lunes, 3 de febrero de 2025

Muy pronto, las élites europeas se pondrán a los pies de Trump: Putin.

Europa Press, Prensa Latina y Sputnik
Periódico La Jornada  Lunes 3 de febrero de 2025, p. 28
Madrid. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, aseguró ayer que su homólogo estadunidense, Donald Trump, restablecerá el orden mundial con rapidez y acabará sometiendo sin problemas a las élites europeas que intentaron boicotear, a juicio del mandatario ruso, su retorno a la Casa Blanca.
Con su carácter y su perseverancia, Trump restablecerá el orden con rapidez. Pronto, todos se pondrán a los pies de su dueño y menearán suavemente la cola, aseguró a la radiotelevisión pública rusa.
El jefe del Kremlin añadió: creo que les gustaba más la forma de pensar de (su predecesor Joe) Biden, pero Trump tiene ideas diferentes sobre lo bueno y lo malo, incluso en política de género y otros temas.
En estos momentos, las élites políticas europeas y el presidente de la nación norteña andan jugueteando. ¿Cambió algo desde Biden? No ha cambiado nada. Con Biden estaban encantados de cumplir cualquier orden de Washington, simplemente no les gusta Trump, lo combatieron activamente, y luego se confundieron.
Durante la entrevista, recordó a algunos estadistas europeos del pasado, como Charles de Gaulle, François Miterrand o Jacques Chirac, en Francia, y Willy Brandt, Helmut Kohl y Gerhard Schröder, en Alemania, que tenían una opinión propia y la valentía de defenderla, manifestarla, verbalizarla y al menos tratar de implementarla en su labor práctica.
Putin calificó de peones políticos a algunos miembros de las élites europeas (personas sin estudios, según él) que se dedican claramente a lo que no les corresponde y luego, cuando surgen diversas alternativas, tratan de contrarrestarlas con prohibiciones.
Como si no entendieran que, si prohíben una alternativa hoy, mañana aparecerá otra, con un nombre diferente, agregó el mandatario ruso sin mencionar de forma explícita el debate sobre la prohibición del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en el Bundestag.

EU: plutocracia sin máscaras
Carlos Fazio
Vigorizada por la llamada Pay­Pal Mafia del Silicon Valley de California, impulsora del tecnocapitalismo de plataformas, la plutocracia monopólica y financiera de Wall Street asumió el poder político en Washington por la vía electoral. Ellas financiaron la campaña de Donald Trump a la Casa Blanca, y ahora, esa oligarquía aristocrática −como la llamó Oxfam− ha decidido desatar una nueva fase de la guerra de clases (Warren Buffet dixit) en todo el orbe, en un intento desesperado por preservar la hegemonía imperial en un mundo que transita de manera larvada hacia un multipolarismo. El 1º de febrero Trump inició una guerra de balanza de pagos contra sus tres principales socios comerciales: China, Canadá y México −y amenazó a la Unión Europea y al BRICS−, lo que tendencialmente podría derivar en un crac financiero que, a la postre, terminaría por erosionar aún más al imperio del caos, como definió a Estados Unidos, en 2002, Alain Joxe.
La joya de la corona de lo que la revista globalista británica The Economist denominó presidencia imperialista (sic), es un mandatario multimillonario (se estima que Trump pesa 6 mil 800 millones de dólares), financiado y respaldado política e ideológicamente por las personas más ricas del mundo: Elon Musk, adepto al saludo nazi y propietario de la automotriz Tesla, la empresa espacial Space X y la red social X (Twitter), con un patrimonio neto reportado de 433 mil millones de dólares; Jeff Bezos, de Amazon y Blue Origin (239 mil millones); Mark Zuckerberg, de Meta (211 mil millones); Larry Ellison, de Oracle (206 mil millones); la israelí-estadunidense Miriam Adelson, heredera del imperio de casinos Las Vegas Sands y megadonante republicana (32 mil millones); el magnate de los medios Rupert Murdoch (22 mil millones); Brian Armstrong, de Coinbase (12 mil millones); Peter Thiel y Alex Karp, ambos de Palantir (10 mil millones y 4 mil millones, respectivamente); Tim Cook, de Apple, y Sam Altman, de Open AI (ambos con 2 mil millones), y Sundar Pichai, de Alphabet, matriz de Google (mil 100 millones).
A la zaga de los llamados barones ladrones John P. Morgan (Banca Morgan), Cornelius Vanderbilt (industria ferroviaria y marítima), Andrew Carnegie (US Steel) y John D. Rockefeller (Standard Oil), y más recientemente magnates como Warren Buffett (Berkshire Hathaway), George Soros (Grupos Carlyle y Bilderberg), Bill Gates (Microsoft), Michael Bloomberg (Bloomberg LP, comunicación) y Larry Fink (fondo buitre Black­rock) −que históricamente han jugado un papel determinante en las decisiones políticas y económicas de EU, pero, en general, tras bastidores− la recién inaugurada era de los oligarcas, precedida por la insurgencia plutocrática, exhibe la llegada al poder político de quienes integran lo que Yanis Varoufakis ha denominado tecnofeudalismo, una suerte de imperialismo digitalizado como fase superior del capitalismo, que ejerce de facto el control oligopólico de la tecnología y la ­(des)información.
Entre los nuevos señores feudales de la big tech con influencia política-ideológica sobre Donald Trump (y con control político sobre él, según el senador Bernie Sanders), destacan Elon Musk, Peter Thiel y David Sacks, arquitectos de la conexión antiwoke entre Silicon Valley y Washington. Junto con Reid Hoffman (LinkedIn) y Keith Rabois (Founders Fund), los tres magnates conformaron un círculo de élite conocido a finales de los años 90 como el PayPal Mafia, en referencia a la empresa de pagos por Internet PayPal en la que participaron. Pese a sus volátiles diferencias ideológicas, Musk, Thiel y Sacks (quien en 2021 lanzó la plataforma de podcasts Callin), han desplegado un gran activismo político diseminando las ideas anarcocapitalistas libertarias transhumanistas en boga en el seno del movimiento conservador mundial, y han convertido el proyecto del gulag digital (de Davos) en un campo de batalla político, económico, ideológico y cultural, pero también geopolítico (imperialismo digital), vía la militarización de sus infraestructuras tecnológicas mediante el uso de la inteligencia artificial (IA), incluida la integración de datos de vigilancia y reconocimiento para proporcionar información sobre contraterrorismo e inteligencia en el campo de batalla, siempre al servicio del Pentágono, la CIA, la NSA y la FBI −con las que han amasado millonarios contratos−, y del complejo militar industrial israelí, del que son cómplices −en particular los halcones tecnomilitaristas de Palantir, Amazon, Google y Microsoft, junto con la pasada administración Biden− en la guerra de exterminio, genocidio y castigo colectivo en Gaza, contribuyendo de paso a la normalización de la guerra como estado permanente.
Además de una eficaz estrategia cognitiva, la nueva presidencia imperial en la Casa Blanca cuenta con un plan bien estructurado elaborado por la Fundación Heritage, influyente think tank asociado al neoconservadurismo de la era Reagan: el Proyecto 2025, basado en una combinación de aislacionismo selectivo, pragmatismo económico y un enfoque militarista, signado por una agenda ultranacionalista-imperial recargada y conservadora, que abarca, entre otros objetivos, la desregulación ambiental y energética; el apoyo al desarrollo de los combustibles fósiles; el impulso de la IA; una reforma fiscal y la reducción de impuestos a banqueros e industriales, y la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y que utiliza como herramientas coercitivas de su orwelliano eslogan la paz a través de la fuerza, la guerra proteccionista/arancelaria y las sanciones, así como la deportación vejatoria y militarizada de inmigrantes indocumentados (el sadismo político como espectáculo), incluido el anuncio del envío al campo de concentración y torturas experimentales de EU en Guantánamo, Cuba, de los migrantes expulsados que no sean recibidos en sus países de origen.
No obstante, la guerra de clases lanzada por la plutocracia de EU contra el resto del mundo podría fracasar. En la coyuntura, la irrupción de DeepSeek, el nuevo modelo de IA chino gratis y de bajo costo, significó un duro golpe al millonario proyecto emblemático de Trump: Stargate, donde se encuentran nucleadas OpenIA (ChatGPT), Oracle, SoftBank y MGX, sacudiendo de paso a Meta (Facebook, Instagram y Whatsapp), Google, Nvidia y Anthropic. Y lo que parecía asomarse como una competencia tecnológica de punta está comenzando a moldearse en un panorama claramente a favor de China.

American curios
Diarios
David Brooks
▲ Migrantes colombianos expulsados en Miramar, California, hace unos días. En este nuevo mandato, el presidente Donald Trump empezó atacando a los más vulnerables.Foto Afp/ Asuntos Públicos de Aduanas y Protección Fronteriza de EU
“Cosas terribles están ocurriendo afuera. A cualquier hora de noche y de día, gente pobre indefensa es arrastrada de sus hogares. Se les permite llevarse sólo una mochila y un poco de dinero, y aún así, les roban estas posesiones en el camino. Las familias son destrozadas; hombres, mujeres y niños son separados. Los pequeños regresan de la escuela a encontrarse con que sus padres han desaparecido… Todos están asustados”.
Aunque esas palabras fueron escritas por la adolescente Ana Frank en su diario mientras ella y su familia se escondían de los nazis que ocupaban Holanda hace unos 85 años, tienen ecos que empiezan a ser contemporáneos. Ella murió de tifoidea en un campo de concentración un par de años después; hoy, el gobierno de Trump anuncia que abrirán el equivalente a un campo de concentración en Guantánamo, y en partes de Estados Unidos para los inmigrantes, o en su vocabulario, extranjeros ilegales capturados en redadas.
¿Dónde estamos? Van 14 días del gobierno de Trump y para muchos ya parece una eternidad. Como bully clásico, primero ataca a los más vulnerables, en este caso los inmigrantes. No es la primera vez que los indocumentados son declarados indeseables o hasta peligrosos en este país. Durante la Gran Depresión y al concluir la Segunda Guerra Mundial se realizaron redadas masivas para expulsar a cientos de miles de ellos, y Obama, Biden y Trump han competido por ver quién es el mejor deportador en jefe. De hecho en esta nación de inmigrantes se han deportado a más de 57 millones desde 1882, más que cualquier otro país, señala Adam Goodman en su libro The Deportation Machine.
La campaña de terror del nuevo régimen estadunidense, aunque primero enfocada sobre migrantes, ha abierto diversos frentes en una guerra para recuperar a Estados Unidos de las fuerzas de la izquierda radical. Con ello, uno de los primeros decretos oficiales de Trump fue depurar la educación pública de aquellas teorías críticas sobre la historia del país que incluyen la esclavitud, el racismo, el imperialismo, luchas por los derechos civiles y más, y sustituirlo con una versión patriótica.
Más aún, se dio la orden de, literalmente, borrar toda referencia a la comunidad LGBT+ en los sitios oficiales de Internet del gobierno federal, así como anular todos los programas de diversificación –o sea, incorporar más mujeres, minorías raciales y de género– en el gobierno y otros sectores. Trump se atrevió a culpar a esos programas del accidente aéreo en Washington. Mientras, proceden purgas dentro del gobierno de cualquiera –desde científicos a oficiales de la FBI, fiscales federales y hasta generales– que se han atrevido a criticar o investigar a Trump y sus aliados.
Todas estas primeras acciones son acompañadas de incesantes mentiras y distorsiones contra la izquierda radical, los medios, los científicos y otras amenazas internas y externas (incluidos México y Canadá, entre otros), con lo cual se justifican políticas y medidas represoras cada vez más alarmantes. Hace recordar esa frase de Voltaire: esos que pueden hacerte creer disparates pueden hacerte cometer atrocidades.
Ante todos estos ataques, el supuesto partido opositor, el Demócrata, parece incapaz de montar un respuesta frontal llevando a algunos críticos a compararlos con los líderes del colaboracionista régimen Vichy de Francia ante los nazis.
Por su parte, las redes de organizaciones inmigrantes y sus aliados, agrupaciones de defensa de derechos gays y organizaciones de derechos civiles de minorías preparan respuestas al ataque en su contra, maestros contemplan qué hacer ante el ataque contra la educación pública, entre otros. Todas estas diversas fuerzas progresistas y liberales reconocen que cada una está bajo ataque, pero por alguna razón inexplicable aún no han logrado conformar algún tipo de frente amplio ante un enemigo común.
En tanto, seguramente, alguna joven en este país está escribiendo en su diario lo que está sucediendo ahí afuera.
Th Highwaymen. Deportee. https://www.youtube.com/watch?v=flkuZJ1did8

El Estado soy yo: Donald Trump
Arturo Balderas Rodríguez
Los primeros 10 días del gobierno de Donald Trump se caracterizan por su similitud con aquella ofensiva en que las fuerzas armadas estadunidenses barrieron con el régimen de Hussein en Irak. Lo que el entonces presidente Bush no previó, o no le alcanzó la imaginación para prever, es que Irak se convertiría en un nación ingobernable en el que facciones de todos colores se disputarían el poder.
En el caso de Donald Trump, la intención de él es cambiar de raíz al Estado democrático del país. En principio mediante una avalancha de casi 100 decretos a sabiendas de que algunos de ellos violan la Constitución. Más de un agudo y respetado analista considera que el republicano es un subnormal. Tal vez lo sea, pero no en el sentido de su capacidad mental, sino por sus dotes únicas para perpetrar vesanias y toda clase de arbitrariedades.
En los últimos cuatro años armó una serie de propuestas con el concurso de varios legisladores de su partido y un grupo de colaboradores, que no se distinguen necesariamente por su capacidad para dirigir el gobierno. Algunos de ellos apoyaron con millones su campaña, y ahora que son parte de la administración están dispuestos a usarla como instrumento para acrecentar aún más su riqueza y la de su jefe.
Trump cayó en cuenta que la Constitución y las leyes que emanan de ella se pueden violar, y así romper todas las barreras que la protegen, con sólo su voluntad y la de quienes él designe como instrumentos para hacerlo.
No otra cosa es resultado de sus disposiciones recientes: la suspensión de todos los apoyos a organizaciones no lucrativas, muchas de las cuales tienen una relación estrecha con el gobierno; la decisión de correr a la plana mayor del FBI, y los cientos de investigadores que ahí laboran por el delito de cumplir con su deber investigando los hechos de la asonada en el Capitolio, y la grave decisión de no reconocer como ciudadanos a quienes nacen en territorio estadunidense de padres extranjeros.
A esas barbaridades se agregan otras como su decisión unilateral de gravar con 25 por ciento los productos que Estados Unidos importan de México y Canadá, pasando por encima del convenio trilateral que regula las relaciones comerciales entre las tres naciones. Las excusas para esta decisión son torpes y cambian día con día. Hoy es la migración, mañana es el déficit comercial, al día siguiente es el trasiego de drogas.
Sin embargo, la desmedida ambición y el deseo de venganza que lo caracteriza, pudieran tropezar nuevamente con un Estado que, aunque cimbrado en las últimas semanas por los arrebatos de su jefe máximo, es lo suficientemente complejo y estructurado como para frenar, o al menos postergar, que se concreten de inmediato todas sus ocurrencias. Una de esas estructuras es la burocracia, que con sus miles de servidores de carrera, mueve al país.
Ese elefante que se llama gobierno, será todo un reto moverlo para que de la noche a la mañana su compleja maquinaria cambie procedimientos y hábitos. Un ejemplo es el desastre y confusión que causó la orden ejecutiva que sus colaboradores prepararon para su firma con el objetivo de suspender el apoyo a las decenas de organizaciones que trabajan con el gobierno en diferentes áreas. Fue redactada de tal manera que causó pavor por sus consecuencias inmediatas, y confusión para implementarla. Una oficina dependiente del propio Ejecutivo tuvo que ordenar se postergara en tanto se aclarara la forma de llevarla a cabo.
En cualquier sociedad medianamente sana, los efectos de las medidas de la actual administración serían causa para que la población rectifique su voto en las próximas elecciones legislativas cuando regrese a las urnas.
Su promesa de abaratar alimentos y demás productos de consumo cotidiano se verá como una gran mentira. Más aún, ante la posibilidad de que incluso aumenten como saga de los aranceles que arbitrariamente se impusieron a las importaciones.
Es probable que las condiciones de las mayorías más necesitadas se agravarán por la disposición de Trump de suprimir todas y cada una de las iniciativas que en su beneficio instrumentó el gobierno anterior, como la reducción en los precios de las medicinas o los paquetes de apoyo a los menores en los hogares más necesitados. Sería deseable que, esos y otros espejismos, en dos años, puedan determinar un cambio en el ánimo del electorado.