martes, 26 de mayo de 2026

Chocan policías y manifestantes en Bolivia.

▲ Por cuarta semana consecutiva hubo protestas en La Paz para exigir la renuncia del presidente centroderechista, con el bloqueo de carreteras estratégicas y multitudinarias marchas.
Foto Xinhua
Afp
Periódico La Jornada   Martes 26 de mayo de 2026, p. 23
La Paz., Una multitudinaria marcha en la capital de Bolivia terminó ayer en choques con la policía, horas después de que el presidente Rodrigo Paz anunció que bajará a la mitad su salario, en un intento por calmar las protestas que entraron en su cuarta semana.
El mandatario centroderechista, que asumió el poder hace seis meses, enfrenta una ola de manifestaciones que exigen su renuncia ante la crisis económica que sufre el país andino, la mayor en las pasadas cuatro décadas.
Los manifestantes rechazan la política económica liberal de Paz, le exigen aumentos salariales y lo culpan de la distribución de gasolina de mala calidad que dañó miles de vehículos.
“Estamos enojados porque nos ha mentido el presidente”, aseguró Félix Mamani, minero de 47 años quien asegura que su sector apoyó con sus votos a Paz.
La jornada de protestas arrancó con una marcha de mineros, campesinos, choferes, obreros de fábrica y otros trabajadores que bajaron a La Paz, sede del gobierno, desde la ciudad de El Alto, a 4 mil 150 metros de altitud.
“¡El pueblo está emputado!”, gritaron algunos manifestantes.
Tras llegar al centro de La Paz, grupos de huelguistas intentaron ingresar a la plaza de armas, donde Paz tiene sus oficinas y cuyas vías de acceso están cercadas por cientos de policías antimotines que los repelieron con gases lacrimógenos.
Los manifestantes los enfrentaron con piedras, palos, petardos y cilindros recortados de dinamita, por lo que una decena fueron detenidos, constataron periodistas de Afp
Ambulantes ofrecían cubrebocas y vinagre para amainar los efectos del gas lacrimógeno. Por la tarde, la ciudad retornó a la calma, pero no se ve una salida pronta a la crisis.
En un discurso que pronunció en la sureña ciudad de Sucre, el presidente anunció que reducirá a la mitad su sueldo y el de sus ministros.
La medida es casi simbólica. El ingreso mensual del jefe de Estado es de unos 24 mil bolivianos (3 mil 448 dólares) y su reducción no figura entre las principales demandas de los manifestantes.
Paz llamó de nuevo al diálogo a las organizaciones que lideran las protestas, pero descartó conversar con manifestantes radicales que usen la violencia.
El gobierno ha denunciado que estas movilizaciones buscan “alterar el orden democrático”. Estados Unidos y otros países de América Latina le han expresado su apoyo.
Paz y sus ministros acusan al ex presidente Evo Morales (2006-2019), prófugo por un caso de presunta trata de una menor, de estar detrás de las protestas. El líder cocalero instó al gobierno anteayer a que llame a nuevas elecciones en 90 días.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, recibió una llamada de Paz, quien le expresó preocupación por la situación que vive Bolivia, con desabastecimiento en algunas regiones por las protestas.
“A petición del presidente Rodrigo Paz, el presidente Lula determinó el envío de ayuda humanitaria a Bolivia”, informó el gobierno brasileño en un comunicado, sin precisar qué tipo o de qué cantidad de ayuda se trata.

Segunda gran marcha en Colombia
El viernes 22 de mayo ocurrió el cierre de campaña de Iván Cepeda y de Aída Quilcué a una semana de las elecciones presidenciales en Colombia. Foto @aida_quilcue   Foto autor
Estefanía Ciro*
26 de mayo de 2026 00:04
“En primera vuelta señores” arengó el cantante de 1280 Almas en la tarima, de frente de la estatua de Simón Bolívar y de espaldas al edificio de la conservadora y descolorida alcaldía de Bogotá, y en medio de la pétrea Catedral Primada de Colombia, al lado del congreso iluminado con la bandera de Colombia y el desconfiado edificio de las cortes. Antes de iniciar la canción, él nos vio y dijo: “estamos todas las almas juntas, alegría señores, alegría eterna”. Y eso es lo que se sintió en el centro de la capital de Colombia, vociferando entre todos “sentir que aún seguimos fuertes”. 
El viernes 22 de mayo ocurrió el cierre de campaña de Iván Cepeda y de Aída Quilcué a una semana de las elecciones presidenciales en Colombia en el “corazón de nuestra vida política y social” como Iván Cepeda describió a la plaza de Bolívar en su discurso de cierre de campaña para ganar la Segunda Gran Marcha –lo que sería nuestra 2T–. La plaza nos recibió a las 5 de la tarde con la pregunta ritual que siempre se hace al poner el pie en ella “¿se irá a llenar?”. Y sí, se rebosó. 
En tarima proclamaron los representantes de Bogotá y los senadores, y con unas voces de mujeres que ahora son parte del debate público nacional: ¡Al fascismo y aquellos que posan de neonazis en Bogotá les decimos No pasarán! y por una “Bogotá que necesita volver a ser humana”. Esto en medio de una capital uraña, que no está empapelada en sus ventanas y que está asumiendo estas elecciones con discreción inusitada. 
Un representante vehementemente nombró los logros y luchas del gobierno: el salario mínimo vital, el aumento del 23 por ciento del salario, la defensa de la educación pública, la reforma y la jurisdicción agrarias, y cerró con un: ¡Que viva el pueblo de Bogotá! 
Después llegó a la tarima la necesaria incorrección política musical de las letras de Adriana Lizcano y Edson Velandia, abriendo el repertorio con La antropología recordándole a Bogotá que no debe vivir a espaldas al país y solo fiel a los cerros y burlándose de “por qué será que los ricos quieren todo regalado”. La nostalgia se derramó cuando le cantaron a Colombia: “yo te quiero como tú me quieres, yo te añoro libre en la montaña, porque mi vida sin ti no me vale nada, porque yo te canto a ti hoy y siempre” y que desde hace cuatro años a Colombia “es bonito verte florecida”. La plaza clamó resistencia recibiendo la fuerza del poeta Ahmad Mohsen “¿Qué hacer si la noche traga nuestras manos en sus tinieblas?”, y se gritó por Palestina libre, y por Cuba, Venezuela, Haití, Ecuador, Argentina, Bolivia libres y soberanas. No podía faltar la canción de esta campaña: “Y si tengo que elegir para que suceda, tengo que encontrar que rime y que se pueda. Y pa’ que rime mela, la rimo en la primela”. 
Aída Quilcué, candidata a la vicepresidencia, llegó tras el canto en vivo de la guardia indígena que le dio la bienvenida con los bastones arriba y con la introducción de un consejero mayor del CRIC. 
Aída demostró, con la soltura de su experiencia, fortaleza y lucidez, poder hablar del pasado, del presente y del futuro de Colombia, comprometiéndose en que “será incansable en tender puentes para que la paz se construya desde el territorio” y envió un mensaje a la opositora candidata uribista tras sus señalamientos recientes: “yo no soy despojadora de tierras ni he excluido al pueblo. Y que no soy de esa clase que ha dejado en este país en la miseria, en la exclusión, en el olvido y el odio estructural… Vamos a seguir caminando y este proceso político no tiene retroceso… acá hay un pueblo que ha ganado conciencia”. 
Y subió a la tarima Iván. En la plaza la gente cantaba, lloraba, celebraba, brindaba y arengaba, con la mayor intensidad respondiendo con “Iván, amigo, el pueblo está contigo”, “Con Cepeda, en primera”, “Se vive, se siente, Cepeda presidente”, mientras él empezaba su intervención que, aunque leída, no perdía un mínimo de naturalidad, con una voz desde la entraña que la gente escuchó disciplinadamente y a la que reaccionó frase por frase, sin estridencias superficiales ni atisbos de desafines. La plaza respondía “¡en primera!” y tras los ataques de Álvaro Uribe Vélez, Iván Cepeda respondió: “Uribe nos mostró su verdadero rostro... el uribismo es fascista... Ni centro ni democrático, Uribe es fascista”. No volveremos, agregó, a una Colombia donde el desprecio y la humillación era la práctica cotidiana: “el pueblo detenta el poder necesario para hacerlo respetar en las calles y en la movilización pacífica; ni la pobreza ni la desigualdad ni la discriminación son el destino fatal de nuestro pueblo… La verdad se mantendrá viva, porque ningún poder es eterno pero la dignidad de los pueblos no se puede borrar de la historia ni de las paredes con pintura blanca”. 
Acabó su discurso con un llamado urgente a la autocrítica en la izquierda para abocarnos en lo que se debe transformar y qué cambios profundizar; hizo una advertencia frente al error de dejar de caminar junto al pueblo, y se comprometió a atender las causas de la desigualdad y la pobreza. 
'Terminó con la apremiante tarea de “practicar la sabia frase: por el bien de todos, primeros los pobres”. Por el bien de América Latina, primero los pobres, ese guiño poderoso entre México y Colombia. 
*Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana A la Orilla del Río. Su último libro es Levantados de la selva

Guerra cognitiva contra Cuba, también
Contra Cuba opera una de las ofensivas más prolongadas, sofisticadas y sistemáticas de la agresión ideológica. No se trata sólo de campañas propagandísticas orientadas a desacreditar un proceso político específico. Foto Xinhua / archivo   Foto autor
Fernando Buen Abad Domínguez*
26 de mayo de 2026 00:01
Contra Cuba opera una de las ofensivas más prolongadas, sofisticadas y sistemáticas de la agresión ideológica. No se trata sólo de campañas propagandísticas orientadas a desacreditar un proceso político específico. Opera un dispositivo complejo de colonización perceptiva, disciplinamiento emocional, administración semántica y captura simbólica dirigido contra la capacidad de un pueblo para narrarse a sí mismo desde coordenadas soberanas. Esta guerra se sostiene con dinero de industriales especialistas en producción de subjetividad, redes financieras, plataformas tecnológicas, laboratorios académicos, industrias culturales, agencias de inteligencia, conglomerados mediáticos y formas mercantiles del sentido. 
Desde el triunfo revolucionario, la hostilidad contra Cuba se organizó bajo una doble estrategia simultánea. Por un lado, el asedio material mediante bloqueo económico, sabotajes, terrorismo, aislamiento financiero y agresiones diplomáticas. Por otro, la instauración de una ofensiva semiótica destinada a erosionar la legitimidad del proyecto revolucionario dentro y fuera de la isla. La coerción económica necesita fabricar una interpretación moral que invisibilice sus causas y transfiera la responsabilidad del sufrimiento hacia las propias víctimas. El bloqueo fabrica su relato. La escasez inducida necesita una pedagogía de culpabilización. La asfixia financiera demanda un aparato de producción emocional capaz de convertir al agresor en supuesto defensor de libertades abstractas. Guerra cognitiva como forma superior de intervención imperial. 
No es propaganda convencional. No apunta exclusivamente al contenido de las ideas. Penetra hábitos afectivos, automatismos culturales, estructuras del deseo y formas de reconocimiento social. Su objetivo estratégico consiste en impedir la consolidación de una conciencia histórica autónoma capaz de identificar las contradicciones estructurales del capitalismo dependiente y del imperialismo. El problema central nunca residió únicamente en las reformas económicas o en la nacionalización de recursos estratégicos. El verdadero peligro es la dimensión pedagógica del ejemplo cubano. 
La Revolución misma en manos de los pueblos organizados. Por eso la agresión mediática organiza sistemas de radiodifusión clandestina, financiamiento de publicaciones hostiles, operaciones psicológicas, fabricación de rumores y campañas internacionales orientadas a representar a Cuba como anomalía histórica. La construcción del enemigo debía producirse mediante reiteración emocional, saturación informativa y simplificación binaria. La complejidad concreta de la experiencia cubana debía desaparecer bajo etiquetas homogéneas. La palabra “dictadura” funcionó como condensador ideológico destinado a cancelar cualquier análisis estructural del conflicto. Y su aparato mediático burgués y trasnacional desempeña un papel decisivo en esta agresión. 
Sus corporaciones monopólicas en comunicación producen por décadas una narrativa homogénea basada en la repetición de tópicos estandarizados. La isla aparece frecuentemente representada como espacio congelado en el tiempo, prisión geográfica, territorio de ruinas o escenario exótico de carencias permanentes. La estetización de la precariedad cumple aquí una función política precisa. La pobreza derivada del bloqueo se transforma en espectáculo cultural despolitizado. El sufrimiento concreto de la población se convierte en mercancía visual consumible por audiencias globales. La violencia estructural desaparece detrás de imágenes románticas o miserabilistas cuidadosamente administradas. Esta canallada se intensificó con la expansión de plataformas digitales y redes sociales. La guerra cognitiva contemporánea ya no depende en exclusiva de “grandes medios” centralizados. 
Funciona mediante ecosistemas algorítmicos capaces de distorsionar emociones, polarizar percepciones y acelerar la circulación de contenidos ridículos. La economía digital del escándalo favorece mensajes inmediatos, reacciones impulsivas y narrativas fragmentarias. En ese entorno, la complejidad histórica queda desplazada por consignas virales. Cuba se transforma en objeto privilegiado de campañas coordinadas donde bots, influencers financiados, operadores políticos y plataformas trasnacionales convergen en la producción de tendencias artificiales. No pocos sectores intelectuales reproducen estas matrices coloniales. Bajo discursos aparentemente progresistas, muchas veces se repite el vocabulario de los centros imperiales. 
Conceptos deshistorizados de democracia, libertad o derechos humanos se utilizan selectivamente para condenar experiencias antimperialistas mientras se silencian violencias estructurales producidas por el capitalismo dependiente. Olvidan, omiten o esconden el bloqueo. Tal asimetría revela hasta qué punto la hegemonía burguesa opera sobre las formas mismas del pensamiento crítico. La colonización cultural alcanza incluso a quienes creen combatirla. Las conquistas sociales obtenidas en salud, educación, ciencia y solidaridad internacionalista son sistemáticamente minimizadas o desconectadas de sus condiciones históricas concretas. 
La participación cubana en luchas anticoloniales africanas, el envío masivo de médicos a regiones empobrecidas y la construcción de sistemas públicos universales raramente reciben la centralidad mediática otorgada a cualquier conflicto interno de la isla. La selección informativa raras veces resulta inocente. Tal disputa por el sentido se libra hoy en condiciones tecnológicas inéditas. Sus plataformas digitales trasnacionales poseen una capacidad sin precedente para modular visibilidad, jerarquizar contenidos y administrar flujos afectivos colectivos. Los algoritmos no son entidades metafísicas autónomas. 
Expresan prioridades económicas, ideológicas y geopolíticas determinadas. Cuando las plataformas privilegian contenidos polarizantes o sensacionalistas, contribuyen objetivamente a destruir condiciones mínimas para el análisis histórico riguroso. Todo esto contra Cuba revela finalmente una verdad más amplia sobre el capitalismo: La producción industrial de miedo, desinformación y fragmentación subjetiva se transforma en requisito estructural de gobernabilidad. 
Frente a este escenario, la construcción de conciencia histórica crítica constituye una necesidad civilizatoria. Defender la capacidad de los pueblos para interpretar autónomamente su experiencia histórica representa hoy una tarea inseparable de la lucha por la emancipación social. Cuba ocupa un lugar central en esta confrontación porque simboliza la persistencia inquebrantable de una voluntad soberana frente al capitalismo y sus sistemas de agresión multidimensional y macabros prolongados hasta la ignominia. 
*Doctor en filosofía

OMS: epidemia de ébola es grave en extremo; países que colindan con Congo están en riesgo alto
Uganda confirma siete casos en trabajadores sanitarios // Médicos denuncian ataques armados y desconfianza
Afp, The Independent, Europa Press y Ap
Periódico La Jornada   Martes 26 de mayo de 2026, p. 20
Ginebra. El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó ayer a la epidemia de ébola en República Democrática del Congo (RDC) como “extremadamente grave y difícil”, que hasta el lunes sumaba 221 muertes sospechosas y 930 casos probables del virus, según el ministerio de Comunicación congoleño.
“Los países limítrofes con RDC están en riesgo especialmente alto y deberían actuar de inmediato”, advirtió el director de la OMS, quien reconoció que “por el momento la epidemia avanza más rápido que nosotros”.
Al tiempo, Uganda confirmó siete casos de ébola relacionados con el brote de RDC, dos de ellos trabajadores sanitarios en un hospital privado de Kampala, informó el ministerio de Salud ugandés.
Mientras tanto, médicos y brigadistas denunciaron que además del riesgo de contagio de ébola se enfrentan a ataques armados y a la desconfianza social en zonas afectadas de RDC, donde pacientes incluso huyeron de hospitales, ya que no aceptan la gravedad del contagio y eso hace que continúe el brote.
El periodo de incubación del ébola oscila entre dos y 21 días, según la OMS. Los síntomas iniciales son fiebre, cansancio, malestar general, dolores musculares y dolor de cabeza y de garganta.
Hallan hantavirus en otro pasajero del Hondius
Por su parte, España confirmó un nuevo caso positivo a la variante de los Andes de hantavirus entre los pasajeros del crucero Hondius que fueron repatriados desde el 10 de abril y que permanecían en cuarentena preventiva en Madrid, reportó el ministerio de Sanidad español.
Autoridades sanitarias indicaron que el paciente se mantiene asintomático y fue trasladado “a la unidad de aislamiento de alto nivel” del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid.