miércoles, 30 de junio de 2021

Bajo la lupa.

Frenéticas inversiones en el circuito étnico chino y en Japón por carencia de chips
Alfredo Jalife-Rahme
▲ La vigorosa demanda de chips proviene de sus asombrosas aplicaciones en inteligencia artificial, vehículos autónomos, computación, entre otros. En la imagen, línea de producción de General Motors en Coahuila.Foto José Carlo González
La guerra de los chips que inició Trump, y que ha proseguido Biden contra China, hasta ahora ha sido contrarrestada por Beijing mediante la deslocalización y sus empresas conjuntas en el sudeste asiático y en el circuito étnico chino (https://bit.ly/2SycMv4).
Según Che Pan (CP), de SCMP, con sede en Hong Kong, las inversiones masivas en la manufactura de chips en Asia se gesta en medio de la carencia global de abasto debido a la creciente demanda de chips para empoderar los dispositivos 5G y los vehículos inteligentes (https://bit.ly/3gUQzAK).
CP juzga que los gobiernos no se quedan atrás con el fin de “asegurar las cadenas de abasto de los chips en medio de la escalada ( sic) de la guerra tecnológica de Estados Unidos contra China”.
Las inversiones masivas provienen de Asia oriental, impulsadas por China y Taiwán, así como por Japón y Singapur que buscan beneficiarse de la fuerte demanda de chips, mientras Estados Unidos persiste en su manufactura de chips en suelo estadunidense.
GlobalFoundries –el cuarto fondo más grande del mundo, con sede en Estados Unidos– salió el año pasado de su planta en la ciudad china de Chengdu para instalarse en Singapur, que forma parte de lo que denominé hace mucho el circuito étnico chino: China, Taiwán, Hong Kong, Macao y Singapur–, donde invertirá 4 mil millones de dólares y cuenta con el respaldo de la agencia gubernamental Economic Development Board.
El mayor contratista manufacturero de chips del mundo, Taiwan Semiconductor Manufacturing Co (TSMC) –con planes para invertir 100 mil millones de dólares en los próximos tres años–, instalará su primera fábrica en Japón, donde el primer Yoshihide Suga ha colocado en lo más alto de su agenda el abasto de cadenas domésticas de chips.
Tanto China como Taiwán encabezan el liderazgo para instalar nuevas fábricas en el continente americano, Europa, Medio Oriente, Japón y Corea del Sur.
Amén de la ferocidad del rebrote de la pandemia del Covid-19, Taiwán padece una de las peores sequías en varias décadas, lo cual ha agudizado la carestía global de semiconductores.
SEMI –asociación que representa 2 mil 400 miembros de la industria de semiconductores– calcula el arranque de 19 fábricas de alto volumen de chips a finales de 2021 y de otras 10 en 2022: con China y Taiwán contando ocho fábricas cada una.
La vigorosa demanda de chips proviene de sus mirificas aplicaciones en inteligencia artificial, vehículos autónomos, computación de alta performatividad y de 5G hasta las comunicaciones 6G.
Según TrendForce, Taiwán ostenta 63 por ciento (¡mega- sic!) de la manufactura global de chips por ingresos en 2020 y se espera incremente a 65 por ciento en 2021 frente al estable 18 por ciento de Corea del Sur.
La escalada de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China impide que Beijing sea capaz de producir chips avanzados debido al bloqueo y las sanciones de Washington, por lo que la participación global de China en la manufactura de chips es probable que disminuya de 6 por ciento en 2020 a 5 por ciento en 2021.
Para paliar la guerra de semiconductores de Estados Unidos, el gobierno chino incentiva a grandes jugadores, como SMIC, a disminuir su dependencia en los chips importados.
SMIC construirá dos plantas en Beijing y Shenzhen con apoyo de las autoridades locales.
En Estados Unidos, el Senado aprobó la Enmienda de innovación y competencia para financiar con 52 mil millones de dólares –de un total de 250 mil millones para contrarrestar el descomunal avance tecnológico de China– la investigación, diseño y manufactura de chips (https://cnb.cx/2U6O05H).
Hasta ahora la Unión Europea se ha quedado lastimosamente confinada al “ outsourcing (deslocalización o maquila)” de chips en la región asiática.
A propósito, el connotado investigador ruso Dmitry Orlov, experto en colapsología (https://bit.ly/3qucnpT), vaticina que la crisis de los microchips disolverá el imperio estadunidense ( https://bit.ly/2Tcqx2P ), mientras China nacionalizará las partes principales de su industria de semiconductores por ser estratégicamente importante.
¿Llegará China a recuperar Taiwán con todo y sus microchips?
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Alarmante sequía en California y Arizona
Cambio climático, al centro del debate en EU ante la ola de calor
Republicanos logran reducir el presupuesto de Joe Biden contra el calentamiento global
▲ Una familia se refresca en la playa Alki, en Seattle, Washington, ante la advertencia de que continuará el calor excesivo luego de temperaturas récord que golpean la región.Foto Afp
▲ Inspectores forestales de prevención trabajan en un área conocida como espacio defendible en California, donde ayudan a los propietarios de terrenos a identificar posibles riesgos de incendio.Foto Afp
David Brooks  Corresponsal
Periódico La Jornada  Miércoles 30 de junio de 2021, p. 24
Nueva York., El noroeste de Estados Unidos es la noticia principal al registrar temperaturas sin precedente mientras una sequía pone cada vez más en peligro una de las zonas agrarias del país, y jóvenes ocupan las entradas a la Casa Blanca para insistir en que el presidente cumpla su promesa y no se raje al incluir fondos masivos para enfrentar y reducir la crisis climática.
Aunque todos los políticos conscientes que le creen a la ciencia, incluido el presidente Joe Biden, reconocen que el cambio climático es una amenaza existencial que necesita enfrentarse de inmediato, ambientalistas recuerdan que los políticos se han pasado los últimos años declarando tales cosas sin tomar las medidas necesarias para revertir el futuro que se anuncia con cada noticia sobre catástrofes climáticas y cada nueva investigación que no sólo confirma, sino que hace sonar las alarmas más urgentes sobre la crisis planetaria que se aproxima por el cambio climático.
Durante los últimos días, al registrarse los extremos del clima en el noroeste del país –con temperaturas que llegan o superan 46 grados centígrados en Portland, Oregon y Seattle, y partes de Canadá con 49.5 grados centígrados, que generalmente oscilan entre 21 a 23 grados en esta época del año– para los medios ya es casi imposible no incluir la frase cambio climático al reportar la noticia. Eso es algo novedoso en los últimos cuatro o cinco años, y con ello el tema del calentamiento global se ha colocado al centro del debate nacional.
Es el comienzo de una emergencia permanente, declaró el gobernador del estado de Washington, Jay Inslee, en entrevista con MSNBC, y agregó que el centro del problema es el cambio climático.
Los efectos de la ola de calor en el noroeste incluyeron un incremento de pacientes en salas de emergencia, apagones locales, la clausura de algunas escuelas y negocios para proteger a trabajadores, también fenómenos como cables derretidos en transporte público y grietas en autopistas. Hasta se tuvieron que suspender las competencias de atletismo para el equipo olímpico estadunidense en Eugene, Oregon, por el calor.
Como no existe una ocurrencia del evento que estamos experimentando en el registro climatólogico local, es algo desconcertante no tener una analogía con la cual trabajar, declaró la oficina de Seattle del Servicio Nacional de Clima.
A la vez, el oeste del país sigue bajo condiciones, algunas extremas, de sequía. Más de 58 millones viven en esta zona, provocando temores de falta de agua e incendios en California, Arizona y otras partes del suroeste. Expertos temen que este año podría ser más grave que 2020, el cual fue el peor jamás registrado en número y extensión de incendios.
En California, donde se producen dos tercios de las frutas y nueces, y más de un tercio de las verduras de Estados Unidos, la sequía prolongada y nutrida por el cambio climatico podría tener consecuencias dramáticas para el país. Granjeros ya están vendiendo agua en lugar de cultivar en el Valle Central, el corazón de la agroindustria del estado, reporta el New York Times.
Mientras arde el oeste, el Congreso y la Casa Blanca están en su usual baile en cámara lenta donde un sector republicano ha logrado que Biden y los demócratas reduzcan los fondos propuestos para combatir el cambio climático a cambio de apoyo para el ambicioso proyecto de ley del presidente sobre infraestructura, provocando furia entre sectores progresistas dentro y fuera de Washington, todos los cuales ahora están señalando el horno en el noroeste como evidencia de su argumento de que el futuro es ahora.
Un creciente movimiento ambientalista de jóvenes está impulsando presión masiva sobre la cúpula política y económica para abordar el tema durante los últimos años, generando un cambio dramático en el debate político nacional e internacional.
Como parte de ello, esta semana ambientalistas jóvenes de diversas partes del país convocados por el Sunrise Movement cargando mantas que proclaman nuestro futuro no es negociable, ocuparon las entradas a la Casa Blanca declarando que es inaceptable cualquier acuerdo sin incorporar medidas extensas para enfrentar el cambio climático. Biden, cobarde, tienes que luchar por nosotros, advirtieron.
El borrador más reciente del informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la Organización de Naciones Unidas advierte que millones en el mundo enfrentan un futuro de hambre, sequía y enfermedad, ya que el cambio climático fundamentalmente cambiará la vida en la Tierra en las próximas décadas.
Biólogos calculan que 35 por ciento de las plantas y animales podrían dejar de existir para 2050 como resultado del cambio climático.
Bill McKibben, reconocida figura ambientalista nacional, fundador de la campaña 350.org y colaborador de The New Yorker sobre cambio climático, afirma que poco a poco se está reconociendo por empresas, bancos y hasta la Agencia Internacional de Energía que ha llegado el momento para frenar toda nueva inversión en hidrocarburos para cumplir con el objetivo de limitar el incremento del calentamiento global a 1.5 grados Celsius marcado en el Acuerdo de París, subrayando que la velocidad (en hacer esa transición) es lo único que nos da esperanza de resolver la ecuación climática.