lunes, 2 de noviembre de 2020

Trump alista ejército de abogados para obstaculizar el conteo de votos.

Giras mareadoras por estados claves
Pensilvania podría ser el escenario de la batalla final // El republicano quiere proclamar su triunfo la noche del martes // Biden tiene mejores expectativas que Hillary Clinton en 2016
▲ Combinación de imágenes muestra a partidarios del candidato demócrata Joe Biden (a la izquierda) y del presidente de Estados Unidos, Donald Trump (derecha), en varios mítines de campaña en estados claves realizados entre el 29 y el 31 de octubre.Foto Afp
David Brooks.  Corresponsal
Periódico La Jornada.  Lunes 2 de noviembre de 2020, p. 26
Nueva York., A 48 horas del día de las elecciones, el torbellino de las campañas de Donald Trump y Joe Biden por la presidencia de Estados Unidos cruzaron por estados que podrían definir el triunfo final, entre más actos de intimidación y agresión de los fieles del presidente, quien advirtió que al concluir la votación empezará la batalla legal para disputar los resultados.
El demócrata Joe Biden se enfocó en Pensilvania, estado que ambas campañas consideran podría ser el terreno de la batalla final, donde continuó con su mensaje de que en estas elecciones se trata de salvar el alma de Estados Unidos, y siguió atacando el manejo del presidente sobre la pandemia, cuyos rebrotes están por ahora descontrolados, sobre todo en los estados claves que determinarán esta elección. Él es el virus, declaró en uno de sus actos de campaña.
Mientras, Trump emprendió una gira mareadora con actos en Michigan, Iowa, Carolina del Norte y Florida, donde prosiguió con su mensaje repleto de distorsiones y mentiras sobre cómo se está a punto de superar la pandemia, sus logros económicos y promoviendo su mensaje antimigrante.
Comentó que el incidente peligroso en Texas hace un par de días, donde un convoy de autos pro-Trump casi provocaron un accidente al rodear a un autobús de la campaña demócrata sobre una autopista, sólo era que sus activistas, a quienes llamó patriotas, estaban protegiendo a ese autobús, porque son amables. En un tuit afirmó que sus seguidores no hicieron nada malo y se quejó de que la FBI está investigando el incidente, escribiendo que mejor deberían investigar a los terroristas, anarquistas y agitadores de Antifa que están incendiando nuestras ciudades gobernadas por demócratas y dañando a nuestra gente.
Trump y sus estrategas han estado cultivando las bases para cuestionar el resultado electoral y la legitimidad de todo el proceso desde hace semanas, acusando que una derrota sólo será posible por un magno fraude de los demócratas. Primero intentaron suprimir el voto adelantado, incluso logrando que el servicio postal provocara demoras en la entrega de los sufragios enviados por correo, pero eso ha fracasado en buena parte con más de 93 millones de votos ya emitidos, un récord histórico.
Por lo tanto, ahora harán lo posible para suprimir el conteo de esos votos. Este domingo, Trump repitió la falsa acusación de que los resultados deberían conocerse la misma noche de la elección el 3 de noviembre, ya que así ha sido y es como debe ser. Nunca ha sido así, nunca se han reportado los resultados finales oficiales esa misma noche.
Pero esto es parte del intento de proclamar victoria el mismo día 3, cuando tal vez el voto parcial podría proyectar una ventaja de Trump, pero esa tendencia cambiará al avanzar el cómputo de todos los votos, incluidos los adelantados, a favor de los demócratas, ya que éstos están votando más que nunca por correo en esta contienda debido a las condiciones de la pandemia. Ante ello los republicanos acusarán que sus contrincantes se están robando la elección.
De hecho, según algunas versiones, Trump ya está preparado para declarar su triunfo esa noche, aun sin las pruebas de ello. Pero ayer sugirió que en el momento que cierren las casillas, él desplegará a los abogados para disputar boletas, procesos de conteo y los resultados, lo cual sugiere que la disputa electoral continuará en los tribunales.
Estas maniobras ya han comenzado en algunos lugares. Republicanos en el condado de Harris, donde está ubicado Houston, intentaron descalificar más de 120 mil votos ya depositados, pero ayer la Suprema Corte de Texas negó la solicitud, la cual podría continuar ahora ante tribunales federales.
Llama la atención que el mensaje del presidente al aproximarse el fin de la campaña es que enviará un ejército de abogados para suprimir y obstaculizar el conteo pleno de todos los votos, señalaron críticos, quienes afirmaron que eso implica que los republicanos están suponiendo que perderán la elección.
Las encuestas nacionales, así como varias más en los estados claves, siguen registrando ventaja para Biden, y con ello el demócrata goza de una posición más fuerte en el mapa electoral de la que tuvo Hillary Clinton en la elección de 2016.

American curios
No da igual
David Brooks
▲ La policía arrestó ayer a varios asistentes a una manifestación en Nueva York contra el avance de la amenaza neofascista en Estados Unidos.Foto Ap
Momentos inéditos en los que no se sabe si se salvará lo que queda de una democracia dañada, si correrá sangre en las calles, si habrá un intento de un autogolpe, o si las policías y las fuerzas armadas intervendrán si estallan disturbios –palabra tramposa que oculta quién está detrás de la violencia– o si se sabrá o no quién ganó y quién fue derrotado, y si va a imperar un proyecto con tintes neofascistas que pondrá en peligro no sólo a progresistas, trabajadores, mujeres, a la comunidad gay, a toda minoría, y en particular a todo inmigrante dentro del país, sino al planeta mismo.
Aunque se ha reportado una y otra vez que esta es una elección sin precedente en torno al presidente más peligroso de la historia, existe una percepción muy curiosa y desafortunada entre algunos sectores progresistas en otras partes del mundo, incluido México, de que da igual quién gane.
Esto no se trata de otra contienda más entre dos partidos que según los mejores críticos estadunidenses, como Gore Vidal, forman un sistema de un solo partido con dos alas conservadoras, ambos manchados de guerras, golpes de Estado, intervenciones y agendas neoliberales tanto en el extranjero como en su propio país, el cual ha llevado a la mayor concentración de riqueza en un siglo, junto con la violencia sistémica racial, dentro de este país. No es otra elección para escoger quién es la opción menos peor, ni es una para evaluar quién nos conviene más.
Para cualquier progresista en cualquier parte del mundo, la amenaza neofascista es un peligro intolerable para todo amante de los principios de justicia, los derechos humanos y la defensa de la libertad de todos. Esto tiene larga historia. Cuando Franco era quien amenazaba con fascismo en España, progresistas en todo el mundo se sumaron a los esfuerzos de solidaridad e incluso a participar en la guerra en las brigadas internacionales (incluidos estadunidenses en las Brigadas Abraham Lincoln), la resistencia antinazi por toda Europa antes y a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, el apoyo y solidaridad con luchas de liberación contra dictadores en África, Asia y América Latina, o contra regímenes golpistas, eran parte de la lucha progresista en otros países, no sólo porque había consecuencias, sino por principio. Pinochet no daba igual a otro candidato, sino que era enemigo de todos los que se proclamaban como progresistas en todo el mundo. Es un principio internacionalista de lo más hondo.
Ahora esta misma amenaza enfrenta a Estados Unidos, algo que pocos esperaban pero que algunos advertían desde hace décadas, y eso, por ser la superpotencia, afecta a todos y al planeta mismo. Las palabras fascismo y/o autoritarismo en este caso no se emplean con propósitos de propaganda política, sino para describir objetivamente aspectos reales del actual gobierno por una amplísima gama de voces, desde conservadores tradicionales como George Will a destacados ex generales y almirantes, ex jefes de inteligencia como figuras de izquierda como Noam Chomsky, Cornel West, Angela Davis y líderes de diversos movimientos sociales.
Algunos, tal vez millones, están preparados para inundar las calles del país si hay un intento de autogolpe, incluyendo agrupaciones nacionales y hasta veteranos de guerra progresistas (About Face, VoteVets, Common Defense). Hay un mosaico multirracial, multi-generacional extraordinario de organizaciones y movimientos que han surgido de luchas recientes –Black Lives, el movimiento ambientalista, el de control de armas, de defensa de inmigrantes–, muchos encabezados por jóvenes que están no sólo pensando en cómo defender sus voces y votos, sino en promover una democratización radical del país.
Todos estos están enfrentando esta amenaza, todos estos son los verdaderos aliados de movimientos y gobiernos progresistas en otras partes del mundo, incluido México.
La lucha para frenar la amenaza neofascista y democratizar a la superpotencia requiere de la solidaridad de los que están librando esa misma lucha en otros países, o por lo menos que no les dé igual.
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