domingo, 19 de abril de 2026

Condenan comunicadores de más de 25 países agresión de EU

Refrenda Díaz-Canel amistad con el pueblo estadunidense
Denuncian creciente concentración del poder informativo y tecnológico en manos de un reducido número de corporaciones transnacionales
▲ El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, acompañado de la doctora Rosa Miriam Elizalde, colaboradora de La Jornada.Foto Luis Hernández Navarro
Luis Hernández Navarro   Enviado
Periódico La Jornada   Domingo 19 de abril de 2026, p. 21
La Habana. Manolo de los Santos imparte la conferencia magistral con la que termina el quinto Coloquio Patria. Arma el rompecabezas, con sencillez y humildad, de la estrategia de comunicación de Fidel Castro. Lo escuchan, atentos, entre otros, el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, la que fue bautizada como madre de Patria, Rosa Miriam Elizalde, altos dirigentes del Partido Comunista Cubano (PCC) y funcionarios del gobierno cubano.
En distintos momentos de su charla, De los Santos recalcó la ironía de estar hablando frente a la dirección de la Revolución cubana. Nacido en República Dominicana, a los 5 años de edad se trasladó al sur del barrio de Bronx, en Nueva York. Es director ejecutivo y portavoz de The People´s Forum y un organizador nato. Visita regularmente Cuba, donde es querido y respetado. Ha trabajado con Pastores por la Paz.
Durante varios años vivió en la isla y fue un puente con los jóvenes estadunidenses que estudian medicina en la Escuela Latinoaméricana de Medicina (ELAN).
A juzgar por el cálido abrazo que le propinó Díaz-Canel al terminar su conferencia, existe entre ambos una estrecha relación, que va más allá de lo personal. El primer secretario del partido comunista ha expresado en múltiples ocasiones, recordando al comandante Fidel Castro, el gran respeto que Cuba tiene por el pueblo estadunidense.
De manera que, coronar un evento tan relevante como Patria, al que el liderazgo de la nación caribeña dedicó tanto tiempo, con una conferencia magistral de un estadunidense sobre el líder histórico de la Revolución cubana, no es una casualidad, sino un mensaje lleno de significado. La Antilla quiere tener relaciones estrechas y cordiales con Estados Unidos, y De los Santos es uno de sus puentes nodales.
Más allá de su charla, La Jornada entrevistó a Manolo, para conocer su opinión sobre el momento actual que se vive en la relación binacional
–Manolo, ¿cómo se ve a Cuba en Estados Unidos?
–Creo que el pueblo estadunidense, en su mayoría, no tiene una opinión formada sobre Cuba. El entendimiento que tiene sobre este país se está formando realmente ahora, a partir de las declaraciones de Donald Trump. Y la gente, no por simpatía con la ideología cubana o de la lucha contra el bloqueo, sino simplemente porque rechaza en general las políticas de Trump, también rechaza las amenazas de guerra que hace el presidente.
–Sin embargo, pareciera que hay mayor beligerancia de un sector de la comunidad cubana de Florida. ¿Es así?
–Yo creo que es una beligerancia diminuta, cuando uno toma en cuenta la escala que tiene una comunidad cubana americana dentro de Estados Unidos. Esas voces beligerantes son una minoría dentro de la comunidad cubana americana.
–¿El acercamiento que hubo en la época de Obama está presente como referencia en la memoria histórica estadunidense?
–Creo que el pueblo estadunidense tiende a tener una memoria bastante corta. Parece que el proceso de normalización con Obama fue hace un siglo y no hace 10 años. Hay que rescatar esa historia, pero actualmente, no figura en el radar político de muchos estadunidenses.
–¿Ves algún peligro de que, a partir de lo sucedido con Washington en Irán, se intensifique la agresión hacia Cuba?
–Ese es el desafío que tiene el imperio estadunidense. Ninguna derrota, ni la de Vietnam, ni la de Irán ahora, son lo suficientes como para calmar la necesidad constante del imperio por subordinar al planeta. Creo que no solamente Cuba está en la lista. Hay una serie de escenarios mundiales en los que vemos un nivel de peligro inmenso, porque Estados Unidos va a querer de nuevo implantarse.
Proyecto Patria, fiesta de la belleza y la modernidad
El proyecto Patria cuenta ya con una hermosa sede en La Habana. Apenas el pasado viernes se inauguró, con la presencia del presidente Díaz Canel y del canciller Bruno Rodríguez. Durante tres días, los más altos dirigentes del Partido y el Estado cubanos estuvieron presentes en los trabajos del Coloquio.
Una señal inequívoca de la importancia que le dan a este proyecto sobre la comunicación digital.
En mucho, el despliegue de la iniciativa es resultado del tesón y el trabajo de la doctora Rosa Miriam Elizalde, entre otras cosas más, colaboradora de La Jornada.
Según ella, “el sueño, la inspiración de Patria, se la debemos al presidente. El primer Patria neonato surgió con el apoyo extraordinario de la cancillería, en particular del ministro Bruno Rodríguez. Un día, llegó el presidente y nos dijo: hay que hacer Patria todos los años. Tiene que mantenerse. Tenemos que crecer esto. Tiene que tener una casa. Y ahora, tenemos una casa que es la casa de todos”.
“El bellísimo nombre de Patria se lo debemos al periódico fundado por Martí. Hemos armado este proyecto desde la Trinidad Martiana. ¿Cuál era la Trinidad Martiana? La verdad, la justicia y la belleza.
“Patria –explica Rosa Miriam– tiene que ser una fiesta de pensamientos, una fiesta de la belleza, porque en la belleza está la emoción de nuestros pueblos. Tiene que ser una fiesta de la modernidad, como lo fue Martí en su tiempo. La izquierda no tiene por qué casarse con los feos, con los desaliñados.
Festival cultural de grandes ligas
El evento, dedicado al centenario de Fidel Castro, concluyó con un festival cultural, de grandes ligas. El gran poeta y etnólogo Miguel Barnet, de 86 años de edad, declamó su poema Patria: “No puedo esperar más/digo y vuelvo a repetir ahora/que cada día que pasa/quiero más a este viento debajo de las hojas”.
El Corona Ensamble interpretó obras como El guayaboso, de Guido, López o Poema el Mar del mismo Barnet, con música de Beatriz Corona. El cuarteto de Cuerdas del alma tocó Acrílicos en el espacio. Y, en un descuido, aparecieron las canciones Silvio Rodríguez, trovador de un país entero.
El número de asistentes al encuentro, en tiempos difíciles como los que corren, fue notable: 154 invitados internacionales y más de 3 mil participantes nacionales.
Sus resolutivos estuvieron atravesados por el momento que vive esa nación caribeña. “En el 65 aniversario de Invasión por Playa Girón –dicen–, reafirmamos el carácter profundamente político, histórico y estratégico de este encuentro que rinde homenaje a la primera gran derrota del imperialismo en América y a la vigencia de las ideas emancipadoras de la Revolución cubana”.
Después de tres días de análisis y debates, concluyeron que “la comunicación digital se ha consolidado como uno de los principales terrenos de disputa política, cultural, tecnológica y geopolítica del mundo contemporáneo, donde se dirimen no solo narrativas, sino también relaciones de poder, modelos de sociedad y proyectos civilizatorios”.
Denunciaron la creciente concentración del poder informativo y tecnológico en un reducido número de corporaciones trasnacionales que controlan infraestructuras críticas, flujos de datos, sistemas publicitarios, servicios en la nube, cadenas de valor de los semiconductores, plataformas digitales, algoritmos de recomendación y, de manera creciente, el desarrollo y despliegue de la inteligencia artificial.
El quinto Coloquio Internacional Patria condenó, también, la política de agresión de Estados Unidos contra Cuba, expresada en el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero, así como en la imposición de un cerco energético destinado a asfixiar el desarrollo del país y afectar directamente la vida cotidiana de su pueblo.
Y concluyó: “Frente a esta política de presión, reafirmamos la legitimidad del pueblo cubano para defender su proyecto social. Exigimos el levantamiento inmediato de todas las medidas coercitivas unilaterales.
“Llamamos a la comunidad internacional a rechazar cualquier forma de guerra económica que utilice la energía y la comunicación como instrumentos de castigo colectivo”.

Reitera León XIV que no tiene ningún interés en debatir con Donald Trump
Reuters, Ap y Afp
Periódico La Jornada   Domingo 19 de abril de 2026, p. 19
▲ El Papa, acompañado del presidente de Angola, João Lourenço, en Luanda.Foto Ap
Luanda. El papa León XIV aseguró ayer que sus recientes declaraciones no son una respuesta directa a las críticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, e insistió en que no tiene ningún interés en debatir con el mandatario estadunidense.
Afirmó que seguirá predicando el mensaje evangélico de paz. En tanto, durante su discurso en Angola, condenó la explotación de los recursos naturales en África, y arremetió contra los “déspotas y tiranos” que prometen riqueza pero no cumplen sus promesas, lo que provoca sufrimiento y muertes
“Ha habido una cierta narrativa que no ha sido exacta en todos sus aspectos, pero debido a la situación política creada cuando, el primer día del viaje, el presidente de Estados Unidos hizo algunos comentarios sobre mí”, señaló durante su vuelo de Camerún a Angola tras añadir que “gran parte de lo que se ha escrito desde entonces ha sido más comentario sobre comentario, tratando de interpretar lo que se ha dicho”.
Al hablar con periodistas, se refirió específicamente a sus declaraciones de esta semana ante una reunión por la paz en Bamenda. El pontífice explicó que su discurso, en el cual arremetió contra el “puñado de tiranos” que estaban devastando la Tierra con guerra y explotación, fue escrito hace dos semanas, mucho antes que comenzaran las críticas de Trump. “Sin embargo, por cómo se dieron las cosas, se interpretó como si yo estuviera tratando de debatir otra vez con el presidente, lo cual no me interesa en absoluto”, agregó.
“Vengo principalmente a África como pastor, como cabeza de la Iglesia católica, para alentar y acompañar a todos los católicos de África”.
En Angola, país rico en petróleo y tercera parada de su gira por cuatro países africanos, Robert Francis Prevost llamó a los angoleños a trabajar por una sociedad libre de la “esclavitud impuesta por la élite, que está cargada de gran riqueza pero de falsas alegrías.
De igual manera, en declaraciones dirigidas al presidente angoleño João Lourenço y a otros líderes políticos, expresó: “¡Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántos desastres sociales y medioambientales provoca esta lógica del extractivismo!”.

El poder de nombrar
La arrogancia de este señor llegó al extremo de poner su nombre y el de su esposa al Centro Cultural Kennedy en Washington. Foto Afp   Foto autor
Jorge Durand
19 de abril de 2026 00:03
Si hay alguien que conoce a la perfección el poder de nombrar es Donald Trump. A pesar de ser un millonario de medio pelo, comparado con otros, su nombre figura en una torre en la Quinta Avenida de Nueva York, al lado y por encima de la prestigiosa y tradicional casa joyera Tiffany’s. 
Son más de 20 torres y hoteles los que llevan su nombre, además de clubes de golf y otras propiedades. Una excepción podría ser su mansión en Florida, Mar-a-Lago, que paradójicamente lleva un nombre en español. 
Además de su nombre, varias de sus torres son doradas y, por añadidura, uno de sus clubes de golf se llama Doral. Es un color que le fascina y durante su gestión ha tratado de corregir la sobriedad del salón oval poniendo pastiches dorados y afrancesados en la nueva decoración. Otra de sus obsesiones tiene que ver con los palacios o mausoleos, como el Taj Mahal, nombre que llevaría su casino insignia en Atlantic City, New Jersey, empresa que cayó en quiebra y en desgracia. 
El hecho de nombrar denota poder, implica posesión, pertenencia. Durante la era de los grandes descubrimientos, de los territorios inhóspitos, la posesión se materializaba y difundía con el acto de nombrar. Pero darle tu nombre a algo, una empresa, un lugar, un edificio, implica un traspaso de prestigio al ego de la persona que lo posee. También puede implicar desprestigio, como se lo recuerdan sus enemigos a Mr. Trump con el fracaso financiero del casino Trump Taj Mahal. Con el agravante de que casi es imposible que quiebre un casino. 
La arrogancia de este señor llegó al extremo de poner su nombre y el de su esposa al Centro Cultural Kennedy en Washington. No lo pudo quitar, pero se puso al lado del presidente americano más relevante y carismático del siglo XX. Pero su huella indeleble de constructor y propietario la llevó a los mismos territorios de la Casa Blanca y derruyó parte del ala este, sin permiso, para construir un gran y dorado State Ballroom, que obviamente llevará su nombre. 
Esta obsesión de Trump por poner su nombre y nombrar lo llevó a cambiar el nombre ancestral de Golfo de México por Golfo de América y, como presidente del país más poderoso del mundo, pudo hacerlo sin consultar a los otros pretendientes legítimos geográficamente como México y Cuba, que tendrían también derecho. Su decisión marca un hecho histórico, y de ahora en adelante habrá que dar este tipo de explicaciones: “Golfo de América, antes Golfo de México”. El antes y el después lleva la marca y el nombre de Trump. 
Si bien, en el caso del Golfo de México, podría existir un argumento geográfico, en el caso del cambio de nombre de Golfo Pérsico a Golfo Arábico, la pretensión era geo-político-militar. Quitarle el nombre a los persas, que lo poseían desde hace siglos, era robarles un pedazo de su identidad, de sus derechos ancestrales sobre el estrecho de Ormuz, para otorgárselo a sus aliados, los países árabes. 
Un simple cambio de nombre podía tener implicaciones geopolíticas muy diversas en el contexto regional y global. Para empezar, le quitaba poder simbólico a Irán, para arrogarse el derecho de cerrar el estrecho de Ormuz. Fue algo que nunca había pasado y se había respetado siempre el libre tránsito por el estrecho, hasta la guerra actual. 
Por otra parte, favorecía las pretensiones de Israel para estigmatizar a Irán como terrorista global que se arroga un derecho que afecta a múltiples naciones. De hecho, que se mantenga cerrado el estrecho favorece las pretensiones de Israel de proponer una solución alternativa, largamente buscada y ansiada, de hacer un oleoducto que llegaría precisamente al mediterráneo, por el territorio actualmente despoblado de Gaza. 
Del mismo modo, el cambio de nombre de Ministerio de Defensa a Ministerio de Guerra tiene serias implicaciones y contradicciones con lo que Mr. Trump predicaba sobre la guerra y que sólo necesitaba de un día para terminar con la de Ucrania. 
Otra de las habilidades de Mr. Narciso era la de poner apodos: a Joe Biden le llamaba Joe el dormilón; a Bernie Sanders lo llamaba el loco Bernie; a la senadora Elizabeth Warren, que se distinguió por atacarlo directamente, le puso el apodo de Pocahontas, porque decía que tenía ancestros de indios originarios; algo similar sucedió con el apodo que le puso a López Obrador, según Mark Feierstein, quien fuera asesor de Obama para América Latina: en círculos cerrados de la Casa Blanca se dice que lo llamaba Juan Trump, una manera jocosa, pero estereotipada, para referirse a un hispano-latino, lo que también se mueve en el borde del racismo. 
Hace poco, en su red social, Trump sugirió que León XIV sólo fue elegido para dirigir la Iglesia católica “porque era estadunidense”, y pensaron que esa sería la mejor manera de lidiar con él. Poco faltó para decir que él lo había nombrado. 
En el caso de Donald Trump, el diagnóstico siquiátrico es el de “narcisista maligno”, término acuñado por Erich Fromm para diagnosticar a personas como él.