Van casi mil fallecidos; desaparecidos, más de 50 mil
Reportan 300 réplicas del doble terremoto // Agradece Delcy Rodríguez “abrazo solidario para nuestro pueblo”
▲ A dos días del terremoto en Venezuela, continúan los esfuerzos por hallar a las víctimas. Arriba, rescatistas trasladan a Daniel Cordero, tras sacarlo de los escombros. En los otras imágenes, aspectos de la devastación y el salvamento en La Guaira y en Caracas.Foto Ap y Afp
Ángel González Especial para La Jornada
Periódico La Jornada Sábado 27 de junio de 2026, p. 2
Caracas. La cifra de muertos tras los sismos del pasado miércoles llegó a casi mil, hasta el cierre de la presente edición, mientras los heridos son 3 mil 360 y los desaparecidos superan los 50 mil. En tanto, ayer comenzó a llegar a territorio venezolano la ayuda internacional.
Contingentes de especialistas en rescate arribaron desde México, El Salvador, República Dominicana, Alemania, Estados Unidos, Suiza, Chile, España, Ecuador y Colombia. El principal aeropuerto del país, el Simón Bolívar, ubicado en La Guaira, la ciudad más afectada por los dos sismos, está inhabilitado por daños estructurales, lo que obliga a que las delegaciones internacionalistas deban aterrizar en un aeródromo ubicado en el estado Aragua, a una hora de la capital.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, agradeció la solidaridad mostrada por todos estos países: “Su llegada, acompañada de insumos y personal especializado de rescate, representa un abrazo solidario para nuestro pueblo y fortalece las labores de búsqueda y atención en las zonas más afectadas por los sismos. En este momento tan duro para nuestra nación, agradecemos a todos los gobiernos y pueblos del mundo que han extendido su mano a Venezuela”.
Reconocimiento especial a México
Rodríguez tuvo una referencia especial para México, al informar que conversó por teléfono con la presidenta Claudia Sheinbaum. “He conversado con la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien expresé mi agradecimiento por el envío inmediato de equipos mexicanos de rescate y apoyo humanitario, que ya se encuentran desplegados, principalmente en el estado La Guaira, contribuyendo a las labores de búsqueda y salvamento de vidas”, relató.
Agregó que Sheinbaum transmitió, en nombre del pueblo y del gobierno de México, su solidaridad y condolencias a los venezolanos y ratificó la disposición de seguir apoyando estos esfuerzos con más rescatistas y asistencia.
El primer contingente de ayuda enviado por México comprende 250 militares, cinco binomios caninos, cuatro aeronaves, un dron, herramientas de búsqueda y rescate, así como equipo e insumos médicos.
Llamada de Trump
Delcy Rodríguez informó que recibió una llamada telefónica del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto al secretario de Estado, Marco Rubio. Señaló que ambos ratificaron el respaldo del gobierno estadunidense en este momento difícil para Venezuela.
“Reafirmaron su compromiso de apoyar los esfuerzos de respuesta mediante el envío de rescatistas, equipos especializados, apoyo a los refugios temporales y asistencia humanitaria para las familias afectadas; agradecemos profundamente este gesto de amistad y cooperación”, escribió en redes sociales.
Más tarde, Rodríguez recibió en Miraflores al general Kevin Joseph Jarrard, del cuerpo de Marines, experto en atención y coordinación de desastres naturales, quien arribó a Caracas para liderar el despliegue estadunidense en el terreno. También estuvieron presentes John M. Barrett, encargado de negocios de la embajada estadunidense en Venezuela, y el coronel Ian Murray, agregado de Defensa de dicha delegación diplomática.
Balance de víctimas
El presidente de la Asamblea Nacional actualizó luego del mediodía las cifras de víctimas y afectaciones producidas por el terremoto. Hasta el momento se contaban 920 fallecidos, tres mil 360 heridos y más de 4 mil familias damnificadas. Agregó que hay mil 423 edificaciones afectadas, de las cuales 383 están totalmente destruidas.
Rodríguez también dijo que se habían registrado 300 réplicas a lo largo de las tres grandes fallas geológicas del país.
En Ginebra, el jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, dijo que más de 50 mil personas están desaparecidas, reportó Afp.
Para optimizar las labores de rescate y garantizar el orden interno, el gobierno decidió total control militar del estado La Guaira. El jueves se reportaron saqueos a negocios y viviendas en la entidad en medio de la emergencia y el caos generado por la tragedia.
Ayer y antier también se presentó una situación particular en la autopista Caracas-La Guaira. Caravanas de vehículos, motos y camiones privados colapsaron la vía al disponerse todos a llevar insumos como comida, ropa, colchones, material de aseo personal, entre otras cosas, para ayudar a las víctimas. El gobierno hizo un llamado a “no bajar a La Guaira” para no obstaculizar la gestión de la emergencia y mantener las vías despejadas.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, llamó a concentrar los insumos en los centros de acopio dispuestos en la capital e informó que desde ayer a las siete de la noche se dispondría de un campamento en el Poliedro de Caracas (un recinto de gran magnitud diseñado para albergar eventos y espectáculos) a fin de registrar a los voluntarios y asignarles tareas de acuerdo con sus habilidades y conocimientos.
Venezuela: sanciones homicidas
El pasado miércoles 24 de junio, dos sismos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, fracturaron el centro-norte de Venezuela, dejando a su paso edificios colapsados en La Guaira, una destrucción material incuantificable en Caracas, más de mil personas fallecidas, miles de heridos y 50 mil desaparecidos reportados hasta el cierre de esta edición. De inmediato, se hizo evidente que el Estado venezolano está rebasado por la catástrofe: los hospitales carecen de la capacidad para atender a los damnificados y los equipos de rescate no pueden entrar plenamente en acción porque las excavadoras y otros vehículos se encuentran fuera de servicio.
Como buitres, políticos de derecha y medios de comunicación de todo el continente se abalanzaron sobre la tragedia para convertirla en carroña política, acusando a las administraciones chavistas del deterioro institucional que ha impedido una respuesta adecuada ante los terremotos. Sin embargo, cualquier mirada honesta a la situación deja claro que los principales responsables de convertir la catástrofe natural en una crisis social y humanitaria se encuentran en Washington y, en menor medida, en Bruselas.
Desde que la administración de Barack Obama emitió la Orden Ejecutiva 13692 en 2015, declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria”, el país ha sido sometido a un asedio económico que viola la Carta de Naciones Unidas, al ser aplicado fuera del marco del Consejo de Seguridad. La radicalización del acoso en los dos mandatos de Donald Trump (y en el de Joe Biden) aniquiló de manera deliberada la economía venezolana con embargos petroleros y bloqueos financieros frente a los cuales ningún Estado puede salir indemne, y mucho menos uno que por medio siglo ha dependido de las exportaciones petroleras para sufragar la práctica totalidad de sus gastos.
Bajo las sanciones ilegales de Estados Unidos, el sector salud no puede adquirir equipos médicos de alta tecnología, repuestos para generadores eléctricos de emergencia ni medicinas traumatológicas vitales en catástrofes. El sistema eléctrico venezolano se encuentra en ruinas porque las empresas internacionales tienen prohibido proveer mantenimiento, turbinas o repuestos. El embargo a la petrolera estatal PDVSA y la prohibición de importar diluyentes y repuestos para refinerías limitaron la capacidad de movilización de maquinaria pesada. Hoy, el traslado de retroexcavadoras, grúas y ambulancias se ve directamente entorpecido por una escasez estructural de combustible refinado y repuestos automotrices, producto directo de las sanciones. Los edificios mismos se encontraban debilitados por la falta de mantenimiento o el carácter subóptimo de los materiales de construcción debidos a los obstáculos para fabricar o importar lo más elemental.
Para asignar responsabilidades no es necesario especular, pues las cifras hablan por sí mismas. Hasta diciembre del año pasado, el consenso mediático y académico aseguraba que la caída en la producción y exportación de hidrocarburos se debía de manera exclusiva a la ineptitud y la corrupción de los gobiernos de Nicolás Maduro y su antecesor Hugo Chávez. Pero, después de que el primero fue secuestrado por las fuerzas armadas estadunidenses, las exportaciones de crudo crecieron 144 por ciento, al pasar de 0.62 en enero a 1.5 millones de barriles a mediados de junio. Lo que cambió en esos seis meses no fue la estructura del gobierno venezolano, sino el levantamiento de una parte de las sanciones mediante “licencias de exportación”. El imperialismo descarnado que pone en práctica el trumpismo no se limita a la afrenta de que un país nominalmente soberano necesite licencias de otro para vender sus propios recursos, sino que además todo el dinero proveniente del crudo venezolano es administrado por el Departamento del Tesoro. Es decir, Caracas no puede destinar sus ingresos a atender las necesidades de la población, sino únicamente a lo que la Casa Blanca disponga.
Las sanciones estadunidenses y europeas ya estaban asesinando a inocentes en todo el planeta mucho antes de los sismos de esta semana. De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica The Lancet, entre 1970 y 2021 las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han causado aproximadamente 38 millones de muertes; de las cuales 800 mil ocurrieron tan sólo en el último año de la investigación. Está claro, entonces, que la mejor ayuda que las potencias occidentales pueden prestar a Venezuela y a todos los países en desarrollo es abstenerse de interferir en sus asuntos internos y de usar la economía como arma.
Venezuela se mueve
Una bandera venezolana se ve pintada en un muro dañado entre los escombros de un edificio derrumbado tras los terremotos en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 26 de junio de 2026. Foto Afp Foto autor
Fernando Buen Abad Domínguez
27 de junio de 2026 00:01
Toda catástrofe natural actúa como un revelador histórico. Bajo el estremecimiento de la corteza terrestre afloran también las estructuras profundas de la sociedad. Aparecen las fortalezas acumuladas durante décadas de organización popular, las capacidades institucionales construidas colectivamente, las debilidades heredadas por procesos de dependencia económica y las virtudes sedimentadas por largos ciclos de conciencia comunitaria.
Allí donde un terremoto derrumba edificios, también pone a prueba la arquitectura moral de una nación. La pregunta decisiva deja de ser exclusivamente cuántos grados alcanzó el movimiento telúrico y pasa a ser cómo responde una comunidad organizada frente al sufrimiento de sus integrantes.
La solidaridad es un derecho humano, no una dádiva. La solidaridad pertenece al patrimonio ético de la humanidad. Y los dos sismos de Venezuela (24 de junio de 2026). Primer sismo: magnitud 7.2, y el segundo sismo: 7.5, con diferencia temporal de 39 segundos. El evento principal ocurrió a una distancia aproximada de Caracas de 160 kilómetros al oeste. Y las razones vienen del contacto entre la placa tectónica del Caribe y la placa sudamericana.
Ambas se desplazan lateralmente una respecto de la otra, acumulando tensiones durante décadas o siglos hasta liberarlas súbitamente mediante terremotos. Los informes preliminares sitúan el fenómeno en el sistema de fallas activo del norte venezolano, particularmente asociado al corredor tectónico que atraviesa Carabobo y la costa central.
La ruptura produjo un fenómeno poco frecuente denominado “doblete sísmico”: dos terremotos mayores de magnitud superior a 7 ocurridos prácticamente en la misma zona y separados por menos de un minuto. Hasta ahora, 920 fallecidos confirmados y más de 3 mil heridos. Miles de personas siguen buscándose tras un colapso de edificios residenciales y comerciales. Y mucho más. Es el evento sísmico más destructivo registrado en Venezuela en más de un siglo.
Supera claramente al terremoto de Caracas de 1967 (236 muertos y unos 2 mil heridos). Constituye uno de los pocos dobletes sísmicos mayores registrados en América Latina durante el siglo XXI. El terremoto de 7.5 liberó cerca de tres veces más energía que el de 7.2. Por eso el segundo evento fue el verdadero terremoto principal y concentró la mayor parte de la destrucción observada.
Desde una perspectiva científica, el doble sismo constituye una combinación excepcionalmente peligrosa: una gran ruptura inicial debilitó estructuras, seguida apenas 39 segundos después por un terremoto aún más poderoso que terminó de provocar colapsos generalizados. Esa secuencia explica buena parte de la devastación observada en Caracas, La Guaira, Carabobo y el litoral central.
Venezuela se mueve. Se mueve la sociedad en su capacidad incesante para producir vida bajo condiciones adversas; se mueve la historia en medio de tensiones económicas, disputas geopolíticas y luchas sociales de larga duración; se mueve también la propia tierra, recordando con brutal contundencia que la naturaleza forma parte inseparable de la existencia humana y que ninguna construcción política puede abstraerse de las fuerzas materiales que modelan la realidad.
Los recientes terremotos que sacudieron territorio venezolano, con magnitudes excepcionales y consecuencias dolorosas para miles de familias, constituyen un faro que ilumina múltiples dimensiones de la experiencia histórica contemporánea. No se trata únicamente de un fenómeno geológico. Se trata de una prueba social, ética y civilizatoria.
Por ello, comprender el episodio sísmico actual exige observar simultáneamente las placas tectónicas y las estructuras sociales. Exige estudiar tanto la dinámica sísmica del Caribe como las condiciones materiales y políticas en que millones de personas desarrollan su existencia cotidiana. Exige reconocer que la producción social de la seguridad constituye una tarea colectiva tan importante como la investigación científica sobre las fallas geológicas.
En este contexto, la solidaridad internacional emerge como una necesidad objetiva y no como gesto ornamental. Ningún pueblo debería enfrentar en soledad una emergencia de semejante magnitud. La cooperación entre naciones responde a un principio elemental de humanidad fundada en la interdependencia real de los pueblos.
Cada brigada de rescate, cada envío de medicamentos, cada aporte tecnológico y cada recurso destinado a la reconstrucción representan expresiones concretas de una responsabilidad compartida. Constituye un derecho porque deriva de la condición social de nuestra existencia y porque ninguna frontera puede justificar la indiferencia frente al dolor humano.
Las ofertas internacionales de apoyo que comenzaron a manifestarse tras los terremotos revelan precisamente esa dimensión universal de la cooperación entre pueblos. Sin trampas. Al mismo tiempo, resulta indispensable mantener vigilancia crítica frente a los monopolios mediáticos del morbo que suelen convertir las tragedias en mercancías informativas y políticas. En numerosas ocasiones, las catástrofes se utilizan para imponer interpretaciones simplificadoras que reducen procesos históricos complejos a relatos emocionales de consumo rápido.
La espectacularización del sufrimiento opera como una forma de extracción simbólica. Mientras las comunidades buscan sobrevivientes entre los escombros, ciertos centros de producción informativa construyen narrativas funcionales a intereses económicos o geopolíticos ajenos a las necesidades reales de la población afectada. El dolor colectivo se transforma entonces en materia prima para operaciones ideológicas que oscurecen las causas estructurales y desplazan la atención lejos de las tareas urgentes de rescate, asistencia y reconstrucción.
Venezuela se mueve. Se mueve porque vive. Se mueve porque produce, resiste, aprende y transforma. Se mueve en la solidaridad espontánea de quienes remueven escombros para salvar desconocidos. Se mueve en los hospitales que enfrentan jornadas extraordinarias.
Se mueve en las comunidades que organizan refugios, alimentos y cuidados. Se mueve en la ciencia que estudia las fallas geológicas y en la conciencia social que comprende las fallas de un orden internacional incapaz de garantizar condiciones universales de dignidad.
No para contemplar la tragedia desde la distancia, tampoco para alimentar espectáculos mediáticos de ocasión. Debe servir para recordar que la humanidad comparte un destino común y que la medida auténtica de cualquier civilización se encuentra en su capacidad para transformar la solidaridad en acción concreta frente al sufrimiento de los pueblos. Este estremecimiento de la tierra debe convertirse en un faro moral para el mundo.
*Doctor en filosofía
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ El director de la DEA, Terry Cole, asegura que tiene la mira puesta en los cárteles mexicanos en su guerra contra el ingreso ilegal de fentanilo.Foto Afp
Incapaz de solucionar el grave problema social y de salud pública que desde hace décadas vive su país, Donald Trump se limita a encender su ventilador político, repartir boñiga por doquier y responsabilizar a terceras naciones del cáncer de las drogas que carcome a la sociedad estadunidense (pero que genera ganancias por cientos de miles de millones de dólares), territorio en el que la autoridad gubernamental dice no tener cárteles, narcotraficantes ni establecimientos financieros que lavan cantidades industriales de dinero sucio del crimen organizado, mismos que una vez “higienizados” inyectan a la economía que se presume como la número uno del planeta.
En lo interno, el delirante inquilino de la Casa Blanca no ve bandas criminales ni las toneladas de droga que ingresan por su fronteras, y se distribuye y comercializa por doquier, y menos registra y atiende al creciente número de adictos que inundan las calles de las principales ciudades estadunidenses. Eso sí, cómo chinga a la de hora de repartir culpas y acusar a “terceros” (especialmente cuando se acercan los tiempos electorales).
Con todo, Trump siempre marca una notoria distinción de lo que él llama “los países amigos” en Latinoamérica, porque en sus recurrentes ataques no los toca, no obstante ser productores y exportadores de estupefacientes, “gobernados” por sus marionetas (otras “perritas”, como Daniel Novoa y su narcoplatanera, en Ecuador; Rodrigo Paz, en Bolivia; Perú, donde el caos político produce “presidentes” al vapor –ocho en la última década, y va por el noveno–, sin olvidar el golpe contra Pedro Castillo; Chile, con el neonazi José Antonio Kast, y Colombia (cuando el presidente Petro concluya su mandato dejará de culparla, pues el magnate naranja ya impuso a otro de sus títeres fascistas: Abelardo de la Espriella). En cambio, permanentemente agrede a los que están fuera de esta lista privilegiada.
Entre lo más reciente, que no lo último, hay que sumar lo siguiente: “la embajada de Estados Unidos en México difundió un video y un mensaje del director de la DEA, Terry Cole, en el que asegura que “los cárteles mexicanos son la prioridad número uno de esa agencia en su estrategia contra el tráfico de fentanilo. El fentanilo es una amenaza como nunca habíamos visto, y los cárteles de Sinaloa y Jalisco
Nueva Generación ocupan el primer lugar en la lista de objetivos. Ha destruido familias, devastado comunidades y puesto a prueba (que han reprobado) a las fuerzas del orden en todos los niveles” ( La Jornada, Arturo Sánchez Jiménez), dijo el funcionario, sin mencionar, desde luego, que en no pocas ocasiones algunos de sus “muchachos” están involucrados hasta el cuello –como los de la CIA– en los enjuagues que dicen “combatir”.
“Raro” que Cole no hizo referencia alguna al marcado descenso en el número de muertes de estadunidenses por sobredosis de fentanilo entre enero de 2022 y el mismo mes de 2026 (resultado del combate frontal a los cárteles de la drogas, las incautaciones y la destrucción de narcolaboratorios que lleva a cabo el gobierno de la 4T), el cual se redujo de 110 mil a 68 mil, respectivamente, es decir, una baja cercana a 40 por ciento (Centro Nacional de Estadísticas de Salud del propio gobierno de Estados Unidos).
De eso, nada, pero sí la constante amenaza de meter sus manos en territorio mexicano. A la par, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, declaró alegremente que los cárteles de la droga “controlan la frontera norte de México”, por lo que “es necesario tener barreras físicas en la zona”. Entonces, ayer la presidenta Sheinbaum subrayó que la seguridad en la frontera México-Estados Unidos y la reducción del tráfico de fentanilo son resultado del trabajo coordinado entre ambas naciones, por lo que exigió que México no sea utilizado como tema de la campaña electoral estadunidense. De hecho, el propio Trump ha reconocido que “la frontera con México es la más segura” y que la entrada de fentanilo a su nación se ha reducido en cerca de 66 por ciento “y el mes reciente a casi 74 por ciento” (mayo), desmintiendo así al par de energúmenos promocionados por la embajada gringa.
Subrayó la mandataria: “hay muchos temas en Estados Unidos importantes de atender como para usar a México como parte de la campaña electoral de noviembre; nosotros siempre vamos a defender nuestro trabajo”. Pero el de enfrente no mueve un dedo; sólo reparte culpas.
Las rebanadas del pastel
Con los terribles sucesos en Venezuela, de inmediato llega el triste recuerdo de la tragedia mexicana de 1985 y 2017. Abrazo solidario y todo el apoyo a la nación sudamericana.
Twitter: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com

