La Copa Mundial de la FIFA 2026 es mucho más que un evento deportivo: es la prueba de que Canadá, México y Estados Unidos pueden trabajar juntos para lograr algo histórico. De manera conjunta, nuestros tres países organizarán la Copa Mundial más grande y ambiciosa jamás celebrada, enviando al mundo un mensaje contundente sobre la solidez, la capacidad y la madurez de nuestra alianza.
Mientras la comunidad internacional celebra el Día Mundial del Futbol este 25 de mayo, recordamos la capacidad única del futbol para unir a las personas más allá de las fronteras, las culturas y las generaciones, un espíritu que se encuentra en el corazón de la Copa Mundial de la FIFA 2026 y de la asociación trilateral que la respalda.
Más allá de la emoción en el campo, la Copa del Mundo refleja una visión norteamericana más amplia basada en la asociación, la prosperidad compartida y la convicción de que nuestro futuro es más sólido cuando trabajamos juntos. La colaboración ya en marcha entre nuestros tres países no tiene precedentes. Hemos profundizado la coordinación en materia de seguridad, ampliado el intercambio de información y avanzado en la planificación operativa a una escala extraordinaria. Estamos seguros de que la cooperación puede fortalecer la confianza, garantizar la seguridad y brindar una experiencia increíble a nuestros ciudadanos.
Para México, el futbol no es sólo entretenimiento. Es identidad, pasión, orgullo y comunidad. Une a generaciones y vecindarios, llena estadios y plazas públicas y brinda a millones de personas un sentido compartido de pertenencia. Para Canadá, es el deporte de más rápido crecimiento en el país y goza de especial popularidad entre los jóvenes canadienses.
Canadá afronta la Copa Mundial de la FIFA 2026 con un claro sentido de propósito arraigado en sus valores. Para Canadá, ésta es una oportunidad para mostrarle al mundo quiénes somos: una sociedad orgullosa, enérgica, diversa, inclusiva y abierta. Somos uno de los únicos cuatro países que han sido sede tanto de la Copa Mundial Femenina como de la Copa Mundial Masculina de la FIFA. También es una oportunidad para celebrar la riqueza de nuestras comunidades y reafirmar nuestro respeto por los pueblos indígenas, cuya presencia y colaboración son esenciales para organizar este torneo en sus tierras.
La Copa del Mundo es también una oportunidad única para profundizar la relación entre Canadá y México en un momento decisivo para nuestra región. Nuestros países comparten una visión común basada en la inclusión, los derechos humanos, la prosperidad, la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos. Estos principios se reafirmaron en la Asociación Estratégica Integral que el primer ministro Mark Carney y la presidenta Claudia Sheinbaum lanzaron en septiembre de 2025 para elevar y fortalecer nuestra colaboración como potencias medias. La coorganización de la Copa Mundial ofrece un ejemplo tangible de cómo estos compromisos pueden pasar de las palabras a la acción.
Canadá se compromete a colaborar estrechamente con México, Estados Unidos y la FIFA para garantizar que la Copa Mundial de la FIFA 2026 no sólo sea una celebración del futbol, sino también un modelo de cooperación internacional. Juntos, tenemos la oportunidad de crear un legado positivo y duradero, que inspire a las generaciones futuras mucho después de que suene el silbatazo final.
* Embajador de Canadá en México
México: un país históricamente asediado por los imperios
José Murat/ I
Esta no es la primera vez, y seguramente no será la última, que México es asediado, acosado por el intervencionismo de las potencias continentales y de ultramar. El injerencismo ha sido la constante. El rechazo frontal de los mexicanos también ha sido la regla. Con costos descomunales en algunos casos, ningún imperio ha sido bienvenido. La historia así lo registra puntualmente.
La actitud injerencista de algunos sectores del gobierno estadunidense de hoy no es novedosa ni mucho menos inusitada. Se dio en el siglo XIX, aconteció en el XX y lo estamos viendo en el XXI. También algunas potencias europeas, empoderadas y ensoberbecidas en su momento histórico, han intentado someter la voluntad soberana e independentista del pueblo de México.
Historiadores, politólogos y hombres de letras han documentado 14 veces en que los imperios han ingresado al territorio nacional, han emprendido campañas de desprestigio, han aplicado bloqueos comerciales o, cuando menos, han querido socavar el derecho de México a autodeterminarse, a trazar y construir su propio destino de manera autónoma.
También, en la mayoría de esas ocasiones, se ha registrado un fenómeno deleznable, vil y autodenigratorio: un puñado de connacionales, siempre de la derecha más rancia, conservadora y servil, se ha congratulado y aún ha colaborado directamente en esas campañas y ejercicios intervencionistas. Polkos, como aquellos que colaboraron con las fuerzas invasoras estadunidenses en el siglo XIX, ha habido siempre y, desafortunadamente, nada parece indicar que esa especie se extinguirá en algún momento.
Así como mediáticamente se dice que hoy hay una lista de presuntos perseguidos, también hay en los hechos una lista de traidores que yo podría ilustrar aquí, comenzando por algunos dirigentes nacionales, gobernantes de oposición y figuras prominentes de partidos políticos. Pero no tiene caso abonar a la discordia. Son la excepción, aún dentro de sus propias agrupaciones políticas. La regla es y ha sido siempre, en toda la geografía nacional y en todo el espectro ideológico, incluida la derecha ilustrada, la defensa de la soberanía nacional, el derecho de México a autodeterminarse. Pero vayamos al recuento histórico para dar sustento a mis aseveraciones y no reducirlas a meras apreciaciones personales.
Las seis intervenciones militares directas –mancilladoras de la soberanía territorial– más importantes han sido: El intento de reconquista española (1829): España envió una expedición militar comandada por Isidro Barradas para recuperar el territorio mexicano, tentativa derrotada en Tampico.
La guerra de los pasteles/ primera intervención francesa (1838-1839): Francia bloqueó los puertos mexicanos y bombardeó Veracruz para exigir el pago de indemnizaciones por supuestos daños a ciudadanos franceses.
La intervención estadunidense (1846-1848): Una guerra provocada por el expansionismo estadunidense y la anexión de Texas que culminó con la pérdida de más de la mitad del territorio nacional mexicano al amparo del Tratado de Guadalupe Hidalgo.
La segunda intervención francesa (1862-1867): Francia invadió México tras la suspensión del pago de una deuda externa onerosa por parte del gobierno de Benito Juárez, imponiendo el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano de Habsburgo.
La ocupación estadunidense de Veracruz (1914): Durante la Revolución Mexicana, tropas de Estados Unidos desembarcaron y ocuparon el puerto veracruzano tras el llamado Incidente de Tampico.
La expedición punitiva estadunidense (1916-1917): El ejército estadunidense, liderado por el general John J. Pershing, ingresó a territorio mexicano (principalmente Chihuahua) buscando capturar a Francisco Villa.
En nuestra siguiente colaboración puntualizaremos cada una de estas acciones intervencionistas y pondremos el acento en la actual campaña desestabilizadora y abiertamente hostil contra México, incluidas las acciones contra los inmigrantes en las remesas de dinero, y en general en contra del actual modelo social de desarrollo.
El común denominador de las 14 acciones injerencistas, no sólo de las seis incursiones militares, ha sido el contraste entre un México mayoritariamente defensor de la soberanía nacional y un grupúsculo con espíritu de vasallaje, un grupo reducido que no ha dudado en rendir pleitesía y renunciar a todo vestigio de dignidad frente al imperio, así pongan en riesgo al país entero al que le deben todo, porque como en la fábula de Esopo sobre el escorpión que picó a la rana, no pueden contenerse, pues la traición es parte de su naturaleza. La diferencia es que, a diferencia de la rana, México no se hundirá con quienes hoy le inoculan su veneno: sólo ellos se irán al precipicio.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, declarará ante la Fiscalía General de la República el miércoles próximo.Foto Cuartoscuro
Víctima de su propia incapacidad, balbuceos y contradicciones, a Maru Campos se le acabó el tiempo de las entrevistas a modo, de derrochar dinero público para “cuidar su imagen” en vergonzosa gira mediática con “comunicadores” amigos y de soltar cuanta tontería se le ocurra. Con el citatorio de la Fiscalía General de la República (FGR), recibido antier para que comparezca y declare ante esa autoridad el miércoles próximo, la supuesta gobernadora está obligada a proceder como no lo ha hecho hasta ahora; es decir, con la verdad.
La gringa de Chihuahua (y su ejército de “asesores”, quienes por lo visto cobran mucho y no dan una, aunque de una u otra forma es entendible, dado que su clienta con toda facilidad se autoincrimina) creyó que con tal gira y suficiente “ ungüento comunicacional” bastaba para enterrar el capítulo, pero, como siempre, calculó mal; es decir, lo hizo como las sumas y restas que suele hacer (por ejemplo, 100 menos dos igual a ocho). También concluyó la etapa de las marchas morenas y la recolección de firmas, de intentar dar un trato político a un asunto netamente judicial, y de dar largas y más largas a la acción legal en contra del Ejecutivo estatal de Chihuahua, algo que por lo demás debió ser la línea de acción desde que se destaparon los enjuagues de Maru Campos con las agencias estadunidenses, como la Agencia Central de Inteligencia y la DEA, al quedar claro que violó la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional.
Pero no sólo la gringa (que mantiene el fuero) fue requerida por la FGR, sino el gobernador con licencia (sin fuero). La Jornada (Gustavo Castillo) lo reseñó así: “la Fiscalía General de la República citó a ‘rendir entrevista’ a Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia del estado de Sinaloa, por lo que hace a las acusaciones del gobierno de Estados Unidos de recibir sobornos del cártel de Sinaloa, y a María Eugenia Campos, gobernadora de Chihuahua, a comparecer en calidad de testigo en el expediente que se inició por delitos contra la seguridad nacional por la participación de dos elementos de la CIA de Estados Unidos en un operativo antinarcóticos”.
Algo más: “luego de que la FGR informó de las notificaciones para comparecer ante el agente del Ministerio Público, la Secretaría de Gobernación aclaró que los citatorios a autoridades de Chihuahua y Sinaloa son ‘un asunto de procedimiento en las investigaciones para que acudan como testigos’ y precisó que las ‘actuaciones se desarrollan con fundamento en la ley y no tienen interés político’. La fiscalía puntualizó que estas citaciones son para que acudan a la sede del Ministerio Público de la Federación, con la finalidad de avanzar con seriedad y exhaustividad en ambos casos”.
Al conocerse el citatorio a Maru Campos, los jilgueros de siempre intentaron armar escándalo y se desgañitaron: “¿por qué a la gobernadora sí y a Rubén Rocha no”?, a sabiendas de que el primer requerido por la FGR fue el gobernador con licencia y más tarde la gringa de Chihuahua (también ha sido “convocado” el ex fiscal general de Justicia de Chihuahua César Jáuregui Moreno, quien adelantó su renuncia para, se supone, “proteger” a la mandataria estatal, aunque en realidad se apuró a cruzar la frontera norte). Con violines de fondo, al borde la lágrima y rodeada de su pandilla (en primera línea Roberto Gil Zuarth, secretario de Felipe Calderón cuando éste ocupaba Los Pinos), la “mártir” Maru Campos recibió un citatorio “por el asunto del narcolaboratorio (no: en realidad, por la presencia y operación de cuatro agentes de la CIA); no lo habían hecho, pero después de las entrevistas de estos días ya se decidieron; sí, la persecución política en mi contra continúa, y como siempre seguiré dando la cara y dando la lucha por tu familia, por nuestro país, por Chihuahua y por la libertad, hasta donde tope; voy a tener que estar en la FGR compareciendo, aunque tenga fuero constitucional; a Rubén Rocha no se le ha pedido comparecer…” (en los hechos, el sinaloense fue citado antes que ella por la misma autoridad).
Las rebanadas del pastel
Y como el show debe seguir, Felipe Calderón decidió sentarse frente al espejo y auto-incriminarse: “cobardes e hipócritas; esconden y protegen a los criminales de su partido y persiguen judicialmente a quienes sí combaten el crimen; las instituciones al servicio de la delincuencia, no de los ciudadanos. ¿Qué más prueba quieren que eso?” No queda duda: extraña a Genaro García Luna… De pilón, el siempre creativo presidente nacional panista, Jorge Romero, convoca a la ciudadanía a “expresar su indignación” y “alzar la voz en defensa de Maru Campos”. No, pos sí.
Twitter: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
La educación como acto de justicia
Noemí Juárez Pérez*
¿En qué momento decidimos ser maestras o maestros? ¿Cómo nuestra historia personal nos delinea hacia esta profesión?
Sabemos que las experiencias que tenemos cuando somos niñas o niños nos marcan, lo que vemos o escuchamos en nuestro primer círculo no se queda estático, nos acompaña a lo largo de la vida. Y, sin duda, unas de las primeras experiencias con las que nos encontramos, son los ejemplos de nuestras maestras y maestros que nos enseñan, acompañan y cuidan.
Por ende, no es casualidad que jugáramos a ser maestras o maestros con nuestros juguetes, con nuestros hermanos o hermanas pequeñas o, en mi caso, con mi abuela que no sabía leer ni escribir; y a quien dediqué muchas horas de mi infancia intentando enseñarle, mientras ella bordaba.
Eso es ser maestra, eso es ser maestro, lo que pareciera que comienza sólo como un juego; que aprendemos y vivimos en las escuelas, de repente lo empezamos a ejercer con nuestras amigas y amigos, porque a alguien se le dificultó comprender algún problema matemático o tal vez olvidó cómo se nombraba alguna planta o algún espacio y nosotros se lo compartimos, se lo explicamos.
Y eso nos da satisfacción: nos da gusto socializar lo que aprendimos y acompañar. Así empezamos a ser maestras y maestros: por la intención de ayudar al otro. Esta profesión es tan noble que surge por la preocupación por otras personas, nos debemos al otro, pensamos en otro yo.
Porque estoy segura que durante la infancia y adolescencia de quienes optaron esta profesión como forma de vida fueron las y los estudiantes que durante el receso compartieron sus desayunos, prestaron sus útiles, acompañaron al que no tenía con quién jugar, los que prestaron los cuadernos y libros o para el pasaje para el compañero (¿les suena familiar? Lo seguimos haciendo como docentes).
Y así, ser docente deja de ser un juego, deja de ser algo que imitamos o imaginamos y se va convirtiendo en realidad.
Como he compartido, quien decide trabajar y vivir como maestra o maestro, lo hace porque algo se sembró desde su infancia: sí, la vocación de compartir, de acompañar, pero más que nada de transformar.
Transformar porque hubo hechos con los que no estuvimos conformes; que mi abuela no supiera leer ni escribir, y mi madre sólo pudiera cursar estudios primarios por falta de oportunidades, me indignó. Por ello, cuando pensamos en la educación, la pensamos como un acto de justicia.
Bien lo dijo la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado 15 de mayo al reconocer y agradecer que a su hija e hijo los formaron sus maestros, así como a todas y todos los buenos ciudadanos y al gran pueblo de México que se ha formado gracias al magisterio nacional.
Así, otro acto de justicia es reconocer esta vocación, porque sí, hubo una época en que se acusó al magisterio por la supuesta mala educación que había en el país, pero eso ha quedo atrás, porque hoy reconocemos la enorme deuda que históricamente se tiene con las y los maestros, sin ellos no habría transformación.
No son palabras huecas las de nuestra Presidenta: todo lo que se pueda hacer por las y los maestros de México, lo vamos a hacer, por agradecimiento permanente a ustedes, por justicia. Las maestras y los maestros resistimos y somos protagonistas de transformaciones, porque sin educación no hay transformación.
*Subsecretaria de Educación Básica del gobierno de México
