En Cuba sobra la dignidad, fuerza, lucha y valentía ante otro embate de EU // Aquí, las pruebas de ello
▲ María Eva Puentes Torres hornea pasteles con creatividad, la misma con la que, dice, resistirán. “¡Aquí no se rinde nadie!”Foto Jair Cabrera Torres
▲ En Manuel Isla generan alternativas para hacerse de alimentos. Ahí vive Rocío Rincón, quien trabaja en un hospital.
Foto Jair CabreraTorres
Luis Hernández Navarro Enviado
Periódico La Jornada Domingo 8 de febrero de 2026, p. 2
La Habana. Un bloqueo criminal. Emma Doris Ricardo Santana es maestra de enseñanza superior, pero tuvo que interrumpir su trabajo porque el mal la asaltó.
Hace unos meses padeció un agresivo cáncer de mama. Y, por culpa del bloqueo económico estadunidense contra la isla, no pudo recibir el tratamiento completo para su cura. No había en ese momento sueros citostáticos suficientes para combatir la enfermedad.
Para sortear la adversidad, tuvo que atenderse en tres hospitales diferentes, buscando en cada uno de ellos el medicamento necesario. La transportación a las distintas instalaciones médicas se volvió un calvario. Un enfermo con un padecimiento tan devastador y un tratamiento tan invasivo, sufre para trasladarse de un lado a otro. Igual, siguió adelante.
Finalmente, la maestra Emma Doris pudo atenderse gracias a la infraestructura sanitaria, y al apoyo de su esposo, sus compañeros de trabajo y su comunidad. Rememorando su cruzada, dice conmovida: “las medicinas sanan, pero también cura la solidaridad. Te hace levantarte”.
La profesora Ricardo Santana es una de las mil 64 habitantes de la comunidad Manuel Isla Pérez, enclavada en las orilladas de la Provincia de La Habana. Ocupa una de las 284 viviendas, de dos o tres recámaras y una extensión de 85 metros cuadrados, distribuidas en las 284 viviendas del complejo habitacional. Comparado con las pantallas planas de otras viviendas, su pequeño televisor parece una pieza digna de una tienda de antigüedades.
Según la ingeniera en construcciones, Marilesydis Maura Álvarez, de 40 años de edad y una de las primeras pobladoras de la comunidad, que trabajó allí en su edificación desde 2012, el proyecto nació para dotar de servicios de habitabilidad a los trabajadores.
A lo largo de un año, mientras convalecía, Emma Doris estuvo desvinculada de su trabajo. Ya se reintegró. Y recuperó el cabello que perdió en las quimioterapias. Es madre de dos hijos, una de ellas de nombre Claudia, que mañana cumplirá 10 años. Tristemente, la niña también tiene una situación de enfermedad: no crece. Pero, no hay reactivos en el país para poder atenderla.
Sentada en un sillón adornado con macramé, con una barra a sus espaldas con macetas y coloridas flores de plástico, dice: “la mayor prioridad de la familia es ella. ¿Pero, qué hago? La pequeñita requiere un tratamiento que todavía no podemos hacerle aquí en Cuba. No hay hormonas del crecimiento.
“No llegan por el bloqueo. Es muy complicado, pero hay que hay que champar adelante”.
Sobreviviente del cáncer y con una hija enferma, no se rinde. No puede. La mujer cubana –explica– es fuerte, es valiente. Más que los hombres. Tiene una responsabilidad muy alta pues apoya al hombre, guía a la familia, aporta a la sociedad profesionalmente, tiene que superarse, y cuando llega a la casa, debe preparar alimentos y enfrentar todo tipo de vicisitudes. Debe educar a las nuevas generaciones, a sus hijos y conversar con ellos.
Reflexiva, ubica el agravamiento de sus padecimientos como parte de un contexto más general. No dejamos de buscar alternativas –señala– para paliar la situación que provoca el bloqueo. En todas las aristas de nuestra vida social, está presente. Nos impone todo tipo de carencias, desde los alimentos hasta las primeras necesidades. Pero los cubanos somos valientes y perseverantes al buscar alternativas para resistir.
Y concluye: “estoy con las botas puestas. No nos vamos a amilanar. La rendición en el cubano no cabe. El destino nuestro, lo tenemos que decidirnos nosotros. Nadie más”.
Ansia de maternidad
En una especie de terraza a la entrada del departamento de Rocío Rincón, trabajadora civil del hospital Carlos J. Finley, de 29 años de edad, hay un brasero con carbón prendido y una olla con un guiso. Así preparan sus alimentos muchas familias ante la crisis energética. En un costado de su pequeña sala, en el suelo, hay un altar yoruba. Y en una de las paredes, cuelga una pintura de cinco rostros de niñas como si fueran ángeles.
“Ninguna de esas criaturas es mía”, dice, con un rostro invadido por tristeza, mientras señala con el dedo el cuadro. “Lo que más quiero en la vida es ser madre. Lograr tener un bebé es mi objetivo en la vida”, dice.
Seguramente, Rocío le rezó a todas deidades para serlo. Pero su deseo no se cumple.
“Yo tengo –explica– una enfermedad que es un tumor en la hipófisis. Como consecuencia del bloqueo que impone el presidente Trump, muchas veces no tengo mis medicamentos para mi enfermedad. Estoy bajo tratamiento.
“Le estoy muy agradecida al comandante Fidel Castro. Gracias a él, toda mi curación me ha salido gratis. No tengo que pagar a médicos. Yo no sé qué es ir a comprar mis pastillas. Están ahí. Las tengo, y a veces no las tengo. Son de donación, gracias a los países amigos que las mandan.”
Y añade: “Hay mucha gente que está sufriendo por este bloqueo. Demasiadas personas están pasando malos momentos por esto. La situación ahora con Trump es mucho peor a como era antes. Está más recia. Las medidas son mucho más agresivas. Condeno todas las imposiciones con las que nos quiere sofocar y tener bajo su puño. No lo va a lograr”.
Como trabajadora del hospital, al que va mucha gente, ve el impacto en la sanidad que ha tenido el estrangulamiento económico. Lo que sufren los pacientes que necesitan respiración artificial, los de nefrología, los de cáncer; todos los que requieren medicinas, como ella misma.
El hospital cuenta con una planta eléctrica. El fluido se destina a las áreas que más la necesitan. Hay, además, políticas de ahorro. Por ejemplo, no se enciende la climatización. Están creando huertos medicinales para tratar las enfermedades de uso común, como los dolores. Son enormes los esfuerzos que se hacen para paliar la escasez de recursos. Pero igual no alcanzan.
El objetivo de Trump –afirma– es asfixiarnos, ponernos de rodillas. Pero nunca lo va a lograr. Está perdiendo el tiempo con sus patrañas. Aquí hay un pueblo que resiste y lucha y va a vencer. Los cubanos nos sabemos reinventar. Aquí hay una joven que va a luchar hasta su última gota de sangre si es necesario. Porque la Revolución soy yo, somos todos.
La repostera
La comunidad Manuel Isla fue bautizada con ese nombre, en honor de un joven combatiente del Movimiento 26 de Julio que perdió la vida peleando en la Revolución, con apenas 19 años de edad. Cada aniversario de su nacimiento y muerte le rinden homenaje. Viven allí educadores, profesionistas, militares y trabajadores. Las viviendas son suyas. Las adquieren pagando cuotas simbólicas, sin intereses.
Está enclavada en una zona alejada de la capital. Cuenta con 10 Comités de Defensa de la Revolución. Cada uno tiene su nombre patriótico y sus monumentos alegóricos. Buscan generar alternativas para acercarse productos alimenticios. Una vez al mes llevan artistas y realizan actividades culturales. Organizan Ferias agropecuarias. Procuran que la población tenga acceso a servicios, sin tener que desplazarse.
Los departamentos están llenos de plantas y flores. Hay parcelas para producir alimentos y plantas medicinales. Donde hay un rincón sin cosechar, lo preparan para sembrar. Y eso ayuda a llevar comida sana al plato diario.
Hacen guardias y se encargan de garantizar la vigilancia para mantener la tranquilidad de la zona.
María Eva Puentes Torres es una orgullosa repostera de esa comunidad, con más de 60 años de edad. Cocina los pasteles por encargo, con imaginación y arte. Tiene 10 años viviendo en Manuel Islas. Es del oriente, de Santiago, donde luchó en la sierra el comandante Fidel Castro. Ataviada con un delantal de cuadros rojos y blancos, y tres conejitos, da los últimos toques a un enorme pastel para celebrar el cumpleaños de una joven de 14 primaveras. Hornea las tartas en su casa. Y los apagones la afectan muchísimo.
Imagínese –dice más que enojada– lo que sucede cuando nos quitan la corriente. No tenemos cómo trabajar. Yo tengo una niña que está en la universidad, estudiando filosofía. No hay combustible, no hay transporte para que la niña vaya a la universidad. Y sin electricidad no puede cargar el teléfono para ver sus materias. Todo eso nos afecta.
Está indignada con Donald Trump. Dice, sin dejar de trabajar en los últimos detalles de la tarta: “Repudiamos enérgicamente las medidas que ha tomado el gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país. Después de lo mucho que hemos luchado por esto, no vamos a dejar que nos lo quite. Vamos a resistir con creatividad y a buscar alternativas para seguir adelante.
“Este país no lo coge nadie. Es de nosotros. Aquí no se rinde nadie. Lo defenderemos a capa y espada. Esto es un país libre y soberano. Es de Cuba, no de Estados Unidos. Aquí lucharemos y resistiremos. No nos vamos a doblegar porque esta es una patria libre y soberana. ¡Aquí no se rinde nadie! ¡Viva Cuba!
Pionera
La vida de Tatiana Coll está muy asociada a Cuba. Colaboró estrechamente con Arnaldo Orfila, director de la Editorial Siglo XXI, un editor clave en las luchas de liberación nacional en América Latina y la difusión del pensamiento crítico de la mayor de las Antillas. Ella participó en la histórica zafra de 1970 y ha vivido en distintos momentos en la isla.
Siempre solidaria con la Revolución, recuerda que en su época en aquellas tierras se decía: “chico, el cubano es un relajo. No es tan bueno para el trabajo diario y disciplinado, pero en cuanto suena la trompeta de guerra y defensa, nadie lo supera. Se ponen en modo guerrilla indomables y es ¡Patria o muerte!”. No tiene ahora duda alguna de que, en estos tiempos difíciles, se crecen como sólo ellos saben hacerlo, como les enseñó Fidel a hacerlo.
Sabe de lo que habla
La bravura cubana para defender a su país y su Revolución, de la que habla Tatiana, les viene desde pequeños. Basta conversar con Ainara Neira Reyes para calibrar la respuesta de una parte de la niñez, al signo de los tiempos en La Habana.
Ella tiene apenas 11 años y cursa sexto grado, pero habla como si hubiera cursado un doctorado y solucionado toda clase de problemas. Cree que sus maestros son buenos, juega futbol y es pionera. También le gusta el volibol, pero ahora no pueden practicarlo porque se les ponchó la pelota.
“Los pioneros –explica– somos niños que, a pesar de las dificultades que tiene el país, siempre vamos a la escuela, cumplimos tareas y participamos en actividades. Siempre seguimos adelante y tenemos protección de los maestros.”
En el centro de sus reflexiones están los problemas provocados por el bloqueo impuesto por Estados Unidos. Por su culpa –asegura– se impide la entrada de suficientes materiales de estudio, y los niños que no tienen el privilegio de vivir cerca de una escuela, no siempre pueden asistir, porque no entra suficiente petróleo para que el transporte que los lleva a ellos hasta su escuela, pueda moverse. No hay suficientes cuadernos ni lápices, aunque sus profesores tratan de dárselos para que sigan con sus estudios y “sean alguien en el futuro”.
Ainara siempre trata de estar informada. Ve el noticiero de la televisión y procura estar al tanto de todo. En clases, sus maestros les cuentan también lo que sucede.
En la escuela –advierte– les enseñan valores como el respetar la Revolución, participar en actividades pioneriles y no permitir que les afecte tanto el bloqueo. Nunca tienen miedo de que otras personas intervengan en su estudio. Están seguros de que su vida siempre va a estar respaldada.
Para ella, Trump les tiene odio y les impone el bloqueo para que los cubanos entreguen su país y su Revolución. Pero, está segura de que Cuba se caracteriza porque no se rinde. “Nosotros –afirma– no nos vamos a rendir por el bloqueo, aunque lo incrementen o pongan muchos obstáculos en el camino”.
Ainara quiere mandarle un mensaje a los niños y niñas de México. “Nosotros –dice– estamos pasando por un momento difícil. En caso de que ustedes pasen por un momento igual, nosotros desde aquí, los vamos a apoyar. ¡No se dejen vencer!”
En Cuba, la solidaridad y la resistencia tienen rostro de mujer.
Luis Hernández Navarro Enviado
Periódico La Jornada Domingo 8 de febrero de 2026, p. 2
La Habana. Un bloqueo criminal. Emma Doris Ricardo Santana es maestra de enseñanza superior, pero tuvo que interrumpir su trabajo porque el mal la asaltó.
Hace unos meses padeció un agresivo cáncer de mama. Y, por culpa del bloqueo económico estadunidense contra la isla, no pudo recibir el tratamiento completo para su cura. No había en ese momento sueros citostáticos suficientes para combatir la enfermedad.
Para sortear la adversidad, tuvo que atenderse en tres hospitales diferentes, buscando en cada uno de ellos el medicamento necesario. La transportación a las distintas instalaciones médicas se volvió un calvario. Un enfermo con un padecimiento tan devastador y un tratamiento tan invasivo, sufre para trasladarse de un lado a otro. Igual, siguió adelante.
Finalmente, la maestra Emma Doris pudo atenderse gracias a la infraestructura sanitaria, y al apoyo de su esposo, sus compañeros de trabajo y su comunidad. Rememorando su cruzada, dice conmovida: “las medicinas sanan, pero también cura la solidaridad. Te hace levantarte”.
La profesora Ricardo Santana es una de las mil 64 habitantes de la comunidad Manuel Isla Pérez, enclavada en las orilladas de la Provincia de La Habana. Ocupa una de las 284 viviendas, de dos o tres recámaras y una extensión de 85 metros cuadrados, distribuidas en las 284 viviendas del complejo habitacional. Comparado con las pantallas planas de otras viviendas, su pequeño televisor parece una pieza digna de una tienda de antigüedades.
Según la ingeniera en construcciones, Marilesydis Maura Álvarez, de 40 años de edad y una de las primeras pobladoras de la comunidad, que trabajó allí en su edificación desde 2012, el proyecto nació para dotar de servicios de habitabilidad a los trabajadores.
A lo largo de un año, mientras convalecía, Emma Doris estuvo desvinculada de su trabajo. Ya se reintegró. Y recuperó el cabello que perdió en las quimioterapias. Es madre de dos hijos, una de ellas de nombre Claudia, que mañana cumplirá 10 años. Tristemente, la niña también tiene una situación de enfermedad: no crece. Pero, no hay reactivos en el país para poder atenderla.
Sentada en un sillón adornado con macramé, con una barra a sus espaldas con macetas y coloridas flores de plástico, dice: “la mayor prioridad de la familia es ella. ¿Pero, qué hago? La pequeñita requiere un tratamiento que todavía no podemos hacerle aquí en Cuba. No hay hormonas del crecimiento.
“No llegan por el bloqueo. Es muy complicado, pero hay que hay que champar adelante”.
Sobreviviente del cáncer y con una hija enferma, no se rinde. No puede. La mujer cubana –explica– es fuerte, es valiente. Más que los hombres. Tiene una responsabilidad muy alta pues apoya al hombre, guía a la familia, aporta a la sociedad profesionalmente, tiene que superarse, y cuando llega a la casa, debe preparar alimentos y enfrentar todo tipo de vicisitudes. Debe educar a las nuevas generaciones, a sus hijos y conversar con ellos.
Reflexiva, ubica el agravamiento de sus padecimientos como parte de un contexto más general. No dejamos de buscar alternativas –señala– para paliar la situación que provoca el bloqueo. En todas las aristas de nuestra vida social, está presente. Nos impone todo tipo de carencias, desde los alimentos hasta las primeras necesidades. Pero los cubanos somos valientes y perseverantes al buscar alternativas para resistir.
Y concluye: “estoy con las botas puestas. No nos vamos a amilanar. La rendición en el cubano no cabe. El destino nuestro, lo tenemos que decidirnos nosotros. Nadie más”.
Ansia de maternidad
En una especie de terraza a la entrada del departamento de Rocío Rincón, trabajadora civil del hospital Carlos J. Finley, de 29 años de edad, hay un brasero con carbón prendido y una olla con un guiso. Así preparan sus alimentos muchas familias ante la crisis energética. En un costado de su pequeña sala, en el suelo, hay un altar yoruba. Y en una de las paredes, cuelga una pintura de cinco rostros de niñas como si fueran ángeles.
“Ninguna de esas criaturas es mía”, dice, con un rostro invadido por tristeza, mientras señala con el dedo el cuadro. “Lo que más quiero en la vida es ser madre. Lograr tener un bebé es mi objetivo en la vida”, dice.
Seguramente, Rocío le rezó a todas deidades para serlo. Pero su deseo no se cumple.
“Yo tengo –explica– una enfermedad que es un tumor en la hipófisis. Como consecuencia del bloqueo que impone el presidente Trump, muchas veces no tengo mis medicamentos para mi enfermedad. Estoy bajo tratamiento.
“Le estoy muy agradecida al comandante Fidel Castro. Gracias a él, toda mi curación me ha salido gratis. No tengo que pagar a médicos. Yo no sé qué es ir a comprar mis pastillas. Están ahí. Las tengo, y a veces no las tengo. Son de donación, gracias a los países amigos que las mandan.”
Y añade: “Hay mucha gente que está sufriendo por este bloqueo. Demasiadas personas están pasando malos momentos por esto. La situación ahora con Trump es mucho peor a como era antes. Está más recia. Las medidas son mucho más agresivas. Condeno todas las imposiciones con las que nos quiere sofocar y tener bajo su puño. No lo va a lograr”.
Como trabajadora del hospital, al que va mucha gente, ve el impacto en la sanidad que ha tenido el estrangulamiento económico. Lo que sufren los pacientes que necesitan respiración artificial, los de nefrología, los de cáncer; todos los que requieren medicinas, como ella misma.
El hospital cuenta con una planta eléctrica. El fluido se destina a las áreas que más la necesitan. Hay, además, políticas de ahorro. Por ejemplo, no se enciende la climatización. Están creando huertos medicinales para tratar las enfermedades de uso común, como los dolores. Son enormes los esfuerzos que se hacen para paliar la escasez de recursos. Pero igual no alcanzan.
El objetivo de Trump –afirma– es asfixiarnos, ponernos de rodillas. Pero nunca lo va a lograr. Está perdiendo el tiempo con sus patrañas. Aquí hay un pueblo que resiste y lucha y va a vencer. Los cubanos nos sabemos reinventar. Aquí hay una joven que va a luchar hasta su última gota de sangre si es necesario. Porque la Revolución soy yo, somos todos.
La repostera
La comunidad Manuel Isla fue bautizada con ese nombre, en honor de un joven combatiente del Movimiento 26 de Julio que perdió la vida peleando en la Revolución, con apenas 19 años de edad. Cada aniversario de su nacimiento y muerte le rinden homenaje. Viven allí educadores, profesionistas, militares y trabajadores. Las viviendas son suyas. Las adquieren pagando cuotas simbólicas, sin intereses.
Está enclavada en una zona alejada de la capital. Cuenta con 10 Comités de Defensa de la Revolución. Cada uno tiene su nombre patriótico y sus monumentos alegóricos. Buscan generar alternativas para acercarse productos alimenticios. Una vez al mes llevan artistas y realizan actividades culturales. Organizan Ferias agropecuarias. Procuran que la población tenga acceso a servicios, sin tener que desplazarse.
Los departamentos están llenos de plantas y flores. Hay parcelas para producir alimentos y plantas medicinales. Donde hay un rincón sin cosechar, lo preparan para sembrar. Y eso ayuda a llevar comida sana al plato diario.
Hacen guardias y se encargan de garantizar la vigilancia para mantener la tranquilidad de la zona.
María Eva Puentes Torres es una orgullosa repostera de esa comunidad, con más de 60 años de edad. Cocina los pasteles por encargo, con imaginación y arte. Tiene 10 años viviendo en Manuel Islas. Es del oriente, de Santiago, donde luchó en la sierra el comandante Fidel Castro. Ataviada con un delantal de cuadros rojos y blancos, y tres conejitos, da los últimos toques a un enorme pastel para celebrar el cumpleaños de una joven de 14 primaveras. Hornea las tartas en su casa. Y los apagones la afectan muchísimo.
Imagínese –dice más que enojada– lo que sucede cuando nos quitan la corriente. No tenemos cómo trabajar. Yo tengo una niña que está en la universidad, estudiando filosofía. No hay combustible, no hay transporte para que la niña vaya a la universidad. Y sin electricidad no puede cargar el teléfono para ver sus materias. Todo eso nos afecta.
Está indignada con Donald Trump. Dice, sin dejar de trabajar en los últimos detalles de la tarta: “Repudiamos enérgicamente las medidas que ha tomado el gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país. Después de lo mucho que hemos luchado por esto, no vamos a dejar que nos lo quite. Vamos a resistir con creatividad y a buscar alternativas para seguir adelante.
“Este país no lo coge nadie. Es de nosotros. Aquí no se rinde nadie. Lo defenderemos a capa y espada. Esto es un país libre y soberano. Es de Cuba, no de Estados Unidos. Aquí lucharemos y resistiremos. No nos vamos a doblegar porque esta es una patria libre y soberana. ¡Aquí no se rinde nadie! ¡Viva Cuba!
Pionera
La vida de Tatiana Coll está muy asociada a Cuba. Colaboró estrechamente con Arnaldo Orfila, director de la Editorial Siglo XXI, un editor clave en las luchas de liberación nacional en América Latina y la difusión del pensamiento crítico de la mayor de las Antillas. Ella participó en la histórica zafra de 1970 y ha vivido en distintos momentos en la isla.
Siempre solidaria con la Revolución, recuerda que en su época en aquellas tierras se decía: “chico, el cubano es un relajo. No es tan bueno para el trabajo diario y disciplinado, pero en cuanto suena la trompeta de guerra y defensa, nadie lo supera. Se ponen en modo guerrilla indomables y es ¡Patria o muerte!”. No tiene ahora duda alguna de que, en estos tiempos difíciles, se crecen como sólo ellos saben hacerlo, como les enseñó Fidel a hacerlo.
Sabe de lo que habla
La bravura cubana para defender a su país y su Revolución, de la que habla Tatiana, les viene desde pequeños. Basta conversar con Ainara Neira Reyes para calibrar la respuesta de una parte de la niñez, al signo de los tiempos en La Habana.
Ella tiene apenas 11 años y cursa sexto grado, pero habla como si hubiera cursado un doctorado y solucionado toda clase de problemas. Cree que sus maestros son buenos, juega futbol y es pionera. También le gusta el volibol, pero ahora no pueden practicarlo porque se les ponchó la pelota.
“Los pioneros –explica– somos niños que, a pesar de las dificultades que tiene el país, siempre vamos a la escuela, cumplimos tareas y participamos en actividades. Siempre seguimos adelante y tenemos protección de los maestros.”
En el centro de sus reflexiones están los problemas provocados por el bloqueo impuesto por Estados Unidos. Por su culpa –asegura– se impide la entrada de suficientes materiales de estudio, y los niños que no tienen el privilegio de vivir cerca de una escuela, no siempre pueden asistir, porque no entra suficiente petróleo para que el transporte que los lleva a ellos hasta su escuela, pueda moverse. No hay suficientes cuadernos ni lápices, aunque sus profesores tratan de dárselos para que sigan con sus estudios y “sean alguien en el futuro”.
Ainara siempre trata de estar informada. Ve el noticiero de la televisión y procura estar al tanto de todo. En clases, sus maestros les cuentan también lo que sucede.
En la escuela –advierte– les enseñan valores como el respetar la Revolución, participar en actividades pioneriles y no permitir que les afecte tanto el bloqueo. Nunca tienen miedo de que otras personas intervengan en su estudio. Están seguros de que su vida siempre va a estar respaldada.
Para ella, Trump les tiene odio y les impone el bloqueo para que los cubanos entreguen su país y su Revolución. Pero, está segura de que Cuba se caracteriza porque no se rinde. “Nosotros –afirma– no nos vamos a rendir por el bloqueo, aunque lo incrementen o pongan muchos obstáculos en el camino”.
Ainara quiere mandarle un mensaje a los niños y niñas de México. “Nosotros –dice– estamos pasando por un momento difícil. En caso de que ustedes pasen por un momento igual, nosotros desde aquí, los vamos a apoyar. ¡No se dejen vencer!”
En Cuba, la solidaridad y la resistencia tienen rostro de mujer.
¡Pura vida!: el compromiso de John SaxeFernández con nuestra América
Marcos Roitman Rosenmann
08 de febrero de 2026 00:01
Fue un pionero. Un osado al incorporar las estrategias de defensa y seguridad nacional al análisis de la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina. Su propuesta obligó a repensar la geopolítica regional. De ahí que sus investigaciones abriesen camino. Sus estudios dejan huellas. Muestran los vínculos existentes entre las ciencias sociales, las acciones militares, el control de las materias primas y los proyectos imperiales de dominación que acompañan el intervencionismo estadunidense.
John Saxe-Fernández desnudó la arquitectura, el armazón ideológicopolítico sobre el cual el establishment estadunidense levanta su sueño de control imperial. No puso adjetivos, investigó, proporcionando datos, elementos para apuntalar un pensamiento emancipador. Lo hizo siempre. No necesitó del insulto ni la descalificación. Sus argumentos fueron el rigor teórico y la contundencia de los hechos expuestos. No dio lugar a dobleces ni manipulaciones. Se ganó el respeto y reconocimiento en el campo académico y la lucha teórica. El mejor ejemplo: la labor divulgativa en La Jornada. Sus columnas de opinión son joyas para pensar nuestra América desde un compromiso con las luchas antimperialistas.
En su trayectoria vital, entre otras, fue testigo de la revolución cubana, la invasión a República Dominicana, el triunfo de la Unidad Popular, los golpes de Estado, la revolución sandinista, la invasión a Panamá, la caída del muro de Berlín, el alzamiento zapatista, la detención de Augusto Pinochet en Londres, la guerra del Golfo, el ataque a las torres gemelas de Nueva York, a los éxitos y fracasos de gobiernos populares, los procesos de trasnacionalización, la firma de los tratados de libre comercio, la crisis climática o la emergencia de gobiernos de extrema derecha.
Experiencias que marcaron su actividad intelectual y sobre las cuales reflexionó, dejando constancia en ensayos, artículos y libros. Pero, también lo fue de un hecho singular que tuvo repercusiones en todo el quehacer de las ciencias sociales latinoamericanas. Me refiero al primer intento del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en 1964, elaborado a rebufo de la revolución cubana, para recrear escenarios de futuro a fin de contrarrestar un cambio social revolucionario en los países de la región.
Chile fue el laboratorio para llevar a cabo la propuesta. Denunciado y desenmascarado, la maniobra quedó en la memoria colectiva de las acciones encubiertas para desestabilizar gobiernos antimperialistas, democráticos, populares y anticapitalistas. John Saxe-Fernández visualizó con agudeza su alcance y repercusiones. El Proyecto Camelot desnudó la falsa neutralidad de las ciencias sociales y puso sobre la mesa el rol de académicos, investigadores e instituciones universitarias en una posible redición, bajo nuevos parámetros.
En 1969, afincado en México, John Saxe-Fernández presenta al noveno Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) lo que será el sello de identidad de su producción teórica. En su ponencia destaca: “los programas de asistencia militar y de venta de armamento se coordinan con el supuesto de que se ha logrado una eficaz incorporación político-ideológica técnica y organizativa de los sistemas militares locales dentro de sus diseños hegemónicos”.
Consecuencia de sus reflexiones, en 1971 ve la luz su libro Proyecciones hemisféricas de la Pax americana, editado por Amorrutu. Hoy referencia obligada. Resulta significativo que el libro esté dedicado a Irving Louis Horowitz, con quien mantuvo una estrecha relación durante su estancia en la Universidad de Washington mientras realizaba los estudios de maestría. Los cambios políticos de Horowitz le distanciaron, pero sin duda influenciaron su trabajo. Horowitz había publicado en 1967 Auge y caída del Proyecto Camelot. Las relaciones entre las ciencias sociales y las prácticas políticas. Motivo suficiente para la dedicatoria.
Pero encasillar a Saxe-Fernández a ser un estudioso del imperialismo es faltar a la verdad. En su compromiso intelectual, su imaginación sociológica le llevó a reflexionar sobre las múltiples aristas del cambio global, la crisis climática y sus efectos en América Latina. En esta dimensión debemos recordar el temprano estudio Petróleo y estrategia. México y Estados Unidos en el contexto de la política global (Siglo XXI, 1980). Sus preocupaciones sobre el armamentismo, el conflicto entre potencias, los cambios en la derecha neoconservadora y su defensa de la revolución cubana no le abandonaron nunca.
Entre sus ensayos cabe mencionar Los fundamentos de la “derechización” en Estados Unidos, texto escrito para el libro colectivo coordinado por Agustín Cueva: Tiempos Conservadores. América Latina en la derechización de Occidente. Su lectura, a pesar de haber sido redactado en 1986, no ha perdido un ápice de actualidad. Con cambiar Reagan por Trump, muchos de los interrogantes de hoy podrían quedar resueltos. Y junto con Pablo González Casanova, su gran amigo, crearon en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, el programa El mundo en el siglo XXI.
Fue un maestro en el más amplio sentido de la palabra. Nunca abandonó la docencia. Prestaba atención a sus estudiantes. Les proporcionaba lecturas. Les llamaba a no quedarse en la superficie. Si se me permite el símil futbolero, fue un creador de juego. Ese jugador que no busca destacar, sino romper defensas para que otros crezcan y se hagan mejores. Su obra colectiva es la prueba. Sólo un ejemplo: Sociología política del colapso climático antropogénico. Editado por la UNAM en la colección Mundo Actual. (2018).
Costarricense de nacimiento, representa esa generación de intelectuales que engrandecen el pensamiento crítico de nuestra América, desde la humildad de quien lucha, sabiendo que sólo colectivamente se puede vencer al imperialismo. ¡Pura vida, Jonh Saxe-Fernández! Tus enseñanzas y ejemplo de honestidad intelectual no caen en saco roto.
Marco Rubio, la vergüenza del pueblo estadunidense
De los miles de residentes cubanos, una persona, que ha llegado a los más altos cargos políticos dentro del Partido Republicano, ha sido la punta de lanza para incidir en los más duros ataques en contra del país de sus compatriotas migrantes. Foto Afp Foto autor
Antonio Gershenson
08 de febrero de 2026 00:03
La migración cubana hacia Estados Unidos ha continuado desde siglos atrás. A partir del triunfo de la revolución, la migración aumentó. Actualmente, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, la población migrante originaria de Cuba es alrededor de un millón 343 mil 960 personas que decidieron salir de su país, básicamente, por razones políticas y económicas. Fue entonces que surge una oposición férrea en contra de Fidel Castro y todo lo relacionado con los cambios hacia el socialismo.
De los miles de residentes cubanos, una persona, que ha llegado a los más altos cargos políticos dentro del Partido Republicano, ha sido la punta de lanza para incidir en los más duros ataques en contra del país de sus compatriotas migrantes. Un solo hombre ha tomado decisiones devastadoras en contra del pueblo cubano que decidió permanecer en Cuba.
La idea de asfixiar la economía del país de José Martí ha sido una prioridad en la carrera de uno de los estadunidenses más anticubanos que ha existido en los gabinetes de los gobiernos republicanos. Aunque, a decir verdad, los personajes conservadores y pro capitalistas estadunidenses-cubanos han sido varios y de vergüenza histórica: José Victoriano Betancourt, Guillermo Cabrera Infante, Orlando Bosch Ávila, Kenia Carcasés Opón y muchos más.
Para aquellos integrantes de los años dorados de la corrupción batista, su papel era organizarse en el exilio y regresar a Cuba, apoyados por Estados Unidos, para derrocar a Fidel y su revolución socialista apoyada por la Unión Soviética. La lacra social que salió del país no iba a permitir que los comunistas se apoderaran de su paraíso de impunidad que les permitió por años el saqueo de los recursos naturales, la usurpación de las ganancias generadas por la explotación a la clase trabajadora, de abundantes recursos monetarios provistos por las mafias dueñas de los casinos y de otros negocios turbios.
Antes del actual bloqueo económico surgido desde el gabinete del demócrata John Kennedy, las restricciones económicas se manifestaron abiertamente por parte del gobierno de Dwight D. Eisenhower. Desde entonces, las restricciones económicas han sido devastadoras, como lo hemos comprobado a lo largo de las siguientes décadas. Sin embargo, y pese a toda la carga en contra del pueblo cubano y su revolución, el desarrollo posterior a la entrada a La Habana por parte de los barbudos de Sierra Maestra fue espectacular.
Conocemos el importante avance en diferentes rubros como en el área de la educación, la salud, la investigación científica, etcétera. Siempre con pocos recursos económicos, el avance social se destacó, incluso, tuvimos el ejemplo del apoyo solidario de la nueva Cuba hacia los países que lo necesitaron.
Como se observa, el pueblo cubano ha resistido más de lo que podemos imaginar. La falta de apoyo decidido desde nuestros países latinoamericanos, cuyos gobiernos no siempre fueron simpatizantes del gobierno socialista, fue motivado por las presiones de Estados Unidos. La intervención en los asuntos internos de Cuba siempre ha estado presente.
En el caso de México, el intercambio comercial con Cuba ha sido histórico. Aún antes del triunfo de la revolución. Actualmente, los acuerdos con el gobierno del presidente Díaz-Canel y México son múltiples y ningún gobierno estadunidense tiene que intervenir para evitarlo, para degradarlo o para amenazar con medidas absurdas si la relación comercial continúa.
La soberanía de ambos países hermanos a los mandatarios imperialistas no les causa ninguna preocupación. Su política dominante es ignorar cualquier posición soberana que estorbe a los republicanos o demócratas. Ambos partidos son la misma insolencia.
El tratado comercial México-Cuba no sólo se circunscribe a la venta con precios preferenciales de petróleo, también se incluyen alimentos, medicamentos, productos manufacturados, bebidas, servicios y un enorme acervo de coincidencias culturales, científicas, tecnológicas, musicales, literarias, deportivas y otras más que no tienen fronteras ni bloqueos que lo impidan.
Es importante recordar a la oposición que insiste en que el petróleo es un regalo de los gobiernos de la 4T al gobierno “comunista” de Díaz-Canel que, el apoyo en hidrocarburos aumentó a partir de la segunda mitad de los años 90. Es decir, a finales del siglo pasado y principios del presente se firmaron tratados concretos que se han cumplido formalmente.
Para la sociedad estadunidense la relación entre Cuba y México es desconocida e incierta. No conocen este tipo de amistad y solidaridad con ningún país del mundo. Casi lo podemos asegurar. La amistad verdadera es una cosa y la complicidad bélica para cometer genocidios es otra cosa.
Para el pueblo estadunidense, el papel que juegan los cientos de Marcos Rubio en su política nacional es una vergüenza para la historia de ese país.
Colaboró Ruxi Mendieta
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará”
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