David Brooks
▲ Cientos de personas protestaron frente a la sede de la ONU el día en que el prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu habló ante la Asamblea General; no pasó una buena estancia y tampoco alargó su visita a Estados Unidos.Foto Afp
El apocalipsis está de moda. Después de una semana con la pasarela de líderes mundiales ante la Asamblea General de la ONU, donde la palabra “existencial” se mencionó más veces que Sartre, la conclusión es que estamos al borde del fin del mundo.
En cada discurso ante la “comunidad internacional”, nos informaron de diversas maneras que todo está peor que nunca. El secretario general, António Guterres, resumió el desafío: “nuestro futuro común dependerá de cuán capaz sea la humanidad de gobernar el poder con discernimiento, defendiendo el derecho antes de que la impunidad se convierta en la norma, poniendo fin a las guerras antes de que éstas acaben con generaciones enteras, combatiendo la desigualdad antes de que las sociedades se fracturen, acelerando la acción climática antes de que se traspasen los puntos de inflexión y gobernando la inteligencia artificial antes de que ella nos gobierne a nosotros”.
Nada de esto es nuevo, pero lo que más asombra es que después de que casi todos (los negacionistas de la derecha rehúsan aceptar estas realidades) nos informaron que estamos al borde del fin de todo, todos se fueron a cenar.
Casi nadie en el evento mundial se atrevió a exigir acciones concretas aquí y ahorita para salvar el futuro. Elaboraron algunas resoluciones, foros y declaraciones, e invitaciones a acciones algo ambiguas. Los mandatarios derechistas infantiles sólo se limitaron a manifestar su reprobación a la ONU y ofrecieron su visión basada en el “egoísmo, ignorancia y la crueldad” (como lo resumió el presidente español) a nombre de hacer sus países “grandes otra vez”.
La obsesión con el actual apocalipsis ya lleva tiempo. Antes de este gran concurso retórico mundial, se difundió el informe científico más reciente de la ONU en el que afirma que el mundo está por superar el tope de 1.5 grados que provocará daños irreversibles al planeta; algunos técnicos y hasta los empresarios de las empresas de inteligencia artificial advirtieron que su Frankenstein podría llevar al fin de la humanidad en pocos años y, en un nuevo libro, las críticas izquierdistas Naomi Klein y Astra Taylor nos informan que los “tecnofascistas” tienen la intención de provocar el fin de este mundo si no se actúa para evitarlo.
Ni un solo gobierno se atrevió a convocar un ya basta ante la ONU, con muchos dedicándose a ofrecer palabras varias de apoyo a los principios de no intervención, resolución pacífica de los conflictos, el multilateralismo y compromiso con portarse mejor ante la crisis climática. Muchos fueron a reunirse con ejecutivos financieros e inversionistas en esta capital del capital, donde por supuesto no les preguntaron sobre su complicidad con las amenazas existenciales. Nadie arrestó al acusado de genocida dentro de la ONU, nadie pidió que el mayor superpoder fuera suspendido por violar la Carta de la ONU con sus guerras, asesinatos extrajudiciales o amenazas de aniquilación, ni que soltara a los niños que tiene enjaulados que llegaron de varios de sus países. Parece que nada de eso sería aceptable dentro del protocolo diplomático. Además, algunos tenían reservaciones para ir a cenar.
Pareciera que con contadas excepciones, los mandatarios y líderes del mundo reunidos aquí han aceptado la invitación a la última cena.
Pero afuera de las cuevas de las cúpulas, miles, sobre todo jóvenes palestinos y judíos, se manifestaron contra Netanyahu y ayudaron a que su viaje de días se redujera a un “comes y te vas”, que no cesan las acciones de defensa ambiental en todos los rincones del mundo, de que la inteligencia natural denuncia y provoca respuesta ante un Hal (supercomputadora de la película 2001, Una odisea del espacio, de Kubrick), de que hay resistencia a medidas antidemocráticas en diversos países, incluyendo este supuesto “faro de la democracia”, y de que hay nuevas expresiones democratizadoras tanto en el frente electoral como en la lucha contra la desigualdad y el uno por ciento. Tal vez algunos aliados dentro de la ONU deberían salir a las calles a sumarse con estas expresiones aquí y en sus países. Son aquellos los que siguen invitando al primer desayuno de un mundo diferente.
The Doors. When the music is over. https://www.youtube.com/watch?v=nOJSmXSFCWk
Inmigrantes: fuerza que transforma para bien
Zohran Kwame Mamdani*
Ya sea que hablemos de quienes en la antigüedad caminaron de un continente a otro a través del estrecho de Bering, hace 30 mil años, o de la gran migración que ocurre aquí y ahora en Estados Unidos, el movimiento de personas de un lugar a otro es un hecho tan antiguo como la historia misma.
Y, pese al temor que tantos líderes buscan sembrar cuando hablan de migración, hoy estamos reunidos en una ciudad que es prueba viviente de cómo los inmigrantes pueden ser una fuerza que transforma para bien. Una ciudad donde uno no piensa dos veces si escucha hablar swahili y español, creole y cantonés, en la misma cuadra.
Una ciudad donde década tras década llegan forasteros en busca de refugio y oportunidad, y que han ayudado a hacer de ella lo que es hoy en día. Una ciudad de la que yo, un inmigrante que llegó cuando sólo tenía 7 años, y que apenas alcanzó la ciudadanía por naturalización en 2018, estoy orgulloso de gobernar.
Cada centímetro de la ciudad de Nueva York es prueba viviente de que la migración es un activo; de que la ciudad del mundo es mucho más fuerte porque contiene al mundo. Estoy muy contento de estar aquí entre líderes que piensan de modo semejante a mí, tanto en este escenario como entre este público, e incluso más allá de estas paredes.
Porque cada uno de nosotros tiene una responsabilidad compartida de ofrecer una oportunidad a toda nuestra gente y de ver la migración, no como un obstáculo para el éxito de una ciudad, sino, con franqueza, como algo fundamental para ese progreso. Y sabemos que hay muchos que buscan sembrar la división y propagar miedo para obstruir ese objetivo. Eso no nos acobarda, ni lo usaremos como excusa para abandonar nuestras convicciones.
También sabemos que existen retos materiales que debemos vencer. Nuestra ciudad, y otras en todo el mundo, a menudo soportan el costo de la vivienda y de proveer a nuestros recién llegados sin contar con los recursos para hacerlo de manera adecuada. Y esas son necesidades que debemos atender al mismo tiempo que trabajamos para hacer que nuestras ciudades sean más costeables y más resilientes para los millones de personas que ya las llaman su hogar.
Por eso instamos a nuestras naciones a que financien inversiones directas en vivienda, servicios públicos y protecciones climáticas: los recursos que las ciudades necesitamos para sostener a nuestra población. Con ese compromiso en mente, podemos ahora asistir a la culminacíón del trabajo de este fin de semana: la ratificación del comunicado.
El desarrollo económico y la resiliencia climática van de la mano. Y esas personas que huyen de la guerra, del genocidio, de las inundaciones, del hambre y la inestabildad no deben ser rechazadas, sino bien recibidas.
*Extracto de los comentarios del alcalde de Nueva York durante una reunión de alcaldes de todo el mundo, a mediados de septiembre.
Traducción: Jorge Anaya
Trump, Netanyahu y las sillas vacías
La semana pasada, la Asamblea General de la ONU, que por definición debería ser el foro por excelencia de la diplomacia y la convivencia entre Estados regulada por acuerdos y el derecho internacional consuetudinario, se convirtió en otro escenario de la guerra cognitiva y la necropolítica, encarnada en Donald Trump, el jactancioso magnicida confeso del ayatollah Alí Jamenei y otros delitos de lesa humanidad, y Benjamin Netanyahu, el carnicero de Gaza, prófugo de la Corte Penal Internacional, quien utilizó la tribuna para blanquear sus crímenes y realizar un acto de campaña de su partido, Likud, de cara a las elecciones parlamentarias del 27 de octubre en Israel.
De manera grosera, autoimbuidos del poder de dar vida o muerte a poblaciones enteras, con sus típicas bravuconerías gangsteriles y amparados en la impunidad que les brinda una organización virtualmente secuestrada por Estados Unidos, Trump y Netanyahu –corresponsables intelectuales de las operaciones Martillo de Medianoche y Furia Épica contra Irán– subieron al podio a proferir mentiras, falsificaciones históricas y amenazas sin límites. No obstante, quedaron exhibidos como criminales fracasados, que, incapaces de reconocer la derrota en sus guerras de agresión militar y económica ante la estrategia de disuasión híbrida de desgaste de Irán y el Eje de la Resistencia, ensayaban una fuga hacia adelante en sus intentos por ganar tiempo para cometer nuevas fechorías.
Recargado en su perfil megalómano, sus delirios de grandeza y una subjetividad marcada por su vanidad, Trump –como el producto más acabado y grotesco de la plutocracia estadunidense y el Estado profundo– exhibió la imagen de un magnate decadente que quiso mostrarse todopoderoso ante una audiencia mundial garantizada. Pero más allá de su afán de protagonismo y su narrativa e histrionismo gastados, sigue teniendo tras de sí un poderío militar nuclear sin igual, y en su repliegue hacia la Fortress America (fortaleza América), usó a la ONU como tribuna imperial para amenazar a cualquier país que se rebele contra la maquinaria bélica del Pentágono en América Latina, y en un hecho inédito en ese foro, expresó su intención de “aniquilar” a Irán –un país de más de 90 millones de personas– y enviarlo al “infierno”.
Al aludir a Venezuela, Trump utilizó la frase favorita de los conquistadores: “Al vencedor le corresponde el botín”, y se refirió al secuestrado y encarcelado presidente legítimo Nicolás Maduro, como “dictador forajido”. La actual mandataria encargada, Delcy Rodríguez, y su comitiva escucharon esas palabras sin abandonar el lugar. Y en relación a Cuba, con su habitual matonismo volvió a machacar la categoría imperial sobre el “Estado fallido” y aseguró que pronto “caerá”, pero eludió mencionar que el Pentágono lleva a cabo un progresivo cerco naval petrolero genocida contra la isla.
En un gesto político-diplomático, la delegación cubana abandonó la sala negándose a legitimar con su presencia los infamantes señalamientos del inquilino de la Casa Blanca. No fue una huida ni un arrebato; Cuba trasladó el debate al terreno simbólico, donde una silla vacía puede ser más elocuente que cualquier discurso. Quedarse a escuchar en silencio habría sido legitimar y blanquear al orador. En cambio, las sillas vacías hablaron por sí mismas y se convirtieron en la noticia; fue una forma de comunicación no verbal, un mensaje que no necesita micrófono y una negativa a ser cómplice público. Como señaló Orestes Hernández en Cubadebate, Cuba no huyó del conflicto: recogiendo el ejemplo del “canciller de la dignidad”, Raúl Roa, ante la reunión ministerial de la OEA de 1960 en Costa Rica, lo trasladó a un terreno simbólico más potente. Entonces y ahora, debido a que la delegación cubana no estaba en condiciones de igualdad en ese recinto, dada la asimetría de poder real con Washington, el gesto asumió la forma de una desobediencia simbólica: decir “no te escucho como legítimo”, “no acepto tu relato”, “mi ausencia es mi voz”.
Benjamin Netanyahu también estuvo ahí para completar la escena, pero fue abucheado y repudiado por 77 delegaciones que se retiraron de la Asamblea cuando se disponía a hablar, y según señaló la cadena de televisión israelí Canal 12, tuvo que pronunciar sus diatribas “ante una sala casi vacía”. Sin embargo, durante su intervención, otra imagen también llamó la atención: la delegación iraní había dejado una fotografía del teniente general Qasem Soleimani, en su asiento vacío. Artífice del Eje de la Resistencia, el excomandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán, fue asesinado en Bagdad, capital iraquí, en 2020, en un ataque aéreo terrorista, ordenado por el presidente Trump durante su primer mandato. Medios de comunicación en hebreo también publicaron la imagen.
La paradoja no pudo se más brutal: al responsable del castigo colectivo, la limpieza étnica y el uso del hambre como método de guerra y genocidio, así como del lanzamiento de más de 200 mil toneladas de explosivos sobre la población palestina en Gaza –una cantidad equivalente a 13 bombas atómicas como la utilizada en Hiroshima, que costaron la vida de 75 mil civiles bajo el pretexto de que eran potenciales terroristas–, se le permitió usar la tribuna de la organización que después de los juicios de Nüremberg contra los criminales de guerra de la Alemania nazi, fue creada para proteger a las generaciones futuras del azote de otra conflagración mundial, mientras al representante de la Autoridad Palestina se le negó la visa, en clara violación de las obligaciones del estado huésped. Otro fracaso de la diplomacia en un mundo fracturado ambiguamente en dos.
El magnate preguntó a Xi Jinping si quería comprarle armamento
Se venden armas a todo el mundo: embajador en China
Ap
Periódico La Jornada Lunes 28 de septiembre de 2026, p. 21
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, justificó ante su homólogo chino, Xi Jinping, la pendiente venta de armas a Taiwán, al restarle importancia y presentarla como sólo una de las muchas que Washington realiza en todo el mundo –incluso preguntó a Xi si está interesado en comprarles pertrechos–, declaró ayer el embajador estadunidense en China.
David Perdue afirmó que Trump planteó la posibilidad de vender armas de Estados Unidos a su rival geopolítico en ascenso, una oferta poco probable que, de concretarse, trastocará generaciones de política estadunidense hacia China y Taiwán y expondrá tecnología de Estados Unidos a un posible adversario.
Perdue, en declaraciones a Shannon Bream en el programa Fox News Sunday días después de que Trump recibió a Xi en Washington, no precisó cuándo se hizo la oferta.
Bream citó las preocupaciones de legisladores republicanos y demócratas por los paquetes de ayuda y los pedidos de armas retrasados para Taiwán, y preguntó si Estados Unidos niega su apoyo para apaciguar a Xi.
Perdue rechazó esa insinuación y sostuvo que Trump “es tan firme con Taiwán como he visto a cualquiera” y le ha vendido muchas armas. Agregó que Trump y Xi siguen hablando sobre futuras ventas de armas de Estados Unidos a Taiwán.
“Pero el presidente Trump sigue diciendo: ‘oigan, nosotros vendemos armas a otras personas en todo el mundo’”, expresó Perdue. “De hecho, en un momento le preguntó al presidente Xi si le gustaría comprar algunas”.
