martes, 9 de junio de 2026

'El mundial del negocio'.

Ilustración elaborada por Germán Montalvo 'La Jornada'
Foto autor
Ángel Cappa
09 de junio de 2026 16:00
El capitalismo tiene la mala costumbre de apoderarse de nuestros bienes comunes y convertirlos en un negocio. También, de nuestros sentimientos. El futbol, que es un sentimiento, nos lo robaron hace tiempo y le transfirieron sus valores empresariales. Privatizaron los clubes que ya no son de los socios y los hinchas, sino de empresarios, ajenos generalmente al significado de este juego.
El objetivo de los clubes-empresas es el mismo que el de todas las empresas: ganar dinero y en este caso aprovechar la clientela más numerosa y fiel que se pueda encontrar en el mercado.
Cuando los clubes eran propiedad de los socios e hinchas, el futbol era una fiesta que los pueblos se daban a sí mismos. O, como decía Galeano, “una fiesta de los ojos”. Ahora, y siguiendo con el gran escritor uruguayo cuya aspiración era ser futbolista, “es un cochino negocio”.
En esos tiempos no tan remotos, los jugadores jugaban. Algunas veces muy bien y otras no tanto, pero salían a jugar. Ahora salen a trabajar. Antes era un placer poder jugar, con las tensiones del caso, por supuesto, pero ahora se trata de cumplir un deber.
Hablo en términos generales. Siempre nos quedan aquellos jugadores y aquellos equipos que rompen con las normas establecidas y regresan al primer amor: la pelota, tan despreciada habitualmente.
Los de adentro son de palo
Es conocida la anécdota, pero viene al caso recordarla. Antes de comenzar el partido final del campeonato mundial de 1950 entre Uruguay y Brasil, en el Maracaná, un dirigente uruguayo fue al vestuario de su selección para hablar con los jugadores. Les dijo que ya habían cumplido y que procuraran que no les hicieran muchos goles. “Con que no nos goleen estaría muy bien”, les dijo.
Cuando se fue, Obdulio Varela, que era el capitán del equipo, habló también con sus compañeros. Contrariado por la falta de confianza y de respeto del dirigente, les dijo: “Nosotros vinimos a ganar el campeonato. No le den bola a ese dirigente. Los de afuera son de palo”.
Con el paso del tiempo esa afirmación de Obdulio Varela fue perdiendo realidad y en la actualidad los que parecen ser de palo son los de adentro.
Los futbolistas profesionales de alto nivel no deciden casi nada, o nada directamente. Les planifican los horarios, las comidas, la cantidad de partidos, los escenarios, la forma de jugar, el rol que deben cumplir en cada partido y hasta hubo algún entrenador que les ordenaba el modo de gritar los goles para que no gastaran energía.
Pasaron a ser más importantes los dirigentes, los entrenadores, los sponsors y todo el aparato mediático que los rodea.
Vivimos en la sociedad de la apariencia. Parecer es tan importante, o quizá más, que ser. Por eso, al menos en el futbol europeo, los entrenadores se pasan los partidos gritando y haciéndoles señas con los brazos y las manos a sus dirigidos. Quieren aparentar que son ellos los que mandan, los impor tantes, los que deciden. Los jugadores serían simples piezas de un ajedrez en movimiento que ellos manipulan a su antojo.
No es verdad. Todos sabemos que es imposible jugar y mirar al entrenador al mismo tiempo. Y que sus gritos, en los grandes escenarios, no pueden ser escuchados por los jugadores. Es decir, sus señas aparatosas y sus gritos no tienen destinatarios. No sirven para nada. Sólo para que el público y los periodistas crean que son entrenadores activos e influyentes. Un show muy pertinente para seguir con las apariencias
Los Mundiales: de la fiesta al negocio
Desde 1930 y cada cuatro años, el mundo futbolístico reúne a los mejores jugadores de los países más fuertes deportivamente, para que compitan y determinen al campeón, el trofeo más importante y representativo.
El primero se jugó en Uruguay y lo disputaron 13 selecciones previamente invitadas. Lo ganaron los uruguayos, que luego de ir perdiendo 2 a 1 en el primer tiempo, vencieron a los argentinos 4 a 2.
Uruguay era una potencia futbolística por aquel entonces; ya había ganado los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928.
Las guerras, que crean los intereses económicos y pagan los más débiles, interrumpieron la fiesta en 1942 y 1946. En el 50 volvió a ganar Uruguay, esta vez a Brasil, que era local, en una final que pasó a la historia como el Mara canazo, porque nadie esperaba la derrota brasileña, que con un empate le bastaba e iba ganando 1 a 0.
Por esos años, digamos hasta los 60 por poner una fecha, los de afuera, como dijo Obdulio Varela, eran verda deramente de palo. Los protagonistas eran los jugadores, y aunque existían las tácticas y las planificaciones, nunca eran más importantes que el talento y la creatividad de los futbolistas.
Los dirigentes organizaban y acompañaban, prepa raban la gran fiesta mundial. Siempre hubo, para no faltar a la verdad, intereses, dirigentes aprovechados y cuestio nes no muy claras, pero todavía había límites y valores a respetar.
El negocio abrió los ojos y la FIFA, las puertas
Cuando las grandes empresas y las multinacionales de ropa deportiva advirtieron el enorme negocio que tenían delante de sus narices, se frotaron las manos, se pusieron la servilleta en el cuello, y con un cuchillo y un tenedor en cada mano, abordaron al futbol como una fuente inagotable de dinero.
La FIFA, organización que nuclea y gobierna el futbol en todo el mundo, abrió las puertas al negocio no tanto como un acto de generosidad, sino más bien de complici dad. Y también se dispuso a recibir parte del botín. La mejor parte, para ser sincero.
Y como el dinero, sobre todo si circula en grandes cantidades, lleva consigo la corrupción, no es difícil deducir por qué Galeano calificó de cochino al negocio del futbol.
Los Mundiales, el más cochino de los negocios
Comencemos por reconocer que la FIFA tiene comportamientos muy parecidos a una organización mafiosa. No sólo tiene el monopolio en el manejo del futbol internacional, sino también interviene en la legislación de los estados, más directamente en los campeonatos mundiales.
No en vano, Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, inventó un premio de la paz para agasajar nada menos que a Donald Trump, que no para de generar guerras y amenazar al mundo entero con una hecatombe de consecuencias imprevisibles.
Infantino llegó a la FIFA con la intención de adecentar la organización que se movía en una sistemática estructura de sobornos, que habían armado sus anteriores presidentes: Havelange y Blatter. Su gestión, sin embargo, empeoró, y mucho, esa situación.
Vale aclarar, como dice David Larkin, abogado espe cializado en industria deportiva y anticorrupción, que “la FIFA no tiene que dar explicaciones a nadie y, por lo tanto, no tiene que asumir ninguna consecuencia haga lo que haga”.
El Mundial que viene
Según un informe del Bank of America, el próximo campeonato del mundo hará circular 41 mil millones de dólares. La FIFA se quedará con una mordida de 11 mil millones, el doble de lo que se embolsó en el torneo anterior.
Es que en este Mundial participarán 48 selecciones, 16 más que en los torneos anteriores desde 1998. Y se jugará en tres países: Estados Unidos (no es casualidad el agasajo de Infantino a Trump), Canadá y México, y en 11 ciudades distintas.
El dinero que recaudará la FIFA provendrá de los derechos de transmisión, los acuerdos de patrocinio y la venta de entradas y hostelería.
En total se jugarán 104 partidos. No hay ni habrá respeto alguno para los jugadores, ya sobrecargados de partidos, que tendrán que soportar una mayor cantidad de encuentros que en mundiales anteriores.
Tampoco, por supuesto, para el público que asistirá a los estadios y los millones que lo seguirán por los medios en todo el planeta, que son considerados solamente como clientes.
De paso, se juega al futbol
Como todo está montado para beneficio y complacencia del negocio a gran escala, en realidad los partidos son un medio, una excusa para acumular grandiosas ganancias.
Pero ya que estamos, hablemos de futbol. De todas las selecciones que intervendrán hay una minoría que aspira al título, las más fuertes, las de casi de siempre: Francia, Es paña, Argentina, Alemania y Portugal. Siempre, no obstante, se cuela alguna que no estaba en los pronósticos.
Después están las que participan con la intención de llegar lo más lejos posible, y por último las que, sólo con estar en la competencia más importante del mundo, están más que conformes.
¿Qué pasará con Irán?
El país agredido militarmente por el gobierno estadunidense, que incluso asesinó a su primer mandatario y su familia y a varios gobernantes más, está clasificado y además le tocaría jugar en principio en Estados Unidos.
La delegación iraní no había recibido, todavía, los visados para entrar al país, al escribir este artículo. Ellos quieren participar, pero exigen garantías de seguridad ante la situación bélica que viven. Infantino asegura que Irán intervendrá en el Mundial. Sus dos primeros partidos, el 15 y 21 de junio, jugarían en Los Ángeles, frente a Nueva Zelanda y Bélgica, y el 26 ante Egipto en Seattle, pero decidió establecer su base de operaciones en Tijuana, México. Jugar el Mundial para Irán significa defender su identidad y su derecho de decidir su destino.
La indiferencia gana por goleada
Lo cierto es que nadie o casi nadie de los jugadores, entrenadores y menos alguno de los gobiernos de los países participantes han objetado que se juegue en territorio estadunidense, en un país que viola todos los derechos y las leyes internacionales, que bombardea otros países, secuestra y mata mandatarios extranjeros y pone en vilo al mundo entero con su prepotencia militar.
Decía Discépolo en un tango muy conocido que “el mundo fue y será una porquería”.
Sin embargo, sí que hay manifestaciones populares en casi todo el mundo, de repudio a la guerra y sobre todo a las amenazas constantes del gobierno que preside Donald Trump.
Entonces, el mundo ya no nos parece tanto que sea una porquería. “Todavía cantamos, todavía peleamos”, dice una canción de Víctor Heredia que cantaba Mercedes Sosa. Y, en eso, reside la esperanza.

Mundial: 38% de consumidores digitales prevé realizar compras, estima la AMVO
La AMVO agregó que la temporada mundialista destaca como catalizadora del comercio interactivo ya que siete de cada 10 interesados en hacer adquisiciones desean recibir ofertas en tiempo real durante los partidos. Cuartoscuro   Foto autor
Julio Gutiérrez
09 de junio de 2026 13:18
Ropa y accesorios, alimentos y bebidas, y servicios de video son los principales productos que planean comprar casi cuatro de cada 10 consumidores digitales mexicanos a quienes la Copa Mundial de la FIFA 2026 les despierta interés, anticipó este martes la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO).
El informe Pulso del consumidor abril-junio 2026 divulgado por la AMVO reveló que entre el 11 de junio y el 19 de abril, fechas en que se jugará el Mundial, al menos 38 por ciento de los compradores digitales tiene interés en realizar una adquisición.
El torneo, apuntó, representa una ventana de consumo relevante para el ecosistema digital, aunque su público de nicho: el consumidor es mayoritariamente masculino y pertenece a la generación Z (personas de entre 18 y 28 años).
“Las categorías que despiertan mayor interés para estas fechas son moda y accesorios; alimentos y bebidas; servicios de streaming; electrónica y tecnología, y artículos para reuniones en casa (utensilios, parrillas, mesas, decoración temática)”, precisó.
Y todo parece indicar que se trata de un comprador que planea: la mayoría anticipó sus adquisiciones entre una y tres semanas previo al arranque del Mundial, incluso, varios aprovecharon el Hot Sale para tomar promociones.
La frecuencia de compra que se prevé para la temporada también revela cómo la compra digital pasa de ser ocasional para volverse cotidiana: cuatro de cada 10 piensan realizar compras online mínimo una vez a la semana durante los próximos 3 meses.
“Esta alta familiaridad y confianza base con el canal digital facilitará que los aficionados interactúen de forma natural con las marcas a lo largo de la jornada mundialista”, consideró la AMVO.
Respecto a los métodos de pago, los potenciales consumidores aseguran que planean usar principalmente tarjeta de débito, tarjeta de crédito y pago en efectivo en cadenas comerciales, abundó.
La AMVO agregó que la temporada mundialista destaca como catalizadora del comercio interactivo ya que siete de cada 10 interesados en hacer adquisiciones desean recibir ofertas en tiempo real durante los partidos.
Al mismo tiempo, precisó, casi el 90 por ciento “muestra una apertura total a las transmisiones en vivo para comprar, por lo que el concepto de compras en vivo podría posicionarse como una estrategia efectiva” para las marcas que se patrocinen durante la justa deportiva.