domingo, 1 de marzo de 2026

Gaza y los desconocidos de siempre.

Heba al-Yazji, su esposo, Saddam, y su hija, Maryam, rompen su ayuno durante el mes sagrado musulmán del Ramadán entre los escombros de los edificios destruidos en la ciudad de Gaza el martes 24 de febrero de 2026. Foto
Heba al-Yazji, su esposo, Saddam, y su hija, Maryam, rompen su ayuno durante el mes sagrado musulmán del Ramadán entre los escombros de los edificios destruidos en la ciudad de Gaza el martes 24 de febrero de 2026. Foto Ap   Foto autor
Francisco Javier Guerrero*
01 de marzo de 2026 00:04
En la segunda mitad del siglo pasado se exhibía en México la película italiana Los desconocidos de siempre, que mostraba a unos pobres hombres que se convertían en raterillos para tratar de satisfacer sus necesidades vitales. Fracasados en sus vidas y en sus robos, sus imágenes eran las propias de la gente ninguneada, la que no aparece en revistas de espectáculos ni se deja ver en las televisoras comerciales. Son los desconocidos de siempre, gente de cuya existencia se ignora casi todo. 
Algunos lectores se habrán considerado inexistentes cuando un jefe de oficina los coloca en listas negras sin darles oportunidad de imponerles alguna labor o bien se sienten difuminados por el supremo desdén de una persona que quisieran fuera su pareja sentimental, como en el caso de alguien que canta aquella tonadilla titulada Cien años. 
El filósofo Jean Paul Sartre afirmaba que en muchas ocasiones no nos fijamos en las características de un taxista que nos conduce a determinado sitio, o en las propias de un mesero que nos sirve en un restaurante. No son más que máquinas que nos rinden un servicio, los deshumanizamos. 
Los miembros de potencias colonizadoras o imperialistas se han apoderado de diversos territorios a través de la historia, proclamando que en ellos sólo existen minorías salvajes que necesitan ser civilizadas o simplemente están deshabitados. 
En 1848 el Estado estadunidense se apoderó de más de la mitad del territorio mexicano y sus funcionarios alegaban que en tal sitio no se encontraba ninguna especie de habitantes, cuando en realidad existía una población considerable de mexicanos, españoles y diversos grupos étnicos indígenas. 
Los dictadores y déspotas de todo género, tiranos y reyezuelos, así como las gentes muy arropadas en el narcisismo, procuran mandar al reino de lo invisible a quienes no comparten sus intereses o son sus críticos y adversarios. Incluso invisibilizan a personas que ejercen sus críticas constructivas tratando de auxiliar a los déspotas para que no sigan dando pena en sus pobres desempeños. Cuando la indolencia ante los diferentes llega a su máximo, se puede arribar a la ejecución de diversos genocidios. 
En el terreno de las ideas, también se ha procurado desaparecer a seres considerados molestos por sus actividades impugnadoras o revolucionarias. Así, por ejemplo, cuando visité la Unión Soviética en 1978 me encontré con que muchos jóvenes y un buen conjunto de gentes mayores no sabían quién era León Trotsky, pese a que éste había sido el principal caudillo de la revolución rusa después de Vladimir I. Lenin. En México, durante muchos años se ignoró la existencia de Ricardo Flores Magón o de Valentín Campa. 
En el caso de los grupos étnicos indígenas y de las mujeres en general, el caso es patético: se ocultan sus grandes aportes en los campos de invenciones y descubrimientos y sus contribuciones a la cultura universal. Se ha llegado al extremo de negar la existencia de catástrofes humanitarias como el genocidio de los armenios por parte del Estado turco en 1915 y todavía hay gentes que niegan el holocausto cometido por los nazis. 
La ex ministra del Estado de Israel Golda Meir declaró en los años 70 que el pueblo palestino no existía; en realidad no hacía más que expresar un perverso deseo de muchos de los gobernantes del Estado que ella comandó por un tiempo. Desde 1948, el Estado israelí ha ejercido un terrorismo contra la población palestina, proceso que ha provocado enormes éxodos de esa población y muertes de muchos de sus componentes por acciones armadas, por discriminación y racismo o por despotismo autoritario. 
El señor Benjamin Netanyahu, actual primer ministro de Israel, principal autor de un genocidio contra la población palestina en la franja de Gaza, en el cual ha contado con el apoyo del presidente de Estados Unidos, debe estar muy contento porque ya cuenta con un arma letal para, de ser posible, hacer desaparecer a todos los palestinos y que no quede de ellos ni el recuerdo. Se trata de arrojar sobre esa martirizada población las bombas termobáricas que en su explosión llegan a tener hasta 3 mil 500 grados y que al entrar en contacto con el cuerpo de sus víctimas los hacen desaparecer por completo. 
Adicionalmente, en artículos posteriores podremos mencionar otras armas letales cuyo empleo está prohibido y debe evitarse a como dé lugar su utilización. De no ser así, todos los pueblos del planeta estarán en peligro potencial de ser víctimas de genocidios y, entre otras cosas, recordemos que en Estados Unidos existen supremacistas que no sólo reclaman las deportaciones de nuestros compatriotas, sino incluso su aniquilación. 
*DEAS-INAH

La desigualdad agravará la próxima pandemia.
Joseph E. Stiglitz, Monica Geingos y Michael Marmot / Especial Para La Jornada
▲ Durante la cuarentena por el covid-19, una persona en situación de calle en la Ciudad de México muestra sus manos y expresa que sí utiliza gel antibacterial.Foto Marco Peláez
Nueva York. El combate científico a las enfermedades es más sólido que nunca. Tenemos medios para detectar brotes al instante, secuenciar patógenos en cuestión de días y desarrollar nuevas vacunas en pocos meses. Pero hoy, las pandemias se desarrollan y difunden con más rapidez y a más distancia, y suponen un riesgo mayor para las vidas y los medios de subsistencia.
Basta pensar en el trauma del covid-19, que generó padecimientos económicos a gran parte de la población mundial y provocó unas 18.2 millones de muertes en exceso entre el 1º de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2021 (https://t.ly/SJWGi). Las autoridades sanitarias ya habían advertido de la probabilidad de una pandemia, y en respuesta, el entonces presidente Barack Obama creó una oficina de preparación dentro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Pero su sucesor Donald Trump la desmanteló, y el país quedó más expuesto.
Ahora, los funcionarios de salud pública están advirtiendo (https://t.ly/5hhlI) una vez más de que la pregunta no es «si» habrá otra pandemia, sino «cuándo». Pero a pesar de los efectos devastadores de la última, al mundo parece no importarle.
El Consejo Mundial sobre Desigualdad, Sida y Pandemias (https://t.ly/sPhv1), del que somos copresidentes, publicó hace poco un informe sobre este riesgo (https://t.ly/-ikdh), en coincidencia con la reunión de ministros de salud del G-20 en Johannesburgo. Con datos del covid-19, el sida, el ébola y la viruela símica, el informe identifica un círculo vicioso por el cual la desigualdad y las privaciones relacionadas aumentan la probabilidad de pandemias y agravan sus efectos, y las pandemias aumentan la desigualdad, a menudo con efectos devastadores para las personas de menos ingresos.
En el caso del covid-19, hubo un impacto desproporcionado sobre los trabajadores de primera línea con salarios bajos, que mostraron más incidencia de la enfermedad y hospitalizaciones; eso se debió en parte a que no podían refugiarse en la reunión por Zoom. Y, si enfermaban, no les quedaba otra alternativa que apelar a sus escasos ahorros.
De modo que la respuesta a las pandemias trasciende la cuestión médica; hay que tener en cuenta también los aspectos socioeconómicos. El hacinamiento, las profesiones más expuestas y la pobreza contribuyen a la propagación de las pandemias, lo mismo que la mala alimentación y los indicadores sanitarios básicos. Por eso durante la crisis de covid-19, a los países con sistemas de salud universales les fue mejor que a los otros: sin esos sistemas, la desigualdad económica conduce a desigualdad sanitaria.
Por eso, abordar la desigualdad es un elemento esencial de la preparación y la respuesta a futuras pandemias, no sólo porque cuidar a los vulnerables es lo correcto, sino también porque es la mejor estrategia general. El covid-19 mostró que allí donde no había acceso a vacunas, terapias y equipos de protección, el patógeno proliferaba y mutaba, creándose así nuevos riesgos para todo el mundo. El apartheid vacunatorio («yo primero») de las economías avanzadas no sólo fue éticamente deplorable: también fue contraproducente.
Tal vez esta enseñanza explique por qué algunos países desarrollados hoy se muestran ligeramente más generosos. Por ejemplo, una reciente iniciativa del G-20 (https://t.ly/z7uwg) facilitará las transferencias de tecnología necesarias para construir centros de producción farmacéutica en cada región del mundo; esto es un paso clave en la preparación para la próxima crisis. Pero no es suficiente. Hay que instaurar una exención automática de patentes para todas las terapias y productos críticos, que se active tan pronto como la Organización Mundial de la Salud declare una pandemia. Así, cualquier empresa que tenga capacidad técnica para fabricar productos relacionados con la pandemia de los que haya necesidad urgente podrá comenzar la producción sin otro requisito que pagar al dueño de la patente una cifra justa en concepto de regalías.
Este cambio es importante, porque durante la pandemia de covid-19 algunos países pobres que tenían fondos para comprar vacunas occidentales no consiguieron un suministro suficiente, y algunos países provistos de la tecnología necesaria para fabricar productos críticos no pudieron hacerlo. De hecho, gracias a una demanda (https://t.ly/xPvaA) presentada al amparo de la Ley de Promoción del Acceso a la Información, ahora sabemos que vacunas de Johnson & Johnson producidas en África en lo peor de la pandemia se enviaron a Europa y Estados Unidos y los africanos tuvieron que arreglárselas sin ellas (https://t.ly/Aa_sX).
Aunque el hecho de que los gobiernos pueden usar licencias obligatorias para la fabricación de medicamentos genéricos en caso de necesidad (como amenazó hacer Estados Unidos en 2001 durante la crisis del ántrax) es un principio bien establecido, las empresas farmacéuticas lo han desvirtuado apelando a la litigación incesante.
A pesar de todos los avances científicos y de la mejora en la capacidad de respuesta a pandemias, esta situación es un obstáculo al progreso. Si no se comparten los conocimientos técnicos y el derecho a producir medicamentos, ¿de qué servirán en la próxima pandemia los centros mundiales de fabricación de vacunas?
Finalmente, para dar acceso universal a atención médica y protección en una pandemia hace falta dinero. Durante la pandemia de covid-19, los países ricos gastaron (https://t.ly/uJCjD) 8 por ciento de su PIB (mucho más grande) para hacer frente a la crisis, mientras los países de bajos ingresos sólo gastaron 2 por ciento. Y ahora, como resultado de la pandemia anterior, los países en desarrollo enfrentan una deuda de 31 billones de dólares (https://t.ly/Ir1JE) (la más alta en más de 20 años). Eso deja a muchos países de bajos ingresos sin los recursos necesarios para responder a pandemias actuales (como la de sida), por no hablar de prepararse para la próxima.
Esta injusticia ayuda a ver de qué manera una pandemia puede aumentar la desigualdad (en este caso, entre países). Las naciones de África subsahariana están gastando (https://t.ly/kxpPp) entre 40 por ciento y más de 50 por ciento de su recaudación tributaria para pagar deudas; en muchos casos, este gasto supera con creces al total combinado que destinan a salud y educación. Sin un alivio de deuda, les será imposible dar respuesta adecuada a una pandemia.
Además, la respuesta a la próxima crisis debe incluir un gran desembolso automático de fondos del Banco Mundial u otras instituciones financieras internacionales (quizá como derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional). Igual que la exención de patentes, medida que debe activarse tan pronto como se declare una pandemia.
Es posible romper el círculo vicioso de desigualdad y pandemia. Demandará recursos, pero no hacer nada será mucho más caro. También se necesitará voluntad política para implementar las medidas necesarias para una mayor equidad sanitaria. Y el primer paso es dar más prioridad a las vidas de las personas que a los beneficios monopólicos de las empresas farmacéuticas.
Traducción: Esteban Flamini
Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía, ex economista principal del Banco Mundial y ex presidente del consejo de asesores económicos de la presidencia de Estados Unidos, es profesor distinguido en la Universidad de Columbia y autor de The Road to Freedom: Economics and the Good Society (W. W. Norton & Company, (https://t.ly/XZpxU) Allen Lane, (https://t.ly/qixcd) 2024). Monica Geingos, ex primera dama de Namibia, es presidenta ejecutiva de la One Economy Foundation y fundadora de Leadership Lab Yetu. Michael Marmot es profesor de Epidemiología en el University College de Londres, director de su Instituto de Equidad Sanitaria y ex presidente de la Asociación Médica Mundial.
Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org (https://t.ly/BQ_jV)
Traducción: Esteban Flamini

Trump no se llevará nuestro petróleo
Actualmente, México ocupa todavía un lugar importante a nivel mundial. Estamos entre los lugares 19 o 21, hablando de reservas probadas de petróleo (1P), traducido a cantidades, contamos con alrededor de 5.9 a 6.1 mil millones de barriles. Foto
Actualmente, México ocupa todavía un lugar importante a nivel mundial. Estamos entre los lugares 19 o 21, hablando de reservas probadas de petróleo (1P), traducido a cantidades, contamos con alrededor de 5.9 a 6.1 mil millones de barriles. Foto Cuartosuro / Archivo   Foto autor
Antonio Gershenson
01 de marzo de 2026 00:01
Un recurso tan necesario como lo es hoy el petróleo, algún día dejará de ser la principal fuente de energía. Para los ambientalistas el hecho de contar con este recurso natural no renovable es una maldición, pero no para la tecnología que resuelve prácticamente todas las necesidades vitales en todo el mundo. 
Depende del uso que se le dé al recurso, es el valor real que éste tiene. La cantidad de petróleo y derivados que se ha desperdiciado por la inconsciencia de quienes se han adueñado de él, es incalculable e imperdonable. 
Actualmente, México ocupa todavía un lugar importante a nivel mundial. Estamos entre los lugares 19 o 21, hablando de reservas probadas de petróleo (1P), traducido a cantidades, contamos con alrededor de 5.9 a 6.1 mil millones de barriles. 
A lo largo de la historia de nuestra industria petrolera, la extracción y sus ganancias las tuvimos a manos llenas. Pasamos de ser una potencia con reservas probadas, posibles y probables, a ser un productor mediano, considerando que todavía estamos dentro de los 20 países petroleros importantes. 
Diversas opiniones aseguran que el hidrocarburo no se terminará en nuestro territorio. No obstante, existen ya otras opciones que irán sustituyendo su uso. E insistimos, no aceptamos ni debemos permitir, en ninguna de sus variantes, o por supuestos beneficios rentables, la extracción a través de la técnica altamente contaminante del fracking. 
Aunque históricamente Petróleos Mexicanos (Pemex), ha sido una potencia industrial, su posición ha bajado debido a la extracción acelerada, indiscriminada y abusiva. No obstante, sigue siendo un referente en América, básicamente por la alta productividad en la zona del Golfo de México. 
Nuestra posición en cuanto al lugar que ocupe Pemex, o importancia como exportador, es que no debemos entrar a una competencia de productividad que a nadie beneficia. Lo relevante para nuestro país es la utilidad y el apoyo de este importantísimo recurso natural para el desarrollo y el crecimiento de nuestra economía nacional. Tampoco interesa al pueblo mexicano qué funcionario o funcionaria obtendría una medalla por el aumento de la extracción y comercialización de nuestros hidrocarburos. 
No olvidemos que, hasta 2022, los principales exportadores de petróleo fueron, en primer lugar, Arabia Saudita, con la mayor ganancia en dólares estadunidenses; le siguieron Estados Unidos, Rusia, Irak, Canadá, Emiratos Árabes Unidos y otros más. ¿A quién le interesaría competir con estos países y para qué? Las ganancias, ya sabemos, fueron multimillonarias. La pregunta es si la población de estos países ha sido significativamente beneficiada o si han sido las empresas petroleras las verdaderamente ganadoras por la explotación de este recurso. 
No tenemos una cifra verificable del robo masivo de barriles por parte de Estados Unidos. Tampoco se puede justificar a este país por el atraco del hidrocarburo basado en conflictos o sanciones económicas internacionales injustificables. No tenemos una cifra exacta que indique la cantidad del robo masivo sistemático. Repetimos, el petróleo de Venezuela pertenece al país bolivariano. El petróleo mexicano le pertenece al pueblo de México. Por lo tanto, si el gobierno de la 4T decide comercializarlo con Cuba o con cualquier otro país, está en todo su derecho de hacerlo. El petróleo mexicano no le pertenece a Estados Unidos ni a Donald Trump. 
El presidente republicano no necesita más petróleo. Lo robado ya le ha generado buenas ganancias. Recordemos que, en diciembre de 2025, el buque Skipper fue asaltado con 108 millones de barriles (aproximadamente, 90 millones de dólares), pertenecientes a la empresa venezolana PDVSA. Este robo se llevó a cabo durante la campaña de Estados Unidos contra cargamentos de petróleo, increíblemente, considerados ilícitos. Por el atraco de 10 buques, aproximadamente, el monto ha sido por más de 900 millones de dólares. Esta enorme cantidad de dinero le pertenece al pueblo venezolano. 
No importa en realidad el lugar que México ocupe en cuanto a sus reservas; nuestro país ha mantenido una alta productividad bastante aceptable en cuanto a su extracción e industrialización. Continuamos en el doceavo sitio a nivel mundial. Lo importante es optimizar la extracción y la planificación estratégica para su comercialización y el proceso de industrialización interno, lo más ambientalista posible. Si el beneficio a la población es sustentable, no importa que ocupemos el lugar que tenemos actualmente. 
(Colaboró Ruxi Mendieta) 
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará” 
antonio.gershenson@gmail.com

La manufactura, rezagada en IA: Allie
Braulio Carbajal   Enviado
Periódico La Jornada   Domingo 1º de marzo de 2026, p. 21
Punta Mita. México está en el último cuartil mundial en adopción de inteligencia artificial (IA), al ubicarse alrededor del lugar 80 de 115 países medidos, lo que lo coloca entre los más rezagados en la incorporación de esta tecnología en sectores claves como la manufactura, afirmó Álex Sandoval, director general y fundador de Allie.
Para el empresario, el rezago no responde a falta de talento, sino, principalmente, al miedo y a la ausencia de una política pública clara en la materia.
Tras su ponencia a empresarios en la Convención Anual de la Industria Cárnica celebrada la semana pasada, Sandoval advirtió que el mundo atraviesa “el mayor breakthrough tecnológico (salto disruptivo) de la historia”, incluso más impactante que Internet o la computadora. Citó estimaciones de laboratorios como Google, OpenAI y Anthropic, según las cuales en un año la programación podría estar completamente resuelta por IA y en 24 meses entre 40 y 50 por ciento de muchas labores podrían automatizarse.
Subrayó que para México es urgente acelerar la adopción, particularmente en manufactura, sector que representa entre 30 y 40 por ciento de la economía y un 30 por ciento del PIB global.
Aclaró que automatización e inteligencia artificial no son lo mismo. La primera implica máquinas o robots que ejecutan tareas; la segunda conecta información dispersa y permite tomar decisiones en tiempo real.
“Nada se habla entre sí”, explicó sobre muchas plantas donde cada sistema opera de forma aislada. La propuesta de Allie, dijo, es que “la planta piense”; es decir, que toda la información esté conectada para anticipar fallas, reducir desperdicios y evitar pérdidas. Un ejemplo, comentó, es el control de temperatura en una línea de producción de alimentos. Una desviación puede provocar la pérdida de toneladas de producto y retrasos en entregas. Con IA, el sistema detecta la anomalía y envía instrucciones precisas al operador para corregirla antes de que el problema escale.
Los beneficios son principalmente de eficiencia. “Yo estaba produciendo 50 mil botellas por hora y ahora hago 70 mil. Antes tenía 40 horas de paro, hoy sólo 20”, explicó. En grandes corporativos, una sola línea puede generar ahorros de entre 50 y 70 mil dólares por hora. En plantas con decenas o cientos de líneas, el impacto acumulado es significativo.
En la industria de alimentos y bebidas, agregó, la reducción de desperdicio es clave.
La IA también permite anticipar riesgos en las cadenas de suministro. Sandoval ejemplificó con la guerra entre Rusia y Ucrania y su impacto en el precio del trigo. Un sistema inteligente puede correlacionar conflictos geopolíticos, clima y logística para recomendar cambios de proveedores y ejecutar órdenes de compra en días, cuando antes ese proceso tomaba meses.
Entre los principales obstáculos en México identificó tres: falta de política pública especializada, necesidad de mayor coordinación entre gremios y empresas tecnológicas, y un papel más activo de universidades en formación. “El reto principal que yo veo es el miedo”, afirmó, al señalar que la resistencia surge tanto en niveles operativos como directivos.
Allie, empresa mexicana, tiene más de 200 plantas conectadas a su plataforma, con entre 10 y 50 líneas por instalación. La plataforma gestiona más de 3 mil millones de dólares en producción de empresas como Bimbo y Lala.