Juan Pablo Duch
Mientras el Kremlin, convencido de que cuenta con el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, más interesado éste en colgarse medallas como mediador que en resolver conflictos bélicos, sigue obsesionado con imponer a Ucrania su ultimátum de capitulación para dar por terminada su “operación militar especial”, la Casa Blanca comienza a llenar el vacío que Rusia se ve obligada a dejar en la órbita de sus “intereses vitales”.
Estados Unidos –a la chita callando– está entrando con fuerza en una zona antes vedada como es el Cáucaso del sur, formado por tres repúblicas ex soviéticas: Georgia, distanciada de Moscú desde la pérdida de Abjasia y Osetia del sur, que se declararon independientes con el apoyo del ejército ruso; Armenia, que se decía aliada de Rusia para conservar Nagorno-Karabaj, enclave azerí en suelo armenio; y Azerbaiyán, que ganó la guerra con los armenios ante la pasividad de los rusos y el apoyo decisivo de los turcos.
De repente apareció Trump en el centro de la foto de la ceremonia de firma del tratado de paz entre Armenia y Azerbaiyán, en Washington, y empezó a hablarse de las bondades del corredor de Zangezur que Estados Unidos va a construir, y proteger con paramilitares, para unir territorio azerí, atravesando suelo armenio, con su exclave, la república autónoma de Najicheván.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, acaba de visitar Ereván y Bakú para ofrecer, cual Santaclós de Ohio, grandes proyectos de cooperación en áreas como la energía nuclear con fines pacíficos y la construcción de una supercomputadora y centro de datos, o sectores como desarrollo de la inteligencia artificial y venta de armamento moderno (drones para Armenia; lanchas costeras para patrullar el mar Caspio para Azerbaiyán).
Afianzarse en el Cáucaso del sur para Estados Unidos es, además, una maniobra geopolítica para eludir la red de rutas comerciales que está creando su gran competidor en el espacio postsoviético, China, que por medio de inversiones millonarias lleva años expandiendo su presencia en las repúblicas ex soviéticas de Asia central.
¿Y Rusia? Nada puede hacer para impedir que otros ejerzan el papel protagónico que debería corresponderle como sucesor de la Unión Soviética, de no agotar todos sus recursos en la guerra contra Ucrania.
Cambio de gobierno en Irán, lo mejor que podría pasar: Trump; envía otro portaviones a Medio Oriente
Ap, Afp, Reuters y Xinhua
Periódico La Jornada Sábado 14 de febrero de 2026, p. 20
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró ayer que un cambio de gobierno en Irán sería “lo mejor que podría pasar” tras ordenar que un segundo portaviones, el Gerald R. Ford, sea trasladado a Medio Oriente.
En la base militar de Fort Bragg, en Carolina del Norte, Trump hizo estas declaraciones a periodistas cuando uno le preguntó si quería un “cambio de régimen” en Teherán.
“Durante 47 años han estado hablando y hablando y hablando. Mientras tanto, hemos perdido muchas vidas”, agregó el magnate.
El ejército se está preparando para la posibilidad de operaciones sostenidas de semanas de duración contra la república islámica si el mandatario ordena un ataque, informaron a Reuters dos funcionarios estadunidenses.
En una campaña sostenida, las fuerzas armadas podrían atacar instalaciones estatales y de seguridad iraníes, no sólo infraestructura nuclear, afirmó una de las fuentes, que se negó a proporcionar detalles específicos. La Casa Blanca y el Pentágono no respondieron a preguntas sobre los riesgos de represalias o de conflicto regional, indicó la agencia.
Durante una conversación telefónica con su homólogo de Chipre, Constantinos Kombos, el canciller iraní, Abbas Araghchi, criticó los “enfoques incorrectos” de la Unión Europea hacia el país, sobre todo, la designación del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica por el bloque como organización terrorista y sus “inapropiadas intervenciones” en los asuntos internos de Teherán.
Reza Pahlavi, hijo exiliado del último sha de Irán, llamó al pueblo de su país a nuevas protestas contra el gobierno, coincidiendo con manifestaciones en Alemania y otros países, antes de un discurso previsto en la conferencia de seguridad de Múnich, donde se reunió con el presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky.
En su cuenta de X, escribió: “Los invito, en las tardes del 14 y 15 de febrero a las 20 horas, a alzar sus voces y cantar desde sus hogares y azoteas. Griten sus demandas. Demuestren su unidad. Con una voluntad inquebrantable, prevaleceremos sobre este régimen ocupante”.
El enemigo común
Al participar de manera virtual en un foro organizado por la cadena Al Jazeera, la relatora especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, describió como un desafío “el hecho de que, en lugar de detener a Israel, la mayoría de los países del mundo lo hayan armado, le hayan proporcionado excusas políticas, un paraguas político y también apoyo económico y financiero” para cometer el genocidio contra el pueblo palestino que tiene lugar desde 1948 y se aceleró a partir de octubre de 2023. Asimismo, denunció como enemigo común al sistema que no permite llevar ante la justicia y poner fin a los crímenes de Israel.
En respuesta, París y Berlín han pedido la renuncia de Albanese por considerar “escandalosas y culpables sus declaraciones que no se dirigen al gobierno israelí, cuya política puede ser criticada, sino a Israel como pueblo y como nación”, que “ya se había permitido numerosos excesos en el pasado” y “no puede continuar en el cargo”. En lugar de defender a la funcionaria ante los ataques, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, seña-ló que no comparte el “lenguaje” de la relatora especial.
La embestida contra Albanese denota la incomodidad de las potencias occidentales con una de las poquísimas voces que ha tenido la valentía, la congruencia y un auténtico sentido del deber para denunciar la limpieza étnica desatada por Tel Aviv no sólo en Gaza, sino también en Cisjordania. Al pedir, exigir, la destitución de la diplomática italiana, los gobiernos de Friedrich Merz, de Emmanuel Macron y los que se sumen al golpeteo no hacen sino confirmar los dichos de Albanese y exhibir hasta qué punto está dispuesto a llegar el sistema de complicidades para facilitar el exterminio del pueblo palestino. Cuando estos dirigentes hacen más para remover a quien denuncia un genocidio que para detener a quienes lo perpetran, recuerdan que Albanese no sólo tiene razón: se queda corta en sus aseveraciones.
Es preciso remarcar que la dimisión de Albanese incrementaría la vulnerabilidad del pueblo palestino al eliminar uno de los pocos resquicios en el muro de silencio impuesto por Israel, sus aliados y la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación, cuyas direcciones deponen, hace mucho tiempo sacrificaron la verdad al servicio del sionismo. Sería de particular gravedad en momentos en que Estados Unidos se apresta a completar lo iniciado por Israel mediante el robo de toda la tierra de Gaza y su conversión en una serie de complejos turísticos, residenciales y corporativos para ricos y ultrarricos, mientras el régimen de Benjamin Netanyahu acelera la creación de asentamientos ilegales con el desplazamiento forzoso de palestinos en Cisjordania.
Hoy nadie puede cerrar los ojos ante la realidad: como ideología colonialista y de supremacismo racial, el sionismo y quienes le prestan apoyo material, político, diplomático o propagandístico, así como quienes prefieren mirar hacia otra parte para preservar oportunidades profesionales y de negocios, sin duda son el enemigo común de toda nación, todo pueblo, organismo y persona que defienda la libertad de expresión, el derecho a la vida, la justicia, la tolerancia, la autodeterminación y la dignidad humana.