lunes, 9 de marzo de 2026

Irak, principal afectado por el bloqueo en el estrecho de Ormuz.

Reuters
Periódico La Jornada   Lunes 9 de marzo de 2026, p. 25
Bagdad. La producción petrolera iraquí procedente de sus principales yacimientos del sur del país ha caído 70 por ciento, a 1.3 millones de barriles diarios, ya que Irak no puede exportar petróleo a través del estrecho de Ormuz debido a la guerra con Irán, informaron tres fuentes del sector.
La producción de los yacimientos se situaba en torno a 4.3 millones de barriles diarios antes del conflicto bélico.
“El almacenamiento de crudo ha alcanzado su capacidad máxima y la producción restante, tras el importante recorte, se utilizará para abastecer a las refinerías del país”, afirmó un responsable de la empresa estatal Basra Oil Company, que gestiona las operaciones de producción y exportación de los yacimientos del sur.
El estrecho de Ormuz es uno de los principales puntos de tránsito de buques con petróleo en el mundo –entre el golfo Pérsico y el de Omán–, por donde circulan aproximadamente una quinta parte del flujo mundial de navíos cargados con crudo y gas natural licuado.
Las exportaciones de este miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) también se redujeron drásticamente hasta una media de 800 mil barriles diarios, con sólo dos petroleros cargando, ya que los buques no pueden circular libremente por el estrecho hasta las terminales del sur de Irak, según la fuente.
Irak e Irán forman parte de las ocho naciones que rodean el estrecho, siendo de ellas Arabia Saudita la que más petróleo produce a escala mundial con 22.13 por ciento, y Baréin la que menos lo hace, con 0.43 por ciento.
Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán también rodean esa zona, por lo que sus producciones petroleras corren el riesgo si no se llega pronto a una solución.

Colonos de Israel matan a tres palestinos en Cisjordania reocupada
Ap, Afp, Europa Press y Prensa Latina
Periódico La Jornada   Lunes 9 de marzo de 2026, p. 28
Abu Falah., Colonos israelíes mataron a tiros a dos palestinos y un tercero murió por asfixia durante un asalto nocturno en Cisjordania reocupada, informaron ayer autoridades palestinas y el ejército israelí.
“El crimen terrorista cometido hoy (ayer) por bandas de colonos en la aldea de Abu Falah, noreste de Ramallah, resultó en el martirio de tres ciudadanos y heridas a varios otros”, indicó la cancillería de la Autoridad Nacional Palestina en un comunicado en redes sociales.
“Los colonos dispararon munición real contra los ciudadanos durante un gran ataque que tuvo como objetivo a la población”, agregó tras acusar al ejército israelí de “brindar apoyo” a los colonos. En un mensaje de redes sociales, las Fuerzas de Defensa de Israel explicaron que tanto sus efectivos como la guardia fronteriza acudieron a la zona para dispersar a los colonos con gases lacrimógenos.
El general de división Avi Bluth, jefe del ejército israelí en Cisjordania reocupada, declaró que “este es un incidente inaceptable” y que “habrá tolerancia cero con los civiles que se toman la justicia por su mano”.
La Organización para la Cooperación Islámica condenó los ataques y acusó a colonos extremistas de perpetrar asesinatos, incitación y expansión de asentamientos bajo protección de las fuerzas israelíes, en violación del derecho internacional, publicó la agencia palestina Wafa.
En tanto, la situación humanitaria en la franja de Gaza se agrava: miles de palestinos con graves quemaduras por los bombardeos carecen de tratamiento adecuado debido a la destrucción del sistema sanitario y la escasez de medicamentos, alertó Mahmoud Mahani, jefe del departamento de cirugía plástica, reconstructiva y de quemados del hospital de los Mártires de Al Aqsa.
El médico también advirtió que la falta de equipos especializados, como dispositivos de expansión de tejidos e instrumentos microquirúrgicos obliga a los pacientes a marcharse al exterior para recibir tratamiento.

Retórica de Trump eleva en Miami exigencia de acción militar en Cuba
Ultraderechistas repudian postura de Marco Rubio de buscar sólo cambios económicos en la isla: especialista // Washington definirá el rumbo, indica
▲ El viernes pasado el presidente estadunidense recibió al equipo Inter de Miami, donde felicitó a la estrella Lionel Messi y al dueño Jorge Mas, hijo del líder anticastrista Jorge Mas Canosa, y anticipó que pronto celebrarán “lo que ocurre en Cuba”.Foto Afp
Jim Cason y David Brooks   Corresponsales
Periódico La Jornada  Lunes 9 de marzo de 2026, p. 27
Washington y Nueva York., Cubanoestadunidenses ultraconservadores en Miami promueven públicamente la presión política en Estados Unidos a favor del cambio de régimen en Cuba y una vez más –como tantas veces en el pasado– consideran que “ahora sí” lograrán derrocar al gobierno en la isla, aunque están preocupados de que el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, podrían dar prioridad a sólo modificaciones económicas mientras dejan parte del régimen en el poder.
“Creo que se podrá hacer un acuerdo fácilmente con Cuba”, comentó el jefe de la Casa Blanca en Miami el sábado. “Ellos quieren negociar y están conversando con Marco, conmigo y algunos otros”.
Rubio ya había dicho hace unas semanas durante una reunión de la Comunidad del Caribe (Caricom) que “Cuba necesita cambiar. Y no tiene que modificar todo a la vez. De un día a otro. Todos somos maduros y realistas aquí”. Sin embargo, esos mensajes oficiales a veces se intercalan con otros que proclaman que el gobierno de La Habana “ya está en sus días finales”.
No cesan los rumores de que podrían llegar a un acuerdo sobre cambios económicos, aunque el gobierno cubano insiste en que no existen tales negociaciones.
Los hechos que generan expectativas
La operación militar en Venezuela y el secuestro de su mandatario y la escalada en la retórica oficial sobre Cuba combinada con el bloqueo de envíos de petróleo a la isla han generado expectativas en Miami de que Trump está dispuesto a emplear la fuerza militar para derrocar al gobierno de La Habana, explica Guillermo Grenier, profesor en Universidad Internacional de Florida, quien ha dirigido el proyecto de sondeos más respetado sobre la opinión de la comunidad cubanoestadunidense en el sur de ese estado durante los pasados 30 años.
Esa retórica del presidente estadunidense ha nutrido a un sector extremista relativamente ignorado en tiempos recientes. “El incidente con la lancha que incursionó en aguas cubanas es muestra de que un cierto grupo emerge, gente que han sido bastante marginada en décadas recientes. Ahora de ese sector salen las voces más escuchadas y tienen la atención de los medios”, comentó Grenier en entrevista con La Jornada.
A principios de marzo, representantes de 30 grupos de ultraderecha se reunieron en una iglesia católica en Miami para orar antes de que emitieran un “manifesto de la libertad”, que llamó a desmantelar al Partido Comunista de Cuba. Ante versiones en medios estadunidenses de que altos funcionarios bajo la dirección de Rubio se han reunido con el nieto de Raúl Castro, Rául Guillermo Rodríguez Castro, como parte de supuestas negociaciones, el procurador general del estado de Florida rápidamente anunció que estaba reabriendo una “investigación criminal” contra Raúl Castro por el derribo de un avión de Hermanos al Rescate, en 1996. A la vez, el Departamento de Justicia federal contempla elaborar acusaciones penales contra altos oficiales cribaños, algo que expertos especulan es parte de las tácticas de presión para alguna negociación, aunque otros dicen que eso es ominoso ya que eso fue lo que se usó para justificar el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela.
“La comunidad del exilio cubano desea cambio político y ahora tienen nada menos que a Rubio diciendo que ‘tal vez no es necesario, que ahora podemos impulsar este cambio económico en la isla porque eso es lo que necesita la gente’”, comento Grenier.
“Hay cierto repudio a esta postura de Rubio entre algunos en la comunidad cubanoestadunidense, pero también sé de muchos de ese sector y cubanos que quieren hacer negocio en la isla y estaban tratando de comunicarle eso al secretario de Estado hace un par de semanas, cuando todo esto acerca a la posibilidad de cambios en la isla después de lo de Maduro”, indicó el experto al agregar que sabe de varios empresarios que hablan con el gobierno de Trump sobre oportunidades financieras en la isla.
Mayoría apoya el diálogo
En sus sondeos desde principios de los 90, Grenier comentó que aproximadamente 40 por ciento de la comunidad cubanoestadunidense en el sur de Florida apoyarían una reacción violenta contra el gobierno. Pero señaló que históricamente una mayoría ha apoyado el diálogo con el régimen de la isla e incluso algunos de los mismos que apoyarían la ofensiva también apoyan las conversaciones. “Apuesto a que si hiciera una encuesta en este momento, mucho más que 50 por ciento o hasta 60 de la gente (de la comunidad cubanoestadunidense) diría, sí, deberíamos de encontrar con el gobierno cubano y dialogar ahora mismo”, indicó.
Ofensiva legislativa
Los tres legisladores cubanoestadunidenses, todos republicanos, del sur de Florida han sido promotores del cambio de régimen y, por lo tanto, no necesariamente representando a sus bases. “Estoy muy contento con lo que está haciendo el presidente, renfocarse en Cuba, reconociendo que es una amenaza a la seguridad nacional y aplicando presión máxima para derrocar a ese régimen. Necesitamos que ese gobierno se vaya”, insistió el diputado Carlos Giménez el sábado. Su colega, la diputada María Elvira Salazar fue la que exigió a la presidenta Claudia Sheinbaum que dejara de enviar petróleo a la isla y elogió a Trump cuando presionó a México cumplir con ese deseo.
Legisladores republicanos estatales han impulsado un proyecto de ley para permitir abrir el comercio de Florida con Cuba si se lleva a cabo un cambio de régimen, y el gobierno de Hialeah, pueblo con la mayor proporción de cubanoestadunidenses en el país, se ha reunido para platicar sobre lo que podría ocurrir si hay un nuevo gobierno en la isla. “Hemos estado esperando 67 años para esto”, declaró el alcalde Bryan Calvo a Politico. “Obviamente esperamos que ocurra tan pronto como sea posible, pero pienso que veremos algo probablemente antes de las elecciones intermedias (en noviembre)”.
En una ceremonia en la Casa Blanca el pasado viernes para festejar el campeonato del equipo de futbol de Miami –donde Trump felicitó a la estrella de la escuadra Lionel Messi– en la Copa de las Ligas Mayores de Soccer, el dueño Jorge Mas habló de cómo su familia salió de Cuba después de la revolución y sobre cómo su padre, Jorge Mas Canosa, encabezó el movimiento anticastrista en Estados Unidos.
“Nos juntaremos de nuevo pronto, sospecho, para celebrar lo que está ocurriendo en Cuba”, comentó el anfitrión de la fiesta, el presidente estadunidense.
Descarta freno a posible negociación
¿Estas voces políticas podrían descarrilar o frenar un acuerdo impulsado por Trump con el actual gobierno cubano sobre cambios económicos sin incluir modificaciones políticas en Cuba? Grenier considera que no.
“Si Rubio decide que los cambios económicos son más importantes que los políticos, si queda claro que el gobierno de Trump va ha proceder en esa dirección, los cubanos (en Miami) lo van a apoyar”, pronostica. Aunque supone que habrá gente frente al famoso restaurante Versalles en la Calle Ocho protestando un acuerdo así, “en general, los cubanoestadunidenses dirían, bien, este es el plan, vámonos con él”.
Insiste una y otra vez en lo mismo que ha argumentando en entrevistas anteriores con La Jornada de que desde hace tiempo ya no es Miami la que establece la política bilateral con La Habana, sino Washington. (https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/02/27/mundo/ya-no-es-miami-sino-washington-el-que-dirige-el-bloqueo-a-cuba).
Advierte que, a fin de cuentas, el que toma las decisiones es Trump. Y que el mandatario, también residente del sur de Florida, ha comprobado que es poco pronosticable.

La “trifecta” de Trump: Venezuela, Irán y Cuba
David Penchyna Grub
En el primer trimestre de 2026, la administración de Donald Trump ha ejecutado un viraje estructural en la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, transitando de la retórica de la guerra comercial a la ejecución de la guerra convencional. Este cambio de paradigma ha sacudido el orden global mediante acciones que una generación entera de presidentes estadunidenses, tanto demócratas como republicanos, se resistieron a implementar por temor a las repercusiones sistémicas: la intervención militar directa en América Latina y el ataque frontal al núcleo de la revolución iraní. La incursión en Venezuela y la eliminación del ayatolá Jamenei no son eventos aislados, sino los pilares de una estrategia de reafirmación de dominio que busca erradicar la percepción de fragilidad internacional heredada de la administración Biden.
Este despliegue de poderío militar responde a una necesidad política interna de carácter urgente. Con las elecciones de medio término en el horizonte cercano, el Ejecutivo estadunidense se juega la gobernabilidad de la segunda mitad de su mandato. En este contexto, la Casa Blanca ha comprendido que la narrativa de “Make America Great Again” requiere de una tangibilidad que el mercado interno no está logrando proveer con la rapidez necesaria.
La promesa electoral de estabilizar la economía y reducir de forma drástica la inflación ha demostrado ser un objetivo complejo de cumplir en los meses que restan para noviembre. Ante la resistencia de los indicadores económicos domésticos, la administración ha optado por el pragmatismo político: sustituir el bienestar económico inmediato por la percepción de una nación con poder, fuerza y dominio global. Para el electorado, la imagen de un Estados Unidos que interviene y vence en el extranjero funciona como un mecanismo de compensación sicológica frente a las dificultades del costo de vida. En la ecuación de Trump, la victoria militar es el activo más rentable cuando la economía no permite ofrecer resultados contundentes en las mesas de las familias de ese país.
Bajo esta premisa, la secuencia de los eventos bélicos sigue un cronograma de alta precisión. Si el aparato de seguridad de Washington fue capaz de capturar a Nicolás Maduro un sábado y terminar con el liderazgo de Jamenei un domingo, la conclusión lógica para cualquier analista es que el siguiente objetivo es Cuba. No debe haber espacio para la duda: la isla representa la medalla que la derecha estadunidense ha deseado portar en el pecho durante décadas y las condiciones para obtenerla jamás han sido tan favorables para Washington.
Cuba se encuentra hoy en una situación de asfixia económica y logística sin precedentes, privada del soporte energético venezolano y del respaldo financiero y técnico iraní. Para la administración Trump, la caída del régimen de La Habana completaría la “trifecta electoral”: Venezuela, Irán y Cuba. Este eje de victorias externas está diseñado específicamente para mantener las mayorías en ambas cámaras del Congreso, permitiendo al presidente procesar el resto de su mandato sin la obstrucción de una oposición fortalecida. En el cálculo de la Casa Blanca, la soberanía regional es un factor secundario frente a la consolidación de un Poder Legislativo alineado con su visión de control total.
El escenario descrito tiene repercusiones directas y profundas para México. Hasta el momento, la relación bilateral se ha mantenido en una suerte de “empate“ técnico que ha favorecido la estabilidad relativa del país. Los tres grandes temas que dominan la agenda –seguridad, migración y la amenaza recurrente de los cárteles de la droga– han sido gestionados mediante una diplomacia de contención. Sin embargo, la inminente ofensiva contra Cuba introduce un elemento de tensión que amenaza con romper este equilibrio.
México observa este despliegue de fuerza en un momento de vulnerabilidad estratégica, con el T-MEC en pleno proceso de renegociación bajo una administración estadunidense que utiliza la presión económica como arma de negociación. La paradoja de este escenario es total: mientras los tres países de Norteamérica se preparan para la logística de un Mundial de Futbol compartido, Washington redefine las fronteras ideológicas y militares del continente. El pragmatismo obliga a reconocer que el costo humano y social de estas acciones será brutal, pero cualquier otro análisis basado en el optimismo diplomático sería ignorar la realidad política de 2026. La administración Trump ha demostrado que su prioridad es la consolidación del poder y, en ese tablero, Cuba es el próximo movimiento, que nadie lo dude.