la redacción
11 de febrero de 2026 17:29
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este miércoles que su gobierno reafirma el compromiso con la independencia y el dominio energético de su país, y afirmó que actualmente “tenemos un nuevo grupo de personas con el que nos hemos encariñado mucho, llamado Venezuela”, durante una conferencia enfocada en el sector del carbón.
Trump señaló que 50 millones de barriles de petróleo venezolano se encuentran en tránsito hacia Houston para ser refinados, como parte de lo que presentó como esfuerzos para fortalecer el dominio energético de Estados Unidos.
El mandatario incluyó esa referencia a Venezuela al hablar de la estrategia energética estadunidense. En el mismo acto sostuvo que el carbón es fundamental para la seguridad nacional y anunció que firmará una orden ejecutiva para instruir al Departamento de Defensa a trabajar directamente con plantas de carbón en nuevos acuerdos de compra de energía, con el objetivo de garantizar un suministro más confiable y una red eléctrica más fuerte y resiliente.
Delcy Rodríguez: EU y Venezuela establecerán “asociación productiva a largo plazo"
El secretario de Energía de EU, Chris Wright, saluda a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en el Palacio Presidencial de Miraflores, en Caracas, el 11 de febrero de 2026.
Foto Afp Foto autor
Ángel González, Especial para La Jornada
11 de febrero de 2026 19:07
Caracas. Este miércoles se llevó a cabo una reunión entre la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el secretario de Energía de Estados Unidos, Christopher Wright, en la que hablaron sobre establecer “una asociación productiva a largo plazo que permita una agenda energética que se convierta en motor de la relación bilateral”, según informó Rodríguez a la salida del encuentro. Por su parte, Wright aseguró que este año Venezuela podrá aumentar “dramáticamente su producción de petróleo, gas y energía eléctrica.
Parado a las puertas del Palacio de Miraflores, en encargado de los asuntos energéticos de la Casa Blanca dijo estar seguro de que si ambos países trabajan juntos no solo aumentará la producción de energía sino también “las oportunidades de empleo, los salarios y la calidad de vida” de los venezolanos.
Delcy Rodríguez destacó que las relaciones energéticas entre ambas naciones tienen más de un siglo y medio y que han estado “acompañadas por altos y bajos en nuestras relaciones políticas y geopolíticas”. Agregó que tiene la seguridad de que a través de la diplomacia los dos países podrán superar sus diferencias. “Que sean el diálogo diplomático, político, energético, al cual estamos dando la bienvenida, lo canales adecuados y pertinentes para que Estados Unidos y Venezuela asuman con madurez, desde las divergencias históricas, cómo seguir avanzando”, expresó.
Informó que la delegación técnica que acompañó al secretario Wright sostuvo reuniones con sus homólogos técnicos de Venezuela y exploraron caminos “para avanzar lo más rápido posible” en proyectos en materia de petróleo, gas, minería y energía eléctrica.
Christopher Wright dijo que uno de los centros de la conversación fue “los enormes recursos naturales de Venezuela, el petróleo el gas, la minería”. Calificó el diálogo con Delcy Rodríguez como “maravilloso y muy sincero” y dijo que se comprometieron a resolver todos los problemas y desafíos en conjunto.
Además, aseguró que su gobierno “está trabajando 24/7 para emitir licencias para que empresas venezolanas compren insumos y aumenten su producción, para crear nuevos empleos e ingresos por exportaciones”, agregando que “todo lo que ha sido restricción en el pasado, queremos que Venezuela sea libre para poder hacerlo”.
El Departamento de Estado citó en X al presidente, Donald Trump: “estamos reafirmando nuestro compromiso con la independencia y el dominio energético de Estados Unidos.
Tenemos un nuevo grupo de personas con el que nos hemos encariñado mucho, llamado Venezuela. Tenemos 50 millones de barriles de petróleo flotando ahora mismo rumbo a Houston para su refinación”.
La visita de Wright a Caracas es la primera de un secretario de gabinete de gobierno de Estados Unidos en 50 años. La última visita de este nivel fue cuando Henry Kissinger visitó Caracas en 1976 luego de que Venezuela nacionalizara ese año la industria petrolera. En el medio está la visita de Bill Clinton como presidente en 1997, un año y medio antes de que Hugo Chávez asumiera la presidencia.
Luego del bombardeo sobre Caracas y el secuestro del presidente, Nicolás Maduro, ocurrido el 3 de enero, los gobiernos venezolano y estadunidense han desarrollado una inédita agenda de trabajo centrada en el ámbito petrolero, toda vez que el presidente, Donald Trump, dio un giro en el tono de su discurso sobre Venezuela, pasando de hablar de terrorismo y narcotráfico para concentrarse en planes de inversión estadunidense de hasta 100 mil millones dólares en la industria petrolera venezolana, de la que Estados Unidos afirma mantendrá el control.
Opción Cero
Foto Cubadebate Foto autor
Rosa Miriam Elizalde
12 de febrero de 2026 00:04
El 26 de julio de 2010, en el pequeño teatro del Memorial José Martí de La Habana, un Fidel Castro convaleciente de varias operaciones y vestido de verde olivo avanzó por el pasillo mientras saludaba a quienes estaban en los asientos cercanos. A la compañera sentada a mi lado le dijo con complicidad: “Ahí está Rosa Miriam… ¿Sabes que ella un día me preguntó si íbamos a sobrevivir al Periodo Especial?”
Él acababa de recordar una tarde de 1990, 20 años antes, cuando me tocó reportar, como periodista recién graduada, un acto rutinario en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), al que de pronto llegó Fidel. Por más de cuatro horas explicó lo que viviríamos los cubanos tras la desaparición de la URSS, momento histórico que fue llamado Periodo Especial porque, diría entonces el comandante en jefe, “nadie sabe qué tipo de problemas en el orden práctico pueden sobrevenir”.
Cuba llegó a perder un tercio del producto interno bruto entre 1991 y 1994, y el bloqueo estadunidense se recrudeció de manera oportunista, primero con el republicano George Bush (padre) y luego con el demócrata Bill Clinton. Entre todas las privaciones que padecimos, quizá la más dura fue la epidemia de neuropatía asociada a una caída brusca de la ingesta de alimentos: de casi 4 mil calorías diarias se pasó a poco más de mil. El hambre real, cotidiana, dejó secuelas físicas y sicológicas en millones de cubanos que todavía perduran.
Pero en el CIGB, aquella tarde de 1990, fue la primera vez que el líder cubano describió con lujo de detalles las duras restricciones económicas que venían y se habló en Cuba de la Opción Cero. Fidel, que siempre iba con la verdad por delante, fue tan gráfico –ollas colectivas, bicicletas y carretones como única posibilidad de transporte, apagones, alimentos racionados más que de costumbre–, que todos nos quedamos en shock. Y cuando terminó de hablar y se acercó a los periodistas, me salió del alma una pregunta exaltada: “¿Usted cree realmente que sobreviviremos?”
Volvió a explicar que la Opción Cero era el plan de contingencia del gobierno revolucionario para el momento del bloqueo total del exterior y, por tanto, la falta absoluta de petróleo en el país. Se diseñó una estrategia para ese escenario y se organizó cada eslabón de la sociedad para mantener un mínimo de actividad económica, así como los centros de educación y salud vitales, con previsiones para una situación aun peor: la de una agresión militar. Se entrenaría al pueblo, incluso, para sobrevivir sin agua y energía eléctrica durante muchos días.
Recuerdo la paciencia con que Fidel explicó que aquel plan no era una consigna propagandística, sino un instrumento de planificación defensiva. Preparaba sicológicamente al país para un escenario límite, enviaba la señal de que el Estado se organizaba incluso para el peor desenlace y expresaba una voluntad explícita de no capitular, aun en condiciones materiales extremas.
En una conferencia de prensa reciente, el presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que los protocolos de supervivencia nacional concebidos en los años más duros del Periodo Especial no sólo existen, sino que han sido revisados, modernizados y están listos para activarse si fuera necesario. En los años 90, Cuba enfrentó una caída súbita sin “manual”, mientras hoy encara una crisis severa con más experiencia, más herramientas para resistir la escasez y algunas capacidades tecnológicas y sectoriales –incluido cierto crudo nacional– que permiten resistir con mayor elasticidad, aunque el punto débil siga siendo el mismo núcleo: energía, divisas e importaciones.
Y a eso se suma que las sanciones y amenazas de Trump han unido al país. Cuando las amenazas explícitas se tornan tan visibles en sus efectos cotidianos, dejan menos espacio para la idea de que “todo es relato” y pasan a operar como cualquier otra pedagogía de la violencia. El acoso y el dolor despiertan el instinto de supervivencia, generan más solidaridad, fortalecen la tolerancia social a medidas extremas y afirman el sentido común de que una disputa como ésta no es sólo doméstica, sino geopolítica y coercitiva. Ver a Donald Trump, a Marco Rubio y a los congresistas de Miami celebrar el daño que hacen, mientras gritan “cero petróleo, cero remesas, cero envíos de alimentos y medicinas”, ha indignado en Cuba hasta a las piedras.
Pero no calculan los poderes de la historia. Después de que le hice la pregunta a Fidel en Biotecnología, él estuvo casi dos horas más explicándome por qué los cubanos saldríamos del Periodo Especial y de la Opción Cero. Cerró con una frase que respondía a aquella pregunta salida del alma: “Sobreviviremos resistiendo, resistiendo y resistiendo. Como otras veces”.
Veinte años después, en el teatro del Memorial José Martí, Fidel terminó su discurso y recorrió de vuelta el pasillo por el que había entrado. Cuando pasó cerca de mi silla, se detuvo un instante: “¿Viste, m’hija, que se pudo resistir?”