si se tiene en cuenta la inversión multimillonaria de organizaciones y magnates pro sionistas en las campañas políticas de ambos partidos. Con todo, la toma de conciencia sobre la verdadera naturaleza del gobierno israelí entre un número creciente de estadunidenses supone una oportunidad de que en el futuro la superpotencia deje de financiar y de proteger con su poder hegemónico a quienes perpetran el peor crimen del siglo.
El compañero Trump
Donald Trump enfrenta un escenario de tensiones internacionales y desgaste político interno en Estados Unidos. Foto Afp Foto autor
Pedro Miguel
25 de septiembre de 2026 00:04
Desde la tribuna más alta de la comunidad internacional, los jefes de Estado de Francia, Jordania, Turquía y España, países aliados de Estados Unidos, expresaron su repudio al genocidio de palestinos perpetrado por Israel. También lo hicieron gobernantes de naciones con vínculos menos estrechos con Washington, como Lula da Silva, de Brasil. Y mientras el asesino Benjamin Netanyahu ladraba ante una sala semivacía, en las calles de Nueva York marchó y fue reprimida una expresión de la sociedad estadunidense del rechazo creciente a ese genocidio.
En lo que debiera ser un altar de la convivencia, el diálogo y la colaboración, Trump amenazó con aniquilar a un país entero, calumnió a México en forma por demás proyectiva –porque los verdaderos epicentros, motores e instigadores del narcotráfico son Estados Unidos y su gobierno– y abogó por la ejecución extrajudicial, la agresión bélica, la intervención ilegal en otros países y el despojo a secas como instrumentos para promover la democracia y algo que él llama “civilización”.
Vayan como antecedentes el contraste entre la promesa–amenaza trumpiana de imponer el dominio total de Washington en este hemisferio y sus constantes agresiones a sus socios continentales más importantes, Canadá y México, y a la mayor economía de Latinoamérica, Brasil. Como consecuencia de esas agresiones, el gobierno de Ottawa ya decidió estrechar sus lazos con la Unión Europea y aflojarlos con su vecino del sur.
O el empecinamiento del amo de la Casa Blanca en destruir la presencia y la influencia de su país en Medio Oriente mediante la prolongación de una guerra a todas luces perdida y el aplazamiento absurdo de una derrota inevitable. La guerra contra Irán ha puesto en evidencia que ante la república islámica los grandes portaaviones estadunidenses sirven para muy poco más que darle una vida de infierno a sus tripulaciones, que las bases militares en la península arábiga, Jordania e Irak son mucho más vulnerables de lo que se pensaba; que, ante la creciente escasez de armas antibalísticas, el Pentágono no ha tenido otro remedio que descobijar a Japón, Corea del Sur, Europa y Ucrania para llevar a Medio Oriente municiones millonarias y de difícil fabricación; y que si Trump ha estado chantajeando a sus aliados europeos para que se involucren en el conflicto, ello se debe principalmente a que la Marina de Estados Unidos, en un afán de modernidad arrogante y temerario, retiró sus barcos dragaminas (clase Avenger e Independence) y quiso remplazarlos por una navaja suiza llamada Litoral Combat Ship, que en teoría sirve para muchas cosas y en la práctica, para ninguna.
Trump prometió evitar las guerras y se ha involucrado en una particularmente desastrosa. Prometió mantener bajos los precios de los combustibles y ha conseguido elevarlos en forma angustiante. Ofreció crear empleos y entre 2024 y 2026, el desempleo pasó de 3.9 a 4.1 por ciento (con un pico de 4.4 el año pasado) de la población económicamente activa. Amenazó a Irán con una guerra económica devastadora y le declaró la guerra a la economía de Estados Unidos. Mandó poner su jeta en una edición conmemorativa de monedas de un dólar –aunque la ley lo prohíbe– y su nombre, antes del de Kennedy en el centro cultural que lleva el segundo; también pretendió darle su apellido al estrecho de Ormuz, aunque no hagan falta pruebas genéticas para determinar que no es hijo suyo.
Como resultado de todo eso y de más, la aprobación de Trump entre la población en general ha caído hasta un histórico 32 por ciento, y en la última semana ese mismo indicador entre los republicanos se deslizó de 82 a 73 por ciento.
Significativamente, debido al acento cada vez más criminal que Marco Rubio le ha impreso al bloqueo contra Cuba, el respaldo a esa política se ha reducido en los últimos dos años, al pasar de 32 a 28 por ciento actual. Y todo ello, a escasas seis semanas de la elección de medio periodo prevista para el 3 de noviembre.
Falta, para completar el cuadro, que el señor gritón se vea en riesgo inminente de perder la mayoría en ambas cámaras y de quedar expuesto a un impeachment y que pretenda suspender esos comicios; es algo que no tiene precedentes, pero tampoco los tenía el intento de golpe de Estado promovido por Trump el 6 de enero de 2021 para no ser desalojado de la Casa Blanca.
Pensándolo bien, nadie hasta ahora había hecho más que Trump por acabar con la hegemonía planetaria estadunidense, por reducir la influencia de Washington en el mundo y por dinamitar el poder de la presidencia en Estados Unidos. Tal vez sea momento de reflexionar, de ver al hombre desde un nuevo ángulo y empezar a considerarlo un campeón de las causas contra el imperialismo. Tal vez cuando deje el cargo reclame el crédito por esos inmensos logros, se asuma al fin –tras duras décadas de vivir como un infiltrado– como una persona progresista y proclame: “han vivido en el error; todo este tiempo he estado del lado de ustedes; soy el más radical de los antifas; soy el compañero Trump”.
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