Afp y Sputnik
28 de mayo de 2026 12:14
Pekín. El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, elogió la resistencia de Cuba a las presiones estadunidenses durante una reunión con su homólogo Bruno Rodríguez Parrilla en Nueva York, informaron sus oficinas este jueves.
"El pueblo cubano, al unirse y defender con determinación sus derechos, mostró una firme voluntad de resistir el bloqueo y la injerencia externos, ganándose el respeto de la comunidad internacional", afirmó Wang,
El jefe de la diplomacia china subrayó que Pekín "seguirá defendiendo la justicia en relación con Cuba, apoyando la causa legítima del pueblo cubano y contribuyendo al desarrollo de la economía y el bienestar del país"
Cuba, bajo el bloqueo estadunidense desde 1962, ha enfrentado en los últimos meses una presión adicional por parte del gobierno de Donald Trump. Washington impone desde enero un bloqueo petrolero total y el mandatario republicano firmó el 1 de mayo un decreto que endurece las sanciones contra la isla caribeña, que, según él, representa "una amenaza extraordinaria" para la seguridad de Estados Unidos.
Ofensiva general
Pedro Miguel
29 de mayo de 2026 00:02
El trumpismo llegó tarde a su ofensiva general contra México. Es cierto que en semanas recientes muchas cosas se han articulado: la propaganda difamatoria según la cual nuestro país estaría en poder del narcotráfico, enarbolada por las máximas voces del régimen de Washington y por medios desinformativos que desmienten su independencia al volverse cajas de resonancia de filtraciones gubernamentales; las bravuconadas militaristas de Hegseth, ese secretario de “Guerra” que, según su jefe, ama su materia de trabajo, pero que ha mostrado en el Golfo Pérsico la más monumental torpeza estratégica imaginable; las imputaciones del Departamento de Justicia, usadas como instrumentos de golpeteo político y de injerencia descarada; las presiones arancelarias, resucitadas como mecanismo inhibidor de la autodeterminación mexicana en materia de comercio y cooperación internacional; la infiltración –a cargo de la embajada de Estados Unidos– de espías y desestabilizadores en instancias de poder controladas por la oposición, y la salida del clóset de esa misma oposición, política y mediática, como una fuerza al servicio de intereses extranjeros.
Todo ello, acompañado de una feroz embestida ideológica que va desde la resurrección de la consigna del Destino Manifiesto hasta la reivindicación de Hernán Cortés como supuesto fundador de México. Mientras tanto, continúan los diálogos en materia de seguridad y comienzan las negociaciones de renovación del Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá, procesos marcados por el estilo característico del trumpismo: simular buenas maneras en el tablero mientras bajo la mesa propina patadas a su oponente.
A mayor abundamiento, la Casa Blanca avanza en la instrumentalización de esa cosa llamada “Escudo de las Américas”, una supuesta alianza militar entre algunos países que, con la excepción de Chile y del propio Estados Unidos, carecen de capacidades bélicas significativas más allá de sus fronteras y de otros que ni siquiera poseen fuerzas armadas, como Costa Rica, Panamá y Trinidad y Tobago. Es impresionante que mientras Trump se empeña en debilitar a la OTAN, da vida a coaliciones militares que no existen fuera de su socio principal y que no tienen ninguna utilidad real para combatir la supuesta amenaza del “narcoterrorismo”; en realidad, el juguete trumpiano es un instrumento de presión y provocación contra naciones latinoamericanas que no pertenecen a él: México, Colombia y Brasil; para las tres, esta nueva alineación puede implicar roces fronterizos y operaciones de falsa bandera instigadas por las agencias gringas con el propósito de causar, en donde hasta ahora no los hay, conflictos entre vecinos.
Pero para el régimen trumpista ha transcurrido demasiado tiempo y lanza esta ofensiva en un momento de acentuada debilidad. Una cosa era el Trump exultante que secuestró a Nicolás Maduro y a su esposa en los primeros días de este año y otra, muy distinta, el Trump que salió de su agresión a Irán derrotado en lo militar, lo político, lo económico y lo mediático y que, para colmo, fue a Pekín a pasear su humillación para mendigar alguna concesión geopolítica o comercial y que volvió a Washington con las manos vacías; muy distinto es este gobernante agobiado por el descontento interno del que proclamaba un “tremendous success” económico que no existió sino en su imaginación; no hay punto de comparación entre el presidente que estrenó su segundo periodo con el control total del Legislativo y una popularidad de inicio de más de 50 por ciento y el que se enfrenta a índices de desaprobación que promedian dos tercios de los encuestados, sin una ruta de acción mínimamente viable para mantener el predominio republicano en las elecciones de noviembre próximo.
Desde luego, el señor que se embadurna la cara con pintura naranja sigue siendo extremadamente peligroso, tanto para su país como para el resto del mundo –México en los primeros lugares–, porque en esa clase de individuos el acorralamiento y la desesperación pueden inducir reacciones violentas y delirantes.
Pero es claro que el equipo de (des)gobierno del país vecino luce cada vez más descoyuntado y que padece una creciente desconexión con el resto de la nación, la cual tiene, si no sus propios equilibrios, al menos sus propias inercias defensivas. Para la gran mayoría de los estadunidenses –y ello incluye a quienes trabajan en la industria, la agricultura, los servicios y el comercio, así como a los empresarios de esos ramos–, la xenofobia antimigrante y la hostilidad hacia la comunidad internacional en general se han traducido en pérdidas, retrocesos y dificultades difícilmente cuantificables, y que van a pasarle la factura a los culpables del desbarajuste. Tenemos por delante cinco meses inciertos en tanto, como es previsible, los resultados de las elecciones de noviembre neutralizan las expresiones más irracionales y ofensivas del trumpismo. Serenidad, defensa de la soberanía nacional y unidad nacional son las claves para sobrellevar esta ofensiva general contra México.
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Existe riesgo real de una intervención extranjera en comicios: Sheinbaum
Falso, que Morena pretenda perpetuarse en el poder, asegura
Recuerda que Mexicanos contra la Corrupción fue financiado por instituciones estadunidenses por conducto de su embajada y apoyaba una candidatura
Alonso Urrutia y Alma E. Muñoz
Periódico La Jornada Viernes 29 de mayo de 2026, p. 3
La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que existe un riesgo real “de intervención extranjera en las elecciones de México”. Al referirse a la reforma para incorporar como causal de nulidad la injerencia externa, declaró que se demostró que Mexicanos contra la Corrupción “fue financiado por instituciones estadunidenses (la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la cual no mencionó expresamente), a través de la embajada, y que de alguna manera apoyaba una candidatura”.
Para la mandataria, en la circunstancia actual y con la ofensiva que se está viendo, es importante que quede muy claro que “en México deciden los mexicanos”. Justificó la determinación y rechazó, al mismo tiempo, las críticas opositoras de que con estas modificaciones Morena busca perpetuarse en el poder: “No hay nada más falso que eso”.
Todos en México deberían rechazar que haya injerencia extranjera; sin embargo, puntualizó que hasta ahora la Cámara de Diputados sólo ha incorporado esa causal de nulidad en la Constitución, por lo que aún faltan los detalles que se tendrán que definir en la legislación secundaria, en la que se deberá precisar cómo se determinará cuándo se incurre en esa situación.
En otro orden de ideas, en alusión al a declaraciones del secretario de la Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, quien anunció que irían “a la guerra contra el narcotráfico”, Sheinbaum consideró que él se refirió en particular a los países que estuvieron en el Escudo de las Américas recientemente, en un evento organizado por el presidente Donald Trump. Sin embargo, subrayó que en el combate al crimen organizado, México se rige por una estrategia bilateral.
“Tenemos una relación con Estados Unidos distinta y está basada en un entendimiento pactado con ellos, que funciona todos los días, trabaja todos los días. Nosotros debemos estar muy atentos de todas maneras, porque frente a cualquier injerencismo mayor o deseo de intervención mayor, pues eso no lo podemos permitir.”
México tiene una estrategia de construcción de paz para reducir la violencia (que se expresa con una baja de 49 por ciento en los homicidios) y para impedir que llegue la droga a Estados Unidos, todo en el marco del respeto a nuestro territorio y a la soberanía.
En sentido contrario a la narrativa de que todos los problemas en este renglón se encuentran en México, advirtió que Estados Unidos tiene un serio problema de consumo, además del propio tráfico de drogas en su territorio. “¿Quién vende la droga allá?, ¿adónde va el dinero de la venta de la droga allá? Es un problema de los dos lados. Y nos coordinamos porque es un problema común que queremos resolver conjuntamente”.
De igual forma, señaló que se debería confrontar el tráfico de armas que hay desde Estados Unidos hacia México y que fortalece a las organizaciones del crimen organizado. En este sentido, cuestionó a quienes creen que se van a resolver los problemas en México desde el extranjero con alguien que vendrá a decirnos cómo: “están muy fuera de lugar”.
Eso no quiere decir que no haya colaboración con todos los países y que no se tomen las mejores experiencias; incluso, que las fuerzas armadas mexicanas puedan capacitarse con las fuerzas armadas estadunidenses, pero eso es muy distinto a la intervención. “Nadie desea en México un conflicto con Estados Unidos. Y la Presidenta lo que hace es trabajar todos los días, para tener la mejor relación posible”.