Haití vive una ola de protestas ante la crisis de seguridad y alimentaria. Foto Ap
Nueva York. Estados Unidos y México informaron este lunes que están preparando una resolución de la ONU que autoriza una “misión de asistencia internacional” para apoyar en mejorar la seguridad en Haití a fin de que se pueda entregar ayuda humanitaria urgente a millones de personas necesitadas.
La embajadora estadunidense, Linda Thomas-Greenfield, realizó el anuncio durante una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mientras miles de personas en Haití salían a las calles para exigir la renuncia del primer ministro Ariel Henry.
Las protestas se llevaron a cabo el día en que el país conmemora la muerte de Jean-Jacques Dessalines, un esclavo que se convirtió en el gobernante de la primera república negra del mundo.
Thomas-Greenfield dijo que la misión propuesta, la cual “no es de la ONU”, sería por tiempo y alcance limitado y estaría encabezada por un “país aliado” que no fue identificado “con la experiencia amplia y necesaria requerida para que una labor así pueda ser efectiva”. Incluiría un mandato para el uso de la fuerza militar en caso de ser necesario.
Señaló que la resolución que se está elaborando es una “respuesta directa” a una solicitud que Henry y el Consejo de Ministros de Haití presentaron el 7 de octubre para recibir asistencia internacional con el fin de ayudar a restaurar la seguridad y atenuar la crisis humanitaria.
La propuesta refleja una opción que planteó el secretario general de la ONU António Guterres en una carta dirigida al consejo el 9 de octubre, en la que pidió que uno o varios Estados miembros de las Naciones Unidas desplieguen una fuerza de acción rápida para ayudar a la Policía Nacional de Haití.
Haití ha sido presa de la inflación, que ha disparado los precios de los alimentos y el combustible, y ha exacerbado las protestas que han llevado a la sociedad a un punto de quiebre. La vida diaria en la nación caribeña comenzó a salirse de control el mes pasado, apenas horas después de que Henry diera a conocer el fin de los subsidios a la gasolina, lo que provocó que los precios se duplicaran.
Las pandillas bloquearon el acceso a la terminal de combustible Varreux, lo que desató una severa escasez de gasolina en un momento en que el alza de los precios ha puesto a los alimentos y la gasolina fuera del alcance de muchos haitianos. El agua potable es escasa y la nación lidia con un brote de cólera.
La inestabilidad política en el país más pobre de Latinoamérica se ha desatado desde el asesinato sin resolver del presidente Jovenel Moïse en julio del año pasado. Moïse enfrentaba protestas de oposición en las que se exigía su renuncia por cargos de corrupción y afirmaciones de que su periodo de cinco años al frente del gobierno había terminado. El entonces mandatario había disuelto la mayoría del Parlamento en enero de 2020 luego de fracasar en su intento por realizar elecciones legislativas en 2019 en medio de un estancamiento político.
Thomas-Greenfield dijo que la resolución que autoriza la misión de seguridad es adjunta a una resolución a la que la agencia de información The Associated Press tuvo acceso la semana pasada y que impondría un embargo armamentístico, congelación de bienes y restricciones de viaje a Jimmy Cherizier, también conocido como “Barbeque”, líder de una importante pandilla haitiana.
Las sanciones también se enfocarían en otros individuos y grupos haitianos que participen en acciones que pongan en riesgo la paz, la seguridad o la estabilidad del país, según el texto que la AP obtuvo el jueves.
La embajadora estadunidense subrayó que su país está “muy consciente de la historia de intervenciones internacionales en Haití y en particular de las preocupaciones de que el consejo autorice una respuesta que pudiese llevar a un papel de mantenimiento de la paz sin un límite de tiempo definido".
Haití: ¿otra salida falsa?
En respuesta a una solicitud del gobierno de Haití, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se apresta a autorizar a ese país una fuerza militar integrada por tropas de varios países. En apoyo a esa idea, el secretario general del organismo internacional, António Guterres, dijo ayer que Haití vive una circunstancia de pesadilla por la falta de seguridad, energía y agua potable, en medio de una epidemia de cólera.
Como se sabe, los grupos armados que proliferan en la nación caribeña mantienen el control de extensas regiones, incluida la capital, Puerto Príncipe, y han desatado el terror sobre el resto de la población, a la que impiden el acceso al agua y a los combustibles, además de que la hacen presa de atrocidades de toda suerte.
Es en tal circunstancia desesperada que el muy precario gobierno presidido por Ariel Henry pidió la llegada de un contingente de fuerzas extranjeras para restaurar un mínimo nivel de viabilidad para el país, petición que recibió el respaldo del funcionario de Naciones Unidas y de la Casa Blanca.
Ciertamente la descomposición institucional y social que padece el país caribeño, aunada al impacto de terremotos, huracanes y epidemias, tiene a la mayor parte de la población haitiana en una crisis humanitaria permanente, agravada por la pobreza ancestral. Las pandillas han evolucionado hasta convertirse en cuerpos paramilitares armados, en muchos casos con modernos fusiles de asalto, posiblemente obtenidos de la propia policía o de los cuerpos de paz internacionales que han sido desplegados en años recientes en Haití.
En suma, la situación que pesa sobre los haitianos es indiscutiblemente trágica y angustiosa, pero basta echar una mirada a la historia reciente para darse cuenta de que el envío de militares extranjeros no es la solución; en el mejor de los casos no arreglará nada y, en el peor, agravará las condiciones imperantes en el país. Así lo considera el Senado de Puerto Príncipe y lo piensan también miles de personas que han salido a las calles a protestar por una enésima ocupación militar que pareciera inminente.
Baste recordar, como botón de muestra, el saldo negativo del despliegue de cascos azules tras el derrocamiento del presidente Jean-Bertand Aristide en 2004: las tropas comandadas por la ONU –y a las que Brasil aportó el más numeroso contingente– permanecieron en Haití durante 13 años y en ese periodo cometieron diversas atrocidades contra la población civil, particularmente en perjuicio de mujeres y niñas que fueron violadas o prostituidas por los efectivos foráneos.
Para colmo, la epidemia de cólera que actualmente padece la nación caribeña se originó en ese contingente militar extranjero, cuya presencia no contribuyó ni mucho ni poco a la consolidación institucional haitiana y ni siquiera a atenuar el grave problema de seguridad pública. Estados Unidos, América Latina y la Unión Europea tienen una responsabilidad fundamental y mucho que aportar para la superación de la tragedia de Haití, pero no mediante tropas de ocupación.
Es necesario emprender, en cambio, un plan internacional urgente, a fin de atender las necesidades más elementales de alimentación, salud, vivienda, energía, empleo y educación para la población de esa devastada nación que es, paradójicamente, la primera de América Latina que logró su independencia de una potencia europea, en 1804, y desde mediados del siglo antepasado ha sufrido colonialismo, saqueo, golpes de Estado, ocupaciones militares y apoyo externo a grupos oligárquicos locales, acaso como un castigo perdurable por la temprana emancipación que tuvo como protagonista a un pueblo de esclavos insurrectos.
