sábado, 11 de abril de 2026

La guerra de la desinformación.

Vilma Fuentes
Los exabruptos y amenazas delirantes de Donald Trump son una prueba de la verdad que revelan los dichos o proverbios populares. “Perro que ladra no muerde”, reza el adagio que sin duda no fueron pocas las personas a quienes cruzó por la mente este popular refrán. Las bravuconadas del presidente estadunidense sobre la exterminación de Irán no son sólo indecentes, en la medida que supone la muerte de miles de personas inocentes, son también la expresión de un delirio con el que Trump intenta ocultar su impotencia con gruñidos que ya no asustan a nadie. Cierto, hay los desmemoriados que olvidaron otros alaridos del mandatario amenazando con los peores castigos, incluidos la condena de muerte y el infierno, a sus presuntos adversarios y enemigos.
Pero quienes aún no han estropeado su memoria, abarrotando en ella inútiles minucias o practicando el borrón y cuenta nueva como un principio de vida, quizá se dieron la pena de recordar las contradicciones de Donald Trump, cuyas palabras pueden decir una cosa y lo contrario en menos tiempo que el de una mañana. Así, es inútil intentar comprender el significado de su discurso o tratar de tomarlo en serio. Prueba última, o reciente si no postrera, su amenazante ultimátum de exterminar una civilización, la persa, si las fuerzas iraníes no aceptaban sus condiciones, algunas de éstas humillantes. La conminación debía cumplirse antes de las dos de la mañana de París. El terror de una guerra mundial y de las armas atómicas habría aterrorizado hace algunos años a mucha gente, pero esto no ocurrió. Puedo recordar las aprehensiones y miedos de los franceses cuando se desataban los conflictos bélicos en las fronteras de Europa con la antigua Unión Soviética o en los países del Este. Hoy, la gente en Francia sigue los avances de las agresiones armadas, como si viera una película en la televisión, con una atención casi distraída.
En vano, el mandatario estadunidense escupe sus amenazas de muerte y aniquilación de algunas civilizaciones, los franceses siguen sus actividades tranquilamente. Esta indiferencia es de doble filo: por un lado, es negativa esta despreocupación ante los bombardeos ordenados por Trump, los cuales destruyen la vida de miles de seres humanos; por otro lado, no faltan los aspectos positivos de esta impasibilidad pública, muestra de que los espantapájaros blandidos por Trump u otros dirigentes han dejado de producir miedo.
Acaso cabría preguntarse si esta indiferencia ante un futuro amenazante es el resultado de la repetición de escenarios que anuncian el apocalipsis, o si es la incomprensión popular del palabrerío político y de las noticias contradictorias que se propagan en los medios de comunicación. En efecto, desde los inicios de las agresiones prometidas por Trump si Irán no se retiraba del estrecho de Ormuz, la información emitida a través de la prensa escrita, la radio y la televisión parece obedecer más a los deseos de quienes la dan que a una realidad cualquiera.
Las contradicciones informativas se lanzaban, como pelotas de tenis, de un lado a otro del terreno donde se juegan la vida y la muerte de personas civiles, ajenas por completo a las decisiones bélicas de los dirigentes. Y los informadores anunciaban bombardeos y muertos como se anuncian errores y victorias de los tenistas que juegan.
Así, desde el inicio de los bombardeos, pueden escucharse los triunfos que cada parte del conflicto se atribuye, como puede oírse el tono triunfante con que cada lado anuncia el número de muertos causados en el campo enemigo.
Esta situación se repite y los hechos se suceden idénticos y distintos cada día. La guerra informativa tiene, a veces, más fuerza que la de las bombas. Estados Unidos e Israel anuncian varias veces al día que han ganado, mientras Irán divulga la sucesión de sus victorias.
Lo cierto es que ninguna de las dos partes podrá triunfar en esta guerra porque es raro que los muertos salgan ganando.
vilmafuentes22@gmail.com

Palestina y la banalidad burocrática de instituciones mexicanas
Foto Jair Cabrera Torres   Foto autor
Márgara Millán* y Juan Trujillo Limones**
11 de abril de 2026 00:04
La franja de Gaza y la población palestina en Cisjordania siguen bajo el ataque genocida que el Estado de Israel ejecuta desde el 8 de octubre de 2023. Se sigue imponiendo contra mujeres, hombres, niñas y niños la sigilosa limpieza étnica, el hambre, la inanición y el exterminio del pueblo palestino en su conjunto. 
Por dos años y seis meses, el mundo presencia la continuidad y profundización de la Nakba, catástrofe planeada desde el origen del Estado de Israel, que en 1948, con su creación oficial, inicia una continua ocupación colonial de territorios palestinos. Para ello, el acuerdo de Estados Unidos, y gran parte de la Unión Europea, aceptan y apoyan crímenes de lesa humanidad. El pasado 28 de febrero, los gobiernos de Tel Aviv y Washington asesinaron a 165 niñas en la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en la ciudad de Minab, en el sur de Irán. Apenas el 30 de marzo, la Universidad de Teherán fue bombardeada. El ataque selectivo contra civiles en Gaza y masivamente en el Líbano continúa, y en Cisjordania la licencia para matar de los colonos es aún mayor que antes. Todo ello, con la finalidad de crear el Gran Israel. 
Mientras tanto, varias universidades y centros educativos mexicanos continúan los lazos de colaboración con el Estado de Israel, que comprenden intercambios estudiantiles, investigación conjunta, publicaciones y programas de grado en áreas como ingenierías, ciencias del agua, agricultura de precisión, tecnologías de la información, medicina y negocios. Según el portal de la Secretaría de Relaciones Exteriores, entre las instituciones con las que existen convenios destacan las universidades de Tel Aviv, IDC Herzliya, Hebrea de Jerusalén, Bar-Ilan, Abierta de Israel y el Instituto Weizmann de Ciencia. 
En noviembre de 2023, en la Ciudad de México se formó el colectivo Academicxs con Palestina contra el Genocidio, que ha desplegado importantes acciones de denuncia ante los flagrantes crímenes contra la población palestina. La Universidad Nacional Autónoma de México ha sostenido vínculos de colaboración con la Universidad Hebrea de Jerusalén, Tel Aviv, Bar Ilan, Instituto Tecnológico Technion, de Ben-Gurion del Néguev y con el Instituto Weizmann de Ciencia. Cartas directas y públicas a la rectoría de la UNAM y al Consejo Universitario exigiendo la terminación de todo tipo de colaboración académica simplemente se han archivado. 
No se trata de una decisión meramente política y coyuntural romper relaciones académicas con el Estado de Israel, cuyo gobierno ejecuta crímenes de lesa humanidad dentro de su territorio con torturas y asesinatos a palestinos en sus cárceles, en Gaza, en los territorios ocupados de Cisjordania y también en Líbano e Irán. Se trata de decisiones éticas ante una barbarie que es dirigida tanto a las instituciones de educación superior de Palestina –pues no queda una universidad en pie–, así como directamente contra estudiantes y profesores que han sido asesinados. Ya en Palestina se ha acuñado el término de “escolasticidio” para describir ese exterminio. La UNAM no puede quedarse callada. Tiene que responder frente a esta barbarie. Ejemplarmente, El Colegio de México decidió romper lazos académicos con instituciones israelíes en 2025 tras un robusto movimiento estudiantil. La Escuela Nacional de Antropología e Historia se ha declarado espacio libre de apartheid desde el pasado 27 de enero. 
De la banalidad del mal escribió Hannah Arendt en 1963 como un fenómeno en el que la destrucción burocrática de la vida a gran escala no proviene necesariamente de una perversión o sadismo, sino de la mediocridad, la obediencia ciega y la incapacidad de reflexionar de funcionarios sobre sus propios actos (Eichmann in Jerusalem). Y aunque el primer ministro de Israel y de origen polaco, Benjamin Netanyahu, es prófugo de la Corte Penal Internacional (CPI), los vínculos entre la UNAM e Israel continúan intactos. 
La relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, presentó el 23 de marzo el informe en el que concluye que “Israel ha institucionalizado la tortura como un elemento estructural del genocidio y el apartheid colonial contra el pueblo palestino“ (Tortura y genocidio, ONU, 27/03/26). La férrea lucha de Albanese fue premonitoria: la legalización de la pena de muerte por el parlamento israelí, que con bombos y fanfarrias les permitirá ejecutar a prisioneros palestinos que resulten convictos de matar a ciudadanos israelíes por medio de la horca. (Al Jazeera, 31/03/26). 
Pero la violencia en Medio Oriente no deja de ser redituable para el imperio estadunidense: al cierre de la jornada bursátil del 27 de febrero, cuando comenzó la guerra contra Irán, las compañías petroleras estadunidenses tenían un valor conjunto de mercado de un billón 686 mil 523 millones 186 mil dólares, y al término se ubicó en un billón 888 mil 84 millones 51 dólares, un incremento de 12% (La Jornada, 30/03/26).
Presenciamos una profunda y gran transformación, una reorganización que con la anulación de la ONU y la destrucción del derecho internacional, se atenta contra la vida no sólo en Palestina, Irán, Líbano, Sudán o Cuba, sino contra el conjunto de la humanidad. El mandato cruel y directo del gran capital, vehiculizado por el supremacista blanco que no habla de política, sino de negocios, fanfarroneando y gesticulando en cada “conferencia de prensa” sobre su alianza sin límites con “Bibi”, sus amenazas a Cuba, su injerencia brutal en Venezuela, se nos presenta como el futuro de la humanidad. 
Que instituciones como la UNAM, que se jactan de sostener valores éticos y morales para la defensa de la vida, mantengan relaciones académicas con el Estado genocida de Israel, representado por prófugos de la CPI, es inaceptable. Así como lo es que México no rompa relaciones con ese gobierno. 
Como parte de la comunidad que da vida a la UNAM, seguimos exigiendo una consecuencia clara. Romper toda relación académica con el Estado de Israel, condenar el genocidio, así como abrir programas de apoyo y de recepción de estudiantes y profesores palestinos en nuestra institución. Si “por mi raza hablará el espíritu”, necesitamos que ese espíritu sea claro y empiece por condenar el racismo que sostiene el genocidio presente. 
*Profesora en la UNAM *     *Profesor en la Universidad de Nuevo México

Daniel Cosío Villegas y la bancarrota del liberalismo
Resulta curioso evocar la crítica marxista al trabajo de Cosío, que con todas los dilemas de esa corriente, mostró los puntos ciegos del liberal con sorprendente facilidad. 
Foto inehrm.gob.mx   Foto autor
Jaime Ortega*
11 de abril de 2026 00:02
Resulta una operación normal que, al entrar en crisis, una corriente ideológica realice una revisión de su pasado, en búsqueda de encontrar referentes útiles para su presente. En este caso, hablamos del liberalismo realmente existente, ese que abrió la puerta, con su preferencia por el dominio expoliador del mercado y la neutralización de la voluntad popular, a las formas autoritarias y fascistas contemporáneas. Sin embargo, dicha revisión, en el caso específico de México, no deja buenos dividendos. 
Me refiero con todo esto al reciente homenaje realizado a Daniel Cosío Villegas. El insigne constructor de instituciones fue evocado a partir de un rico anecdotario, desde quien nos recordó su deseo fervoroso por ir a Francia, o su distancia con Echeverría, hasta una supuesta “militancia” en 1968. Sin embargo, de lo dicho ahí, nada sugiere que Cosío entregue pistas para comprender el México actual. 
Es más, en dicho cónclave se aclaró que la pieza La sucesión presidencial no fue producto de un programa de investigación articulado, sino que se trató de un intento de responder al desplante que le hizo Echeverría. Ni siquiera se refirió en aquel encuentro a la noción de “estilo personal de gobernar”, argucia supuestamente explicativa, saturada de subjetivismo. 
En este sentido, resulta curioso evocar la crítica marxista al trabajo de Cosío, que con todas los dilemas de esa corriente, mostró los puntos ciegos del liberal con sorprendente facilidad. Cosío tuvo una relación distante con el conjunto de la izquierda socialista, pese a que su ayudante de investigación fue por algún tiempo Mario Gill, un autodidacta periodista comunista (dato conveniente omitido por su biógrafo). 
Más allá de la intervención de un cierre de conferencias radiofónicas sobre el marxismo ocurrido en los años 30, el vínculo fue negativo: por ejemplo, a Cosío le gustaba decir, con la soberbia de quien maneja los hilos de cierta política intelectual, que para hacer la historia de la Revolución mexicana se podía prescindir de la explicación de los marxistas, como consta en sus memorias. 
En la acera contraria, desde distintos miradores, los marxistas sí atendieron la obra de Cosío y la mostraron en sus debilidades. El joven José Revueltas detectó rápidamente las limitaciones de la interpretación contenida en La crisis de México, ensayo que calificó basado en anécdotas y “harto de superficialidades”. La explicación de aquel texto arrancaba “de la ligera e improvisada afirmación” de la inexistencia de una ideología, tanto del Porfiriato como de la propia Revolución. 
Para Revueltas, el autor se dejaba “seducir por las apariencias y sucumbe perezosamente ante ellas”. No había en aquella supuesta explicación de la crisis de la Revolución una evaluación de la actuación de los grupos sociales, de las clases, de sus formas de expresión política, de la ubicación de las contradicciones. Para los ojos del joven escritor, apenas se enumeraban hechos deleznables, pero desconectados los unos de los otros. 
Otro capítulo de este derrotero lo encontramos en la época de mayor sectarismo del PCM durante la década de 1950, en donde el comunista argentino Rodolfo Ghioldi reseñó la compilación Extremos de América. Para Ghioldi, los ensayos mostraban la incomprensión por parte de Cosío del significado real del problema agrario y, por tanto, del devenir mismo de la Revolución mexicana. Como es natural, era adversario de la manera en que en ese libro se trataba a la Unión Soviética al considerarla una forma de imperialismo. 
El punto más estridente para el argentino era constatar el guiño que el intelectual mexicano hace respecto a que México bien podría dejarse subordinar por Estados Unidos, pues así, aunque perdiera su soberanía, ganaría en beneficio material. Efectivamente, en las páginas de aquella compilación Cosío escribió que si Estados Unidos abandonara algunas actitudes, los liberales mexicanos se sumarían a su cruzada para combatir “al imperialismo ruso”. Que la lumbrera del liberalismo mexicano esperara algo positivo de la potencia imperial, en el clímax macartista, es de por sí significativo. 
Pasado algún tiempo Punto crítico, expresión política animada por ex militantes del movimiento de 1968, dedicó una pequeña página a examinar La sucesión presidencial, a cuyo autor nombraron como “profeta desairado”. Observaban la ausencia de algún tipo de método investigativo y que, ante ello, se colocaba como eje central de la explicación un conjunto de intrigas y relaciones personales o de parentesco. 
Concluyeron que “Cosío Villegas apuntalaba el statu quo” al deshistorizar la función del presidencialismo. Todo ello, decían, “pretende obligar al lector a concluir que el poder presidencial es omnipoderoso y eterno”. Herencia de aquella incapacidad es que se ha creído que para entender “al poder” (es decir, una relación social), es suficiente hacer biografías de presidentes. 
Por todo ello, no sorprende que aquellos que se autoproyectaron como poseedores de un “temple” liberal, hoy sean los aliados –hasta la genuflexión– del poder imperial, con su maquinaria de guerra desbocada y sus actitudes fascistizantes a flor de piel. En esa sintonía, los podemos ver cómo contribuyentes (desde espacios auspiciados por el poder financiero) hostigando al pueblo cubano. Su crisis es inocultable y denota que lo que aparentaba ser un pasado intelectual luminoso, en realidad no era algo más que el control de instituciones y políticas culturales, hoy en crisis.

México SA
Mineras y narco, ¿de la mano? // Economía-Trabajo, reticentes // Netanyahu = fin del problema
Carlos Fernández-Vega
▲ Aspecto de la mina Camino Rojo, en el municipio de Mazapil, Zacatecas. La compañía espera producir este año entre 110 mil y 120 mil onzas de oro.Foto Alfredo Valadez
¿Por qué la reticencia de las secretarías de Economía y del Trabajo en un delicado caso que están obligadas no sólo a investigar (por ser la primera la responsable legal de las concesiones mineras y la segunda de las garantías de los trabajadores), sino a informar amplia y detalladamente por tratarse del presunto contubernio entre una empresa (en este caso una trasnacional canadiense) y el crimen organizado en algo que no sólo es ilegal, sino que viola los derechos laborales y debe encender las señales de alarma en las instituciones de seguridad?
Así lo denuncia La Jornada (Jared Laureles) y dice así: “La minera Camino Rojo (propiedad de la canadiense Orla Mining), ubicada en Zacatecas, utilizó al crimen organizado para amenazar a sus trabajadores, afiliados a la sección 335 del Sindicato Nacional Minero, y violar sus derechos laborales, además de buscar que desertaran de este gremio, advierte de forma inédita la investigación del panel del Mecanismo de Respuesta Rápida del T-MEC, que determinó que la compañía ‘es responsable directa de injerencia patronal’ en actividades sindicales”.
Los expertos panelistas, continúa la denuncia, documentaron evidencias de actos de violencia y amenazas de muerte, en asambleas sindicales y en sus domicilios, contra los trabajadores de la organización sindical que encabeza Napoleón Gómez Urrutia, titular del contrato colectivo, para obligarlos a afiliarse a un gremio de “protección” patronal de la Federación Nacional de Sindicatos Independientes. “Las actuaciones del panel corroboraron que la mina contrató a un narcotraficante para interrumpir las reuniones sindicales con personas armadas, proferir amenazas de muerte y obligar a los trabajadores a aceptar el sindicato preferido de la empresa, señala el Departamento de Trabajo estadunidense sobre el fallo”.
En defensa de la trasnacional, la “respuesta” –por llamarle así– la ofrecieron las secretarías del Trabajo y de Economía: México rechazó la determinación del citado panel, ya que –a su juicio– el mecanismo excedió sus alcances, al argumentar que pretendió analizar conductas de naturaleza penal y que los actos de “coerción” no pueden atribuirse a la compañía minera. Nuestro país “exige que debe existir un vínculo entre el autor material del hecho y del que queda responsable y que el daño se haya producido en ejercicio del desempeño de obligaciones o servicios”, arguyeron. Y de pilón, aseguran que si bien recabaron “evidencia y testimonios de trabajadores sobre las amenazas de las que fueron víctimas”, al final de cuentas consideraron que ellas “no son suficientes para vincular a la empresa con dichas conductas”. Bien, pero ¿y el contubernio entre la trasnacional y el narcotraficante? ¿Y la violación de los derechos de los trabajadores? ¿Y las amenazas?
Las citadas dependencias de ahí no pasaron, por mucho que “las amenazas del crimen organizado, perpetradas con anuencia de la minera Camino Rojo en Zacatecas, contra los trabajadores de la sección 335 del Sindicato Nacional Minero, se exhibieron ante diversas autoridades federales, incluso ante instancias de seguridad, a las cuales la organización gremial pidió apoyo para salvaguardar la integridad de los obreros, de acuerdo con documentos en poder de La Jornada” ( ídem).
Algo más: “los actos de intimidación y violencia fueron documentados en el procedimiento especial colectivo 758/2024 ante el Tribunal Laboral Federal de Asuntos Colectivos que, al igual que el sindicato, solicitó a las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina en noviembre de 2024 su intervención durante un proceso de recuento para definir la titularidad del contrato colectivo de trabajo a fin de que se llevara a cabo sin violencia y sin que intervinieran delincuentes del narcotráfico. Asimismo, el tribunal requirió a la Secretaría de Seguridad Pública estatal 10 elementos para la votación que se realizaría el 22 de noviembre de ese año, pero respondió que no era posible porque no contaba con personal disponible y suficiente para cubrir dicha tarea”. En síntesis, simple y sencillamente ignoraron a los mineros.
Entonces, ¿de qué gracia gozan los corporativos mineros (nacionales y foráneos) que en México de todas libran todas –y ejemplos sobran–, aun en estos tiempos en que se presume que la ley es pareja sin excepciones? (¿salvo para los consorcios mineros y, por qué no, a uno que otro narcotraficante vinculado a ellos?).
Las rebanadas del pastel
Más allá de la insania de Trump, el problema a resolver se llama Benjamin Netanyahu (junto con su banda de sionistas). Y la comunidad de naciones debe tomar una decisión ¡ya!
X: @cafevega   cfvmexico_sa@hotmail.com