Ap
Periódico La Jornada Martes 2 de junio de 2026, p. 24
Washington. El presidente estadunidense, Donald Trump, evalúa si avanza con un fondo de casi mil 800 millones de dólares destinados a compensar a aliados suyos, dijo ayer una fuente citada por Ap, mientras otra consultada por Axios señaló que eliminará ese fondo.
Por lo pronto, el Departamento de Justicia dijo que suspendería su implementación para acatar una orden judicial emitida el viernes.
La posible marcha atrás es un reconocimiento de los reveses jurídicos que el fondo ha enfrentado desde que fue anunciado hace dos semanas, así como de una creciente reacción política de algunos republicanos, preocupados por lo que se considera una falta de supervisión sobre el desembolso del dinero y la posibilidad de pagos a participantes en el intento de golpe de Estado del 6 de enero de 2021 en el Capitolio.
El gobierno de Trump había defendido el Fondo contra la Instrumentalización (de organismos públicos) de mil 776 millones de dólares –creado para resolver la demanda del mandatario contra el Servicio Interno de Impuestos (IRS, por sus siglas en inglés) por la filtración de sus declaraciones financieras–, al considerarlo una medida correctiva adecuada para compensar lo que funcionarios insisten en que fue la politización de las fuerzas del orden durante el gobierno del presidente Joe Biden.
Aunque algunos simpatizantes de Trump –incluidos participantes en los disturbios en el Capitolio– celebraron el anuncio del fondo, la reacción entre los republicanos en el Congreso ha sido decididamente más hostil. El fondo fue uno de los temas de los que el mandatario habló con el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, con quien se reunió ayer, de acuerdo con una persona a la que se le concedió guardar el anonimato para que pudiese declarar sobre una conversación privada, quien señaló que Trump reconsidera si avanzar con el fondo.
El Departamento de Justicia manifestó por separado que cumplirá con el fallo del viernes de una jueza federal en Virginia, que ordenó suspender los planes del fondo a la espera de que haya argumentos adicionales más adelante este mes, aun cuando señaló que “discrepa enérgicamente” de esa decisión.
Y la fuente consultada por Axios afirmó que la iniciativa “simplemente está muerta”.
Tribunal falla a favor de soldados transgénero
Un panel dividido de jueces de un tribunal federal de apelaciones determinó por dos votos contra uno que es ilegal una política del Pentágono que prohibía que soldados transgénero prestaran servicio en el ejército, en otro revés legal para la amplia agenda de Trump.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ En marzo pasado, el magnate creó el Escudo de las Américas.Foto Ap
Al referirse a la andanada de la ultraderecha (foránea y autóctona) contra México, la presidenta Sheinbaum considera, más con diplomacia que otra cosa: “no creo que sea el presidente Trump quien ha encabezado esta ofensiva en distintos temas, no lo creo; hay mucho diálogo con el gobierno de Estados Unidos, y lo que queremos es una buena relación con él y todas sus áreas”.
Algo más señaló la mandataria: la permanente agresión y el injerencismo es promovido por “sectores de la ultraderecha de Estados Unidos que quieren que haya mala relación con México, que no están de acuerdo con el gobierno que encabezamos, por razones ideológicas principalmente. Y se juntan con los de la ultraderecha en México, que antes querían pasar como de centro, luego medio de derecha y ahora, ya de plano se fueron a la extrema derecha. Entonces, esos sectores en México que se vinculan con sectores de derecha de todo el mundo, y particularmente Estados Unidos, pues son los que se unen y buscan que no haya una buena relación entre nuestros países”.
De entrada, Trump es de ultraderecha y puede ser en primera instancia le interesa más hacer negocios privados con recursos públicos, pero también, que ello no obsta para que su equipo de energúmenos y halcones, con Marco Rubio a la cabeza, siga sus instrucciones y tengan carta blanca para apretar cada vez más a las naciones que considera su “patio trasero”. Una cosa no cancela la otra.
Por ejemplo, TRUMP se sacó de la manga el Escudo de las Américas (marzo pasado), con 12 gobiernos (de 35 posibles en la región) abierta y orgullosamente participantes, todos de derecha y ultraderecha, siempre con los pantalones abajo y al servicio pleno del cavernícola de la Casa Blanca. Alrededor de 20 adicionales no se vieron en la necesidad de incorporarse oficialmente a este “mecanismo”, porque de facto y sin chistar de siempre han acatado las órdenes de Washington.
Entonces, sólo quedan tres naciones latinoamericanas “rebeldes” (Cuba no está incluida en este inventario), todas con gobiernos progresistas: México, Brasil y Colombia (nación esta última en la que su reciente proceso electoral huele a podrido), y nadie en ellas puede negar el fortalecimiento de la campaña injerencista de Estados Unidos. Cierto es que la relación de nuestro país con el vecino del norte hay que llevarla con la paciencia de Job, pulso de neurocirujano y diplomacia a más no poder, pero otra cosa es “no creer” que las constantes cuan crecientes agresiones en contra de nuestro país carecen de la autorización de Trump.
Nadie puede negar que México está en la mira de Washington y sus halcones, aunque algunos duden sobre si el padre del chamaco (la ofensiva injerencista) es o no el desquiciado magnate naranja. Sólo hay que recordar su primera campaña presidencial de 2016 y la segunda de 2024 (en la que las agresiones a nuestro país fueron la constante) para despejar cualquier “interrogante”. Al respecto, algunos llegaron a comentar que “esa es la forma de Trump cuando se trata de negociar”, pero con base en el registro, ese dicho nada tiene que ver con la realidad.
En lo interno, está el grupito de prianistas e “intelectuales” maiceados (financiado por uno que otro empresario de nula ética y lesa patria, y fortalecidos por el dinero y la línea de acción marcada por el agente de la CIA que dice despachar como embajador, Ronald Johson) pletórico de cretinos, gritones, ácidos, analfabetas, estafadores, operadores de fraudes electorales y escoria de la política, muy activo en redes (no en las calles, donde de plano no da una), que en los hechos no significa absolutamente nada, pero se escuda en el “apoyo” que le da organismos del gobierno estadunidense con la aprobación y espoleo del delirante magnate naranja.
Dice la presidenta Sheinbaum que la ultraderecha en México (y el mundo) es muy autoritaria, no está de acuerdo con las políticas que ayudan a los que menos tienen, los programas de Bienestar, la inversión en educación pública ni la libertad de expresión. Entonces, ¿cómo ha procedido Trump en Estados Unidos? ¿Cómo sus marionetas en América Latina? ¿Dudas?
Las rebanadas del pastel
Ahora que el espurio Felipe Calderón está de visita, vale la denuncia sobre las elecciones del pasado domingo en Colombia. Dice el presidente Petro: alteración del software de conteo y escrutinios; 800 mil cédulas de votación añadidas con personas que no están en el censo oficial; dos censos: el oficial y el de una empresa privada; centenares de miles de votos fueron agregados sin existencia de sufragantes (léase: demasiada “casualidad” para no recordar el fraude de 2006).
X: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
Colombia se juega el futuro
El triunfo del ultraderechista Abelardo de la Espriella en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia sorprendió dentro y fuera del país, pues el progresista Iván Cepeda lideró todas las encuestas desde que se convirtió en abanderado del Pacto Histórico hasta el cierre formal de las campañas. De acuerdo con el preconteo divulgado por la Registraduría Nacional del Estado Civil (órgano que realiza los procesos electorales, pero también tiene otras funciones), De la Espriella obtuvo 43.7 de los votos; Cepeda, 40.9 por ciento; Paloma Valencia, 6.9 por ciento, y Sergio Fajardo, 4.2 por ciento. Estos números son preliminares y no remplazan la validación manual de las actas.
Varios factores deben tenerse en cuenta para entender estos resultados e interpretar su significado. En primera instancia, reafirman las dificultades de las empresas encuestadoras para registrar de manera adecuada a los votantes de ultraderecha, un fenómeno observado en las tres elecciones a las que se ha presentado Donald Trump, así como en los comicios argentinos a los que han concurrido el presidente Javier Milei y su partido. Sea porque este segmento de la ciudadanía miente acerca de sus preferencias, porque se niega a responder a los sondeos, porque sus características sociodemográficas lo hacen poco accesible o por otros motivos, es un hecho que su fuerza suele subestimarse en las encuestas.
El segundo dato para tener presente es el rechazo de una aplastante mayoría de colombianos a lo que se percibe como política tradicional. En este sentido, debe recordarse que el actual mandatario, Gustavo Petro, es el primer dirigente de izquierda en acceder al Ejecutivo nacional en la historia del país, por lo que Cepeda goza automáticamente de la ventaja de ser visto como algo distinto a la clase política rancia que encarna Valencia. En el extremo opuesto, De la Espriella es un abogado de mafiosos cuyo enriquecimiento inexplicado hace levantar sospechas de que pertenezca a las mismas redes criminales que defiende. Su gran acierto es haber construido una imagen cuidadosamente curada para replicar las de Trump, Milei y el salvadoreño Nayib Bukele, con un discurso de mano dura, misógino, vulgar y desafiante que es recibido con beneplácito por votantes desencantados con la institucionalidad. Sus partidarios no parecen incómodos con la contradicción de esperar que el crimen sea fulminado por la misma persona que lo ha defendido ni con el peligro de hacer presidente a un hombre que, mientras vivía en el extranjero, descartó regresar a Colombia por considerar a sus habitantes “desagradecidos, desleales y cafres”.
Por otra parte, es un grave error caracterizar la derrota de Valencia como la del uribismo. Si bien la senadora fue la abanderada del partido fundado por el ex presidente Álvaro Uribe, Centro Democrático, todo indica que hace semanas fue abandonada (con o sin su conocimiento y consentimiento) por el liderazgo y las estructuras de esa formación de nombre deliberadamente engañoso, que abraza las causas más reaccionarias y que nació como brazo político del paramilitarismo. El raquítico 7 por ciento que obtuvo difícilmente se explica sin una operación interna para canalizar sus votos a De la Espriella, y el cierre de filas con el autonombrado Tigre fue obvio hasta lo grotesco en los medios de comunicación leales al uribismo. Además, Uribe y De la Espriella tienen complicidades y lazos que se remontan por lo menos a inicios de siglo: el padre del actual candidato fue uno de los primeros políticos que dieron su apoyo al ex mandatario, quien lo recompensó con una notaría. Años después, Álvaro y Abelardo coincidieron en las maniobras para dar impunidad a los paramilitares que cometieron crímenes de lesa humanidad con el financiamiento y las órdenes de la oligarquía terrateniente. En esta campaña, Uribe ha evitado criticar a quien supuestamente era su adversario.
Sin embargo, sería erróneo tomar la unidad de la derecha como una condena a las aspiraciones del progresismo. Aunque se enfrenta a todo el poder económico y mediático, Cepeda cosechó más votos que los obtenidos por Petro hace cuatro años, y en este periodo se ha consolidado una importante base popular consciente de que en las urnas se juega el destino del país y la vida misma de muchos progresistas. La anterior afirmación tiene poco de retórica en el país donde más activistas y campesinos son asesinados por oponerse al robo de la tierra y el saqueo de sus recursos. En las tres semanas que restan hasta la segunda vuelta, el Pacto Histórico habrá de organizarse, convencer, movilizar y agotar sus energías en la doble tarea de conquistar a los indecisos y concientizar a los simpatizantes pobres de la ultraderecha acerca de los daños que se infligirían si le dan el poder a quien los desprecia como individuos y como conjunto.
Cuba y ébola, la epopeya
La solidaridad médica de la isla con África es casi tan antigua como su revolución (...) a diferencia de los viejos (y nuevos) colonizadores, los voluntarios regresaron con los bolsillos vacíos, pero con el corazón satisfecho. Foto cubaminrex.cu
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Luis Hernández Navarro
02 de junio de 2026 00:01
El ébola es una enfermedad infecciosa aguda. Provoca fiebres altas, hemorragias e incluso la muerte. Puede propagarse rápidamente. Hace unos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el nuevo brote del mal como una emergencia de salud pública de importancia internacional.
La epidemia comenzó apenas el pasado 15 de mayo. La agencia de salud pública de la Unión Africana (UA) cifró el pasado jueves en 246 las “muertes sospechosas” registradas por la epidemia del virus, en su mayoría en la República Democrática del Congo (RDC) y, en mucho menor medida, en Uganda y Sudán del Sur.
El pasado viernes, la OMS elevó de “alto” a “muy alto” el riesgo por el brote. No se cuenta con vacunas ni tratamiento para la cepa que afecta la población, bautizada como Bundibugyo. Según explica la OMS, la enfermedad avanza en medio de la pobreza y los conflictos armados entre múltiples grupos, incluidas las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), las milicias Codeco y el grupo M23 respaldado por Ruanda.
De cara al Mundial de futbol, ante el brote, Canadá, Estados Unidos y México han reforzado las medidas sanitarias para garantizar “que el torneo sea más seguro”. La RDC es una selección clasificada y jugará el 23 de junio contra Colombia, en Guadalajara. No es la primera ocasión en la que hay brotes de ébola en África.
En agosto y septiembre de 2014, la Organización Mundial de la Salud y los gobiernos de Liberia, Sierra Leona y Guinea convocaron a la ayuda internacional para combatir la mayor epidemia registrada del mortal virus. Apenas tres días después de una llamada de Ban Ki-moon, entonces secretario general de Naciones Unidas, al presidente cubano Raúl Castro, se ofrecieron como voluntarios para ir a África a combatir la enfermedad más de 12 mil profesionales sanitarios.
Finalmente, fueron escogidos y entrenados 256 médicos, enfermeros y técnicos de la salud. Los voluntarios antillanos en África Occidental eran parte de la brigada Henry Reeve, creada en septiembre de 2005, que se popularizó años después por su importante papel en la atención a la pandemia de covid-19 en países como Italia.
El primer contingente médico fue una iniciativa del presidente Fidel Castro, para ayudar a los residentes de Nueva Orleans y las pantanosas zonas aledañas de Louisiana, en Estados Unidos, afectados por Katrina. La propuesta de apoyo desinteresado fue rechazada por Washington. Sin embargo, la Henry Reeve ha seguido apoyando sanitariamente a decenas de países en distintos continentes. La solidaridad médica de la isla con África es casi tan antigua como su revolución.
A pesar de que cerca de la mitad de sus galenos habían abandonado la Antilla para ir a Estados Unidos, el 23 de mayo de 1963 La Habana envió una delegación de 56 médicos, estomatólogos, enfermeros y técnicos voluntarios –entre ellos 10 mujeres– a Argelia independiente, donde quedaban apenas unos 600 profesionales de la salud.
Esa fue la primera iniciativa médica en aquel continente, de muchas más, sostenidas durante más de medio siglo. Respondía a un sistema de valores que años después –el 18 de octubre de 2014– escribió Fidel Castro en sus Reflexiones: “El personal médico que marcha a cualquier punto para salvar vidas, aun a riesgo de perder la suya, es el mayor ejemplo de solidaridad que puede ofrecer el ser humano, sobre todo cuando no está movido por interés material alguno…” En 2014, salieron de Cuba a Liberia, Sierra Leona y Guinea médicos, enfermeros, técnicos y especialistas de salud pública en el terreno, a atender, a pesar de las dificultades del idioma y la enorme precariedad, a miles de seres humanos enfermos que parecían no tener otro futuro que la muerte, y a sus familias. Dejaron atrás, arriesgando la vida, sus casas y a sus seres queridos. Margaret Chan, entonces directora general de la OMS, dijo del esfuerzo isleño algo que olvidan aquellos que acusan a La Habana de ser un peligro contra la seguridad de Estados Unidos: “Estoy muy agradecida con la generosidad del gobierno cubano y de estos profesionales de la salud, que harán su parte para ayudar a contener el peor brote de ébola de la historia.
Esta colaboración marcará una diferencia significativa en Sierra Leona”. “El compromiso del gobierno cubano es un ejemplo del tipo de esfuerzo internacional que se necesita para intensificar las actividades de respuesta y para fortalecer las capacidades nacionales. “Cuba es conocido en el mundo por su capacidad para formar a médicos y enfermeras destacados, así como por su generosidad en ayudar a otros países en su ruta hacia el progreso”, añadió Chan.
Ocho meses después de partir, en mayo de 2015, regresó a su hogar el último miembro de la brigada médica cubana. Para ese entonces, la epidemia del ébola en África Occidental había sido prácticamente erradicada. A diferencia de los viejos (y los nuevos) colonizadores, los voluntarios regresaron con los bolsillos vacíos, pero con el corazón satisfecho. No cargaron en sus equipajes marfil, ni diamantes, ni riquezas. Llevaron a casa el orgullo de haber salvado miles de vidas, evitado sufrimientos, curado a los desamparados. Entre otras más, dos magníficas obras sirven para acercarse a la epopeya cubana en la lucha contra el ébola, tan necesaria de recordar en estos tiempos de enfermedad y villanía. Una es el libro Zona Roja: Cuba y la batalla contra el ébola en África Occidental, de Enrique Ubieta.
La otra es el documental Cubanos, entre la vida y el ébola (https://shorturl.at/ FCP9D), del realizador Yordanis Rodríguez Laurencio. Cuba logró la hazaña de llevar salud y ayudar a derrotar una epidemia en tierras lejanas, como antes fue clave en la descolonización de África y el fin del apartheid, en pleno bloqueo estadunidense. Tal y como se dijo en estas páginas y en las misivas del Sureste, si eso logró hacer a pesar del bloqueo ¿qué no habría hecho sin él?
