jueves, 19 de junio de 2025

Banderas insurrectas.

La bandera mexicana ondea en las festividades del 5 de mayo y en las procesiones de diciembre. Sólo que ahora se trataba de un símbolo de identidad en la resistencia.
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Ilán Semo
19 de junio de 2025 00:04
“Hoy vamos de cacería.” Con estas palabras, Tom Homan –el zar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés)– arengaba a sus hombres en la mañana del 6 de junio para emprender otra redada masiva contra trabajadores inmigrantes –en su mayoría mexicanos– en dos condados cercanos a la ciudad de Los Ángeles. Las imágenes de las detenciones sin órdenes judiciales –captadas por los celulares de transeúntes y equipos de televisión– se viralizaron en cuestión de minutos.
Horas después, un centenar de manifestantes, convocados por organismos dedicados a la defensa de los derechos de los migrantes, se dieron cita en el Centro Metropolitano de Detención para protestar contra la violencia policiaca y recordar a los detenidos –a través de megáfonos– sus derechos constitucionales. La alcaldesa de la ciudad, Karen Moss, expresó su consternación por la brutalidad de los agentes del ICE, a quienes acusó de “sembrar el terror” en una “orgullosa ciudad de migrantes”.
El segundo llamado para impedir las redadas y las detenciones ilegales resultó insólito. Al día siguiente, miles de manifestantes se reunieron en el Downtown de Los Ángeles para impugnar las deportaciones (a la fecha suman ya más de 50 mil mexicanos forzados al regreso). Había de todo ahí: miembros de las comunidades de origen mexicano ondeando banderas tricolores; militantes de la izquierda organizada, como los grupos Antifa; consejeros y diputados del Partido Demócrata; estudiantes que meses antes habían marchado en las protestas pro Palestina. Esta vez la respuesta provino directamente de Washington. La Casa Blanca, pasando por encima de la jurisdicción local, envió dos mil miembros de la Guardia Nacional para reprimir las movilizaciones, que ya se habían extendido a lo largo de varias ciudades en el estado de California.
La acción policiaca fue inclemente: balas de goma –de las que horadan los ojos–; bastones inmovilizadores –que se emplean para torturar el ganado–; gas lacrimógeno paralizante. Junto con decenas de manifestantes, una reportera australiana fue herida gravemente en la pierna (el gobierno de Australia acaba de demandar a la Guardia Nacional por interdecir la libertad de expresión). La izquierda más radical respondió con sus medios: quema de coches, barricadas, piedras y cocteles molotov. El primado de los medios y las redes digitales nos hace olvidar que la última (y definitiva) instancia que define la relación entre el poder y la resistencia se encuentra en la calle.
La maquinaria mediática de la persecución se movilizó de inmediato. Uno no puede dejar de recordar en estas ocasiones la definición que propone Gilles Deleuze de los medios masivos de comunicación: “máquinas de guerra”. El mismo Trump se encargó de encender las llamas al tildar a los manifestantes de “insurrectos” y “agentes de una invasión” (por las banderas mexicanas). La escena ideal para reafirmar la invención del “enemigo interno” actual: los migrantes latinos. (Tres días después, frente a la pregunta de si sabía de alguna invasión a Estados Unidos, el jefe de las fuerzas armadas respondió irónicamente –revirando a Trump–, que “sólo se trataba de gente buena muy molesta”).
Kristi Noem, la actual Secretaria de Seguridad, se presentó personalmente en una redada, fusil en mano, para realizar una detención frente a las cámaras de los noticieros. Y Fox News dilapidó horas y horas de pantalla en primetime para estigmatizar a Los Ángeles como una ciudad “descuidada” y “corrupta”, en la que el “ideal americano” había zozobrado “por la presencia de los migrantes”.
Lo insólito fue la contraofensiva del movimiento. El 9 de junio las protestas se extendieron a múltiples ciudades de la unión. Decenas de miles de manifestantes salieron a las calles. Las banderas mexicanas ondeaban por doquier. El debate no se hizo esperar: ¿convenía ondear la bandera tricolor, dada la actual xenofobia del establishment, o desfavorecía la causa de los migrantes? La resistencia contra la policía, ¿contenía la represión o la incrementaba?
La experiencia estadunidense es muy singular al respecto. Una cuantiosa historiografía sobre los años 60 afirma que el consenso en torno al ethos creado por el movimiento de los derechos civiles no sólo fue posible gracias al pacifismo de Martin Luther King, sino sobre todo a la firmeza de Malcolm X. En sus últimas intervenciones, antes de su asesinato, no dejó de repetir una frase que de alguna manera fijó una parte del guion de esa historia: “Si queman nuestros cuerpos –se refería a los linchamientos de negros perpetrados por el Ku Klux Klan–, arderán sus ciudades”. Y así sucedió en 1968, después del asesinato de Luther King.
Es común en Estados Unidos ver banderas de cualquier parte ondeando en público. Hace poco, las ucranias aludían al apoyo militar a Kiev. Las pro israelíes son frecuentes, sobre todo en Nueva York. Ni hablar, recientemente, de la enseña palestina. La bandera mexicana ondea en las festividades del 5 de mayo y en las procesiones de diciembre. Sólo que ahora se trataba de un símbolo de identidad en la resistencia. Eso es lo que encendió la ira de la ultraderecha.
Dejemos la hipocresía a un lado. Como escribe Wendy González, los mexicanos ilegales en Estados Unidos son “seres sin Estado”: abandonados por el Estado mexicano y nulificados por el estadunidense, han urdido una extraordinaria identidad propia que les ha permitido devenir gradualmente un sujeto político.

Entre la dignidad y la traición
El momento, captado en video, lo muestra gritando con claridad: “Soy el senador Alex Padilla. Tengo preguntas para la secretaria”, mientras era arrastrado fuera del recinto. 
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Rosa Miriam Elizalde
19 de junio de 2025 00:03
En el país que se vanagloria de ser la “tierra de los libres” (the land of the free), la escena protagonizada la semana pasada por el senador Alex Padilla sacudió conciencias y expuso con crudeza las contradicciones más profundas del modelo migratorio estadunidense. En un hecho insólito, Padilla –primer latino en representar a California en el Senado federal– fue reducido, esposado y obligado a tirarse al suelo por agentes de seguridad tras intentar, de forma pacífica, formular una pregunta a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, durante una rueda de prensa. 
El senador buscaba interpelarla sobre la represión ejercida durante las masivas protestas en Los Ángeles, convocadas para rechazar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) y la ofensiva antinmigrante, que concluyeron con cientos de arrestos y réplicas del descontento en decenas de ciudades de EU. El momento, captado en video, lo muestra gritando con claridad: “Soy el senador Alex Padilla. Tengo preguntas para la secretaria”, mientras era arrastrado fuera del recinto. 
Su intervención no fue violenta, ni disruptiva, ni amenazante. Fue, en realidad, el último recurso de un representante electo que se niega a guardar silencio mientras su pueblo –compuesto mayoritariamente por personas de origen mexicano y centroamericano– sufre las consecuencias de una política cada vez más despiadada. El gesto de Padilla contrasta con el mutismo –y aún peor, con la complicidad– de los legisladores de origen cubano que hoy ocupan escaños en Washington. 
Lejos de alzar la voz por su gente o mediar en favor de quienes fueron invitados por el gobierno estadunidense a emigrar bajo el mecanismo de parole humanitario, estos congresistas han optado por alinearse con las estrategias más duras, represivas y crueles del trumpismo migratorio. “¿Qué han hecho los políticos anticubanos para detener la expulsión masiva de cubanos que llegaron a Estados Unidos con la promesa de una nueva vida?”, se preguntaba recientemente el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío. 
La respuesta es tan simple como alarmante: nada. Peor aún, han respaldado –explícita o implícitamente– la suspensión del Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela Parole Program (CHNV, por sus siglas en inglés), la criminalización de los migrantes y la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, medida que ha obstaculizado más las reunificaciones familiares. El CHNV fue una iniciativa de la administración Biden, vigente entre enero de 2023 y 2025, que ofrecía una vía legal temporal de hasta dos años para ciudadanos de esos cuatro países que se encontraban fuera de EU. Intentó –y en parte logró– aliviar la presión sobre la frontera sur. 
El presidente Trump decretó su eliminación definitiva, dejando a más de 530 mil personas en situación irregular y expuestas a deportaciones. Figuras como María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart o Carlos Giménez han preferido utilizar su capital político para avivar campañas de odio contra la isla, impulsar cruzadas propagandísticas contra cualquier forma de diálogo, y mantener una retórica de “mano dura” que les reporta beneficios electorales, pero que deja en el abandono a miles de compatriotas. 
A medida que cubanos son detenidos, expulsados o forzados a esconderse, sus supuestos portavoces callan o aplauden a Trump, más interesados en ascender en el aparato del poder que en honrar el mandato de quienes los eligieron. Carlos Giménez, quien ha insistido en convencer al Congreso de la existencia de bases militares chinas en Cuba para justificar una aventura militar contra la isla, se ha erigido como uno de los más fervientes defensores de las políticas migratorias de línea dura impulsadas por Trump. Declaró en X: “La fallida política de fronteras abiertas de Biden permitió que miles de delincuentes y pandilleros ingresaran a nuestro país, dejándonos la tarea de solucionar el problema... La decisión de la Corte Suprema [de eliminar el programa CHNV] es la ley del país y debemos respetarla” (https://acortar. link/b4yiyg). 
La diferencia entre Padilla y los congresistas cubanoestadunidenses no es meramente ideológica. Es, ante todo, una diferencia ética. Padilla arriesga su integridad en defensa de los latinos, incluso a costa del abuso institucional. Los otros ensayan discursos contradictorios, mientras permiten –o promueven– que familias sean separadas, que migrantes sean devueltos sin garantías legales y que los derechos más elementales sean pisoteados. (La comunidad mexicanoestadunidense de Los Ángeles salió a defender a sus compatriotas, mientras los cubanoestadunidenses de Miami han permanecido callados en casa.) 
Este episodio ha dejado en evidencia que no todos los representantes latinos ejercen su cargo con el mismo decoro. Algunos comprenden que el poder político debe servir para proteger a sus comunidades, denunciar abusos y exigir justicia. Otros, en cambio, han traicionado a los suyos. La historia acabará por ubicar a cada cual en su lugar, aunque los hechos ya han hablado con nitidez: un senador latino que dignifica a su pueblo, frente a una bancada que ha optado por el silencio –o la obediencia– mientras los cubanos son cazados en las cortes migratorias y expulsados, incluso a destinos tan extremos como Sudán del Sur.

“Vamos a volver”, clamor del peronismo en marcha de apoyo a Cristina Fernández
Una vez más, miles de argentinos se concentraron en la Plaza de Mayo para expresar su apoyo a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Foto Afp  Foto autor
Stella Calloni, corresponsal
18 de junio de 2025 20:40
Buenos Aires. En una histórica marcha pacífica, calculada en más de medio millón de personas sólo en esta capital - sin contar los miles en las provincias- la emoción estalló en la multitud cuando se escuchó la voz de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner en un mensaje desde su casa, donde cumple desde prisión domiciliaria y condenada además a proscripción política de por vida, y que recuperó las esperanzas populares al recordar que “vamos a volver, vamos a volver pero con más sabiduría y con más unidad” al agregar: "donde me toque estar, en la trinchera que sea, voy a seguir haciendo todo lo que está a mi alcance para estar con ustedes".
Fue un llamado a toda la militancia a la unidad del peronista Partido Justicialista, del que es titular hasta ahora, mientras está en discusión el fallo de la Corte, que será llevado ante los organismos internacionales competentes, mientras que juristas de distintos sectores consideran que el expediente podría llegar a anularse, por las irregularidades que contiene.
Fueron muchos los manifestantes que no pudieron contener el llanto al escuchar a la ex mandataria, cuyo mensaje transmitió esperanza. "Los que están asustados no somos nosotros, son ellos”, dijo Fernández de Kirchner, mientras el “Vamos a volver” repetido por la multitud definía un antes y un después de esta fecha. 
Dicho en la Plaza de Mayo donde nació el peronismo, el 17 de octubre de 1945, cuando miles de obreros llegaron desde los grandes cordones industriales para rescatar al entonces secretario de Trabajo, coronel Juan Domingo Perón, detenido por su defensa de los trabajadores y que cambió la historia, hoy se produjo una similitud con aquellos momentos.
Y allí nacieron al mundo también las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en 1977, que con un pañuelo blanco en la cabeza desafiaron solitarias a la más brutal dictadura que conoció el país (1976-1983) reclamando por sus hijos desaparecidos y que hasta hoy son un símbolo de lucha contra la impunidad en el mundo. Esas madres que hoy estaban también en la plaza.
Algo de esto se siente por estas horas. Un pueblo reclamando por un fallo, indigno de un país que comenzó su transición democrática en 1983 después de años de regímenes militares y que reclama por la prisión injusta e ilegal de Fernández de Kirchner.
No es poco reunir un millón de personas o más en todo el país, bajo amenazas del gobierno del presidente Javier Milei, que no sólo ha destruido todas las organizaciones que protegían a la población y cercenado los derechos logrados.
"Hay algo que deben entender todos y todas, incluso los del poder económico: pueden encerrarme, pero no pueden encerrar a todo el pueblo argentino. Los que están asustados no somos nosotros, son ellos", expresó con serenidad y fuerza la ex mandataria al referirse a la condena de la Corte Suprema de Justicia.
Agregó que “este es el momento de demostrar que vamos a defender la democracia con las mismas herramientas con las que la construimos. Sin violencia, pero con coraje. Sin miedo, pero con absoluta claridad del momento histórico que estamos atravesando todos los argentinos. Con amor profundo por esta Patria que tantísimas veces intentaron arrodillar pero que tantas veces supo levantarse".
Manifestó que “este modelo, que ahora encarna Milei, que no es diferente a los de otrora, se cae. No sólo porque es injusto, si no porque es insostenible desde lo económico. Tiene vencimiento, como el yogur”, advirtió sobre el rumbo de la gestión económica.
"El pueblo argentino ya lo demostró mil veces: sabe ponerse de pie, sabe resistir, sabe organizarse, sabe luchar y si lo expulsan también sabe volver. Volvió con Perón, volvió con Néstor Kirchner", dijo refiriéndose al año 2003, cuando se debió levantar un país que había vivido nada menos que la crisis más grande de su historia en diciembre de 2001.
"No sé qué me depara el futuro inmediato. No tengo la bola de cristal. Pero sí sé algo. Ya he pasado por casi todo en esta vida. Viví la dictadura. Viví múltiples intentos de saquear el país y dejarlo sin derechos. Viví el ejemplo y el enorme sacrificio de Néstor. Y todo lo que nos costó construir aquella década ganada no sólo en términos políticos sino personales y de familia", señaló.
“Tenemos pueblo, memoria, historia y patria. Vamos a volver una y mil veces. Lo pueblos finalmente siempre vuelven", aseveró.
La multittud desafió todo para expresar su solidaridad con la ex mandataria a pesar del exhibicionismo de motocicletas con dos uniformados, uno de ellos con un arma desenfundada en la mano, con micros detenidos que venían desde distintas provincias para sumarse a la movilización.
Debieron enfrentarse a los retenes de seguridad dispuesto por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, que una y otra vez los detenían. No sólo los demoraron para que no llegaran a esta capital sino que filmaban a los pasajeros, lo que hizo recordar a la pasada dictadura militar. 
Este día demostró que la sociedad argentina no está dispuesta a aceptar sin resistencia el retroceso democrático, la pérdida de derechos todo aquellos que sorprendió a muchos por los reclamos justos y las definiciones políticas del momento que está viviendo el país, y cómo impactó lo sucedido con los jubilados, que estuvieron presentes en todas las voces, en los hijos recataban todo lo que significó para millones de personas poder jubilarse. 
Ahora llueven los pedidos de amparo ante los nuevos decretos firmados por Milei, cuando llegó envalentonado de Israel, de donde salió dos horas antes de que comenzara el bombardeo contra Irán.