viernes, 12 de junio de 2026

Reúne a 500 mil hinchas inicio del Mundial en el Azteca, el Fan Fest y fiestas futboleras.

Mundial 2026
Cifra del gobierno de la Ciudad de México
Desde las 5 de la madrugada empezó la pasión
Al Coloso de Santa Úrsula arribaron 80 mil
Mariachi y sones engalanaron la celebración
Incumple el STC con la apertura de la línea 2
La lluvia al final del encuentro no minó los ánimos
▲ El FIFA Fan Fest que se realiza en el Zócalo alcanzó su lleno total desde horas antes del comienzo del partido inaugural del Mundial entre México y Sudáfrica.Foto Cristina Rodríguez
Kevin Ruiz, Nayelli Ramírez Bautista y Elba Mónica Bravo
Periódico La Jornada   Viernes 12 de junio de 2026, p. 25
Poco más de 500 mil aficionados se sumaron a los festejos por el inicio del Mundial de Futbol tanto en el estadio Azteca como en el FIFA Fan Fest en el Zócalo y los festivales futboleros en las alcaldías, según datos del gobierno capitalino. Tan sólo al Coloso de Santa Úrsula arribaron 80 mil personas.
Ante las advertencias por manifestaciones, y para disfrutar el encuentro, los seguidores de la selección mexicana tuvieron que levantarse a las 5 de la madrugada, comer algo, llegar a tiempo y formarse para el ingreso al estadio.
Del centro de la ciudad, algunos hinchas sufrieron un poco, pues contra la promesa de las autoridades de abrir este jueves por completo todas las estaciones de la línea 2 del Metro, desde temprano al menos 10 fueron cerradas –entre ellas Universidad de la línea 3– con el argumento de las movilizaciones del llamado bloque negro y el plantón de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
El cierre de estaciones también tomó por sorpresa a usuarios que se dirigían a sus centros de trabajo, así como a quienes acudían al Fan Fest en el primer cuadro de la ciudad, por lo que algunos caminaron hasta tres kilómetros para llegar a sus destinos.
En Tasqueña, los aficionados debían mostrar su boleto para abordar el Tren Ligero, y quienes no lo tenían, pero trataban de llegar a sus destinos, tuvieron que caminar a la estación siguiente.
Otros tantos arribaron desde Canal de Miramontes para dirigirse por avenida Acoxpa a la zona de la Última milla –perímetro de seguridad de un kilómetro instalado alrededor del estadio–, y que empezaba a la altura de la plaza Paseos Acoxpa.
A los fanáticos los esperaron mariachis, chinas oaxaqueñas, sones jarochos, bailes tradicionales que se hicieron presentes en las inmediaciones del recinto deportivo, lo que engalanó el inicio de la justa deportiva.
Retiro sin contratiempos
Tras la celebración del partido, los aficionados salieron del estadio Azteca sin contratiempos, pese a las manifestaciones que se registraron afuera del recinto.
El Tren Ligero suspendió el servicio por casi cuatro horas debido a actos vandálicos cometidos por manifestantes, quienes causaron daños en estaciones y arrojaron objetos a las vías.
Como alternativa, proporcionó servicio con unidades de la Red de Transporte de Pasajeros y del Metrobús desde el estadio y el Cetram Huipulco.
Si bien la mayoría de las estaciones del Metro fueron abiertas, las estaciones Zócalo Tenochtitlan, Allende, Chabacano y Bellas Artes permanecen cerradas “hasta nuevo aviso”.
En pleno festejo, hubo una fuerte lluvia justo al término del partido inaugural, la cual no minó el ánimo de la gente. Muchos se dirigieron al Ángel de la Independencia para continuar el festejo mientras gritaban “¡México!, ¡México!” y hacían sonar trompetas y matracas; otros, cantaban Cielito lindo.
Conductores de vehículos particulares y camiones concesionados se unieron a la celebración futbolera haciendo sonar los cláxones. Afuera, vendedores ambulantes que por la mañana vendían camisetas de la selección mexicana en 300 pesos, a la salida ofrecían paraguas e impermeable en 100 pesos.

Ola verde se apodera de un Zócalo amurallado y hace vibrar al Fan Fest
Mundial 2026
El pueblo aficionado se encontró con el que protesta y exige // Acceso al sitio, entre empujones y arrimones
▲ Antes de las 11 horas, la multitud ya había abarrotado las calles del Centro Histórico pese al plantón magisterial.Foto Cristina Rodríguez
Hermann Bellinghausen
Periódico La Jornada   Viernes 12 de junio de 2026, p. a10
La gente. Todos somos la gente y tenemos el partido en la garganta. Fans de todas las edades y colores, tanto como madres buscadoras y sus familiares en la banqueta, haciendo ver tristes mantas y nostálgicos retratos, mientras otras ocuparon la escalinata del Ángel de la Independencia, justo atrás del espectáculo musical puesto por el gobierno para apapachar al México que quiere goles, mientras el México que quiere respuestas tiene que arreglárselas para hacerse ver y oír.
El público, numerosísimo, se adentró a un Zócalo inexpugnable, salvo por cuellititos de botella de ahí te encargo. La razón de la plaza amurallada a hierro y tira ocupa varias calles del Primer Cuadro con tiendas de campaña. Son los maestros inconformes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que no han terminado sus vencidas con el gobierno.
Llegó a todos la hora señalada. El pueblo hincha, muy numeroso y de camiseta verde, se encuentra con el pueblo que protesta y exige. Las columnas de maestros salieron temprano del Centro que ocupan y echaron a andar por el Eje Central rumbo a Tlalpan. Esperando el trolebús vi pasar una columna de cientos de maestros que atravesó con pericia el difícil crucero del Eje Central con Churubusco y División del Norte.
Las calles de acceso al Fan Fest del Zócalo estaban a reventar antes de las 11. Una ola humana que fue a chocar contra las murallas por todas partes. Si había turistas, apenas se notaban entre tanto capitalino en barra o familia de buen humor. Pronto aparecieron las estampitas sagradas: San Ochoa, San Messi, San Chino, San Ronaldo, San Piojo. “Llévese su santo por 20, tres por 50”. Quise comprar, pero el vendedor se venía persignando y no tuvo cambio.
La ola verde se indigna por el atorón: “¡culeros, déjenos pasar!”. Cuando alcanzamos el filtro final (puerta de un metro de ancho) ya llevábamos varias cuadras de empujones, apachurres y arrimones al rayo del sol. Una vez adentro, Coatlicue es enorme a la izquierda.
En la plancha, un Tláloc gigante da el gatazo. Enseguida una estorbosa escenografía de edificios de utilería despliega las firmas comerciales autorizadas por la FIFA. Usted las conoce. Las mismas que uniforman el gusto y el consumo contemporáneo.
En cuanto a clase sociales, poca novedad. O sea, domina el pueblo llano. Los bajados de Las Lomas, alterados por el gentío, algo asustados, son menos pero di que se atrevieron al arrimón de barrigas, espaldas, pechos y pechas, brazos, manos, traseros. Toda una cátedra de anatomía táctil. En tanto, el show del estadio en la pantalla mayor, frente a Catedral, confirma que los colores chillones de Cindy Lauper están de regreso. Para el Zócalo los bailables son mudos. Mejor. Sólo Shakira parece en su cancha, porque ya se la sabe. El Potrillo entona el himno, y con él la plaza entera.
Escurre el tiempo sudoroso. ¡Comienza el partido! Ruge la plancha al unísono y la selección se adentra en un cotejo favorable. La gente está contenta. Al anotar Quiñones la temperatura cambia, el suelo retiembla, la masa hierve. Eso fue gol y no cuentos. Tirazo. Tanto, que amerita un cantar masivo de Cielito lindo. No falta quien llore.
La cámara muestra la calva del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, un segundo y el abucheo conmueve las piñatas y figuras folclóricas que cuelgan sobre la masa en colores discutibles. El segundo tanto deja, tras el grito correspondiente, la serenidad de un hecho consumado. Con dos rivales expulsados y un cierto conformismo de la escuadra mexicana, termina intacto el 2-0.
La masa verde se dispersa en paz y satisfecha. Las madres y los maestros, como las rocas que las olas dejan cuando se retiran, aquí seguirán mañana.

México celebra ante Sudáfrica en el templo mundial del futbol
Mundial 2026
Consigue su primer triunfo en un juego inaugural
Quiñones y Jiménez dieron la histórica victoria 2-0 al Tricolor
▲ Quiñones (a la izquierda) abrió el camino para terminar con la desventura del Tricolor en los juegos de apertura del torneo y detonó la fiesta en el estadio Azteca, hoy nombrado Ciudad de México.Foto Víctor Camacho
Alberto Aceves
Periódico La Jornada   Viernes 12 de junio de 2026, p. 7
México derrotó 2-0 a Sudáfrica en la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Con la mística del estadio Azteca, el único recinto sobre la tierra que ha recibidos tres partidos de apertura en la historia del torneo, el representativo nacional quebró un maleficio casi centenario: desde Uruguay 1930, nunca había logrado una victoria en el comienzo del torneo. Los goles de Julián Quiñones (8) y Raúl Jiménez (67) cambiaron al fin la historia.
En el templo que coronó a Pelé (1970) y Diego Maradona (1986) se han labraron las mayores ges-tas del siglo XX, pero también victorias domésticas, imborrables, como la que gritaron ayer por las calles y el Ángel de la Independencia las casi 80 mil 900 personas que desafiaron la lógica de los precios dinámicos para adquirir una entrada.
Cuando el Cielito lindo empezaba a flotar en el aire, Quiñones abrió el marcador con un zurdazo. Habían pasado apenas ocho minutos. Fue el tercer gol más rápido en la historia mundialista para los mexicanos, una onda expansiva que sacudió el cemento de las tribunas recién remodeladas. En este Mundial compartido por tres países –Estados Unidos, Canadá y México, tan cerca en el mapa y tan lejos en casi todo lo demás– la mística de la casa del Tricolor tendrá fecha de caducidad: llegará sólo hasta los octavos de final. Y a ese milagro se aferra ahora la selección de Javier Aguirre.
Quiñones, nacido en Colombia, pero con la convicción de jugar por México, aprovechó una equivocada salida del contención Sphephelo Sithole –asfixiado por la marca del mediocampista de Cruz Azul Erik Lira– y metió un remate entre las piernas del arquero Ronwen Williams. En la memoria estadística, sólo Luis Flores en 1986 (a los tres minutos contra Paraguay) y Rafael Márquez en 2006 (a los seis, ante Argentina) se anticiparon al registro de su velocidad.
Aunque la mayoría de los partidos de esta edición, incluida la final, se mudarán a los complejos relucientes de Estados Unidos, México es un país que vive el futbol con un enamoramiento ciego. Sus mejores noches siempre ocurrieron aquí, cuando el calor de la casa empujó a sus jugadores al mítico quinto partido. Esta vez, sin embargo, la fiesta llegó precedida de preocupaciones. El proceso previo tuvo tres entrenadores (Diego Cocca y Jaime Lozano, antes que Aguirre), un equipo en vías de una renovación forza-da, además de la sombra de una FIFA acorralada por la crítica: entradas impagables, visados denegados y el ruido de fondo de la guerra en Medio Oriente.
La ceremonia inaugural mostró el reverso de la moneda con miles de personas desbordadas por la emoción, arrojando sombreros de cartón desde las gradas, ensayando la ola, el “olé, olé, olé” y entonando canciones a capela como si les fuera la vida en ello: “Aaaay, aaaay / aaay, aaay / canta y no llores”, coreó la multitud, alivia-da por la ventaja del 1-0 al me-nos durante el primer tiempo. Porque, después, el futbol se volvió lento, monótono, y la gran expectativa empezó a diluirse. Un tiro al poste de Quiñones y un centro de Álvaro Fidalgo, que Jiménez no alcanzó a puntear, mantuvieron el barco a flote hasta el minuto 60. Entonces, aparecieron los primeros silbidos, un murmullo constante que en el Azteca siempre precede al descontento.
La expulsión de Sithole –quien derribó a Brian Gutiérrez cuando se iba solo frente al arco– en lugar de aliviar el panorama, tensó los nervios del técnico nacional. El público empezó a cobrarle al equipo la falta de ambición, la parsimonia de unas piernas que ya no corrían con la furia del inicio. Cuando el templo latía cada vez más bajo, Jiménez se hizo cargo de la responsabilidad. Empecinado en romper su propio invierno de goles en Copas del Mundo, conectó de cabeza un centro de Alvarado para firmar el 2-0. Fue un estallido de alivio. Como si alguien, justo a tiempo, hubiera vuelto a encender la mecha dentro del gigante.
Lo que siguió después fue la de-satención pura, el rastro del cansancio físico y mental. El encuentro se desfiguró con dos tarjetas rojas, la del sudafricano Themba Zwane y la del sonorense César Montes, debido a diferentes acciones con fuerza desmedida. Sin embargo, el silbatazo final trajo el desahogo colectivo. Contra la política, el escepticismo, incluso frente a sus propios fantasmas, el viejo templo del futbol terminó por pactar una alianza justa.
“Escenario brutal”
“Es un escenario brutal, eso hace que las piernas tiemblen un poco y eso al jugar le hace pensar”, declaró Aguirre horas después sobre la dimensión del inmueble. “El estado emocional es muy fuerte. Creo que a algunos, no a todos, les pesó un poquito el escenario”.
La gente ovacionó la entrada de Gilberto Mora, quien, con 17 años y 240 días, se convirtió en el jugador más joven en participar en una Copa del Mundo. Ovacionó a Jiménez, aplaudió el regreso de Edson Álvarez y Luis Chávez a la actividad internacional y se entregó al ahora seis veces mundialista Guillermo Ochoa, cuya presencia entre los suplentes terminó con el misterio de la titularidad en la portería.
“¡Boicot al Mundial FIFA 2026!”, alentó una pancarta enorme, pintada a mano en el camino que llevaba al estadio, porque el futbol es una fiesta que no logra tapar ciertas grietas.
Por otra parte, un aficionado alemán sufrió un infarto al interior del estadio Ciudad de México, por lo que fue trasladado a un hospital para recibir atención médica.
La persona se desvaneció en uno de los accesos y fue reanimado por paramédicos. Autoridades capitalinas confirmaron que se encuentra estable recibiendo atención médica.