Trump busca sembrar la duda tanto en Caracas como en Washington
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Miércoles 7 de enero de 2026, p. 8
Washington y Nueva York. El secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, es sólo un primer paso de una campaña para someter, además de Venezuela, a Cuba, México, Colombia y Groenlandia a la voluntad del gobierno de Donald Trump, coinciden expertos aquí, quienes prevén que esa lista seguro se ampliará.
Durante más de un siglo, Estados Unidos ha perpetrado golpes de Estado, intervenciones e invasiones para derrocar a gobiernos desobedientes. Pero Trump criticó a sus antecesores por el manejo de ese tipo de acciones porque se empantanaron en Irak y Afganistán, y durante su campaña se comprometió contra toda ocupación de otros países.
Pero la cúpula estadunidense, aun con Trump ahora a cargo, no ha cambiado su objetivo de mantener el dominio de Washington. El esfuerzo para conservar ese dominio podría ya no ser a través de golpes u ocupaciones militares, sino de secuestros, el empleo de ataques quirúrgicos con drones, el uso de alta tecnología para fines bélicos, la coacción política y la guerra sicológica. Y amenazas de uso de fuerza castrense, tal como demuestra el despliegue militar-naval en el Caribe hoy día.
Aun antes del secuestro de Maduro, aparecieron notas en los medios estadunidenses de que la CIA estaba trabajando con “elementos” dentro del gobierno venezolano y ahora, tras la invasión, el Pentágono ha filtrado informes de que algunos altos funcionarios u oficiales militares venezolanos compartieron inteligencia con Estados Unidos. El Financial Times y el Wall Street Journal (WSJ), entre otros, también publicaron notas insinuando que la ahora presidenta, Delcy Rodríguez, y su hermano participaron en “pláticas secretas” el año pasado con el gobierno estadunidense sobre una transición política en su país.
Estas versiones sobre negociaciones secretas con integrantes del gobierno venezolano fueron nutridas en Washington con todo tipo de especulaciones. Sin embargo, Trump dijo que “no hubo comunicación” entre su gobierno y Rodríguez y sus aliados antes de la intervención militar, y fuentes aquí con conocimiento de eso confirmaron a La Jornada que eso es probablemente cierto. Pero desde la intervención, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han alternado entre elogiar y amenazar a Rodríguez.
Despertar sospecha
Fulton Armstrong, profesor en la American University y ex oficial nacional de Inteligencia para América Latina, entre otros puestos oficiales, comentó a La Jornada que es posible que Rubio y el enviado especial Richard Grenell pensaran que podrían manipular a Rodríguez después del secuestro de Maduro, algo que cree es poco probable. Pero la especulación sobre Rodríguez aquí nutre la confusión en momentos en que el gobierno venezolano está buscando reconstituirse después del secuestro de su mandatario. Se supone que todo esto es parte de las operaciones sicológicas de Estados Unidos para sembrar sospecha tanto en Caracas como para manipular la narrativa en Washington.
El gobierno de Trump, inmediatamente después de su asalto militar en Venezuela, expresó que su estrategia no para con ese país. “El presidente Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, han dejado claro que el colapso del gobierno comunista de Cuba no sólo es un beneficio secundario de la expulsión de Maduro, sino una meta”, reportó ayer el Washington Post. “Cuba parece que está por caer”, comentó Trump el domingo, mientras los medios aquí especulan sobre el impacto que tendrá la suspensión de la entrega de petróleo venezolano a la isla.
Trump también se dedicó a escalar su retórica de presión sobre Colombia y México, y ha rehusado excluir explícitamente la posibilidad de ataques militares contra los cárteles en ambos países. El sábado pasado, inmediatamente después de la invasión de Venezuela, Trump comentó a Fox News que “los cárteles están dirigiendo México” y que su gobierno podría tener que actuar, algo que ha repetido. Ayer, Politico publicó una nota citando a ejecutivos mexicanos expresando preocupación por una posible acción militar estadunidense en México. “Literalmente sacaron al presidente [venezolano] de su cama y ahora está en Nueva York. Dios mío, esos podríamos ser nosotros”, comentó uno de ellos de manera anónima.
Después de que la presidenta Claudia Sheinbaum condenó el secuestro de Maduro y la intervención militar estadunidense, el conservador Wall Street Journal publicó un artículo titulado “México se está comportando como un adversario a Estados Unidos”, escrito por Josh Treviño, director sobre América Latina para el America First Institute. El artículo reitera las críticas de conservadores contra la posición de México defendiendo el principio de la no intervención. Pero más alarmante para algunos es que el America First Institute es el tanque de pensamiento fundado por el asesor de la Casa Blanca Stephen Miller, arquitecto no sólo de la estrategia antinmigrante de este gobierno, sino también un cada vez más vociferante promotor del dominio absoluto de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental.
En una entrevista con CNN el lunes, Miller reiteró que Estados Unidos no está enfocado sólo en América Latina, “Groenlandia debe ser parte de Estados Unidos. ¿Por cuál derecho Dinamarca asevera su control sobre Groenlandia?”, cuestionó. “Nadie se enfrentará con los militares estadunidenses sobre el futuro de Groenlandia”.
Cuando se le preguntó en esa entrevista acerca de cómo Estados Unidos controlará a Venezuela y estos otros países, Miller respondió: “pueden hablar todo lo que quieran sobre las sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real que es gobernado por la fuerza, que es gobernado por poder. Estas son las leyes de hierro del mundo”.
Pero tal vez Groenlandia y sus aliados pueden respirar con alivio, ya que ayer Rubio aclaró que Trump desea “comprar” Groenlandia, no invadirla.
Secuestro de Maduro por EU, “precedente extremadamente peligroso”, denuncia Brasil en la OEA
En una sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el representante permanente de Brasil, embajador Benoni Belli, señaló que la soberanía nacional y el respeto a las instituciones multilaterales son pilares fundamentales para garantizar la autodeterminación de los pueblos y mantener relaciones internacionales basadas en la igualdad y la justicia.
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Afp y Prensa Latina
06 de enero de 2026 21:22
Washington. Brasil denunció este martes que la operación militar ejecutada por Estados Unidos en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, representan una gravísima afrenta a la soberanía venezolana y amenazan a la comunidad internacional con un precedente extremadamente peligroso".
En una sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el representante permanente de Brasil, embajador Benoni Belli, señaló que la soberanía nacional y el respeto a las instituciones multilaterales son pilares fundamentales para garantizar la autodeterminación de los pueblos y mantener relaciones internacionales basadas en la igualdad y la justicia.
El secretario general de la OEA, Albert Ramdin, afirmó en su turno que "podemos apoyar una transición democrática amplia, fortalecer las instituciones, apoyar reformas institucionales" en Venezuela, tras advertir que la represión en la nación sudamericana no puede ser tolerada.
Ramdin invitó a todos los países de la región, divididos sobre el ataque, a "hallar un camino para mantener un compromiso colectivo".
Durante la sesión se sucedieron los discursos en contra de la intervención estadunidense, aunque varios países rechazaron pronunciarse y mostraron en cambio su satisfacción por la captura de Maduro.
La intervención del embajador estadunidense, Leandro Rizzuto, fue brevemente interrumpida por una persona que pidió la libertad de Maduro, y que fue desalojada de la sala de sesiones.
Venezuela abandonó la OEA en abril de 2017, pero luego la Asamblea Nacional, en manos de la oposición, desconoció la decisión de Maduro.
Aunque la organización con sede en Washington sigue considerando al país como miembro, Caracas dejó de participar en los trabajos de la OEA.
El Consejo Permanente de la organización a su vez desconoció las elecciones presidenciales de 2024, ganadas por Maduro, un resultado también contestado por Estados Unidos y la Unión Europea, que sin pruebas apoyaron las acusaciones de la oposición de que hubo fraude.
Golpes de Estado made in USA, la doctrina del caos
El presidente estadunidense, Donald Trump (centro), acompañado de los secretarios de Estado, Marco Rubio (izq.) y de Guerra, Pete Hegseth, durante la conferencia de prensa en la que anunció la operación militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
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Juan Becerra Acosta
07 de enero de 2026 00:04
“Cada vez que Estados Unidos ‘salva’ a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio.”
Frase, la anterior, de Eduardo Galeano, que retrata los infiernos de pueblos cuya riqueza en recursos naturales o posiciones geográficas estratégicas los convierten en el blanco de la voracidad estadunidense con la que depreda de manera indiscriminada –bajo la falacia de llevar ayuda humanitaria o aplicar justicia– al tiempo que saquea sin miramientos territorios y destruye poblaciones.
En 1913, la intervención de Estados Unidos en México fue clave para asesinar al presidente Francisco I. Madero, a Victoriano Huerta acordar con el presidente estadunidense Woodrow Wilson a través del embajador Henry Lane Wilson, derrocar al primer gobierno democrático de México y con ello intentar asegurar los intereses económicos estadunidenses, entre ellos el petróleo.
En 1951, el izquierdista Jacobo Árbenz fue elegido presidente de Guatemala en las primeras elecciones con sufragio universal en la historia del país. Árbenz encabezó una reforma agraria que afectó a la United Fruit Company, poderosa corporación estadunidense propietaria de aproximadamente 40 por ciento de las tierras de Guatemala que dominó la economía y política del país al controlar, además, ferrocarriles, puertos y comunicaciones.
En plena guerra fría, Estados Unidos acusó a Árbenz de ser cercano a la Unión Soviética, lanzó la operación PBSuccess para gestar un golpe de Estado y restableció los intereses políticos y económicos estadunidenses. Una junta militar a favor de Washington, dirigida por el militar Carlos Castillo Armas, tomó el poder, lo que ocasionó una guerra civil que duró casi 40 años.
En República Dominicana, Juan Bosch, socialdemócrata de izquierda, ganó las elecciones de 1962 tras el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo –quien alcanzó el poder gracias al apoyo de Estados Unidos y lo perdió debido al quebranto de la simpatía del mismo imperio– y del golpe de Estado contra Joaquín Balaguer, sucesor de Leónidas.
Juan Bosch fue derrocado siete meses después de haber rendido protesta en un golpe de Estado militar que ocasionó una guerra civil entre fuerzas militares y constitucionalistas a favor de Bosch. Ante la posibilidad del retorno de Bosch al poder, Estados Unidos gestó la operación Power Pack y con ella la incursión de miles de soldados estadunidenses para retomar el control. La ocupación estadunidense duró 17 meses, para concluir con la llegada al poder de un gobierno afín a la Casa Blanca.
La creación de Panamá se da a través del intervencionismo estadunidense cuando en 1903 envió buques de guerra para apoyar a grupos separatistas que luchaban por no ser parte de Colombia, lo que derivó en que Estados Unidos se hiciera del control del Canal de Panamá al momento de su independencia; 90 años después, la Casa Blanca intervino nuevamente cuando derrocó a su antiguo colaborador Manuel Noriega, a quien acusó de narcotraficante en una muestra más del doble juego que Estados Unidos hace para defender sus intereses.
Documentos desclasificados de inteligencia estadunidense comprueban la participación norteamericana en el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile. En 1973, una junta militar dirigida por Augusto Pinochet con el apoyo de Estados Unidos asesinó al presidente democráticamente elegido, lo que inició una dictadura que desapareció y torturó a disidentes, convirtiendo a Chile en un cementerio bajo el amparo de la política intervencionista estadunidense.
En 1964, el presidente brasileño de izquierda João Goulart fue derrocado en un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos, quien instaló un gobierno militar que se mantuvo en el poder hasta la década de los 80.
El sábado pasado, fuerzas militares de Estados Unidos, en flagrante violación a los tratados internacionales y a la Carta de la ONU, realizaron un ataque armado en Venezuela para secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, y establecer un nuevo gobierno con la intención primordial de hacerse del petróleo venezolano.
La legitimidad de Maduro es cuestionada tras unas elecciones carentes de transparencia y acusaciones de violaciones a derechos humanos en Venezuela, asunto cuya resolución compete exclusivamente al pueblo venezolano y no a intereses intervencionistas de ninguna otra nación.
El mensaje de Trump es claro, enviar a Venezuela soldados y empresas petroleras estadunidenses. Mantener a un gobierno chavista bajo la batuta de Delcy Rodríguez –después de cepillar las intenciones de la disidencia venezolana y con ella a María Corina Machado–, en un acuerdo que a todas luces parece una pelea arreglada que ni Don King hubiese podido operar.
Venezuela y el lodo de la historia
Roma nunca pagó traidores, y en esta suerte de kilombo anunciado hasta la náusea, la gran verdad fue dicha por el indiscutible líder de la mentira global: “Corina: eres maravillosa... pero como nunca representaste nada, puedes meterte el Nobel de la Paz por donde te guste”.
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José Steinsleger
07 de enero de 2026 00:03
Uno. Ayer, el chiquito de la familia me disparó un misil a quemarropa: “¿Qué te trajeron los reyes, Tata?”. ¡Uf!... ¿Cómo responder? ¿Abrazarlo con emoción o iniciarlo en el materialismo histórico? No temáis… opté por lo primero, al tiempo de celebrar (primero Dios), que los putos Reyes no le dejaran una “play” o un telefonito inteligente para que mi nieto deje de ser inteligente.
Dos. Escribo estas líneas en Argentina, donde el pueblo llano y no tan llano padece de una rarísima mezcla de apatía, confusión y silente tristeza cotidiana. Con excepción, claro, de las mafias corporativas que saquean el Estado, el Guasón que preside el país y las descerebradas hordas liberticidas que junto con miles de apátridas venezolanos se dieron cita en torno al emblemático obelisco de Buenos Aires para festejar el humillante secuestro de Nicolás Maduro, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y ahora prisionero de guerra del imperio.
Tres. A más de las propias conjeturas, reposan en mi escritorio un centenar de las pensadas por diestros y siniestros analistas de excelencia. ¿Qué será prioritario? ¿Ventilarlas tediosamente u oír las maldiciones del comandante Hugo Chávez, esté donde esté? Pero ya alguien dijo que los hombres y los pueblos nunca han aprendido nada de la historia, y siempre han desperdiciado sus lecciones.
Cuatro. Frente a la tragedia bolivariana, creo que las izquierdas devotas tendrán que revisar ciertas liturgias, y las derechas impías poner sus barbas a remojar. Roma nunca pagó traidores, y en esta suerte de kilombo anunciado hasta la náusea, la gran verdad fue dicha por el indiscutible líder de la mentira global: “Corina: eres maravillosa... pero como nunca representaste nada, puedes meterte el Nobel de la Paz por donde te guste”.
Cinco. Y es que en política hay que tener un eje, cosa que nada tiene que ver con el “punto medio”. Por ende, y parafraseando a la filósofa española María Zambrano, esperemos que haya sonado la hora de afrontar la profunda crisis del presente, replegándonos hacia tiempos mejores.
Seis. En su célebre Carta de Jamaica, el Libertador escribió: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse. ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración...” (6 de septiembre de 1815).
Siete. Bolívar lo intentó, y tras derrotar al imperio español en las pampas de Ayacucho (sur de Perú, 9 de diciembre de 1824), el creador de la Gran Colombia convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá (junio de 1826). Sin embargo, pocos países mostraron interés. En particular, el departamento de Venezuela gobernado por el general José Antonio Páez, líder del movimiento separatista La Cosiata, que ya en abril había separado a Venezuela de la Gran Colombia.
Ocho. Tres años después, en Guayaquil, el Libertador escribe al coronel inglés Patricio Campbell: “…los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Profecía que nadie ha podido desmentir, y que la quiteña Manuelita Sáenz (1797-1856), su gran amor, vislumbró desde mucho antes, cuando tras la muerte de Bolívar los sicóticos de la libertad la expulsaron de Bogotá por “extranjera perniciosa”.
Nueve. Señores y señoras, damas y caballeros, compañeros, compañeras, compañeres: 2026 será el año en el que las mentiras impuestas por el orden global posterior a 1945 serán remplazadas por las que la IA tiene previstas para lo que resta del siglo: América, Groenlandia y Gran Bretaña para los americanos; Europa y el norte de África para los rusos, y el resto del mundo para los chinos.
Diez. La auténtica revolución bolivariana acaba de empezar.