El ataque ha cimbrado a la sociedad europea por ser el primero de este tipo en Austria, pero también por haberse producido apenas cuatro días después de que un joven tunecino asesinó a tres personas en la basílica de Notre Dame, en Niza, Francia.
Asimismo, supone una señal de vida del autodenominado Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por su sigla en inglés), grupo islamista que llegó a controlar grandes porciones de territorio sirio e iraquí, y entre 2014 y 2017 condujo o se adjudicó una larga serie de atentados en Europa, América del Norte y Australia, algunos de ellos con decenas de víctimas mortales.
Como todos los que le han precedido, el ataque del lunes resulta injustificable y condenable en todo punto. Sin embargo, el horror de la violencia terrorista no se produce en el vacío ni puede reducirse al maniqueo discurso del choque de civilizaciones, como pretenden las derechas globales.
En primera instancia, debe recordarse que si ISIS llegó a convertirse en una organización tan poderosa fue gracias al financiamiento de Arabia Saudita y a la avenencia de los líderes occidentales hace casi una década, cuando estaban más interesados en el derrocamiento del presidente sirio Bashar al Assad que en las consecuencias de dar rienda suelta a los grupos fundamentalistas que combatían a ese gobernante.
Además, como ya se expuso en este espacio, con motivo del ataque en Niza, el trasfondo del fundamentalismo lo conforma la dilatada historia de dominio colonial y aventuras bélicas de las potencias occidentales en naciones con mayoría musulmanas, así como la marginación multidimensional a la que se ven encadenadas las personas de esos países que migran hacia territorio europeo.
Cuando la desigualdad y las divisiones de clase están atadas a un origen nacional, étnico, religioso y lingüístico –como ocurre, por ejemplo, con los turcos en Alemania y los norafricanos en Francia–, está claro que se fomenta un resentimiento que, por desgracia, sólo se convierte en centro de atención cuando tiene desbordes trágicos.
En suma, es urgente desactivar a todos los grupos que propagan discursos de odio y promueven la violencia como método de lucha política, pero no lo es menos poner fin a las grandes contradicciones sociales, las lógicas imperialistas y las desigualdades económicas con componentes étnicos que son el caldo de cultivo para dichos grupos.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ Hasta el cierre de esta edición los mercados eran dominados por la incertidumbre. En las bolsas asiáticas (que abrieron actividades de este miércoles) se siguieron en monitores los resultados de las elecciones en Estados Unidos.Foto Afp
Para efecto prácticos, da lo mismo giro que colorado, Joe Biden o Donald Trump, aunque este último, sin lugar a duda, es el peor del dúo, sin que ello signifique que el otro sea mejor, aunque sí, aparentemente, menos salvaje. A lo largo de los años, la elección presidencial en Estados Unidos, una tras otra, crea en el imaginario colectivo la ilusión de que ahora sí un amigo de México ocupará la Casa Blanca, en particular, y de América Latina, en general, pero la historia muestra que ese sueño en realidad es una pesadilla, porque todos los mandatarios gringos han arrasado con la patria grande.
Tal vez la mayor de todas esas quimeras fue la generada por el triunfo de Barack Obama, el primer afroamericano en llegar a la presidencia estadunidense, quien si bien mantuvo un discurso –sólo eso– medianamente amistoso con México, en los hechos fue uno de los mandatarios que autorizó una voluminosa deportación de mexicanos, incluso mayor a la promovida por el salvaje de Donald Trump. Y a un lado de Obama estaba Biden, como vicepresidente.
Entonces, ¿qué puede esperar México del ganador del súper martes? No mucho, o si se prefiere nada distinto, porque, para no ir más lejos, sólo en el transcurso del presente siglo todos los gobiernos estadunidenses (George W. Bush, Barack Obama –con este par se dio la operación Rápido y Furioso–, Donald Trump y, como se prevé, Joe Biden; dos republicanos y dos demócratas) han hecho de todo contra nuestro país, nuestra soberanía y nuestros paisanos, y, desde luego, contra el resto de AL.
Pero en Palacio Nacional entienden que, quiérase o no, es el vecino poderoso, por lo que las relaciones con él deben manejarse con pinzas. Ayer, el presidente López Obrador dijo que no va a pronunciar hasta que se tengan los resultados de la elección estadunidense. Nosotros padecimos cuando nos hicieron un fraude en 2006 que, por falta de responsabilidad o desinformación, el gobierno español cometió el error de reconocer el triunfo de Calderón antes de que lo hiciera la autoridad electoral de México, bueno, antes de que reconociera el gobierno de Estados Unidos a Calderón, ya el gobierno de España lo había hecho, violando leyes y sobre todo las formas políticas.
Por ello, tenemos que ser respetuosos y no adelantarnos, no hacer pronósticos y desde luego no tomar partido, porque si no queremos que un extranjero opine sobre lo que sucede en nuestro país, si no queremos que un gobierno extranjero opine sobre lo que corresponde sólo a los mexicanos, no debemos estar con actitudes injerencistas, metiéndonos en la vida interna de otro país. Es muy clara la Constitución: tenemos que apegarnos al principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos; pero hay que poner a veces a leer la Constitución a quienes no la conocen, incluso hay hasta quienes protestan cumplir y hacer cumplir la Constitución y la violan. Entonces, vamos a esperar, cuando tengamos los elementos para pronunciarnos. Sin embargo, hay temas que queremos aclarar bien sobre esa relación, nada más estamos esperando que pasen las elecciones.
En fin, habrá que aguardar el resultado oficial, pero cualquiera que éste sea no hay que esperar mayor cosa.
Las rebanadas del pastel
¿Cómo va aquella frase? ¿A cada traidor de la patria le llega su San Martín? Algo así, pero el hecho es que en la mira de la autoridad está el otrora poderoso e intocable Luis Videgaray, el ajonjolí de todos los moles y males del país durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. La Fiscalía General de la República asegura que no ha sido rechazada la orden de aprehensión por ella solicitada ante un juez en contra del hijo ilustre de Malinalco; otros dicen lo contrario, pero lo cierto es que, tarde que temprano, al ex coordinador de la campaña presidencial de EPN, y ex secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores lo sentarán en el banquillo de los acusados, y mientras más rápido, mejor. Tal vez, en la misma crujía pueda jugar a la estafa con los Emilios (Lozoya y Zebadúa), con el propio Quique y demás ratas que irán enchiquerando.
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