lunes, 31 de agosto de 2026

American curios.

Dolly
David Brooks
▲ Miles de admiradores de Dolly Parton han llevado flores a la casa donde vivió la cantautora y actriz en Brentwood, Tenesi. La compositora del famoso tema de la película El guardaespaldas donó millones de libros a niños pobres en el mundo.Foto Ap
La cantautora, escritora, actriz y promotora de literatura Dolly Parton fue una voz esencial del pueblo estadunidense, una amante de la bondad y la sabiduría popular que ella misma nutrió bajo su famosa imagen fabricada con pelucas rubias extravagantes, sus senos prominentes y aumentados, vestidos ajustados y tacones altos –el disfraz de una artista de extraordinaria inteligencia–. Siempre burlándose de la imagen que creó de sí misma, una vez advirtió: “esto no es todo lo que soy… Espero que la gente pueda ver que debajo de este pelo hay un cerebro, y que debajo de mis pechos hay un corazón, y que detrás de todo lo demás, que hay algún talento”.
“Uno necesita mucho dinero para verse tan barata”, bromeaba. En respuesta a los chistes incesantes sobre cómo era una “rubia tonta”, Parton dijo que no se ofendía, ya que “sé que no soy tonta, y también sé que no soy rubia”. Una vez comentó: “creo que hay un poco de magia en el hecho de que soy tan totalmente real, pero me veo tan artificial al mismo tiempo”.
Contaba y cantaba con su acento sureño del amor y solidaridad entre algunos de los pueblos más pobres del país en las Montañas Apalaches. Nació en una cabaña sin plomería ni electricidad, con sus padres sin suficiente dinero para comprar ropa nueva. En Coat of many colors, canta de un abrigo de trapos y que al llegar a la escuela todos los niños se burlaron de ella, pero “ahora sabía que no teníamos dinero / pero yo era muy rica / en mi abrigo de muchos colores que mi mamá me hizo”.
Su carrera y éxitos la llevaron a ser una figura icónica en Estados Unidos, y el impacto de su fallecimiento el martes pasado se sintió a través –y de arriba y abajo– del país (https://www.jornada.com.mx/2026/08/26/espectaculos/a07n1esp).
Sus canciones –entre ellas las más exitosas I will always love you y Jolene– narran de manera sencilla las vidas complicadas de los que no tienen mucho, sobre todo mujeres, de ilusiones, amores y sueños cotidianos que persisten a pesar de derrotas e injusticias. Entre su obra musical hay odas a los trabajadores y la “gente común”, como su famosa 9 to 5 (referencia al horario laboral tradicional) que acompaña la película de ese mismo nombre y que también fue su primer papel como actriz, junto con Jane Fonda y Lily Tomlin –el guion es sobre cómo tres secretarias se rebelan contra un jefe explotador–. “Trabajando de 9 a las 5 / qué forma de ganarse la vida / Apenas logrando mantenerme… Ellos sólo usan tu mente, pero nunca te dan crédito / Es para volverse loca si te dejas… Hay una vida mejor y la piensas, verdad / Es un juego de hombres ricos a pesar de cómo le llamen / Y te pasas la vida poniendo dinero en su billetera… Pero tienes sueños que nunca te podrán quitar….”
En ese mismo disco canta Deportee, del gran cantautor rebelde Woody Guthrie –tal vez la primera canción en inglés sobre los jornaleros mexicanos inmigrantes de Estados Unidos–; que la cante una “reina de música country” no sólo rompe con los estereotipos de racismo y xenofobia de ese género y su público, sino que establece un mensaje directo de solidaridad y hermandad.
Motivada por el analfabetismo de su padre y las comunidades pobres entre las que nació, Parton fundó un proyecto de promoción de la lectura masivo llamado Imagination Library, mediante el cual ha distribuido de manera gratuita más de 300 millones de libros a niños pobres, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. También apoyó el movimiento Black Lives Matter, organizaciones de defensa de derechos gay y de la mujer, y apoyó investigaciones medicas que en parte llevaron a las vacunas contra el covid, entre otras iniciativas filantrópicas. Escribió varios libros de memorias, de cocina, mientras estableció empresas multimillonarias con algunas generando miles de empleos para las comunidades pobres de su tierra.
Tonta no era, ni tampoco rubia, pero sí autora de su extraordinaria vida. Se le extrañará justo en esta coyuntura donde su voz es parte del antídoto necesario y urgente que tanto requiere su país.
Dolly Parton, 9 to 5. https://www.youtube.com/watch?v=UbxUSsFXYo4&list=RDUbxUSsFXYo4&start_radio=1
Dolly Parton, Deportee. https://www.youtube.com/watchv?=CEPUxpR64YE&list=RDCEPUxpR64YE&start_radio=1

Trump ha obtenido casi 10 mil mdd por petróleo venezolano este año
Tras secuestro de Maduro, botín de 143 millones de barriles
▲ En medio de su guerra comercial contra Canadá, Donald Trump publicó en sus redes sociales un video generado por inteligencia artificial en el que un ejército de gansos (barnacla canadiense) convertidos en “patos Donald”, con un tupé como el del republicano, patrullan armados las orillas del lago Ontario y disparan al aire para celebrar el nombre que él le dio: “lago América”. Google Maps cambió el título para sus usuarios en Estados Unidos, en cumplimiento del decreto presidencial. El Departamento de Estado corrigió su sitio web y se disculpó por haber usado el nombre “anterior”.Foto Captura del video publicado en Truth Social
▲ Manifestantes en Caracas expresaron su desacuerdo anteayer con la decisión de Delcy Rodríguez de que Estados Unidos administre su crudo.Foto Ap
Ángel González   Especial para La Jornada
Periódico La Jornada  Lunes 31 de agosto de 2026, p. 22
Caracas. A casi ocho meses de la agresión militar estadunidense contra Venezuela que produjo un centenar de muertos y el secuestro y traslado a una prisión de Nueva York del presidente Nicolás Maduro, el incremento del flujo de petróleo venezolano hacia las refinerías de la costa del Golfo de México da cuenta del resultado geopolítico de la intervención y la nueva relación establecida entre Washington y Caracas.
Un recuento de los anuncios hechos por la Casa Blanca y las declaraciones triunfalistas del propio presidente, Donald Trump, confirman que Estados Unidos ha logrado capturar y controlar un volumen acumulado que supera los 143 millones de barriles de crudo, abriendo el camino hacia la apropiación estratégica de hasta 65 mil millones de barriles a largo plazo.
La cuenta comenzó el 6 de enero, pocos días después de la agresión, con lo que fue presentado por el mandatario estadunidense como un envío directo de un lote de 30 a 50 millones de barriles almacenados en supertanqueros varados por las sanciones que su gobierno mantenía sobre el país agredido.
Al finalizar agosto ya se habla del “acuerdo petrolero más grande de la historia” y del aumento de las reservas estratégicas mediante un “regalo de Venezuela al pueblo estadunidense”, según el mismo Trump en su red Truth social este domingo.
Al recapitular los anuncios hechos desde aquel primer botín registrado en enero, es posible reconocer el incremento sostenido del suministro de crudo venezolano hacia Estados Unidos. Durante los dos primeros meses del año, operativos de interdicción reportados por el Comando Sur y la Guardia Costera ejecutaron la confiscación de al menos siete buques cisterna en aguas internacionales, arrebatando de forma directa entre 5.5 y 7 millones de barriles bajo el argumento judicial de violar el esquema de sanciones.
Dichos cargamentos fueron desviados de inmediato y descargados en muelles de la costa del Golfo de México. Trump declaró entonces directamente al ser consultado sobre el destino de ese petróleo: “Nos lo quedaremos”.
Sin embargo, la cifra de mayor envergadura no proviene de los abordajes navales, sino del posterior drenaje comercial continuo. Al amparo de licencias extendidas a toda prisa por la Oficina de Control de Activos Extranjeros a trasnacionales estadunidenses como Chevron y otras compañías de menos tamaño, el envío regular de crudo pesado pasó de un promedio inicial de 300 mil barriles diarios a superar los 743 mil por día a finales de agosto, según la Administración de Información Energética (EIA).
Esta inyección sostenida –crucial para abastecer las plantas refinadoras estadunidenses desarrolladas específicamente para crudos pesados– ha colocado a Venezuela como el segundo proveedor de petróleo para Estados Unidos, detrás de Canadá, y permite sumar alrededor de 86 millones de barriles desembarcados en lo que va del año, calculados a partir de un promedio de 410 mil barriles por día, según un reporte de la EIA.
Tenemos entonces que Estados Unidos habría ingresado hasta ahora al menos 143 millones de barriles de crudo venezolano. Si tomamos como referencia el precio promedio de 65 dólares ofrecido por Delcy Rodríguez en su discurso del sábado 29 de agosto en el cual defendió y justificó el “histórico acuerdo” de la víspera, estamos hablando de unos 9 mil 295 millones de dólares.
Reformas a la medida
Para hacer posible este flujo de recursos, el gobierno de Rodríguez ha debido reformular la arquitectura legal del esquema energético venezolano. Las modificaciones a la Ley Orgánica de Hidrocarburos –promovidas con inusitada celeridad en la Asamblea Nacional bajo la directriz del nuevo marco binacional– eliminaron las restricciones históricas que otorgaban al Estado, a través de PDVSA, el control mayoritario y la reserva operativa de las empresas mixtas.
La reforma no sólo reduce las alícuotas de regalías y tributos a niveles mínimos para los inversionistas extranjeros, sino que concede a las firmas estadunidenses el libre arbitrio en la comercialización del crudo y el acceso directo a la divisa generada, relegando al país al rol de mero cobrador de renta diferida.
El punto culminante de esta reconversión ocurrió a finales de agosto, cuando funcionarios en Washington confirmaron la firma de un pacto que compromete la entrega y explotación de hasta 65 mil millones de barriles pertenecientes a las reservas probadas venezolanas, certificadas en 303 mil millones de barriles.
Bajo el ropaje de una inversión privada prometida de 100 mil millones de dólares, el acuerdo concede formalmente el control técnico y comercial de más de un quinto de las reservas del país a un puñado de corporaciones estadunidenses.
Esto permite a Trump jactarse y prometer “llenar las reservas estratégicas” de Estados Unidos con petróleo venezolano, como escribió en sus redes este domingo, anunciando además que “el proceso de llenado hasta el tope comenzará muy pronto”.

Crudo venezolano: robo consumado
Los anuncios del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, dados a conocer tanto por la gobernante encargada Delcy Rodríguez como por el presidente Donald Trump, permiten apreciar la falsedad de los argumentos ideados por Washington para agredir militarmente a la nación sudamericana y secuestrar a su mandatario, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, quienes aún permanecen como rehenes en Nueva York: el ataque del 3 de febrero –que fue precedido por asesinatos de decenas de personas presuntamente inocentes y que, el día de los hechos, causó la muerte de una treintena de efectivos cubanos que custodiaban al jefe de Estado– nunca tuvo el propósito de “democratizar” Venezuela ni combatir el narcotráfico; se trataba, en cambio, de apoderarse de los recursos petroleros del país embestido.
El sábado pasado, Delcy Rodríguez –cuyo gobierno fue reconocido por el Departamento de Estado unos días después de la agresión– ofreció detalles sobre el acuerdo con Washington que implica ceder a Estados Unidos la explotación y comercialización de 17 campos petroleros y de ocho bloques de territorio sin infraestructura previa durante 25 años, lo que aportará a la nación sudamericana unos 19 dólares por barril.
En Venezuela, la extracción de cada barril de crudo tiene un costo de entre 8 y 22 dólares, dependiendo del yacimiento, la zona y los requerimientos del proceso posterior. El precio en el mercado internacional es de entre 70 y 83 dólares, dependiendo de la calidad del hidrocarburo. Ello significa que en el peor de los casos –extracción más cara y cotización menor–, el margen de utilidad es de 48 dólares, y en el mejor –mayor facilidad de extracción y mayor cotización–, de 75 dólares. En consecuencia, Estados Unidos obtendrá un promedio de 74.5 por ciento del valor del petróleo venezolano y cederá al país de origen el 25.5 por ciento restante. Por donde se le vea, es un pacto leonino y ruinoso para el país de Bolívar, y más que ventajoso para la potencia del norte.
No extraña que Trump haya estado alardeando desde el año pasado con la expresión “apropiarse”, al hablar de ese recurso natural ajeno ni que ayer se haya referido a un “regalo de Venezuela al pueblo de Estados Unidos”, país que ha experimentado un agudo declive de sus reservas estratégicas. En rigor, la exigencia estadunidense a Caracas de que entregara su petróleo fue un robo, y Delcy Rodríguez le otorgó, mediante el acuerdo referido, la apariencia de un regalo.
No pasarán por alto para la opinión pública mexicana las marcadas semejanzas entre lo dicho por la presidenta venezolana y los argumentos que en 2008 esgrimió el gobierno de Felipe Calderón en su intento por entregar a capitales privados, particularmente extranjeros, las riquezas petroleras de México, argumentos que fueron posteriormente retomados por el de Enrique Peña Nieto para perpetrar la “reforma energética” que despedazó la industria nacional de hidrocarburos. “Nuestras reservas –arguyó Delcy Rodríguez– deben convertirse en bienestar, prosperidad y felicidad para este país (...). De nada sirve tener nuestras reservas petroleras bajo tierra únicamente para que aparezcan en una estadística o en una contabilidad”.
Al margen de las circunstancias que indujeron u obligaron a la presidenta venezolana a firmar esa gravísima cesión de recursos naturales y de soberanía, lo cierto es que con ella su país ha perdido, así sea por 25 años, el control sobre la mayor de sus riquezas naturales. Cabe esperar que en ese lapso los acontecimientos permitan revertir el despojo.

México SA
Delcy Rodríguez, al servicio de Trump // Entrega la riqueza petrolera venezolana // ¿“Nunca más seremos patio trasero”?
Carlos Fernández-Vega
▲ En una acuerdo a 25 años, el gobierno estadunidense extraerá petróleo de la República de Venezuela. En la imagen, la refinería de Amuay, en Los Taques.Foto Ap
Tanta fue su histeria, tanto pagaron para que su versión se difundiera urbi et orbe, que ahora sí los países de América del Sur y algunos centroamericanos “gobernados” por la ultraderecha se han convertido en Venezuela, pero en la Venezuela de la “presidenta encargada” Delsy Rodríguez, al entregar en bandeja de plata y a granel las reservas petroleras, los minerales estratégicos, el agua, las nucleoeléctricas, los puertos estratégicos, grandes extensiones de territorio y muchos más bienes propiedad de sus respectivas naciones, como parte del saqueo que en ellos lleva a cabo Donald Trump, de la mano de sus “socios” sionistas.
El viernes, Trump anunció un “acuerdo histórico” por medio del cual, y a partir de ya, Estados Unidos tiene “el control mayoritario sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela”, mientras Delsy Rodríguez justificó el saqueo, disfrazado de negociación: “de nada sirve tener nuestras reservas petroleras bajo tierra únicamente para que aparezcan en una estadística o en una contabilidad; hay algo que debe quedar absolutamente claro: Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos, mientras utiliza capital, tecnología y capacidad operativa para apalancar la recuperación de una industria estratégica duramente golpeada por sanciones”.
La “presidenta encargada” detalló que el “pacto binacional” (que, según dijo, “tendrá un impacto significativo en el renacimiento nacional”) tiene una vigencia de 25 años (obviamente prorrogable) que incluye 17 campos petroleros y la incorporación de ocho bloques “verdes” (nuevas áreas sin infraestructura previa) en la Faja petrolífera del Orinoco (las mayores reservas de oro negro del planeta, estimadas en más de 300 mil millones de barriles; ahora, 22 por ciento de ellas será para los gringos, con ganas de superar esa proporción). Y el “gran beneficio” para Venezuela es que, “con base en un precio promedio referencial” de 65 dólares, el erario venezolano se quedará con 19 billetes verdes “por cada barril producido y vendido”, mientras Estados Unidos se lleva 46, en un “reparto equitativo”; es decir, los gringos se embolsan 71 por ciento, mientras aquellos que “conservan la propiedad y soberanía de nuestros recursos” (Rodríguez dixit) apenas conservan 29 por ciento.
Se trata de la misma Delcy Rodríguez que en 2019 decía: “malas noticias, señor Trump, porque nunca más seremos patio trasero de nadie; váyase con su doctrina monroísta bien lejos”. Siete años después, la “presidenta encargada”, ya como gerente neoliberal de Venezuela, abre la puerta del patio trasero y aplaude la “doctrina monroísta” de Trump, quien –por si quedara alguna duda– no secuestró y encarceló a Nicolás Maduro en nombre de “la democracia y la libertad”, sino, simple y descaradamente, por el petróleo, como lo hizo en Irak y quiso hacerlo en Irán. Entonces, si los venezolanos saben contar, pues que ya no cuenten con su oro negro.
Ayer, muy quitado de la pena, el magnate naranja anunció que utilizará el crudo venezolano para “reponer la reserva estratégica de petróleo” de su país. En días pasados, en este espacio se publicó que el más reciente informe de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (agosto de 2026) advierte que dicha reserva “cayó a 298.7 millones de barriles, su nivel más bajo desde enero de 1983” y en ese mes, a duras penas, está a 41 por ciento de su capacidad. De hecho, registraron descensos durante 20 semanas consecutivas desde finales de marzo, de tal suerte que los colmillos del vampiro Trump se clavaron en Venezuela y la succión fue facilitada por la misma que pregonaba “nunca más seremos patio trasero de nadie”.
Pero los Cipayos no sólo entregan la plaza en Venezuela. También el pasado viernes, los gerentes de ultraderecha designados por Trump en Chile, Argentina, Bolivia y Perú (todos con grandes reservas de litio y cobre, y felices de ser el patio trasero de Estados Unidos) firmaron una declaración conjunta sobre minerales estratégicos para “fomentar la integración y posicionar a la región como un proveedor confiable para la transición energética”. En lo que calificaron de “alianza permanente, posicionaremos al Cono Sur como el proveedor de minerales estratégicos más confiable, sostenible y competitivo”. Y adivinen quién es el beneficiario.
Las rebanadas del pastel
Claramente lo señala el embajador de China en Chile, Niu Qingbao: “Estados Unidos se cree el emperador de América Latina y no es la primera vez que Washington se erige como dueño de la región”.
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