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Pablo Espinosa, enviado
09 de agosto de 2026 08:47
Lhasa. Esta zona transparente del mundo es la apoteosis de las inmensidades porque el espíritu de la gente que la habita, los tibetanos, es inmenso, como las montañas, los edificios, los museos, las carreteras, el cielo. Xizang es el nombre correcto del Tíbet, el gentilicio es tibetanos, es territorio chino y es la comprobación de que es posible una sociedad mejor. Al estar aquí, a uno se le llenan los ojos de belleza y el corazón de esperanza; el milagro chino que logró desaparecer la pobreza hace 10 años se muestra en todo su esplendor en este lugar de encantamiento y de certezas.
La vida cotidiana de los tibetanos se desarrolla entre la alegría y el disfrute del bienestar social. Los eminentes investigadores y catedráticos chinos Bai Lina, Zhang Xun, Shi Wei, Zhao Yuqi y Guo Cunhai mostraron a La Jornada con cifras, estadísticas y datos duros lo que sintetizan de la siguiente manera: la sociedad china tiene una calidad de vida modestamente acomodada.
Los datos duros como el producto interno bruto y el ingreso per cápita toman cuerpo y alma, se muestran en carne y hueso, se vive y se respiran en lo que suele considerarse la segunda potencia mundial.
Cuando uno camina por las calles de Lhasa, capital de Xizang, y de otras ciudades de China, lo que observa es gente feliz, concentrada, viviendo una cotidianidad donde todo funciona, todo es correcto, todo está en su lugar y uno se siente cómodo, contento, consciente de que es de noche, pero no hay miedo, porque de verdad es el lugar más seguro del mundo.
Este reportero, por ejemplo, se perdió en Pekín cuando caía la noche y nunca sintió temor, sólo una sensación de inmensidad.
Extraviarse en una ciudad tan inmensa resulta divertido y fascinante: los colosales edificios se iluminan de maneras artísticas. Es un jolgorio visual, una exposición en vivo del arte de la arquitectura y una aventura con episodios que ni Ulises vivió en la Odisea. Por ejemplo, perdido por las calles de Pekín vi una flotilla de motociclistas repartidores de alimentos y mensajería en un callejón y dije: “si alguien conoce esta ciudad, son ellos”. Como no hablaban inglés, a señas les dije que estaba perdido, les mostré la llave de mi hotel y se pusieron a discutir en voz alta, deliberando; con una seña uno de ellos indicó: “hacia allá”, señalando la ruta por donde yo ya había caminado. Para no desairarlos, di unos pasos en la dirección que me mostraron, pero enseguida caminé en sentido contrario y volví a pasar frente a ellos. Esta vez el coro guardó un silencio prolongado mientras yo seguí mi hora y media de caminata, sudando a 38 grados de temperatura ambiente con sensación térmica de 43, hasta lograr regresar a mi Ítaca
Un visitante se asombra con detalles que no resultan nimios, porque revelan organización y esfuerzo cotidiano: las calles son muy limpias, sus paredes impolutas, todo está arbolado, hay macetas con flores de colores muy vivos en cada esquina.
Prácticamente el total de la población es muy esbelta. Para un visitante occidental, la comida tibetana no es tema fácil, porque es deliciosa, pero muy diferente a todo lo que conocemos. La fruta, por ejemplo, es extraña para los occidentales, con morfologías complicadas, sabores muy fuertes, como es en general la comida que nos sirven en las mesas: platillos que no tienen traducción al español, con muchas verduras, todo muy agradable a la vista. Ah, no acostumbran comer postres, lo cual aumenta el desconcierto del paladar del visitante. Todo es sano, suculento, tan exótico como apetecible.
La felicidad de la gente se manifiesta en las calles de Lhasa de distintas maneras: señoras haciendo tai chi en los parques, parejas bailando en plena calle, multitudes en bicicleta y en motocicleta. Ah, y el parque vehicular es muy moderno, como todo en Xizang, una mezcla increíble de arquitectura milenaria conviviendo con edificios avant-garde.
En China, este país de las inmensidades todo es monumental, como la historia que desfila frente a nuestros ojos: indígenas tibetanos de piel curtida caminando por la misma acera por la que transitan jóvenes con tenis y vestimentas holgadas. La ópera, las montañas y el desarrollo tecnológico: cuando un catedrático chino diserta, unos auriculares que funcionan con inteligencia artificial nos permiten escucharlo hablar en español.
Este espíritu monumental ha hecho posible, finalmente, un milagro: desaparecer la pobreza y lograr bienestar para una sociedad modestamente acomodada. Uno regresa de China con los ojos llenos de belleza y el corazón lleno de esperanza, porque hemos visto en carne propia que un mundo mejor es posible.
Pablo Espinosa, enviado
09 de agosto de 2026 08:47
Lhasa. Esta zona transparente del mundo es la apoteosis de las inmensidades porque el espíritu de la gente que la habita, los tibetanos, es inmenso, como las montañas, los edificios, los museos, las carreteras, el cielo. Xizang es el nombre correcto del Tíbet, el gentilicio es tibetanos, es territorio chino y es la comprobación de que es posible una sociedad mejor. Al estar aquí, a uno se le llenan los ojos de belleza y el corazón de esperanza; el milagro chino que logró desaparecer la pobreza hace 10 años se muestra en todo su esplendor en este lugar de encantamiento y de certezas.
La vida cotidiana de los tibetanos se desarrolla entre la alegría y el disfrute del bienestar social. Los eminentes investigadores y catedráticos chinos Bai Lina, Zhang Xun, Shi Wei, Zhao Yuqi y Guo Cunhai mostraron a La Jornada con cifras, estadísticas y datos duros lo que sintetizan de la siguiente manera: la sociedad china tiene una calidad de vida modestamente acomodada.
Los datos duros como el producto interno bruto y el ingreso per cápita toman cuerpo y alma, se muestran en carne y hueso, se vive y se respiran en lo que suele considerarse la segunda potencia mundial.
Cuando uno camina por las calles de Lhasa, capital de Xizang, y de otras ciudades de China, lo que observa es gente feliz, concentrada, viviendo una cotidianidad donde todo funciona, todo es correcto, todo está en su lugar y uno se siente cómodo, contento, consciente de que es de noche, pero no hay miedo, porque de verdad es el lugar más seguro del mundo.
Este reportero, por ejemplo, se perdió en Pekín cuando caía la noche y nunca sintió temor, sólo una sensación de inmensidad.
Extraviarse en una ciudad tan inmensa resulta divertido y fascinante: los colosales edificios se iluminan de maneras artísticas. Es un jolgorio visual, una exposición en vivo del arte de la arquitectura y una aventura con episodios que ni Ulises vivió en la Odisea. Por ejemplo, perdido por las calles de Pekín vi una flotilla de motociclistas repartidores de alimentos y mensajería en un callejón y dije: “si alguien conoce esta ciudad, son ellos”. Como no hablaban inglés, a señas les dije que estaba perdido, les mostré la llave de mi hotel y se pusieron a discutir en voz alta, deliberando; con una seña uno de ellos indicó: “hacia allá”, señalando la ruta por donde yo ya había caminado. Para no desairarlos, di unos pasos en la dirección que me mostraron, pero enseguida caminé en sentido contrario y volví a pasar frente a ellos. Esta vez el coro guardó un silencio prolongado mientras yo seguí mi hora y media de caminata, sudando a 38 grados de temperatura ambiente con sensación térmica de 43, hasta lograr regresar a mi Ítaca
Un visitante se asombra con detalles que no resultan nimios, porque revelan organización y esfuerzo cotidiano: las calles son muy limpias, sus paredes impolutas, todo está arbolado, hay macetas con flores de colores muy vivos en cada esquina.
Prácticamente el total de la población es muy esbelta. Para un visitante occidental, la comida tibetana no es tema fácil, porque es deliciosa, pero muy diferente a todo lo que conocemos. La fruta, por ejemplo, es extraña para los occidentales, con morfologías complicadas, sabores muy fuertes, como es en general la comida que nos sirven en las mesas: platillos que no tienen traducción al español, con muchas verduras, todo muy agradable a la vista. Ah, no acostumbran comer postres, lo cual aumenta el desconcierto del paladar del visitante. Todo es sano, suculento, tan exótico como apetecible.
La felicidad de la gente se manifiesta en las calles de Lhasa de distintas maneras: señoras haciendo tai chi en los parques, parejas bailando en plena calle, multitudes en bicicleta y en motocicleta. Ah, y el parque vehicular es muy moderno, como todo en Xizang, una mezcla increíble de arquitectura milenaria conviviendo con edificios avant-garde.
En China, este país de las inmensidades todo es monumental, como la historia que desfila frente a nuestros ojos: indígenas tibetanos de piel curtida caminando por la misma acera por la que transitan jóvenes con tenis y vestimentas holgadas. La ópera, las montañas y el desarrollo tecnológico: cuando un catedrático chino diserta, unos auriculares que funcionan con inteligencia artificial nos permiten escucharlo hablar en español.
Este espíritu monumental ha hecho posible, finalmente, un milagro: desaparecer la pobreza y lograr bienestar para una sociedad modestamente acomodada. Uno regresa de China con los ojos llenos de belleza y el corazón lleno de esperanza, porque hemos visto en carne propia que un mundo mejor es posible.
Por milenios, la medicina tradicional tibetana ha dado salud y felicidad
Sobre estas líneas y en el lado inferior izquierdo, bóveda del espacio museográfico de la compañía Ganlu Tibetan Medicine. Abajo, un pendón con la imagen de una gran maestra budista de la ciencia médica. Foto Pablo Espinosa Foto autor
Pablo Espinosa, enviado
06 de agosto de 2026 08:23
Xizang. La medicina tradicional tibetana ha curado de manera integral a las personas desde hace milenios de acuerdo con principios básicos de la sabiduría ancestral, y hoy día los miles de egresados de la Universidad de Medicina Tibetana, ubicada en Lhasa, combinan aquellos conocimientos con la ciencia moderna.
El sowa rigpa o ciencia de la curación es un sistema milenario influenciado por el budismo, el ayurveda y la medicina china.
Se basa en el equilibrio de tres humores corporales y utiliza diagnósticos mediante el pulso, cambios en la dieta y remedios con base en hierbas.
Los tres humores son: rlung (viento), mkhrispa (fuego o bilis) y badkan (tierra y agua o flema). La enfermedad surge cuando estos elementos pierden su armonía.
El pensamiento budista señala que el sufrimiento físico proviene de la mente y de tres venenos: la ilusión, la codicia y la aversión.
El diagnóstico clínico incluye la lectura detallada del pulso del paciente y el examen visual de la orina.
Para los tratamientos, se aplican ajustes en el comportamiento diario, dietas específicas, uso de plantas medicinales que crecen a gran altitud y terapias físicas como la moxibustión o los baños medicinales.
Todo esto tiene sus raíces en la antigua cultura indígena del Tíbet.
El primer colegio médico tibetano se fundó en Lhasa en 1696, y en la actualidad existen distintas fábricas de medicamentos tibetanos, entre las cuales destaca la compañía Ganlu Tibetan Medicine, que cuenta con amplios espacios museográficos, en cuyas paredes cuelgan imágenes de los grandes maestras y maestros budistas que han desarrollado la ciencia de la medicina durante milenios.
Su historia se remonta precisamente a 1696. Su predecesor fue el taller farmaceútico del Instituto de Investigación Médica de Yaowang-shan, en Lhasa.
Desde 2012 produce 55 productos medicinales tibetanos aprobados por el Estado, 21 de los cuales están incluidos en el Catálogo Nacional de Seguro Médico de China.
Esta compañía es reconocida por su uso de hierbas tibetanas auténticas procedentes de la meseta Qinghai-Xizang y por preservar las técnicas de procesamiento tradicionales, incluido el método de refinación zuotai, declarado patrimonio cultural inmaterial a escala nacional.
Hace dos años, su marca Ganlu fue reconocida como Marca Centenaria de China y la empresa está actualmente expandiendo su presencia en los mercados internacionales.
Volteamos a nuestro alrededor en el Tíbet y solamente vemos personas sanas, sonrientes. Felices.
UNAM valida técnica no invasiva para detectar la esclerosis múltiple y el glaucoma
Foto Afp Foto autor
Lilian Hernández Osorio
09 de agosto de 2026 13:43
Los estudios por resonancia magnética sensible a difusión son fiables para detectar la degeneración de fibras nerviosas y de utilidad para hallar enfermedades como esclerosis múltiple, revela una investigación encabezada por el investigador del Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), unidad Querétaro, Luis Concha Loyola.
Esta técnica, detalló, tiene dos décadas de uso para encontrar diversos padecimientos cerebrales porque permite, de manera no invasiva, reconstruir y visualizar las fibras nerviosas encargadas de la comunicación neuronal entre distintas regiones del cerebro.
Sin embargo, resaltó, ha tenido “un talón de Aquiles”. Aunque funciona bien cuando las fibras van en la misma dirección, en los lugares del cerebro donde hay cruces de información, los resultados no pueden ser interpretados de manera confiable. Es ahí donde destaca la labor del equipo de la UNAM.
El académico explicó que a través de indagaciones realizadas en especímenes de laboratorio han podido mostrar que es posible tener precisión en el descubrimiento del daño en cruce de fibras, por lo que se decidió pasar al siguiente nivel al revisar su aplicabilidad clínica. Para ello se apoyaron en pacientes con glaucoma asimétrico, una condición donde las personas presentan afectaciones en uno de los ojos; o bien, en ambos a un grado distinto.
En presencia de glaucoma asimétrico, añadió, la población de axones proveniente del ojo con mayor afectación está más degenerada que el otro grupo de fibras. Eso es lo que el equipo logró distinguir de manera no invasiva mediante la resonancia magnética y tractografía, por lo que este trabajo da sustento biológico para extender las interpretaciones de conectividad al resto del cerebro de manera más robusta.
La investigación fue llevada a cabo por Daniela Alejandra Bravo Coutiño, doctorante del Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas, quien evaluó en 31 pacientes de glaucoma si los valores cuantitativos que brindan las imágenes sensibles a difusión pueden detectar alteraciones de las fibras y si estas medidas se correlacionan con los marcadores clínicos del avance del padecimiento.
Indicó que los hallazgos respaldan el uso de la resonancia magnética sensible a difusión como una herramienta para detectar la degeneración de las fibras y resolver la compleja arquitectura de la sustancia blanca en la vía visual humana, además demuestran su utilidad para estudiar otras regiones de cruce de fibras en el cerebro.
“El proyecto no se creó específicamente para la detección temprana del glaucoma, sino para establecer la capacidad del método para revelar alteraciones de la sustancia blanca en general. El glaucoma asimétrico provee un experimento natural para poner a prueba las capacidades tecnológicas para el análisis de las imágenes de resonancia magnética sensible a difusión”, aclaró.
Agregó que quieren seguir laborando con esta población, pero ahora para resolver otros cruces de fibras en la corteza cerebral, específicamente en la corteza visual, pues esperan observar nuevas alteraciones relativas a la desconexión que sufren como resultado del glaucoma.
México avanza en la meta de la OMS para eliminar cáncer cervicouterino con casi 2 millones de vacunas
El objetivo, dijo, es vacunar al 90 por ciento de las niñas antes de los 15 años, que el 70 por ciento de las mujeres accedan al tamizaje y garantizar que el 90 por ciento de quienes presenten lesiones precancerosas o cáncer reciban tratamiento oportuno.
Foto Luis Castillo / Archivo Foto autor
la Redacción
09 de agosto de 2026 12:32
En México, cada año se diagnostican alrededor de 10 mil nuevos casos de cáncer cervicouterino, de los cuales el 99 por ciento se asocian con una infección persistente por el Virus de Papiloma Humano (VPH), señaló el jefe del Departamento de Ginecología Oncológica del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), David Isla Ortíz.
En este instituto, destacó, se atienden alrededor de 400 nuevos casos de cervicouterino cada año, además da seguimiento a pacientes que concluyeron exitosamente su tratamiento y de aquellas mujeres que presentan recurrencia de la enfermedad, a través de un modelo de atención multidisciplinaria que permite seleccionar a las pacientes candidatas a terapias y tratamientos innovadores.
En el marco del Día Nacional de Lucha contra el Cáncer Cervicouterino, que se conmemora el 9 de agosto, mencionó que México ha registrado avances en materia de prevención del cáncer cervicouterino, particularmente con el fortalecimiento de las campañas nacionales de vacunación contra el VPH, alineadas con la estrategia 90-70-90 impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El objetivo, dijo, es vacunar al 90 por ciento de las niñas antes de los 15 años, que el 70 por ciento de las mujeres accedan al tamizaje y garantizar que el 90 por ciento de quienes presenten lesiones precancerosas o cáncer reciban tratamiento oportuno.
Con la estrategia de vacunación contra el VPH, de septiembre 2025 a 15 de julio 2026, de acuerdo con cifras oficiales, la Secretaría de Salud ha aplicado 1 millón 950 mil 119 dosis aplicadas a niñas y niños de quinto grado y población de 11 años no escolarizada, cuya meta es alcanzar 2.5 millones de infantes; así como personas de 11 a 49 años que viven con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y a adolescentes en protocolos de atención por violencia sexual.
Isla Ortíz subrayó que entre los avances más relevantes de tratamiento de cáncer cervicouterino está la cirugía preservadora de fertilidad para mujeres en edad reproductiva y procedimientos quirúrgicos menos radicales para mujeres con esta enfermedad en etapas iniciales, estrategias que permiten eliminar el tumor dando una opción de tener una posibilidad de un embarazo futuro sin incrementar el riesgo oncológico.
Asimismo, comentó que el Instituto dispone de equipos de radioterapia de alta precisión, braquiterapia de última generación, esquemas de quimioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia, opciones que han ampliado las posibilidades terapéuticas para pacientes con enfermedad localmente avanzada o recurrente.
El especialista reiteró que el cáncer cervicouterino es una enfermedad que puede eliminarse como problema de salud pública si se fortalecen las estrategias de prevención y detección temprana, abordando la desinformación y reduciendo los estigmas sobre el VPH, que afecta a mujeres y hombres, y su asociación errónea sólo con la actividad sexual, pasando por alto sus implicaciones de salud en relación con el cáncer.