Fotograma tomado del video publicado en redes sociales Foto autor
Arturo Sánchez Jiménez
31 de diciembre de 2025 18:13
Ciudad de México. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo difundió este miércoles 31 de diciembre un mensaje de Año Nuevo dirigido a todas las familias mexicanas que viven dentro y fuera del país, en el que expresó sus mejores deseos para 2026 y refrendó su compromiso de seguir trabajando “en cuerpo y alma” por el bienestar de la población.
El mensaje fue publicado en un video en su cuenta de X y fue grabado en Palacio Nacional, desde donde la mandataria federal envió una felicitación especial a las y los mexicanos que residen en Estados Unidos y en otras partes del mundo, a quienes reconoció como parte fundamental de la nación.
“Hoy, 31 de diciembre de 2025, último día del año, quiero desearles todo lo mejor a todas las familias mexicanas, a las que estamos en México, en nuestro territorio, y a todas las que se encuentran en Estados Unidos, nuestras paisanas y paisanos, o en cualquier otro país”, expresó la presidenta al inicio de su mensaje.
Sheinbaum señaló que el cierre del año es un momento propicio para la reflexión y el balance de lo vivido, así como para expresar buenos deseos de cara al nuevo ciclo que comienza. En ese contexto, deseó a la población salud, bienestar y amor, tanto hacia las familias como hacia el prójimo y el país.
Arturo Sánchez Jiménez
31 de diciembre de 2025 18:13
Ciudad de México. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo difundió este miércoles 31 de diciembre un mensaje de Año Nuevo dirigido a todas las familias mexicanas que viven dentro y fuera del país, en el que expresó sus mejores deseos para 2026 y refrendó su compromiso de seguir trabajando “en cuerpo y alma” por el bienestar de la población.
El mensaje fue publicado en un video en su cuenta de X y fue grabado en Palacio Nacional, desde donde la mandataria federal envió una felicitación especial a las y los mexicanos que residen en Estados Unidos y en otras partes del mundo, a quienes reconoció como parte fundamental de la nación.
“Hoy, 31 de diciembre de 2025, último día del año, quiero desearles todo lo mejor a todas las familias mexicanas, a las que estamos en México, en nuestro territorio, y a todas las que se encuentran en Estados Unidos, nuestras paisanas y paisanos, o en cualquier otro país”, expresó la presidenta al inicio de su mensaje.
Sheinbaum señaló que el cierre del año es un momento propicio para la reflexión y el balance de lo vivido, así como para expresar buenos deseos de cara al nuevo ciclo que comienza. En ese contexto, deseó a la población salud, bienestar y amor, tanto hacia las familias como hacia el prójimo y el país.
“Yo quiero desearles a todas y a todos salud, mucho bienestar y sobre todo mucho amor a sus familias, al prójimo y a nuestra patria, a México”, afirmó.
La presidenta también subrayó que durante el próximo año continuará dedicando todos sus esfuerzos al servicio del país. “Que sepan que el próximo año me seguiré dedicando en cuerpo y alma por el bien de todas y de todos los mexicanos”, sostuvo.
“Que viva México y que vivan todas y todos ustedes. ¡Feliz año!”, concluyó la jefa del Ejecutivo.
La presidenta también subrayó que durante el próximo año continuará dedicando todos sus esfuerzos al servicio del país. “Que sepan que el próximo año me seguiré dedicando en cuerpo y alma por el bien de todas y de todos los mexicanos”, sostuvo.
“Que viva México y que vivan todas y todos ustedes. ¡Feliz año!”, concluyó la jefa del Ejecutivo.
2025, el inicio
Luis Linares Zapata
El final del año alumbra la primera etapa del segundo gobierno de la transformación. Varias son las coordenadas que se pueden distinguir en él. Y muchas de ellas son de trascendencia innegable. Pero se pueden, si se permite el resumen, compactar en sólo tres de ellas. La primera bien puede catalogarse como el extendido finiquito del régimen anterior. Le sigue la promesa de escalar al segundo piso, movimiento que puede resumirse con dos tiempos simultáneos: Uno, el llamado a conciliar posturas con el factor externo (Donald Trump). Dos, motivar al empresariado nacional para que, juntos, trabajen el desarrollo. La tercera se concreta en la coordinación integral de la estrategia de seguridad bajo un solo mando. Visto el estado que guarda, este año inicial, se puede proceder a identificar sus interiores y comprender mejor lo ocurrido.
La aprobación del Congreso a la reforma judicial dio pie a su esperada renovación. El presidente anterior no pudo convencer a sus integrantes de ir por el cambio. Estos personajes, simplemente, se negaron a un trabajo de tal envergadura. Los intereses personales y su torpe rejuego de años dominaron la escena. Las veleidades fueron demasiado poderosas y no se pudieron concitar. La afectación de sus desarreglos institucionalizados se impuso. La palmaria corrupción, de innumerables jueces, se combinó con la pasividad y permisibilidad de la misma Corte Suprema. Adicionalmente, el pasado gobierno no tuvo la mayoría legislativa para imponer tan seria transformación.
El Poder Judicial obstaculizaba el finiquito del moribundo régimen de acumulación neoliberal.
El masivo apoyo electoral al naciente gobierno –y a su Presidenta– haría factible el cambio constitucional solicitado. La legitimidad lograda no se pudo ya negar. No obstante, las escuálidas fuerzas remanentes del viejo régimen no cejan. Continúan, neciamente, manoseando, tanto el propósito como la puesta en marcha del nuevo Poder Judicial. La mera apelación al voto popular para el recambio es, en verdad, factor difícil de digerir para la oposición. Pero se logró, con sucesivos trabajos, la elección de la primera mitad del personal judicial. Con eso basta para completar la reforma del régimen.
El dilatado y cambiante humor en el factor externo no ha sido un motivo de regocijo. La adecuación y postura ante el vecino tiene que ser delineada con sumo cuidado. Ante las exigencias y los desplantes de control y subordinación manifiesta, se diseñó un talante de calma, firmeza y colaboración. Así ha seguido ante cada uno de los intentos intervencionistas de los vecinos. La publicación de su política de seguridad nacional, con su corolario anexo, no deja la menor duda de sus ambiciones imperiales. Revivir la, tristemente famosa, doctrina Monroe es sólo una de los desplantes del vecino. La fase primeriza de la resistencia deberá pasar, con el tiempo, a una más detallada, y comprensiva, política de relaciones externas, propia del tiempo actual. Tal parece que la etapa de alarmas arancelarias no materializó los daños estructurales temidos. El incremento de las exportaciones de 2025 apunta hacia capacidades adicionales a las conocidas en la industria automotriz. La cautela y la prudencia habrán de continuar. Puede sobrevenir una reacción, inesperada pero posible, del temperamental autócrata republicano. Asegurada la transición arancelaria se puede, y debe, concentrar en llamados al empresariado nacional –chicos, medianos y grandes–. Es crucial la formación de mejores momentos en las relaciones internas. Bien se sabe que ya no se reciben órdenes de la élite plutócrata. Ahora la atención y mirada se dirige, con justicia, hacia el pueblo de abajo. Pero la inversión debe mejorar, sustantivamente, su raquítico nivel actual. El crecimiento económico no puede continuar con el débil paso que lleva la inversión. Es indispensable el aceleramiento para cumplir con las obligadas premisas de mayor igualdad, para lo cual es necesario sumar al empresariado y conjuntar esfuerzos. La adecuada y benéfica política social, bien fondeada, se asegura con un billón de pesos presupuestados. Ese es el rumbo ya marcado.
La decidida solidez de la estrategia de seguridad es la pieza siguiente para asegurar la continuidad del modelo de justicia distributiva. Ya están puestas las indispensables mejoras para una coordinación efectiva de sus complejas partes. El mando integral ya no se discute. Fiscalías, Ejército, Guardia Nacional, inteligencia, Marina y el decidido empujón para las capacidades de las policías locales pueden garantizar resultados. Pero el ancho universo de la seguridad presenta, todavía, peticiones de redoblar su consistencia, efectividad y ensamble. La comprensión geopolítica para el enfrentamiento con los cárteles es una pieza ausente y crucial. Pero, al parecer, la decisión presidencial es real, y así debe permanecer. Será indispensable evitar que la politiquería y las ambiciones desmedidas puedan dañar este proceso ya emprendido durante el presente año de consolidación transformadora.
Comparto una “preocupación”
Bernardo Bátiz V.
Quizá exagero; comparto en primer lugar, la gran satisfacción con la actual gestión del Poder Ejecutivo; los resultados son evidentes, un dato indiscutible es que nuestra moneda este firme frente al dólar; que no han habido devaluaciones catastróficas y que la economía crece, a veces lentamente, a veces más rápido, pero no disminuyen las cifras claves.
Sin embargo, en esta época de “alegría navideña”, de reuniones familiares y también con grupos políticos y compañeros de trabajo, no dejo de preocuparme; esto porque una nubecilla ensombrece a ratos mi optimismo. Y es que me pregunto y escucho que a otros también les preocupa, la Cuarta Transformación y Morena, el partido que la ha impulsado ¿podrán caer en la tentación de volverse un partido de Estado mimetizado en todo con el poder público y confundirse con él?
Es una espinita que traigo clavada y que comparto como una medida preventiva a mi alcance; puede servir de advertencia, espero que oportuna.
Hace años, cuando iniciaba en la UNAM mi carrera de abogado, entré como pasante a un despacho importante del que eran titulares el panista Manuel Sierra Macedo y don Virgilio Domínguez, un reconocido maestro y litigante; quien había sido además un buen director de la Facultad.
A este maestro le oí decir algo que da pie a esta colaboración; decía don Virgilio que en México sólo funcionaban dos instituciones, el PRI y la Presidencia de la República.
Ahora, cuando se ha logrado consolidar este cambio que parecía imposible, el triunfo del movimiento encabezado por AMLO, la pesada maquinaria política y burocrática a partir de 2018, no sin grandes dificultades, se puso a funcionar con nuevas ideas y principios humanistas, apoyo popular y también con una fuerte oposición de neoliberales y burocracias obligadas a funcionar de otra manera; sin duda con obstáculos, pero, a fin de cuentas con éxito a la vista y el apoyo mayoritario.
El PRI fundado en 1939 por los revolucionarios triunfadores contra el gobierno de Huerta, con el nombre de Partido de la Revolución Mexicana, prolongó su primacía durante cerca de 80 años y efectivamente, como Virgilio Domínguez lo explicaba fue mucho más que un partido, era más bien un sistema de control político, agencia de colocaciones y correa de transmisión del poder.
Con la Cuarta Transformación, que llega al poder con un amplio apoyo popular y propuestas de justicia social, que reconoce la importancia del sector social de la economía, ha logrado consolidarse y mantener vivos sus principios de no mentir, no robar y no traicionar especialmente la premisa: “por el bien de todos, primero los pobres”.
No ha sido fácil pero con la Cuarta Transformación, la pesada maquinaria política y burocrática tomó las riendas a partir de 2018 y puso a funcionar, no sin dificultades y críticas, pero ciertamente con éxito, a los poderes Ejecutivo y Legislativo que fueron electos democráticamente y posteriormente con menos facilidad, se propuso modificar al Poder Judicial; la verdad es que la reforma de este tercer poder, el menos identificado y conocido por la opinión pública fue a fondo.
Se estableció un principio del que no se había hablado anteriormente, también ministros, magistrados, jueces, tendrían que ser electos, su legitimación provendría de entonces en adelante del voto popular como en los otros poderes.
Lo cierto es que para muchos ciudadanos fue una novedad conocer a un poder que se había mantenido alejado de las críticas populares y de los medios de comunicación; resoluciones como la de autorizar el “anatocismo”, esto es cobrar intereses sobre intereses, pasaron casi desapercibidas.
Creo que vamos bien; un poder casi desconocido quedó por primera vez expuesto al juicio de la opinión pública; ciertamente, la elección de los juzgadores de todos los niveles, incluyendo la Suprema Corte, el Tribunal Electoral y jueces de distrito y magistrado de circuito, tuvo que vencer una fuerte resistencia interna y externa que hizo valer no sólo argumentos y recursos legales, sino también paros y toma de edificios del Poder Judicial. Pero al final, esa dificultad se resolvió.
Parece que vamos muy bien, pero debemos estar atentos; no dejo de percibir algunos rasgos y formas políticas que me inquietan, espero no estar exagerando. Veo en reuniones algunos rasgos externos y señales que parecen insignificantes pero que no deja de alarmarme, quizá sin razón, pero dicen que “al que con leche se quema hasta al jocoque le sopla”.
Reaparecen privilegios para la alta burocracia, lugares de preferencia, camionetas enormes y pequeños ejércitos de ayudantes, choferes y guardaespaldas; abrazos estruendosos en encuentros de políticos y burócratas con palmadas que resuenan en las respectivas espaldas de quienes se encuentran; repito, quizá estoy exagerando, quizá influya en mi aquel diálogo inventado pero inquietante: “¿Qué horas son, Dagoberto? las que usted diga señor licenciado.”
jusbb3609@hotmail.com