domingo, 2 de febrero de 2025

Brasil y (otra vez) la destrucción del medio ambiente.

Eric Nepomuceno
Sí, sí, vale reiterar: en su tercer mandato presidencial Lula da Silva sigue exhibiendo datos positivos, algunos sorprendentes hasta para sus más animados seguidores.
Por ejemplo, en 2024, el segundo año de su tercer gobierno, Lula pudo celebrar un logro formidable: el desempleo, tal como es medido desde hace casi medio siglo, se desplomó a su menor nivel en toda la historia.
El pasado viernes, el dólar cayó frente al real por décimo día consecutivo. Es verdad que sigue por encima de la meta establecida, o deseada, por el gobierno, pero sigue cayendo.
Fueron 10 días seguidos a la baja, y no hay señales de viento en sentido contrario. Se rumorea en Brasilia que la esperanza del gobierno es que pronto la moneda estadunidense caiga en los límites previstos.
Pero surgen con frecuencia cada vez más estruendosas denuncias sobre lo que pasa en el medio ambiente.
Y no hay nada que indique que el gobierno adoptará medidas urgentes para cambiar el escenario, y menos aún que las denuncias bajen de tono y volumen. Al contrario.
En general, y tratándose del gobierno, persiste, por cierto, un misterio que ni siquiera los supuestos grandes conocedores del alma humana logran explicar: ¿cómo puede ser que con esos y tantos otros datos positivos la aprobación de Lula y de su actual mandato sigan bajos, a punto de ser sobrepasados por los que lo reprueban, acorde con algunos sondeos realizados por empresas respetadas entre analistas y miembros del gobierno?
Y no se trata de ser reprobado por seguidores del desequilibrado ex mandatario Jair Bolsonaro: muchos de los encuestados declaran haber votado por Lula justo para evitar la relección del provocador de desastres y crímenes cuyo precio el país sigue pagando.
La respuesta, y que vale tanto para un ciudadano común como para los grandes conocedores del alma humana, es corta y sencilla: le falta al gobierno, y principalmente a Lula, un sistema de comunicación.
El presidente siempre fue un comunicador seductor, algo reconocido hasta por sus más feroces (siempre que civilizados, claro) adversarios.
¿Qué le pasa ahora? ¿Cómo puede ser que con tantas conquistas no esté flotando en las más altas olas del océano de la popularidad? Sí, es cierto, mucho ya se habló de ese tema. Pero él sigue presente.
¿Hay otros temas? Por cierto, una infinidad. Algunos son parte de la historia, otros se arrastran por décadas hasta saltar a la superficie a espera de solución, y esa solución no llega nunca.
Sin embargo, la estridencia explosiva que algunos de esos temas provocan cuando salen a la superficie merece atención especial.
Entre tantas otras, el año pasado tuvo como marca la cuestión ambiental, la ampliación brutal de áreas quemadas de manera criminal por estancieros o invasores de tierras, tanto privadas como públicas.
El crecimiento fue de 79 por ciento con relación a 2023. Superó las 30 millones de hectáreas, un área mayor que la superficie de Italia.
Eso: una Italia entera de floresta natural destrozada por fuego criminal, junto a áreas destinadas al pasto. En este caso, el fuego sirve para ayudar a plantar nuevos espacios que crecerán más rápido.
Los mismos estudios que tratan de esa devastación feroz muestran que son los indígenas los que más se esfuerzan por proteger a la naturaleza.
Sin apoyo amplio del gobierno, muchas veces arriesgando la vida, son ellos los que sí intentan hacer algo. Y por eso cada vez más son blanco de la furia de los apropiadores ilegales de tierras públicas, e incluso de tierras consideradas reservas de los pueblos originarios.

El comercio con Estados Unidos es viciado y tóxico
Antonio Gershenson
Desde que surgió el país llamado Estados Unidos de América, la presión comercial hacia México siempre ha sido bajo condiciones indecentes. Seguimos colonizados por un país que creció, se fortaleció y tomó identidad a medias, debido a los territorios que con tratados amañados fueron usurpados a nuestro país y pasaron a ser parte de otra nueva nación que, a su vez, se fundó sobre las tierras que pertenecen a los habitantes originarios.
Después de varios intentos de invasión a nuestro país por parte de algunos gobiernos estadunidenses del pasado, de alguna forma resurgen con la llegada a la Casa Blanca por segunda ocasión del comerciante Donald Trump.
El jefe de los republicanos en el poder se regodea con las amenazas de invasión y de sometimiento comercial, inspirado en las bravuconadas de otros gobiernos del siglo XVIII. Dicha actitud le mantienen el ego bastante crecido y fresco ante una Presidenta que lo ha mantenido a raya.
Preguntamos ¿por qué seguimos dependiendo comercialmente de Estados Unidos? ¿Cuándo nos vamos a independizar de un país que nos ha tratado –siempre– muy parecido o peor que a un prisionero de guerra?
Tal vez sea este el momento propicio para ir distanciándonos, comercialmente hablando, de la arrogancia del millonario que, siendo condenado por delitos penales, está ocupando un lugar privilegiado para manejar la economía de su país a su antojo, pero también al antojo de sus amigos millonarios.
Ahora se le antojó amenazar al gobierno de Claudia Sheinbaum con imponer su idea enfermiza y prepotente de cobrar el 25 por ciento de aranceles a los productos mexicanos. ¿Alguien le cree a Trump que está protegiendo la producción industrial de su país? Con sólo mencionar el cobro de dicho arancel ya está perjudicando a los empresarios estadunidenses.
Otra pregunta: ¿tiene el gobierno actual la paciencia completa para aguantar a este presidente inestable como estadista? Consideramos que no tiene por qué aguantar sus abruptos hormonales-comerciales.
Esperamos que los planes A, B y C, que seguramente ya los tiene el gobierno de la 4T, nos mantengan lejos de las amenazas a corto, mediano y largo plazos que ha diseñado el equipo de asuntos económicos de Trump.
¿Quién dejó en serios problemas económicos a Estados Unidos? No fue sólo el ex presidente Joe Biden. El deterioro tiene décadas. Cada vez se hunde en su necia economía belicista. Se sabe muy bien, la industria de las guerras, además de dejar, absurdamente, miles de víctimas, deja una enorme resaca económica. Tal vez al presidente no le importe que el pronóstico de crecimiento de su economía es menor de 2 por ciento.
No tenemos por qué pagar los errores financieros que han cometido los gobiernos republicanos y demócratas. El tiempo se les viene encima y no será con un 25 por ciento de aranceles como saneará su maltrecha economía.
Los periodistas de Sin Embargo al Aire lo han indicado muy bien. Tal vez estamos en una oportunidad única de abrir un frente económico para México con todos aquellos países que deseen hacer negocios con el nuestro.
Es definitivo y, de hecho, urgente, estructurar una nueva forma de negociaciones con Estados Unidos, sin limitaciones tramposas ni arriesgando nuestra seguridad nacional.
O quizá el presidente Trump cree que está tratando con el fantasma de Antonio López de Santa Anna. Nada más lejos de la realidad. En este momento, la actividad económica en territorio estadunidense está dejando serios problemas comerciales.
Insistimos, no creemos que la amenaza constante de aumentar los aranceles a México y a otros países que han negociado con Estados Unidos sea una actitud patriota del presidente Trump para proteger su producción industrial, sino una actitud prepotente que él cree que le ayudará a que su país sea grande de nueva cuenta. Lo que no ha aclarado el estadista es a qué tipo de grandeza se refiere.

No sólo de pan...
¡De la milpa, mexicanos!
Yuriria Iturriaga
Mexicanos al grito de la resistencia, con la Cuarta Transformación en su Segundo Piso, que precisa de cumplir con la reconquista del suelo generoso y productivo, a la manera de los mexicanos que durante más de 8 mil años se demostraron a sí mismos que la tierra era pródiga si se la cuidaba y alimentaba de manera apropiada a su altitud, clima, ciclos de lluvia y sequía, en fin, según la naturaleza en que se cultivaba y cuya comprensión por los humanos tomó milenios descifrar: desde los ciclos productivos hasta las familias de vegetales simbióticos entre ellos y con el suelo donde crecían… Sabiduría profunda e irremplazable que la fuerza frenética y la soberbia llegada de otro continente, con su capacidad destructora sintetizada en equipos de conquista extraterritorial y desprecio por las creencias ajenas, desprestigiaron los saberes milenarios y su irrefutable eficacia, transformándolos en expresiones como “perdóneme, Su… xx” o perdóneme el Señor Dios, expresiones que convirtieron a los sujetos del saber milenario de América en versiones desprestigiadas de sí mismos y a sus descendientes mestizos en inseguros sujetos que reivindicaban su parte clara sobre la morena, ambas símbolos de virtud y pecado, respectivamente. Mientras los siglos pasaron, podando desde arriba los saberes sobre la tierra y sus frutos, para darles valor sólo si modificaban sus modos de cultivo: desde las fechas de la siembra y la variedad de las plantas, hasta la pertinencia de alternar distintas especies y, lo más grave, el invento y aplicación de fertilizantes e insecticidas mágicos (por mortíferos). Pero, si esto es una verdad irrefutable en el siglo XXI, es inexplicable que los mestizos sigamos insistiendo en imponer a los campesinos modos de cultivo que han demostrado su eficacia para destruir los suelos, necesitar cada vez más químicos para controlar plagas y deber cambiar de suelo para resembrar, como si fuéramos país de trigos… mientras nuestros maíces se contaminan y empobrecen, igual que los suelos donde los siembran. Y mientras la modernidad de las siembras inspiradas en el modelo de los sembradíos de cereales de la familia Triticum, acaba con la fecundidad y autorrevitalización de suelos que no fallaron durante milenios en reproducir las milpas de cinco a más elementos…
¿Qué nos falta o qué nos falla, para no comprender que el modelo del monocultivo, no creado por la naturaleza, sino por el hombre de los trigos, que cubrieron del norte de India y Mesopotamia a las costas occidentales de Europa y el norte de África, y recubrirEstados Unidos, es un sistema inventado por los hombres, y que, como toda la tecnología que hoy por hoy puede sustituir nuestra inteligencia y manos productivas (se dice) quiere imponerse también en la producción del maíz, del arroz y de los tubérculos farináceos, los otros tres alimentos constructores de lo humano del hombre?
Es fundamental pensar la historia en todo momento y, sobre todo, para planificar la actualidad y el futuro de un pueblo, cuanto más los del propio. Porque, si podemos comprender las tecnologías más avanzadas (entendidas como la sustitución del hacer del hombre por artefactos que pueden remplazar sus manos por herramientas y desplazando la reflexión a programas cibernéticos), ¿por qué no podemos comprender que el desarrollo de la filosofía, el arte, las matemáticas y tantos otros atributos exclusivamente humanos, partieron de sociedades cuyas necesidades vitales eran satisfechas con sólo observar, comprender y seguir a la naturaleza? Mientras las condiciones difíciles de supervivencia fueron las que generaron en los hombres (genérico de géneros) las que desarrollaron el concepto de adaptación al medio como revolución, transformación, en fin destrucción… del medio.
Este espacio y muchos más como éste no bastarían para solventar esta discusión, pero sí podemos dar un salto arriesgado en el discurso para plantear a la 4T, Segundo Piso, que el destino manifiesto de Estados Unidos está muy alejado del nuestro: nosotros tenemos tierras recuperables que nada impide decretar como bien de la nación (ejidos y tierras comunitarias), repartirlas entre los migrantes retachados (de preferencia para ubicar su destino donde fue su origen) y gracias a sus conocimientos regresar a las tierras sus cualidades productivas (sin tecnologías contaminantes). Sin evocar ya, la felicidad nuestra y la de ellos por la recuperación del quehacer de sus ancestros respectivos. La meta: devolvernos nuestra soberanía y autosuficiencia alimentarias con productos que amamos y que ya probaron durante milenios su eficiencia para mantener cuerpos sanos y bellos con mentes saludables, pacíficas, empáticas y creadoras.
La historia nos puso los eventos de estos días para mostrarnos de qué somos capaces: ¿Reforma constitucional para la redistribución de las tierras productivas? ¿Censo exhaustivo de los ex migrantes repatriados para facilitarles su regreso a casa, con el compromiso de cultivar milpas como antaño y cubrir el mercado interno…? ¿O será un sueño donde los antagonistas son los científicos contra los idealistas de lo humano?
cruzadaporlamilpa.org.mx