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Jorge Durand
11 de enero de 2026 00:04
Cualquier vaticinio sobre el futuro de los refugiados y migrantes venezolanos ha quedado en suspenso; por lo pronto, no se espera un retorno masivo y tampoco el exilio de los cuadros políticos chavistas. Cerca de ocho millones de venezolanos refugiados o migrantes han empezado el año 2026 con una gran interrogante y una mayor confusión. El secuestro de Nicolás Maduro, hecho a punta de sobornos y traiciones, dejó prácticamente íntegro al estamento político, administrativo y militar del chavismo.
La posibilidad de que los venezolanos regresen a su tierra sigue siendo tan remota como antes. Con la posibilidad de que cada año adicional vivido en el exilio o en la aventura migratoria se hace más difícil el retorno, sobre todo el definitivo. Ya son centenas de miles de matrimonios mixtos y de niños binacionales.
De los ocho millones de migrantes y exilados venezolanos, unos siete están distribuidos en América Latina. El otro millón restante se concentra en España, Estados Unidos y otros pocos países. La crisis migratoria venezolana, desde un comienzo y hasta la actualidad, la sobrelleva una América Latina, pobre, limitada y solidaria.
Sólo en los últimos años, los venezolanos arribaron a México y a Estados Unidos. Los más afortunados, con recursos y con visa, llegaron primero a Miami, pero después llegaron los más pobres y desprotegidos, que tuvieron que atravesar el Tapón del Darién y aventurarse en los turbulentos caminos que llevan a la frontera norte y al Río Bravo.
En el otro lado no fueron muy bien recibidos. De Texas los deportaban a Chicago, Los Ángeles o Nueva York, ciudades santuario, que tuvieron que acomodarlos como pudieran. Luego fueron estigmatizados por Trump, además del tratamiento normal de criminales, por el hecho de ser migrantes, los acusó de ser doblemente criminales por haber sido liberados de las cárceles y manicomios por Maduro.
Para remate los acusaron, a muchos, de pertenecer al Tren de Aragua y con ese pretexto los deportaron a las cárceles de Bukele en El Salvador. Tampoco eran bien recibidos de regreso en su tierra, cuando eran deportados y esposados como criminales en aviones chárter.
Se podría decir que la vida de los exilados y migrantes venezolanos no tiene nada extraordinario, les pasa igual a los guatemaltecos, ecuatorianos o mexicanos. Pero la salvedad de que puedan unos regresar o no a su tierra, no es un asunto menor. La migración venezolana es un caso muy especial, por su carácter explosivo, es decir: muchas personas en muy poco tiempo; un fenómeno similar sólo se ve en casos de guerra civil. Se estima que 23 por ciento de la población de Venezuela está fuera del país.
Es una migración transversal que compromete a diversos sectores socioeconómicos, muy diferente a las migraciones preponderantemente laborales, de mano de obra barata. Por lo mismo, suele ser una migración familiar en el sentido de que permanezcan juntos o, por el contrario, la familia está dispersa en varios países.
Por otra parte, hay diversas fases en su proceso migratorio: primero fue una migración económica y de sectores altos y medios; luego se generalizó a otros sectores sociales, especialmente en un período de escasez, hiperinflación y hambre; también hay que destacar períodos de represión y migración por motivos políticos y conflictos fronterizos de población colombo-venezolana. Es un fenómeno muy complejo, pero que concentra fundamentalmente en el periodo de Maduro.
Finalmente, es una migración que tiene un carácter itinerante, dependiendo de opciones personales, familiares o laborales, pero también de políticas migratorias en el los países de destino. En Chile, las amenazas del actual presidente electo de derecha, José Antonio Kast, generó la huida de muchos migrantes hacia Perú.
En términos generales, se podría decir que la acogida a los “chamos” en distintos países de América Latina ha sido buena; cuando no, eran considerados como “venecos”. En algunos lugares, los malandros y los vinculados al Tren de Aragua, han entrado a controlar espacios y nichos laborales y a competir con los locales. Pero hay malandros mafias y mañas en todos lados. Lamentablemente, resulta muy fácil y recurrente estigmatizar a partir de casos particulares.
En realidad, la diáspora de “chamos” en América Latina, se suma a la de paraguas, charrúas y boliches en Argentina; a los peruchos en Chile, Brasil, Bolivia y Argentina; a los nicas en Costa Rica y ticos en Nicaragua; a los chapines en el sur de México y a los ches y boludos en la CDMX; a longos y ñaños ecuatorianos en Colombia; todos compas, aseres, manos, patas, causas, panas, parces…
La Patria Grande, como la llamaron en Argentina, es algo que tenemos que construir y que la migración nos ayuda a hacer realidad, a cimentarla día a día, no sólo como discurso sino en momentos, como el actual, donde se nos agrede a todos.
Jorge Durand
11 de enero de 2026 00:04
Cualquier vaticinio sobre el futuro de los refugiados y migrantes venezolanos ha quedado en suspenso; por lo pronto, no se espera un retorno masivo y tampoco el exilio de los cuadros políticos chavistas. Cerca de ocho millones de venezolanos refugiados o migrantes han empezado el año 2026 con una gran interrogante y una mayor confusión. El secuestro de Nicolás Maduro, hecho a punta de sobornos y traiciones, dejó prácticamente íntegro al estamento político, administrativo y militar del chavismo.
La posibilidad de que los venezolanos regresen a su tierra sigue siendo tan remota como antes. Con la posibilidad de que cada año adicional vivido en el exilio o en la aventura migratoria se hace más difícil el retorno, sobre todo el definitivo. Ya son centenas de miles de matrimonios mixtos y de niños binacionales.
De los ocho millones de migrantes y exilados venezolanos, unos siete están distribuidos en América Latina. El otro millón restante se concentra en España, Estados Unidos y otros pocos países. La crisis migratoria venezolana, desde un comienzo y hasta la actualidad, la sobrelleva una América Latina, pobre, limitada y solidaria.
Sólo en los últimos años, los venezolanos arribaron a México y a Estados Unidos. Los más afortunados, con recursos y con visa, llegaron primero a Miami, pero después llegaron los más pobres y desprotegidos, que tuvieron que atravesar el Tapón del Darién y aventurarse en los turbulentos caminos que llevan a la frontera norte y al Río Bravo.
En el otro lado no fueron muy bien recibidos. De Texas los deportaban a Chicago, Los Ángeles o Nueva York, ciudades santuario, que tuvieron que acomodarlos como pudieran. Luego fueron estigmatizados por Trump, además del tratamiento normal de criminales, por el hecho de ser migrantes, los acusó de ser doblemente criminales por haber sido liberados de las cárceles y manicomios por Maduro.
Para remate los acusaron, a muchos, de pertenecer al Tren de Aragua y con ese pretexto los deportaron a las cárceles de Bukele en El Salvador. Tampoco eran bien recibidos de regreso en su tierra, cuando eran deportados y esposados como criminales en aviones chárter.
Se podría decir que la vida de los exilados y migrantes venezolanos no tiene nada extraordinario, les pasa igual a los guatemaltecos, ecuatorianos o mexicanos. Pero la salvedad de que puedan unos regresar o no a su tierra, no es un asunto menor. La migración venezolana es un caso muy especial, por su carácter explosivo, es decir: muchas personas en muy poco tiempo; un fenómeno similar sólo se ve en casos de guerra civil. Se estima que 23 por ciento de la población de Venezuela está fuera del país.
Es una migración transversal que compromete a diversos sectores socioeconómicos, muy diferente a las migraciones preponderantemente laborales, de mano de obra barata. Por lo mismo, suele ser una migración familiar en el sentido de que permanezcan juntos o, por el contrario, la familia está dispersa en varios países.
Por otra parte, hay diversas fases en su proceso migratorio: primero fue una migración económica y de sectores altos y medios; luego se generalizó a otros sectores sociales, especialmente en un período de escasez, hiperinflación y hambre; también hay que destacar períodos de represión y migración por motivos políticos y conflictos fronterizos de población colombo-venezolana. Es un fenómeno muy complejo, pero que concentra fundamentalmente en el periodo de Maduro.
Finalmente, es una migración que tiene un carácter itinerante, dependiendo de opciones personales, familiares o laborales, pero también de políticas migratorias en el los países de destino. En Chile, las amenazas del actual presidente electo de derecha, José Antonio Kast, generó la huida de muchos migrantes hacia Perú.
En términos generales, se podría decir que la acogida a los “chamos” en distintos países de América Latina ha sido buena; cuando no, eran considerados como “venecos”. En algunos lugares, los malandros y los vinculados al Tren de Aragua, han entrado a controlar espacios y nichos laborales y a competir con los locales. Pero hay malandros mafias y mañas en todos lados. Lamentablemente, resulta muy fácil y recurrente estigmatizar a partir de casos particulares.
En realidad, la diáspora de “chamos” en América Latina, se suma a la de paraguas, charrúas y boliches en Argentina; a los peruchos en Chile, Brasil, Bolivia y Argentina; a los nicas en Costa Rica y ticos en Nicaragua; a los chapines en el sur de México y a los ches y boludos en la CDMX; a longos y ñaños ecuatorianos en Colombia; todos compas, aseres, manos, patas, causas, panas, parces…
La Patria Grande, como la llamaron en Argentina, es algo que tenemos que construir y que la migración nos ayuda a hacer realidad, a cimentarla día a día, no sólo como discurso sino en momentos, como el actual, donde se nos agrede a todos.
Poder económico y medio ambiente
El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, vinculado al Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil, anunció que en 2025 la deforestación de la Amazonia se redujo 9 por ciento con respecto a 2024, si bien sigue en una magnitud de casi 4 mil kilómetros cuadrados. Con estos datos, suman ya dos años consecutivos en que la tala ha caído tanto en la selva tropical como en El Cerrado, la sabana tropical brasileña, una mejoría que coincide con el final del gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022) y el regreso al poder de Luiz Inácio Lula da Silva. La administración federal tiene como meta erradicar la deforestación ilegal en la Amazonia en 2030.
Sin embargo, los buenos propósitos oficiales chocan con la política local y con la voracidad empresarial. Después de que el estado de Mato Grosso (donde ocurre 60 por ciento de la pérdida forestal amazónica) eliminara una ley que prohibía beneficios fiscales a las compañías que destruyen la selva, la Asociación Brasileña de las Industrias de Aceites Vegetales (Abiove) abandonó la Moratoria de la Soya, una iniciativa que comprometió a la agroindustria a abstenerse de deforestar.
Estas noticias dejan dos lecciones insoslayables: que la iniciativa privada no tiene ningún interés en proteger el medio ambiente salvo que obtenga beneficios pecuniarios de ello, y que las derechas son las mayores enemigas de cualquier esfuerzo para proteger a la humanidad y al resto de las especies de los efectos del cambio climático de origen antropogénico.
El golpista Bolsonaro ilustró muy bien cómo el giro a la derecha viene acompañado del desmantelamiento de políticas ambientales y de los derechos de los pueblos indígenas que son los principales defensores de la naturaleza y el territorio, una observación confirmada por los dirigentes de dicha tendencia que han sumado triunfos en el hemisferio.
En Argentina, la embestida desregulatoria de Javier Milei tiene como objetivo prioritario deshacerse de la Ley de Glaciares, una legislación pionera que protege la mayor reserva de agua dulce del país de actividades extractivas y de alto impacto ambiental. Asimismo, aprobó un régimen de inversiones que exenta a las empresas de toda responsabilidad por los daños ecológicos, dejando el costo a las poblaciones. En Bolivia, Rodrigo Paz ha marcado su agenda ultraderechista contratando a los mismos asesores de Milei y de la formación franquista española Vox. Su primera medida en materia de medio ambiente fue desaparecer el ministerio respectivo y colocarlo como una oficina subalterna del de Planificación del Desarrollo, el cual está a cargo de un empresario agroindustrial señalado por los incendios intencionales con que el sector amplía la frontera agrícola. En Chile, el presidente electo José Antonio Kast se propone terminar con las regulaciones ambientales a fin de “agilizar” las inversiones, una medida que también está en el programa de Paz.
De manera poco sorprendente, tanto Kast como Paz tienen ligas personales y familiares con las dictaduras militares que asolaron a América Latina el siglo pasado; mientras Bolsonaro añora el autoritarismo de 1964-1985 y Milei ha frenado las investigaciones sobre los genocidas, rehabilitado el discurso que relativiza el terrorismo de Estado y atacado a las organizaciones que buscan justicia. Por ello, no parece casualidad que a todos ellos los una la devoción hacia Donald Trump, quien aplica todo el poderío estadunidense a la supresión de todo esfuerzo para contener el avance del cambio climático de la mano de las trasnacionales de los hidrocarburos, grandes donantes de sus campañas electorales.
Por ello, en la actualidad es imposible separar las luchas por la protección del medio ambiente, contra el avance de los neofascismos y la contención de los abusos de los dueños de los grandes capitales, pues está claro que el mayor enemigo de los pueblos y del equilibrio ecológico es el amasiato del poder económico con el político.
Protestan en España, Francia, Italia y Suecia frente a embajadas de EU
Ataque sobre Caracas
Periódico La Jornada
Domingo 11 de enero de 2026, p. 2
Marchas en apoyo a la soberanía de Venezuela fueron convocadas ayer en varias ciudades del mundo frente a embajadas y consulados de Estados Unidos, después de que el Pentágono ejecutó una operación militar contra Caracas y secuestró al presidente Nicolás Maduro.
España, Francia, Italia y Suecia vieron desfilar a cientos de manifestantes que protestaron por las agresiones de la Casa Blanca a la república bolivariana. Las movilizaciones se llevaron a cabo en París, Roma, Estocolmo, Guijón, entre otras ciudades.
En París, los manifestantes se dieron cita en la Plaza de la Bastilla tras la convocatoria de varios partidos políticos. Los participantes portaban pancartas que decían “Alto a la agresión imperialista, sí a la soberanía de los pueblos” y “Fuera Trump, Venezuela no te pertenece”, reportó el portal de noticias turco Anadolu Agency.
En la capital italiana, entre 2 mil y 3 mil personas participaron en una marcha en la que activistas con banderas venezolanas y la consigna “Manos fuera de Venezuela” se dirigieron a la embajada estadunidense.
Se sumaron miembros de movimientos de izquierda, representantes de sindicatos, simpatizantes palestinos y estudiantes, escoltados por un gran número de policías; frente a la sede diplomática de Washington en Roma, vehículos blindados y unidades antidisturbios estaban preparados para recibir a los inconformes.
Contra el intervencionismo
Más de mil personas se manifestaron en Santiago de Compostela, España, contra el “imperialismo yanqui” y por la “paz y soberanía” de Caracas. La concentración, convocada por la Asociación Gallego-bolivariana Hugo Chávez fue secundada por sindicatos, asociaciones y formaciones políticas.
“Esto no va sólo de Maduro ni del pueblo de Venezuela, sino de la paz del mundo”, aseveró la presidenta de la asociación, Ana Mosquera.
Gijón prepara hoy otra concentración ciudadana “contra el intervencionismo y en defensa de la soberanía, la paz y la dignidad de los pueblos del Caribe”. Convocan al encuentro organizaciones sociales de Latinoamérica y el Caribe.
Antes, los colectivos demandaron “el fin de la violencia y de la intervención extranjera sobre Venezuela”, y solicitaron a la Organización de Naciones Unidas, a la Unión Europea y a España que “tomen las acciones necesarias” para garantizar los principios del derecho internacional, los derechos humanos y la integridad territorial de los estados.
Cientos de personas participaron en otra movilización en Estocolmo, Suecia, en apoyo a la república bolivariana y en rechazo a los renovados ataques de Israel contra Gaza, informó Anadolu.
Las movilizaciones se extendieron a países como Tailandia. Activistas se congregaron frente a la embajada estadunidense en Bangkok para exigir la liberación de Maduro con frases como “¡Fuera las manos de Venezuela!”, “¿Quién será el siguiente? ¿Colombia? ¿Groenlandia?” y “¡No a la guerra! ¡No al imperialismo!”, reportó la agencia TASS.
De la Redacción, con información de Europa Press