Cubadebate y Xinhua
Periódico La Jornada Lunes 1º de junio de 2026, p. 27
La Habana., Ex funcionarios de inteligencia estadunidenses agrupados en la organización Veterans Intelligence Professionals for Sanity –Veteranos Profesionales de Inteligencia por la Cordura (VIPS, por su siglas en inglés)– advirtieron al presidente Donald Trump que una eventual invasión a Cuba derivaría en una “guerra perdida” debido a la resistencia popular y a la ausencia de pruebas sobre presuntos vínculos de la isla con actividades terroristas.
Los expertos subrayaron que Washington subestima gravemente el orgullo nacional cubano y su cultura de respeto institucional.
Aseveraron que, incluso aquellos cubanos que desean cambios internos, se unirían detrás de su gobierno ante cualquier agresión externa, haciendo fracasar estrepitosamente cualquier intento de imponer un régimen desde el extranjero, informó Cubadebate.
Rechazaron categóricamente las justificaciones utilizadas para la escalada de tensiones. Según los veteranos, no existe evidencia desde 1992 de que Cuba apoye a organizaciones terroristas ni de que Rusia o China operen bases de espionaje contra Estados Unidos en la isla, al calificar estas acusaciones de deshonestas y carentes de fundamento real.
La organización concluyó que la coerción ha fracasado durante más de seis décadas y que las negociaciones bajo amenaza de fuerza no son auténticas e instaron a la administración Trump a abandonar la lógica del bloqueo y las acusaciones políticas y a abrir paso a un diálogo genuino que evite el colapso migratorio y humanitario que una intervención provocaría.
Ejercicios militares en la isla
Así las cosas, Cuba realizó este fin de semana ejercicios de preparación combativa y maniobras territoriales en varias provincias con motivo del Día Nacional de la Defensa, en un contexto marcado por amenazas del gobierno de Estados Unidos de una posible agresión militar contra la isla.
Las maniobras tuvieron lugar en las provincias de Camagüey, Villa Clara, Holguín, Cienfuegos, Matanzas y Las Tunas.
En nombre de los profesionales de la salud, el médico Roberto Alejandro Carrazana Carballo denunció el impacto que el bloqueo estadunidense tiene sobre los servicios asistenciales y reafirmó el compromiso ético de los trabajadores sanitarios para buscar alternativas frente a las carencias diarias.
En ese contexto, mientras la crisis energética persiste en la isla, las donaciones chinas de paneles solares han permitido mantener servicios esenciales en hospitales, reportó el canal CGTN America (China Global Television Network en inglés) en sus redes sociales.
Los médicos cubanos afirman que las salas de urgencias, las unidades de cuidados intensivos y los almacenes de vacunas han vuelto a funcionar con normalidad gracias a esta tecnología de energía sustentable donada por Pekín.
El centro
David Penchyna Grub
El centro político está muerto. Quienes insisten en buscar el “centro político” como un espacio de conciliación y pragmatismo técnico están persiguiendo un fantasma. El centro no sólo se ha desdibujado; ha dejado de existir porque el sistema de incentivos actual castiga la moderación. Hoy, la política no busca persuadir, sino movilizar a través de la fractura.
Este fenómeno no es casual, sino estructural. Existe una simetría perversa entre la economía de la atención que rige a las redes sociales y la dinámica electoral. Así como el algoritmo maximiza el engagement mediante la indignación y el conflicto, el escenario democrático premia lo que polariza.
Los actores políticos ya no pretenden demostrar que tienen la razón mediante el contraste de datos o proyectos de nación; su objetivo es despojar al rival de toda legitimidad. No se debate el argumento, se destruye al argumentador.
La descalificación adhominem ha pasado de ser una falacia retórica a convertirse en la piedra angular de la comunicación pública, transformando la deliberación en un tribunal de linchamiento moral.
En este ecosistema binario, el ciudadano común se encuentra en un estado de orfandad política, forzado a elegir entre absolutos que no lo representan. La realidad se ha reducido a un juego de suma cero: blanco o negro, patriotas o traidores, oráculos del pueblo o conservadores.
Esta polarización impone costos de lealtad asfixiantes. El votante afín al oficialismo: Si un ciudadano es afín al gobierno, pero experimenta el colapso de los servicios públicos o la inseguridad en su entorno, se enfrenta a un dilema identitario. En el dogma actual, el matiz se penaliza como disidencia y la crítica constructiva se etiqueta como traición.
El ciudadano opositor: Quien rechaza el proyecto gobernante se encuentra en el peor de los mundos. Habiendo perdido el centro político –donde las ideas tenían un valor de cambio–, ha sido orillado a una amalgama ideológica reactiva, una suerte de “derecha” defensiva que carece de viabilidad electoral debido al descrédito absoluto del sistema de partidos tradicionales.
La consecuencia directa es la parálisis: una masa crítica de la población atrapada en una polarización artificial, obligada a convalidar agendas extremas para no quedar en la intemperie política.
Afrontar la realidad del México actual exige reconocer una verdad aritmética: no hay oposición.
Las estructuras partidistas tradicionales operan hoy como cascarones vacíos, incapaces de articular una narrativa de futuro. Lo que durante años llamamos el “equilibrio de poderes” se ha disuelto.
Hoy en día, los verdaderos contrapesos no provienen de un sistema de partidos vigoroso, sino de dos fuentes externas al debate democrático tradicional: las propias tensiones y fracturas internas dentro del régimen gobernante, y la presión económica y geopolítica ejercida por los Estados Unidos.
Al observar la historia reciente con rigor analítico, el periodo de alternancia democrática que abarcó de 1997 a 2018 –justo 21 años– empieza a perfilarse no como el inicio de una era de consolidación institucional, sino como un paréntesis histórico, para bien y para mal.
Resulta desconcertante que en un país de casi 140 millones de personas, con una complejidad económica, cultural y regional tan vasta, el crisol de la política se haya reducido a una simpleza tan burda.
Asistimos a un espectáculo paradójico: un partido gobernante que, teniéndolo prácticamente todo en términos de poder territorial e institucional, prefiere jugar a la defensiva; y frente a una oposición que, no teniendo nada, insiste en hacer la misma política de hace 20 años, haciendo política para y desde una red social, Twitter.
México no puede estar condenado a este nivel de pobreza discursiva. El verdadero desarrollo económico y la estabilidad social no se construyen desde la trinchera del odio mutuo.
Al país le urge recuperar la capacidad de construir causas comunes y objetivos de largo plazo –en educación, salud, seguridad y competitividad global– sin que proponer una idea signifique cruzar una línea roja imaginaria que convierta al interlocutor en un enemigo de la patria.
El reto no es revivir el viejo centro político, sino construir un nuevo espacio público donde los argumentos vuelvan a importar.
IA, partes en conflicto
Las empresas tecnológicas que impulsan los modelos de inteligencia artificial conforman de modo natural y predominante el espacio de los integrados. Foto Europa Press Foto autor
León Bendesky
01 de junio de 2026 00:10
En un antiguo texto, publicado en 1965, Umberto Eco caracterizaba la discusión en torno a la llamada “cultura de masas” a partir de un par de posturas contrapuestas: apocalípticos e integrados.
Con tal noción, considerada por Eco como genérica, ambigua y, aún, impropia, sustentó el desarrollo de dos actitudes entre las cuales y de manera polémica se establecía un debate.
Admitía Eco que era injusto encasillar las actitudes humanas –tan variadas y con tantos matices– en esos dos conceptos. Dicho aquí de modo puntual, los apocalípticos consideran que la cultura es exclusiva y la cultura de masas significa una caída sin remedio.
Los integrados celebran que se amplíe la disponibilidad y el acceso al conocimiento y el entretenimiento que lleva a la generalización del entorno cultural. El argumento ha resistido bien el paso del tiempo, hay una edición reciente de 2023.
Sirva esta sucinta referencia como pivote para plantear ciertos aspectos de la polémica abierta por el desarrollo rápido, extenso y controvertido de la industria de la inteligencia artificial y entre aquellos que pueden verse de alguna forma como apocalípticos o integrados. Las empresas tecnológicas que impulsan los modelos de inteligencia artificial conforman de modo natural y predominante el espacio de los integrados. Hay mucho de por medio, en especial poder y dinero.
Una breve muestra indica el entusiasmo reinante en ese entorno. Musk (SpaceX) predice que la IA superará la inteligencia humana y creará una era de gran abundancia, donde el trabajo será opcional, aunque advierte que puede significar una amenaza existencial para la humanidad. Zuckerberg (Meta) destaca los modelos abiertos de la IA; los sistemas que estarán disponibles bajo licencia para los usuarios que podrán modificarlos y compartirlos para cualquier propósito. Bezos (Proyecto Prometeo) ve la IA como la serie de canales que impulsará la industria del futuro. Demerita la preocupación sobre el desplazamiento laboral, siendo lo primordial una masiva ganancia de productividad.
Jensen Huang (Nvidia) dice que la IA no deberá remplazar el pensamiento sino expandirlo, aprendiendo más rápido, resolviendo problemas más difíciles y explorando ideas. Sam Altman (Open AI) considera la IA como la herramienta más transformadora y que eventualmente creará una prosperidad inimaginable. De modo tangencial niega en algunas ocasiones los riesgos de una disrupción económica o un mal uso social y en otras los admite. No es especialmente congruente. Sundar Pichai (Google) considera la IA como la más profunda tecnología que desarrollará la humanidad y promueve los llamados “Sistemas de IA agéntica”. Dario Amodei, de Antrhopic, ha sido particularmente expresivo en cuanto a las virtudes y los riesgos de la IA, en esencia propone evitar la fatalidad en cuanto a la tecnología; reconocer los elementos de incertidumbre que existen; activar la intervención precisa en los sistemas.
Ha sido muy visible el caso de la emergencia suscitada en torno al modelo Claude Mythos, que tiene una notable capacidad de autonomía en cuanto a la ciberseguridad. Esto le permite aprovechar vulnerabilidades de distintos sistemas a una gran velocidad. Tal capacidad provocó una alarma global, cuando en abril, la empresa avisó que el sistema era tan potente que debía restringir el acceso extendido para su uso.
Altman y Amodei aparecen como los más explícitos tecnoempresarios en cuanto al uso de la IA, las posturas críticas que suelen expresar tienden, como no podía ser de otra manera, a un punto delimitado por las exorbitantes cifras de dinero involucradas.
Open AI está valuada en alrededor de 860 mil millones de dólares y Anthropic se aproxima a un billón de dólares (un trillón según se mide en Estados unidos). Es apreciable la tensión que se impone en el conjunto de la industria. La postura apocalíptica, en un sentido como el apuntado por Eco, aparece en la confrontación entre los tecnooptimistas y los fatalistas. Los primeros prevén el surgimiento de la superinteligencia artificial, que propiciará una era que denominan de modo general como la postescasez.
Los fatalistas, en el otro extremo, llegan a sostener que hay entre 10 y 20 por ciento de posibilidad de que este proceso lleve a la extinción de la humanidad (esto se conoce como la singularidad tecnológica, un escenario teórico en el que el proceso se vuelve incontrolable e irreversible, tendiendo a un cambio civilizatorio).
En el ambiente en torno a las posturas a las que nos hemos aproximado aquí con las nociones de “apocalípticos e integrados”, aparece la noción de un “apocalipsis jovial”, que afirma que las civilizaciones progresan porque sobreviven a un cataclismo.
En este campo, evidentemente controvertido, el remplazo de los humanos no se aprecia como catástrofe. Una conciencia basada en el silicón será un buen sucesor.
Larry Page (Google) afirma que la vida digital es el siguiente paso natural y deseable de la “evolución cósmica”, que restringir las mentes digitales es erróneo y que hay que dejar que las mejores mentes triunfen.
Está del lado de quienes piensan que no existe la superioridad moral de nuestra especie.
Caballo de Troya europeo
Es necesario insistir en que el Acuerdo Global entre México y la Unión Europea contiene elementos peligrosos para la soberanía jurídica del Estado mexicano. Foto SRE Foto autor
Manuel Pérez Rocha L.*
01 de junio de 2026 00:04
Es necesario insistir en que el Acuerdo Global entre México y la Unión Europea contiene elementos peligrosos para la soberanía jurídica del Estado mexicano. Los impactos sociales y económicos de las empresas europeas en México han sido bien documentados, pero tomados poco en cuenta en las negociaciones del acuerdo. La mayoría de las comunidades afectadas por proyectos europeos no han sido consultadas ni han tenido voz en las negociaciones.
Más de 70 organizaciones sociales y civiles (OSC) mexicanas y europeas se pronunciaron ante la reciente firma de los acuerdos con la Unión Europea; aseveraron que hay experiencias negativas de empresas europeas que han relocalizado su producción a México. Citan a Electrolux en Ciudad Juárez, por su represión a trabajadores que quieren formar un sindicato. Recientemente, “Volkswagen anunció el traslado de más partes de su producción de automóviles a México, donde trabajadores ganan considerablemente menos (que en Alemania) y las leyes ambientales se implementan menos. Al mismo tiempo, la corporación anunció que eliminaría 30 mil puestos de trabajo en sus plantas en Alemania hasta 2030” (ver declaración: https://tinyurl. com/4k6zauus).
Para atraer más inversión extranjera directa (IED) se sigue aprovechando la mano de obra barata y la represión laboral, a la cual muchos sindicatos se enfrentan, como la Liga Sindical Obrera de México, que también lucha por mejores condiciones de trabajo ante empresas europeas como Pirelli, Thyssenkrupp y BMW. La Liga recibirá del Institute for Policy Studies el premio internacional Letelier-Moffitt en octubre próximo (https://tinyurl.com/hr57jbz5).
Mientras tanto, se ha aceptado incorporar el Sistema de Cortes Internacionales (ICS, por sus siglas en inglés), en el Acuerdo Global Modernizado (AGM) entre México y la Unión Europea, que es un mecanismo creado por esta última como “alternativa” al CIADI del Banco Mundial, para resolver disputas de inversionistas con estados (ISDS).
La Secretaría de Economía afirma en su “nota aclaratoria” a comentarios míos recientemente publicados en la revista Proceso (https://tinyurl.com/2pbx9yn6), que en temas de inversiones “México mantiene plenamente su derecho soberano para crear, modificar y aplicar leyes y políticas públicas en temas de interés nacional” (ver https://www.gob.mx/se/prensa/tarjetainformativa-426720).
Así es; sin embargo, también se otorgan derechos a empresas a impugnar esas acciones del gobierno si consideran que han sido tratadas injusta o discriminatoriamente por el gobierno, y si sus ganancias esperadas han sido mermadas. Y, por lo tanto, el llamado “congelamiento regulatorio” seguirá siendo una realidad.
Es en este sentido que ICS de la Unión Europea dista mucho de ser fundamentalmente diferente al CIADI del Banco Mundial y al sistema de solución de controversias inversionista-Estado (ISDS), según un estudio muy detallado de varias organizaciones europeas como Corporate Europe Observatory y el Transnational Institute; demuestran cómo casos de demandas gigantescas que ya han sido interpuestas ante el CIADI, hubieran podido ser bien interpuestas en el ICS europeo. Por ejemplo, Philip Morris vs Uruguay, TransCanada vs EU, Lone Pine (fracking) vs Canadá, Vatenfall vs Alemania, y Bilcon vs Canada. “El nuevo enfoque no contiene ningún elemento que impida a las empresas impugnar las decisiones que adopten los gobiernos para proteger la salud y el ambiente. Y nada que impida a los árbitros resolver los casos a favor de las empresas, ordenando a los estados que paguen miles de millones de dinero de los contribuyentes en concepto de indemnización por medidas públicas legítimas” (ver informe completo https:// tinyurl.com/29vf7yzc).
Las OSC europeas dicen que “la solución de controversias entre inversionistas y estados –se llame como se llame– es un mecanismo no democrático, peligroso, injusto y unilateral”. Y exigen a la Comisión Europea poner fin a sus “ejercicios de maquillaje y relaciones públicas, y trazar un camino hacia la justicia comercial deshaciéndose del arbitraje privado de una vez por todas… en todos los acuerdos comerciales de la Unión Europea”.
Es esencial hacer saber que entre la Unión Europea y otros socios comerciales ya no hay ISDS ni ICS. Ni con Australia ni con Nueva Zelanda ni con el Mercosur. ¿Por qué es necesario con México? ¿Acaso el sistema jurídico mexicano es deficiente para garantizar un trato justo y equitativo a empresas trasnacionales? Despachos de abogados como Kluger plantean que ante la “oposición de países en desarrollo a la Corte de Arbitraje se podría plantear el arreglo de disputas de inversiones de Estado a Estado”, para lo cual hay precedentes como el TLC entre Estados Unidos y Australia, los firmados por Brasil (incluido con México) y el modelo de tratados de inversiones de la Comunidad de Desarrollo de África Austral” (https://tinyurl.com/542d83ht).
Coincido con el reciente editorial de este diario, “México-UE: desafíos comunes”, en el que se cita a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien dijo que los acuerdos con la Unión Europea “representan más que instrumentos comerciales; la posibilidad de consolidar una relación estratégica basada en el respeto mutuo, la igualdad entre naciones y la confianza en un futuro común”; y el “que la muy derechista Von der Leyen haya suscrito la expresión de apoyo a Cuba es, sin duda, un triunfo de la diplomacia mexicana, pero también una muestra de pragmatismo de la alemana ante el hecho de que nadie se encuentra a salvo de la arbitrariedad de Washington en tiempos de Trump” (La Jornada, editorial, 24/5/26).
El fortalecimiento de las relaciones políticas y de cooperación con la Unión Europea y todos los países europeos es necesario. Sin embargo, los intereses corporativos europeos se introducen como un caballo de Troya, pues al haber logrado trato nacional en el capítulo de inversiones, así como en el de compras públicas, los afectados serán los pequeños productores y miles de pequeñas empresas que deberán competir de igual a igual con poderosas corporaciones europeas.
(Continuará…)
Institute for Policy Studies (www.ips-dc.org)