lunes, 24 de agosto de 2026

American curios.

Circo peligroso
David Brooks
▲ Como parte del show trumpista, Liam Tadeo, de 5 años, y su padre, Víctor Martínez, fueron detenidos hace una semana en Austin cuando iban a un partido de futbol. Ambos están recluidos en el Centro de Inmigración de Dilley.Foto tomada de redes sociales
Es un circo sin intermedios y, a veces, hay tantos actos simultáneos que uno ni sabe en cuál fijarse. Caen bombas, se anuncian nuevas sanciones contra pueblos enteros, se enjaulan a más niños, se anulan derechos civiles, se limita cada vez más la libertad de expresión, se amenaza públicamente a opositores y disidentes y… hay una carrera de autos en la capital del país. Ese es el resumen del circo de ésta y tantas otras semanas.
El show continúa con consecuencias cada vez más graves dentro y fuera del país.
En el exterior: el estrecho de Ormuz fue declarado “territorio estadunidense” por el mandatario. Se continuó acusando a Cuba de ser el país más peligroso, no por el poderío de su armas, sino por el de sus ideas e ideales que al parecer convencen a demasiados estadunidenses inocentes. Se anuncian operativos militares conjuntos dentro de países latinoamericanos contra los que “envenenan” a estadunidenses, otra vez aparentemente inocentes, con drogas. Y se siguen imponiendo sanciones contra casi todos, desde pueblos enteros a la Corte Penal Internacional. Pero tal vez la noticia más importante de la semana fue el retiro de Canadá de la negociación comercial con Washington con el primer ministro declarando: “advertí que Estados Unidos está intentando rompernos para poder adueñarse de nosotros. Y prometí que eso nunca, jamás, ocurrirá. Estamos cumpliendo con esa promesa”.
Adentro del país: el Ejecutivo amenazó demandar penalmente a un centro de análisis político por emitir un informe concluyendo que el despliegue de la Guardia Nacional no tuvo efecto sobre el crimen, tal como afirmaba la Casa Blanca. En Nevada, sólo se logró identificar a 185 votantes potencialmente no ciudadanos y no los casi 16 mil que la Casa Blanca había denunciado. Disidentes que antes eran trumpistas fueron de nuevo calificados por el presidente como “perdedores” con “bajo IQ”. Harvard y otras universidades continúan siendo castigadas por el gobierno federal acusadas de permitir el antisemitismo, o sea, críticas de Israel. La cadena nacional de televisión ABC se defiende de la amenaza de la Casa Blanca de anular su licencia para transmitir; mientras el director y el editor en jefe de la revista para las fuerzas armadas Stars& Stripes fueron despedidos por el Pentágono por atreverse a publicar notas sobre las condiciones deterioradas y problemas de salud mental de 5 mil marineros en el portaviones Lincoln, desplegado durante nueve meses como parte de la guerra contra Irán.
Todas las semanas se documentan las condiciones insalubres y crueles dentro de los centros de detención para inmigrantes. En Texas, Liam, niño de 5 años que caminaba para ir a jugar futbol y que estaba por ingresar a kinder, fue detenido por el ICE y ahora está en una de esas instalaciones carcelarias (https://www.instagram.com/reels/DcRvLShMmo5/).
Supremacistas blancos marcharon en Michigan con consignas antimusulmanas y pancartas por “la deportación de 100 millones” de este país. En Washington, la nueva era macartista ahora alerta sobre la mayor amenaza interna al país, el comunismo, y hasta intento fusionar dos “enemigos” en uno: “los islamo-comunistas”.
Este fin de semana, autos de carrera compitieron en una pista en el centro de Washington, otro espectáculo “patriótico” más que, igual al de artes marciales mixtas (literalmente el equivalente a un circo de gladiadores) en los jardines de la Casa Blanca hace unas semanas, se realizó como acto oficial –y como siempre, negocio– para festejar el 250 aniversario de Estados Unidos.
Mientras proceden los espectáculos y la grandilocuencia tan increíblemente mediocre que prevalece en Washington, expertos advierten de preparativos y medidas oficiales para manipular y hasta anular las próximas elecciones intermedias en noviembre que, según pronósticos, serán adversas al partido en el poder.
El circo, con sus actos incesantes, sus maromas de engaño y amenaza y sus payasadas, continuará hasta que el público –dentro y fuera del país– decida no participar más en este show.
Johnny Cash. Man in black. https://www.youtube.com/watch?v=oDd32K-mOVw.

Deuda pública y el dólar
León Bendesky
El pasado 19 de agosto, la deuda pública de Estados Unidos superó 40 trillones de dólares, (según se mide allá; se trata de 40 billones 47 mil 470 millones 230 mil 213 dólares). Entre 2016 y 2026, esta deuda más que duplicó su valor. Tan sólo en el curso del año reciente, tuvo un aumento de 3 trillones de dólares. Al mismo tiempo, la tasa de los bonos del Tesoro a un plazo de 10 años se situó en 4.71 por ciento, el registro más alto desde 2007, y a un plazo de 30 años, en 5.26 por ciento, alcanzando su mayor nivel en 19 años. El gobierno necesita financiamiento de largo plazo para fondear el déficit.
Los inversionistas demandan un mayor rendimiento para prestar al gobierno a plazos largos. La expectativa de riesgo subió al crecer de modo rápido la deuda total y el déficit público. En un marco de impulso inflacionario, con un creciente gasto público y una potencial inestabilidad fiscal, se impuso un premio al riesgo.
En el entorno económico actual existe una fuerte demanda de recursos del sector privado, en especial de las empresas tecnológicas, lo que compite con la deuda cada vez mayor del gobierno federal y en un mercado de capitales que empuja las tasas para arriba.
Al respecto, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) señala que la probabilidad de una consolidación fiscal es casi cero y que no es un fenómeno exclusivamente estadunidense. Dicha consolidación es una política gubernamental enfilada a la reducción del déficit fiscal y a una más lenta acumulación de la deuda pública. Habrá, pues, que pagar un precio. Recuerda el BIS que los episodios históricos de manías en los mercados tienen rasgos similares: un avance tecnológico que atrae capital en exceso de lo que justifica su retorno comercial, eventualmente enfrenta una reversión de los flujos de inversión y provoca una recesión.
El riesgo y la confianza son dos nociones relacionadas; una decisión tomada bajo condiciones de incertidumbre y con la posibilidad de perder, tiene que ver con el riesgo como una exposición a resultados negativos que son posibles. La magnitud de la deuda pública y la competencia con otras inversiones, rentables unas y otras en suspenso asociado con la rentabilidad esperada, inciden negativamente en la confianza.
No debe perderse de vista la cuestión de la confianza como fundamento de una sociedad funcional. Tal condición está hoy en entredicho en muchas sociedades. Es un rasgo notorio del conflicto social. En el terreno de la economía y las finanzas, la confianza es clave para el funcionamiento del dinero y los mercados de deuda. Cuando se desata la desconfianza, se presentan situaciones de crisis: desplome del valor de los activos, corridas bancarias, restricción del crédito, fuga de capitales, desempleo y el tropiezo del proceso económico en general.
El aumento acelerado de la deuda y de su costo, como ocurre hoy en Estados Unidos tiende a acrecentar las fricciones entre los agentes económicos, sean privados o públicos, ésto da cuenta de la fuerte presión para conseguir recursos y fondear las crecientes demandas de gasto del gobierno federal.
Las tenencias de la deuda pública se dividen en dos categorías: 80 por ciento corresponde a agentes como la Reserva Federal, gobiernos extranjeros, gobiernos locales y estatales, fondos mutuales y de pensiones, bancos privados e inversionistas individuales. Otro 20 por ciento lo debe el gobierno a agencias federales, como el Seguro Social.
Aproximadamente una cuarta parte de la deuda la tienen inversionistas internacionales y gobiernos extranjeros, como es el caso de Japón, Reino Unido y China, siendo que estas inversiones se consideran como seguras y con alta liquidez, o sea que, cuando quiere venderse se encuentran suficientes compradores. Si esta situación se altera, la tasa de rendimiento exigida sube. La nueva condición de las expectativas de riesgo se reafirmó cuando ante el aumento de las tasas de hace unos días, el Tesoro intentó recomprar bonos de largo plazo para reducir la oferta y, así, provocar un alza del precio; cuando esto ocurre, baja el rendimiento, que es la tasa de interés. Tal operación no consiguió su objetivo.
La política fiscal impulsada por el gobierno es muy agresiva en materia de gestión presupuestal; se apoya en una fuerte expansión del déficit. Lo que no queda claro son las condiciones que generarían los recursos para cubrir las deudas. Las expectativas con respecto al impacto del déficit sobre la deuda pública definidas al inicio de este gobierno ya se han superado, como confirman los recientes datos al respecto.
El escenario fiscal y monetario se ha ido conformando en torno a las repercusiones de la política comercial y la fijación de tarifas y, por otro lado, por el impacto económico de la guerra en Irán y su efecto en el gasto público, así como en el alza de los precios del petróleo.
El pago de los intereses sobre la deuda pública en este año fiscal se estima en más de un trillón de dólares, a una tasa promedio del orden de 3.5 por ciento y lo convierte en uno de los principales rubros del gasto. El costo diario de los intereses es de alrededor de 3.3 mil millones de dólares. La relación de la deuda con el PIB es del orden de 123 por ciento.
Una cuestión relevante con respecto a la deuda pública es si constituye un creciente problema fiscal y financiero que requiere de un ajuste, o bien, deriva del poderío económico de Estados Unidos. Esto lleva al asunto del poder del dólar en la economía mundial y las condiciones de su hegemonía.

EU-Canadá: ¿fin del T-MEC?
Tras rubricar su derrota estratégica ante Irán con la amenaza de una “operación económica devastadora” contra ese país, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resucitó la hostilidad hacia Canadá al imponer aranceles generalizados de 50 por ciento a las importaciones de su vecino del norte, luego de que fracasó su empeño por obtener ventajas excesivas en el comercio bilateral. La respuesta del primer ministro Mark Carney no se hizo esperar: puso fin a las negociaciones y advirtió que su país “igualará los nuevos aranceles de Washington dólar por dólar, con el fin de proteger a los trabajadores, agricultores, familias y empresas canadienses”. Asimismo, reveló que “a principios de esta semana creíamos que avanzábamos hacia un acuerdo mutuamente beneficioso”, pero que a última hora “el equipo estadunidense propuso nuevas condiciones económicamente inviables e injustas” e intentó restringir “nuestra capacidad de firmar nuevos acuerdos comerciales”.
Ambas partes emplean ya abiertamente la expresión “guerra comercial” y en su más reciente réplica, el gobierno de Trump amagó ayer, por boca de su secretario de Transporte, Sean Duffy, con provocar un “impacto devastador” en la economía canadiense y con el pronóstico de que Ottawa volverá “muy, muy pronto” a la mesa de negociaciones. El mercurial ocupante de la Casa Blanca, de su lado, no dudó en recurrir de nuevo a la ofensiva idea de que Canadá debe convertirse en el estado 51 de su país. “Quiere los beneficios de ser un estado sin serlo”, escribió en su red Truth Social.
Tanto Canadá como México han señalado la necesidad de renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) “lo antes posible” a fin de dar certidumbre a empresas y trabajadores de Norteamérica, como lo acordaron en una llamada telefónica el jueves pasado. Sin embargo, Washington se ha empecinado en mantener negociaciones bilaterales separadas con sus socios del norte y del sur, y en el caso canadiense las tratativas fracasaron y derivaron en una confrontación arancelaria que, de mantenerse, significará el fin del libre comercio entre esos dos países y, por ende, del T-MEC.
Es ya proverbial la tendencia de Trump a elevar el tono de sus amenazas y su inclinación por la violencia –no sólo la verbal– cuando se encuentra acorralado, y en el momento actual ciertamente tiene motivos para estarlo: al desastre militar que él mismo provocó en el golfo Pérsico se suman el mal desempeño de la economía y, de la mano de ambos asuntos, la caída en picada de su popularidad, justo en vísperas de las elecciones legislativas de noviembre, por no mencionar los reveses políticos y judiciales que ha venido experimentando. Por otra parte, a ojos de socios, aliados y adversarios por igual, el gobierno de Estados Unidos ha dejado de ser un interlocutor confiable, propenso a poner sobre la mesa exigencias de última hora para luego dar una patada al tablero y acusar a la contraparte del fracaso del diálogo; en ese sentido, lo ocurrido en el ámbito comercial entre Ottawa y Washington no difiere en mucho de los fallidos intentos para lograr un alto el fuego definitivo y estable entre Washington y Teherán.
Lo cierto es que para México no es una buena noticia la guerra de aranceles entre Estados Unidos y Canadá, no sólo porque ello significaría la muerte del T-MEC, que tan beneficioso ha sido para los tres países que lo integran, sino porque el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tendría que hacer frente a una negociación en solitario con un socio voluble, tramposo y dado a practicar la extorsión y a jugar con la incertidumbre. Pero si ese es el escenario inevitable, será preciso afrontarlo con serenidad, con espíritu constructivo y, sobre todo, con cohesión y unidad nacional.