martes, 30 de junio de 2026

Trump convierte el 250 aniversario de EU en su propio circo de vanidad.

Arriban pocos asistentes y hay mucho militarismo
▲ La rueda de la fortuna frente al Capitolio es la atracción más visitada de la desangelada feria de aniversario.Foto La Jornada
Jim Cason y David Brooks   Corresponsales
Periódico La Jornada   Martes 30 de junio de 2026, p. 23
Washington y Nueva York., Lonas de 10 metros de altura sobre edificios federales con la imagen de Donald Trump, una rueda de la fortuna frente al Capitolio, charros en un rodeo, vehículos militares y un poco de rocanrol clásico forman parte de la Gran Feria Estatal Estadunidense, otro esfuerzo del mandatario para convertir al aniversario 250 de la declaración de independencia en un espectáculo promocional para él mismo y el movimiento derechista que encabeza.
La feria es sólo una parte de los festejos del aniversario patriótico, los cuales han incluido un evento de oración cristiana (con un par de rabinos) masiva de seis horas, una batalla de artes marciales mixtas dentro del complejo de la Casa Blanca y para el sábado –el 4 de julio, cuando se marca el nacimiento de esta república– Trump ha declarado “la exhibición de fuegos artificiales más grande en la historia del mundo”. Y si no fuera suficiente, una carrera de automóviles estilo Indianápolis 500 por las calles de la capital.
Pero a juzgar por la falta de multitudes y las fallas en infraestructura, cuando La Jornada visitó la feria el fin de semana, el acto se está convirtiendo en una metáfora de una presidencia barata y mal hecha. Ésta y otras festividades oficiales dentro de la celebración Freedom 250, organizadas bajo instrucciones del presidente, ya ocupan todo el parque central de la capital, conocido como The Mall, desde el Capitolio en un extremo hasta el Monumento a Lincoln en el otro. Pero al caminar, pasando tropas de la Guardia Nacional en vehículos militares listos para combate, a céspedes detrás de vallas de seguridad, había espacios casi vacíos y ninguno de los puestos que forman parte de los eventos tenía gente esperando para entrar.
Sí había una fila para subirse a la rueda de la fortuna, pero aparte de eso, en lugar de una celebración del nacimiento del país, la impresión de la magna feria es que era más bien un festejo del poder militar de este país, incluyendo un vehículo de transporte de tropas para que niños suban a puestos de cada rama de las fuerzas armadas (patrocinadas por Lockheed Martin y otros grandes contratistas militares). Cada día sobrevuelan la feria aviones castrenses en formación y para el 4 de julio prometen olas de aeronaves de guerra, incluyendo bombarderos nucleares B52, B2, F15 y F25, entre muchos más.
Del origen del país, nada
También se construyó un zona para rodeos. “Visitantes viajarán a través de la evolución del cowboy estadunidense, de las tradiciones de los vaqueros españoles y arreado de ganado, a espectáculos del salvaje oeste, charros” y diferentes formas de manejar caballos.
Pero desde que empezó, esta feria –como varios otros proyectos de este presidente– ha tenido dificultades: desde helados derretidos, interrupciones de electricidad y más, pero sobre todo el fracaso en atraer las decenas de miles de visitantes que se anticipaban, ya que hasta ahora, el total está en sólo cientos. Más aún, quienes fueron a ver todo esto parecían ser sobre todo turistas de otros países e inmigrantes hablando otros idiomas.
Pero tal vez el propósito central no son los visitantes a su feria. Una de las primeras órdenes ejecutivas de Trump al llegar a la Casa Blanca para su segundo periodo se llamaba Restaurar la verdad y sanidad a la historia estadunidense, y el proyecto Freedom 250 claramente tiene el objetivo de rescribir la historia cultural, política y social de este país.
Estacionado a un lado de la feria está un Camión de la Libertad, de una flotilla que viaja por todo el país este año con el propósito de ofrecer “una visión positiva” de la historia nacional. Esta narrativa oficial no incluye referencias sobre la crueldad de la esclavitud, sólo se enfocó en la abolición de esa práctica; tampoco cuenta la toma de tierras indígenas ni la eliminación de 95 por ciento de los nativos. Y al citar a los “padres fundadores” del país –varios de los cuales eran dueños de esclavos–, resalta su fe cristiana, pero no menciona la separación de Iglesia y Estado que establecieron. En éste y los otros camiones, Trump ofrece mensajes videograbados a los visitantes.
“Financiados por el gobierno… los Camiones de la Libertad ya han hecho más de 80 escalas en por lo menos 28 estados”, reportó The Washington Post. “Para fines de año se espera que casi todo estado sea anfitrión de por lo menos una visita a una escuela, feria estatal, universidad, lugares para acampar, evento comunitario, parque nacional u otro lugar de reunión”.
El magnate, por todos lados
Todos los eventos de Freedom 250 tienen un personaje central: Trump. Una maqueta del Arco de Trump es parte de las muestras en la feria, aunque se espera que el arco actual –como todo con este presidente– será más grande que su inspiración, el Arco del Triunfo en París, y tal vez el más grande del planeta.
Mientras tanto, la mirada seria, a veces ominosa, de Trump está colocada sobre edificios federales: el Departamento del Interior tiene dos grandes lonas de 10 metros de alto, una con la cara de George Washington y la otra de Trump; el Departamento de Justicia tiene otra de esas dimensiones, pero sólo con Trump, y en el Departamento del Trabajo, la de Trump está acompañada por la de Theodore Roosevelt, el presidente que creó esa secretaría.
Además, como se ha reportado, la imagen de Trump está plasmada sobre toda en una serie de cosas que, supuestamente, festejan este aniversario histórico. Entre ellas, el Departamento del Tesoro estará emitiendo un nuevo billete, de 250 dólares, que llevará su firma y, si logra obligar al Congreso a autorizarlo, su imagen también. El Departamento de Estado está emitiendo pasaportes conmemorativos con la imagen del republicano para 40 mil afortunados solicitantes.
Pero a veces la marca Trump provoca problemas. Organizadores de los festejos oficiales en Washington tuvieron que cancelar un concierto porque más de la mitad de los músicos invitados se retiraron del evento al darse cuenta de su carácter partidista y por lo menos 12 gobiernos estatales declinaron participar en la feria por la misma razón.
Trump ignorará todo eso y tiene el plan de ser el orador estrella en un gigantesco escenario construido entre el Monumento a Washington y el de Lincoln, pero por ahora se pronostica lluvia, lo cual podría aguar la gran fiesta nacional del presidente.
El historiador estadunidense David Blight, de la Universidad de Yale, entrevistado por The Guardian sobre sus impresiones de los eventos oficiales, dijo: “no me siento muy festivo para nada. No sé cómo explicar los proyectos de vanidad (de Trump) mejor que cualquier otro. Esto es quien es. No es muy diferente a Mussolini, quien deseaba dejar su marca por toda Roma. Es como un teatro de lo absurdo”.

Declaran a Keiko Fujimori ganadora en Perú
Sputnik, Xinhua, Europa Press y Reuters
Periódico La Jornada   Martes 30 de junio de 2026, p. 23
Lima. La derechista Keiko Fujimori fue electa presidenta de Perú tras superar al izquierdista Roberto Sánchez por menos de 50 mil votos, confirmó ayer la Oficina Nacional de Procesos Electorales peruana, al concluir el conteo de 100 por ciento de los sufragios de la segunda vuelta presidencial, en medio de los cambios políticos en América Latina que muestran una inclinación del electorado por gobernantes conservadores, como en la reciente elección de Colombia, que se suma a Argentina, Ecuador, Paraguay, Chile y El Salvador.
La candidata de Fuerza Popular venció a su rival con 50.13 por ciento de los votos, frente a 49.86 de Sánchez, de Juntos por el Perú.
El Tribunal Electoral proclamará presidenta electa el viernes a Fujimori, quien iniciará su mandato de cinco años el 28 de julio.
La candidata, quien contendió por la presidencia por cuarta ocasión, indicó: “esperamos la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones con mucha humildad, prudencia y responsabilidad”.
Horas antes, Sánchez declaró que si el sistema electoral peruano determina un resultado contrario al que él esperaba, “apelaremos a todas las instancias posibles por hacer porque es el debido proceso”.
En paralelo, el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, fue inscrito como precandidato a las próximas elecciones presidenciales, informó su partido Nuevas Ideas; Bukele cumple un segundo mandato, luego de polémicas reformas que impulsó y permitieron su relección.

Fujimori: catástrofe andina
Al concluir el recuento de 100 por ciento de los votos, la ultraderechista Keiko Fujimori aparece como ganadora en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, con 50.135 por ciento de los sufragios frente a 49.865 por ciento de su contendiente, Roberto Sánchez.
La victoria de Fujimori en su cuarto intento de llegar a la Casa de Pizarro es una tragedia difícil de exagerar para el país andino. Significa el retorno de un proyecto político que en su primera encarnación (1990-2000, presidencia y luego dictadura de Alberto Fujimori) implantó de manera irreversible el modelo neoliberal, perpetró documentados crímenes de lesa humanidad, llevó la corrupción a niveles inéditos y puso en marcha un intento de limpieza étnica mediante la esterilización forzosa de más de 270 mil mujeres, en su inmensa mayoría indígenas, campesinas y quechuahablantes. Keiko fue primera dama de su padre Alberto cuando tuvieron lugar estos crímenes. Lejos de denunciarlos, la mandataria electa sostiene que su progenitor ha sido el mejor presidente en la historia de Perú.
Pero sería erróneo caracterizar a Keiko sólo como la hija de. Tras la caída en desgracia de su padre, ella tomó el control de la dinastía política, construyó fuerzas y complicidades propias y ha hecho gala de una habilidad para mover los hilos del poder tan notoria como su falta de escrúpulos. Cuando se le procesó y encarceló por el caso Cocteles, un megaproceso judicial en el marco del escándalo internacional Lava Jato, usó su mayoría en el Congreso para llenar la judicatura de jueces afines que anularon todos los juicios y le allanaron el camino al gobierno. Nunca tuvo que probar su inocencia; los tribunales simplemente desbarataron los expedientes.
Desde 2016, ha sido la principal artífice de la caída de sus antecesores en el Ejecutivo. Con mayoría propia o mediante alianzas cimentadas en la corrupción, hizo de la vacancia por “incapacidad moral permanente” un arma para destruir cualquier gobierno que no se plegara a sus demandas, con lo que sumió al país en una inestabilidad crónica que se ha denominado dictadura parlamentaria, porque el Legislativo ejerce el poder de facto. Cuando ella misma asuma la presidencia, contará con 41 de los 44 diputados necesarios para bloquear una eventual intentona de “vacarla” (destituirla, en el argot político peruano), por lo que podría ser la primera presidenta en completar su mandato desde Ollanta Humala (2011-2016). Con la golpista en el poder, no habrá quién organice un golpe. De este modo, Perú podría pasar de la inestabilidad a un autoritarismo unipersonal no visto desde el primer fujimorato.
La administración de Keiko Fujimori dará un renovado impulso al neoliberalismo, elevado a rango constitucional por su padre en la Carta Magna de 1993, cuyo texto debería ser inadmisible porque se redactó y sancionó en dictadura.
Esa ley suprema instauró un modelo en el que la economía crece a tasas envidiables en el papel, pero ese crecimiento nominal no se traduce en bienestar social, disminución de la pobreza, reducción de la desigualdad ni modernización de la infraestructura, porque toda la riqueza proviene de recursos naturales extraídos de forma insostenible y cuyas rentas son acaparadas por la oligarquía local y corporaciones extranjeras. El embate contra las comunidades indígenas y el despojo territorial son la otra cara de este sistema y la razón por la cual el fujimorismo es rechazado de manera abrumadora en la mayoría de las zonas rurales.
Más allá de Perú, el regreso de la dinastía Fujimori cierra el cerco de la ultraderecha sobre América Latina y confirma que la región atraviesa un ciclo en el que el populismo punitivo, la glorificación de la violencia de Estado, el individualismo y la demonización de la solidaridad son los principales imanes del voto en sociedades exhaustas por la inseguridad e incapaces de formular respuestas colectivas a la exclusión y la desigualdad.

Velar las armas
"Pero la 4T no tiene comprado su futuro ni el de los mexicanos. Menos aún con el sordo odio ensordecedor que las derechas gobernantes en Estados Unidos le dispensan". 
Foto Luis Castillo / Archivo   Foto autor
José Blanco
30 de junio de 2026 00:03
Las derechas de América Latina se volvieron ultraderechas cuando las izquierdas accedieron al poder del Estado, durante la primera ola de gobiernos progresistas. Pasaron a la historia los gobiernos de Hugo Chávez; el primer gobierno de Lula (y el de Dilma); los Kirchner; Tabaré Vázquez, en Uruguay; Evo Morales, en Bolivia, y Rafael Correa, en Ecuador… Fueron gobiernos nacionalistas en relación con los recursos naturales, redujeron en medida variable la pobreza mediante un gasto público expansivo, pero enfrentaron un contexto económico internacional adverso al cesar el ciclo alcista de las materias primas. Estos gobiernos, de otra parte, vivieron con una correlación de fuerzas interna cada vez más nociva: debilitamiento de sus alianzas (las eternas divisiones ideológicas de las izquierdas), los poderes legislativos contra el Ejecutivo, los medios digitales y los escritos, rabiosamente en contra, como una expresión de la conversión de las derechas en ultraderechas, apoyadas por Estados Unidos. Aparecieron, con una fuerza sin precedentes, los “relatos” cínicos que falsifican la realidad y actúan mediante millonarias campañas, especialmente en redes sociales. Así, las derechas recuperaron los gobiernos. 
Esa primera ola latinoamericana fue un factor decisivo en la configuración de la muy real internacional derechista, activamente promovida por Estados Unidos. Su objetivo inicial fue restaurar a ultranza el neoliberalismo; ahora ese objetivo está en proceso de ajuste en un mundo obligadamente multilateral. 
Los nuevos gobiernos de derechas y ultraderechas operaron desde posturas seguras del carácter “natural” de la injusticia social: tienen “derecho” a sus privilegios; si éstos se vuelven desorbitados, siguen siendo “naturales”, lleguen adonde lleguen. Esta postura conlleva posiciones racistas y clasistas, como extensión de sus “derechos”. Los gobiernos de derecha produjeron, desde luego, resultados sociales infames y contribuyeron a procrear, muy a su pesar, la segunda ola de gobiernos de izquierda, que inició en 2018 con el proyecto encabezado por AMLO. 
Llegaron al poder Alberto Fernández (¿izquierda?) en Argentina, Luis Arce (Bolivia), Pedro Castillo (Perú), Xiomara Castro (Honduras), Gabriel Boric (¿izquierda?), Gustavo Petro (Colombia), y el regreso de Lula. Fue una ola de gobiernos más heterogénea que la primera, en un contexto de ultraderechas feroces, más consolidadas, más activamente internacionalizadas, promoviendo a todas horas el lawfare, apoyadas con la fuerza imperialista, intervencionista, ahora de Donald Trump. De otra parte, los proyectos de la segunda ola padecieron un margen fiscal más restrictivo y perdieron pronto el consenso de los electores. Regresaron nuevamente los proyectos del privilegio para pocos. Subsisten el proyecto de Lula y el de la 4T. 
A sus 80 años, Lula quiere relegirse. Una dura empresa que muestra acaso la extrema dificultad para renovar una dirigencia efectiva del proyecto progresista. En Brasil, además, existe una enorme fuerza de derecha, de amplia base social pentecostal, apoyada por Estados Unidos. El futuro cercano no es promisorio. 
Subsiste en México el proyecto de la 4T con la presidenta Sheinbaum. Las derechas no tendrán nunca un proyecto nacional. Su proyecto es el pasado: el PAN anunció su propuesta de privatizar Dos Bocas, regresar a los privados la producción de energía eléctrica y el agua. Y paso libre a Estados Unidos y sus agencias, como lo practica el gobierno de Chihuahua. El proyecto de las derechas es el de los privilegios para la eternidad. En México, de otra parte, ha ocurrido una real revolución de las conciencias, sobre la base de la conciencia histórica de la Revolución Mexicana. Las campañas de los relatos infames y cínicos contra dirigentes de la 4T han mostrado hasta ahora su impotencia. Morena continúa como la fuerza predominante en el seno del Estado. 
Pero la 4T no tiene comprado su futuro ni el de los mexicanos. Menos aún con el sordo odio ensordecedor que las derechas gobernantes en Estados Unidos le dispensan. El futuro previsible exige tener centinelas permanentes velando armas. Las de la política, las de la justicia social en continuo avance, las de la organización de masas. 
Son años de estudio propio y de entendimiento minucioso de las olas progresistas que pasaron a la historia. En Morena y sus alianzas, las derechas internas deben ser vistas como un potencial caballo de Troya. Debe ser evitado un triunfo, alcanzado por el caballo, no mediante un discurso susceptible de ser abrazado por las mayorías, sino producto de un golpe interno que habría prosperado con el discurso de Morena. 
Los principales riesgos de la 4T no provienen del universo Prian (PRI + PAN + PAZ + Somos México). Provienen de Estados Unidos y de las derechas internas de la 4T. También, es de señalarse, de la paulatina merma de su margen fiscal. La prioridad de la 4T ha sido, correctamente, la necesidad básica de los pobres: su alimento, en primer lugar, una urgencia de hoy, día tras día; luego, su vestido, su educación y su casa. Es hora de ir pensando, sin prisa, pero sin pausa, en ajustes pertinentes.