lunes, 13 de abril de 2026

Trump, el destructor del mundo.

Trump combate el enfoque del expresidente Joe Biden que tomó medidas para luchar contra el cambio climático. Foto Ap   Foto autor
Iván Restrepo
13 de abril de 2026 00:02
En un discurso en Davos en enero pasado, Donald Trump se burló de los “molinos de viento”. Los calificó de “perdedores” y definió como “estúpidos” a los países que los compran. 
La respuesta de la comunidad europea fue clara: nueve de sus integrantes firmaron un acuerdo para construir un vasto centro de energía eólica marina en el mar del Norte, centro de la industria petrolera y gasística del continente. El acuerdo fue una respuesta al discurso de Trump contra la energía eólica, la cual ofrece un inmenso potencial para Europa al aumentar la seguridad energética y liberarla de su fuerte dependencia del petróleo y el gas de Estados Unidos. En tanto, India está incorporando energía solar a un ritmo acelerado y China instaló más energía eólica y solar en 2024 que toda la renovable que opera en Estados Unidos. 
El jueves anterior en su magnífico artículo publicado en La Jornada, Bernardo Barranco mencionó una imagen captada por los medios en la que aparece Donald Trump en el despacho oval. Lo rodean pastores evangélicos que, con sus manos, lo tocan como si fuera “el mesías salvador”. Y que “le perdonan todo porque lo perciben como el catalizador apocalíptico del fin de los tiempos y del advenimiento de una nueva era”. Además, Barranco critica a Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, por sus referencias a las Cruzadas y por sus oraciones en pro de una “violencia abrumadora”. En resumen, pastores de diferentes iglesias y máximos líderes bélicos, llamando a una “Guerra Santa” contra los infieles, es decir la población iraní y la de otros países que profesan el Islam. 
Pero Trump, cuya fortuna familiar aumentó escandalosamente desde que decidió atacar a Irán, encabeza otra gran cruzada en apoyo de los combustibles fósiles y en beneficio de quienes los poseen y/o explotan: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela, Rusia.... Y con tal propósito, en noviembre de 2025, su gobierno anunció nuevas perforaciones petrolíferas frente a las costas de California y Florida. Se trata de algo que no se realizaba desde hace décadas y perjudicará a numerosas comunidades costeras y a los ecosistemas del litoral. 
El poderoso clan petrolero que tanto apoyo financiero ha dado a las campañas electorales de Trump, alega que las nuevas perforaciones en ambos estados fortalecerán la seguridad energética y la creación de empleo. Desde hace 35 años, el gobierno federal no ha permitido perforaciones en aguas federales del este del Golfo de México. Incluye la costa de Florida y parte de la de Alabama. Y en muy buena parte como una forma de prevenir los derrames de petróleo. En California no se han otorgado nuevos arrendamientos en aguas federales desde hace 40 años. Apenas cuenta con algunas plataformas petrolíferas marítimas. 
Trump combate el enfoque del expresidente Joe Biden que tomó medidas para luchar contra el cambio climático, al que el magnate define como “el mayor engaño jamás perpetrado contra el mundo”. Desea el “dominio energético” de Estados Unidos en el mercado global y por eso ordenó acelerar ese logro vía el petróleo, el carbón y el gas natural. 
En paralelo, bloquear en todo el país los proyectos de energía limpia, cancelando miles de millones de dólares en subvenciones que los apoyaban. Y en el colmo, un comité afín a Trump, eximió a las perforadoras de petróleo y gas del Golfo de México de la protección que ofrece la Ley de Especies en Peligro de Extinción, destinada a salvaguardar las especies vulnerables. 
Pero su plan de perforación marina tiene la fuerte oposición del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, uno de sus principales críticos. En una publicación en redes sociales, declaró que la idea estaba “muerta al nacer”. También encuentra oposición bipartidista en Florida. El turismo y el acceso a playas limpias son pilares fundamentales de la economía en ambos estados. 
Mas radical es la crítica de los grupos ambientalistas y los centros de investigación, que consideran esa explotación como una severa amenaza a la biodiversidad que allí existe al igual que a las que conforman las áreas costeras. Recuerdan la negra experiencia dejada por los derrames petroleros en el Golfo de México y en el Ártico. 
En medio de derrotas, Trump proclama victorias como salvador del mundo. En la realidad, es su destructor. 

Trump tilda a León XIV de ser "débil" frente al crimen y "pésimo" en política exterior
Imagen publicada por Donald Trump, después de emitir una serie de insultos contra el Papa Leon XIV, en sus redes sociales. truthsocial.com/@realDonaldTrump
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la redacción
12 de abril de 2026 20:13
El presidente, Donald Trump, arremetió este domingo contra el papa León XIV, a quien acusó de ser “débil” frente al crimen y “pésimo” en política exterior.
En sus redes sociales, el magnate reiteró falsedades: “no quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares. No quiero un Papa que piense que es terrible que Estados Unidos atacara Venezuela, un país que enviaba enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y, pero aún, que liberaba a asesinos, narcotraficantes y criminales en nuestro país” y aseguró: “si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, sostuvo el mandatario.
Trump dijo a periodistas que no es "gran seguidor" del Papa, luego de que el líder de la Iglesia católica hiciera un llamado a la paz este domingo.
"No soy un gran seguidor del papa León. Él es una persona muy liberal, y es un hombre que no cree en detener el crimen", dijo Trump en la Base Conjunta Andrews, en Maryland. Trump acusó al Papa estadunidense de "jugar con un país que quiere un arma nuclear".
El sábado, el Papa imploró públicamente a los líderes que pusieran fin a la violencia, diciendo: "¡Basta de la idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de las demostraciones de poder! ¡Basta de guerra!".

Economía y guerra
Ante el conflicto bélico en Irán, el entorno económico es más inestable y las predicciones acerca del crecimiento económico se han ajustado a la baja, mientras las relativas a la inflación van al alza. 
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León Bendesky
13 de abril de 2026 00:04
Las tensiones económicas a escala mundial se han intensificado en los recientes 15 meses. El comercio global ha estado marcado por las distorsiones en las corrientes del intercambio, asociadas con la imposición de tarifas, la aplicación de subsidios y por más medidas regulatorias. Esto ha propiciado mayor incertidumbre en la actividad productiva y en los mercados financieros. Las cadenas productivas se han fragmentado y los costos han ido en aumento. Esta tendencia se ha agravado recientemente con la guerra en Irán y el efecto que ha tenido en el alza del precio el petróleo y, con ello, en el resto del sector de la energía. 
El entorno económico es más inestable y las predicciones acerca del crecimiento económico se han ajustado a la baja, mientras las relativas a la inflación van al alza, que es una combinación siempre problemática. El registro de la inflación en Estados Unidos de marzo pasado creció hasta 3.3 por ciento, el nivel más alto en dos años (por encima del 2.4 por ciento registrado en febrero). La inflación es uno de los indicadores más sensibles en la configuración de las condiciones actuales y era previsible su alza (de la misma manera en que ha ocurrido en México, donde el registro del INPC llegó en marzo a un nivel anualizado de 4.59 por ciento; por encima del objetivo de 3 por ciento y de las bandas de fluctuación de entre 2 y 4 por ciento). Esto repercutirá en las tasas de interés de referencia que fija la Reserva Federal, que podría volver a subirlas (lo que ejercerá, en consecuencia, una presión sobre la tasa que establece el Banco de México, sobre todo luego de haberla reducido de modo inesperado en la más reciente reunión de la Junta de Gobierno). 
La discusión que está abierta se enmarca en la magnitud del impacto adverso que las condiciones actuales, en medio de una guerra, pueden provocar. En el entorno de las consecuencias de índole general, aparecen condiciones particulares como son las repercusiones del creciente nivel de los precios de los productos energéticos –en especial del gas natural y su relación con los productos basados en el nitrógeno– y el impacto adverso que eso tiene sobre la cotización de los fertilizantes y, por extensión, en el precio de los alimentos. Aunada está la presión sobre el costo de los transportes, un factor adicional de incidencia en el alza del índice de los precios. 
En términos más generales, se observa que la capacidad de la economía estadunidense –para crecer sobre la base de una mayor productividad y el dinamismo de las corrientes de inversión, como ocurre de modo sobresaliente en el sector de la inteligencia artificial–, está expuesta a las condiciones provocadas por la guerra. El Departamento de Comercio redujo a la mitad la estimación de crecimiento del último trimestre de 2025 de 1.4 a 0.7 por ciento. 
Hoy, las empresas y las familias resienten las consecuencias de la guerra, tanto en el ya señalado caso del costo de la energía como en el alza del costo del crédito. La secuencia del proceso de inestabilidad económica que está en curso puede describirse en distintas etapas: primero, el alto precio de los productos energéticos, asunto que se ha ido complicando en el escenario de guerra contra Irán. Segundo, el impacto alcista sobre la cobertura de las necesidades básicas. Tercero, los obstáculos de la oferta de bienes derivada de la fragilidad de la estructura de las corrientes del comercio, misma que puede volverse más compleja. 
La guerra impone un alto costo económico y la tendencia es ahora hacia un mayor gasto en defensa. Para muchos países la presión fiscal está creciendo y con ello el entorno de vulnerabilidad tanto para costear el conflicto y, en término más generales, para establecer condiciones suficientes de cara a una eventual recuperación del nivel de la actividad económica. 
La guerra de Irán empezó el pasado 28 de febrero y su duración se ha extendido más allá de la estimación original y en condiciones militares y políticas no previstas originalmente. Hoy, en medio de una tregua tambaleante pactada entre las partes, no se vislumbra una conclusión y menos aún la forma que ésta podría tener. Esto replantea las condiciones de incertidumbre y la matriz de los riesgos que se enfrentan. Cualquier escenario económico que se presente y las decisiones políticas que adopten los gobiernos están enmarcadas en la dinámica de la guerra. 
Como ha apuntado el conocido experto financiero Mohamed El-Erian, lo que ahora se aprecia como un choque económico de graves consecuencias negativas, podría pasar de ser una disrupción temporal a una fase de daño estructural de largo plazo.