miércoles, 25 de marzo de 2026

A 50 años del golpe militar, exigen a gobierno de Milei dejar de negar crímenes de la dictadura.

Esta fue, sin duda, la mayor y multitudinaria marcha a nivel federal en la historia de los últimos años y miles y miles se manifestaron en defensa de la Memoria, la Verdad y la Justicia, consigna de la convocatoria de los organismos de derechos humanos para recordar el golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976. 
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Stella Calloni, corresponsal
24 de marzo de 2026 20:27
Buenos Aires. “Estamos en esta plaza, con los 30 mil como bandera, con las Madres y las Abuelas, con los sobrevivientes de los campos de concentración, con los hijos, hijas, los nietos y las nietas, hermanos y hermanas, con los familiares de los detenidos-desaparecidos, y con el conjunto de organismos de derechos humanos acompañados por el pueblo para decirle a (el presidente Javier) Milei: la memoria es nuestra herramienta”, dice al final el documento leído ante la mayor multitud que se recuerde en esta fecha, por la Abuela de Plaza de Mayo Estela de Carlotto.
Destacó el reclamo al Estado que “debe garantizar la restitución de los nietos apropiados”, al advertir que el gobierno de Milei “no sólo es negacionista, sino que reivindica el terrorismo de Estado y el genocidio. Por eso desmantela las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y desfinancia los espacios de memoria que funcionan en los lugares donde hubo centros clandestinos”.
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Además se “incumplen la obligación del Estado de garantizar las reparaciones históricas y pago de pensiones para las y los ex presos políticos, exiliados, hijos y sobrevivientes que reciben pensiones mínimas y no tienen obra social”.
Hubo otra demanda y es que “desde la asunción del gobierno de Milei no ha pasado otra cosa que la reducción de las políticas públicas para garantizar éste y todos los derechos del pueblo. El Banco Nacional de Datos Genéticos ha visto intervenida su estructura y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad reducido a la mitad su planta de trabajadores”.
En el acto se reclamó por la prisión y proscripción de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en un proceso denunciado por irregularidades, durante el cual se atentó contra su vida. “Merece nuestra preocupación y repudio. ¡Libertad a Cristina Fernández!”.
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Esta fue, sin duda, la mayor y multitudinaria marcha a nivel federal en la historia de los últimos años y miles y miles se manifestaron en defensa de la Memoria, la Verdad y la Justicia, consigna de la convocatoria de los organismos de derechos humanos para recordar el golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976 que instaló la dictadura más feroz en el país, medio siglo atrás.
Fue más que emocionante el homenaje a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, vanguardia de la resistencia que nació casi de inmediato en ese lugar histórico, hoy con la presencia activa de miles de jóvenes incluso entre 14 y 18 años, que sorprendió a todos, tanto en esta capital, como en todas las provincia del país.
En todo el país se registraron las marchas más importantes de los últimos años. La Confederación General del Trabajo (CGT) tanto como las dos Centrales de Trabajadores Argentinos, sindicatos, gremios partidos opositores, organizaciones sociales, acompañaron la multitudinaria marcha que culminó con un acto donde representantes de los organismos de derechos humanos leyeron el comunicado, impactando en la multitud que alentaba a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que aún sobreviven, la mayoría en sillas de ruedas aclamadas por el amor desbordante de la multitud.
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También intervinieron importantes personalidades como el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y fue una sorpresa que después de participar en un acto en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, el juez español Baltasar Garzón, acompañado por el director de cine de su país Alex de la Iglesia, estuvo acompañando a las Madres.
La Unión Europea y sus Estados miembros recordaron los 50 años del golpe de Estado con un mensaje oficial del embajador Erik Høeg, rindiendo homenaje a las víctimas de la dictadura militar, entre ellas ciudadanos europeos.
La Plaza de Mayo fue escenario de una vigilia activa, desde las primeras horas de la noche del lunes con presencia de músicos, artistas, obras de teatro, amaneciendo este martes para recibir a los manifestantes.
Imponente fue el momento en que los manifestantes llevaban la larguísima bandera con las fotos de miles de desaparecidos; por primera vez no hubo banderas partidistas.
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Durante la mañana a nivel oficial el gobierno ultraderechista de Milei, en medio de una profunda crisis, difundió un video sobre este 50 aniversario tratando de justificar su admiración por los dictadores y la política de odio que aplica para “desaparecer” a los organismos de Derechos Humanos, reconocidos internacionalmente por su resistencia y su lucha.
Propone Milei transformar esta fecha del “Día de la Memoria” por el de “la Verdad y justicia completa” que se resume en que si el Estado juzga a los responsables de la dictadura, debe hacerlo también con las organizaciones armadas, que surgieron, ante la imposibilidad de salir de los gobiernos dictatoriales y tratando de devolver la democracia usurpada. El video puso en evidencia el uso político de esta fecha y su persecución al peronismo.
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De acuerdo al presidente Milei, al igual que su socio el ex presidente Mauricio Macri, el peronismo “usó las políticas de Derechos Humanos como un fatal experimento narrativo que le costó miles de millones de dólares a los argentinos”, y, por lo tanto, considera justo el intento de desaparecer organismos y seres humanos como estás sucediendo ahora.
Lo sucedido hoy es un claro mensaje al gobierno de Milei y a sus políticas salvajemente neoliberales y pro imperialistas, que están determinando la entrega del país, mediante acuerdos que se firma a espaldas del pueblo y el Congreso, y cuyo rechazo se manifestó a lo largo de todo este día. “A 50 años del golpe, la pregunta ya no es solo qué pasó, sino qué sociedad se elige construir. Y, como cada año, miles de personas volverán a responder en las calles. Nunca más”, sostiene un análisis del portal digital El Destape.

De México a La Habana: viaje solidario entre retos, música y resistencia
Tripulación y activistas a bordo de la embarcación durante la travesía hacia Cuba. Foto 
Tripulación y activistas a bordo de la embarcación durante la travesía hacia Cuba. 
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Marco Peláez, enviado
24 de marzo de 2026 21:06
La Habana. Zarpar hacia Cuba para llevar apoyo humanitario no es, digamos, una excursión turística. Es enfilar la proa hacia una isla que lleva más de seis décadas practicando el difícil arte de la rebeldía, mientras resiste —con más o menos luz eléctrica, con más o menos combustible— el apretón de tuercas que desde Washington, bajo el gobierno de Donald Trump, se traduce en apagones, anaqueles vacíos y esa palabra que en tierra firme pesa distinto: escasez.
El plan sonaba sencillo en papel: más de 30 toneladas de ayuda humanitaria, un barco y una tripulación donde abundan los jóvenes activistas —entusiastas, convencidos, acaso un poco ingenuos— acompañados por un puñado de periodistas invitados a mirar y contar. Alguien, con vocación de bautizo histórico, lo llamó Granma 2.0, en memoria de aquel yate que salió de Tuxpan el 2 de diciembre, con Fidel Castro al mando y destino de leyenda. Las comparaciones, como los viajes largos, suelen ser imprudentes, pero inevitables.
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Las primeras horas enseñan que el entusiasmo no sustituye la experiencia. Antes de mar abierto, la burocracia: permisos, sellos, la venia de la capitanía. Después sí, la partida. Un barco cargado de víveres, medicinas, bicicletas y paneles fotovoltaicos que intenta abrirse paso entre la emoción y la logística.
Se dijo que serían dos días de travesía. El mar, que no firma itinerarios, decidió otra cosa: el peso de la carga y la velocidad del barco estiraron el viaje a cuatro. Las certezas se fueron quedando en la costa.
A bordo, la organización llega vía WhatsApp. Lista de tareas: limpiar, cocinar, vigilar de noche, contarse una y otra vez para confirmar que nadie ha sido tragado por el descuido o el oleaje. La despensa —comprada a última hora— incluye papas, arroz, pasta, atún, fruta y agua, mucha agua, como si el cálculo pudiera resumirse en litros.
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Entonces aparece Víctor, camarógrafo de Telesur, y hace lo que puede ser un acto de apoyo: cocinar. Un arroz “como el de su mamá”, con huevo duro y aguacate. Prepararlo en esa cocina mínima, sacudida por el vaivén, tiene algo de proeza doméstica. El resultado, sin embargo, sabe a casa. Y en altamar, eso es mucho decir.
Las noches traen otro tipo de combustible. Dos australianos sacan guitarras y, sin pedir permiso, arman la banda sonora del viaje: Clandestino, de Manu Chao; canciones de Mercedes Sosa; y, cómo no, Hasta siempre, comandante, de Carlos Puebla. Se canta a ratos con nostalgia, como si el tiempo pudiera doblarse sobre sí mismo. La cubierta se vuelve tertulia: círculos grandes, grupos pequeños, historias que se cruzan como olas.
Pero el mar también exige su cuota de incertidumbre. De pronto, el barco se detiene. Silencio mecánico. Deriva. Dos horas mirando cómo la tripulación baja al cuarto de máquinas mientras arriba se multiplican las teorías. Entre los pasajeros hay un joven norteamericano-sudafricano, ingeniero mecánico en otra vida, que diagnostica el problema con rapidez. Las opciones no son muchas: acercarse a Cancún o regresar. Y regresar, se sabe, sería una forma elegante de fracaso.
Entonces aparece, en el horizonte, un buque de la Marina. La escena tiene algo de salvación anunciada. Una lancha con seis tripulantes llega, revisa, ajusta, resuelve. Gracias a los técnicos e ingenieros del Papaloapan, la historia no se queda a medio camino.
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Horas después, el capitán del Maguro convoca. En su cabina, el mapa ya no es promesa sino evidencia: mar Caribe, rumbo casi cumplido, a unas horas de La Habana. La emoción se instala, pero no desplaza la pregunta.
¿Cómo será la llegada? La respuesta llegó, el martes a las 5 de la mañana el Granma 2.0 entró a la bahía, con una ciudad a media luz, pero sin perder su majestuosidad y esplendor, a lo lejos en el Puerto de La Habana se escuchaban los gritos de apoyo y ánimo.