lunes, 19 de abril de 2021

American curios.

Causas de fondo
David Brooks
▲ En la imagen, de archivo, policías guatemaltecos detienen cerca de Agua Caliente a indocumentados hondureños que esperan llegar a la frontera con Estados Unidos. El presidente demócrata Joe Biden ha formulado como una de sus prioridades atender las causas de fondo de la migración desde Centroamérica y México.Foto Ap
Desde que se intensificó el tema del flujo migratorio en la frontera de México y Estados Unidos, el gobierno de Biden ha formulado como eje de su respuesta atender las causas de fondo de la migración desde Centroamérica y México. Biden, su vicepresidenta Kamala Harris y los encargados de política exterior hacia América han sostenido pláticas, realizado viajes y comentado sobre iniciativas para abordar esas causas de fondo en México y Centroamérica. Harris recién anunció su intención de viajar a México y Guatemala.
Pero tal vez debieran ahorrarse más viajes y quedarse en casa, en Washington, para primero abordar una de las principales causas de fondo del fenómeno que se está manifestando en la frontera: las políticas económicas y de seguridad estadunidenses en toda la región a lo largo de las ultimas décadas.
Antes de viajar y ofrecer dólares a quién sabe quién en esos países para que los migrantes y refugiados se queden en casa, tal vez son ellos quienes deberían permanecer en su casa y convocar a un gran elenco de historiadores, periodistas, analistas, ex funcionarios, religiosos, defensores de derechos humanos y más que pueden contarles, si es que no se acuerdan, de la larga y violenta historia de la mano estadunidense a lo largo de más de un siglo en esa región.
Podrían recordar lo que dijo el entonces soldado más condecorado de su país, el general Smedley Butler, en los años 30 al resumir su carrera: “Dediqué 33 años y cuatro meses al servicio militar activo como miembro de la fuerza militar más ágil de este país, los marines… Y durante ese periodo dediqué la mayoría de mi tiempo a ser un golpeador de alta categoría para el gran empresariado, Wall Street y los banqueros. En suma, fui un estafador, un gángster para el capitalismo… Ayudé a hacer seguro a México, especialmente Tampico, para los intereses petroleros estadunidenses, en 1914. Ayudé hacer de Haití y Cuba un lugar decente donde los chicos del National City Bank pudieran recaudar ingresos. Ayudé en la violación de media docena de repúblicas centroamericanas para beneficio de Wall Street…”.
Y desde esos tiempos hasta la fecha podrían revisar la lista de intervenciones, el apoyo militar a dictaduras, a escuadrones de la muerte, a la capacitación y financiamiento de torturadores, donde fuerzas apoyadas abierta o clandestinamente por Washington, primero con la justificación de la Doctrina Monroe, después, en la guerra fría, contra el comunismo y más recientemente contra los aliados de gobiernos progresistas latinoamericanos que se atrevieron a no obedecer los deseos y recetas para la democracia y “libertad “asesinaron a decenas de miles en esos países. O como el Departamento de Estado de Obama, con Hillary Clinton al frente, apoyaron el golpe de Estado en Honduras en 2009 (varios de los golpistas fueron egresados de lo que antes se llamaba la Escuela de las Américas, donde Estados Unidos capacita a militares latinoamericanos) de donde proviene en gobierno actual de ese país.
Podrían revisar los efectos de las políticas neoliberales del llamado consenso de Washington, incluidos los acuerdos de libre comercio que aún están vigentes con México y con los países centroamericanos, y cuyo resultado empírico es que las mayores y más exitosas exportaciones de esta región –medido sólo por ingresos internacionales– son sus seres humanos y las drogas ilícitas.
También podrían evaluar por qué Washington, casi sin excepción, ha apoyado la represión contra cualquier movimiento, frente, líderes políticos y más, que buscaron cambiar las condiciones de injusticia, violencia y corrupción en sus países.
No se puede responsabilizar exclusivamente a Washington por lo que las cúpulas políticas y económicas de todos estos países han implementado en sus países, pero si en verdad hay interés en ubicar y abordar las causas de fondo del problema migratorio, Washington debería no sólo ver a sus contrapartes en México y Centroamérica, sino también verse a sí mismo.
Leonard Bernstein: America de West Side Story. https://www.youtube.com/watch?v=_e2igZexpMs &list=RD_e2igZexpMs&start_radio=1&t=277
Calle 13. Pa’l norte. https://open.spotify.com/track/0WKdB7PG 53c1QlDbQzqn7s?si=8B0-MqsDTI-Hxwygzyq-9Q

Girón o el fracaso de una conspiración made in USA
Carlos Fazio
Este 19 de abril se cumplen 60 años de la derrota del imperialismo yanqui en Playa Girón. La invasión mercenaria patrocinada por el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy fue descubierta con meses de anticipación por el periodista argentino Rodolfo Walsh, a quien se le hizo sospechoso un cable comercial de la empresa Tropical Cable de Guatemala, que llegó al teletipo de su oficina en Prensa Latina en La Habana, y se abocó a descifrar el texto con la ayuda de un manual de ­criptografía.
El cable brindaba detalles de la conspiración que la administración Kennedy heredó de Dwight Einsenhower para invadir Cuba por Bahía de Cochinos, misma que ocurrió el 17 de abril de 1961. Vía una empresa comercial de fachada, el plan conspirativo estaba dirigido a Washington desde la embajada de EU en Guatemala por el jefe de la estación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El contenido era un informe de los preparativos de la invasión y revelaba incluso dónde oficiales de la CIA adiestraban y equipaban a un ejército de gusanos anticastristas: la hacienda Retalhuleu, cafetal ubicado en el norte de Guatemala. Detallaba la cifra de hombres, nombre de las embarcaciones, apoyo aéreo y estrategias que la CIA pensaba indescifrables, y hasta el punto de desembarco.
Para preparar la invasión, la CIA organizó de manera paralela una ofensiva propagandística mediante las agencias de noticias estadunidenses AP y UPI; del diario La Voz de América, radiodifusoras y los periódicos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Hasta hoy la historia oficial estadunidense sobre esa operación bélica encubierta y su estrepitoso descalabro permanece en gran parte secuestrada por la CIA, clasificada como top secret por razones de seguridad nacional. Se sabe que el episodio de Bahía de Cochinos empezó con la autorización firmada por Eisenhower el 17 de marzo de 1960 (un año antes de la invasión), para un programa de capacitación de paramilitares, infiltración y asalto de 4.4 millones de dólares.
El objetivo era lograr la sustitución del régimen de Castro con uno más dedicado a los verdaderos intereses del pueblo cubano, y más aceptable a EU, llevado a cabo de tal manera que evitara cualquier apariencia de una intervención estadunidense. Según lo planificado, los mercenarios de la brigada debían lograr rápidamente una cabeza de playa y declararla territorio liberado. Ahí sería trasladado, desde EU, el gobierno provisional, el cual estaría compuesto de exiliados seleccionados por la CIA. En ese momento Kennedy le daría reconocimiento, el nuevo gobierno pediría ayuda internacional y los marines desembarcarían.
El origen de la resolución de Eisenhower se remonta al 19 de abril de 1959, cuando tras reunirse durante dos horas con el primer ministro cubano Fidel Castro, el entonces vicepresidente Richard Nixon preparó un informe donde aseguraba que era necesaria una acción de fuerza contra Cuba, al concluir que los revolucionarios instalarían un sistema político contrario a los intereses de EU. Los hermanos Dulles, John Foster y Allen, secretario de Estado y jefe de la CIA, respectivamente, estuvieron de acuerdo. Allí nació el Proyecto Cuba, del cual responsabilizaron al director adjunto de la CIA, Richard Bissell. El 17 de marzo de 1960 Eisenhower aprobó el plan diseñado por Bissell, que englobaba guerra sicológica, acciones políticas, económicas y paramilitares, teniendo como eje organizar, entrenar y equipar a exiliados cubanos para constituir una fuerza invasora.
El 3 de enero de 1961, en la fase preparatoria de la invasión, Washington rompió relaciones con La Habana. El día 20, Kennedy asumió la presidencia, y 24 horas después ordenó continuar con los planes de agresión, incluido el trato con la mafia de la Cosa Nostra. EU había logrado que la casi totalidad de naciones del continente censuraran a la revolución cubana; sólo México, Brasil y Ecuador se opusieron a cualquier acción militar, evitando que Kennedy se sirviera de la Organización de Estados Americanos para una operación conjunta.
El 14 de abril Kennedy dio luz verde a un ataque aéreo preliminar a la invasión. El 15, Bissell envió ocho bombarderos B-56 para destruir la escasa y vieja aviación de combate cubana. Mientras llovían bombas sobre la isla, el canciller cubano Raúl Roa pedía en la ONU que se exigiera a EU el cese de la agresión. Durante el sepelio de las víctimas de los bombardeos, casi todas civiles, Fidel Castro llamó a la movilización total: Cada cubano debe ocupar el puesto que le corresponde en las unidades militares y centros de trabajo sin interrumpir la producción, ni la campaña de alfabetización. Ese 16 de abril expresó una frase que dio la vuelta al mundo, porque anunciaba el camino ideológico del proceso: “Eso es lo que no pueden perdonarnos […] ¡que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!”
A las 23:45 horas del 16 de abril de 1961, Grayston Lynch fue el primer mercenario que tocó tierra cubana. Pero al caer la tarde del día 19, la tentativa de invasión era derrotada en Playa Girón. José Ramón Fernández informó a Fidel: Tomamos Girón a las 17:30 horas. Territorio Libre de América. Casi toda la Brigada fue capturada: mil 214 prisioneros. En combate murieron 114, incluidos cuatro pilotos estadunidenses. El 23 de abril, Fidel Castro expresó: ¡El imperialismo yanqui sufrió en América Latina su primera gran derrota!
Sesenta años después, las distintas modalidades de guerra política, sicológica, no convencional, asimétrica, híbrida y cultural, así como la subversión política-ideológica, la guerra de cuarta generación, el poder inteligente y el golpe blando perfeccionados y ensayados por la CIA y el Pentágono hasta el presente, se han estrellado ante la firme voluntad de un pueblo de defender su patria y a una revolución auténtica hija de la cultura cubana y las ideas de sus dirigentes, fincadas en un nacionalismo fruto de un proceso de liberación anticolonial y antimperialista.