El magnate cumple su amenaza y advierte que solicitará a la Suprema Corte frenar el escrutinio// El demócrata Joe Biden pide calma
▲ Partidarios del demócrata Joe Biden en las calles de Wilmington, Delaware.Foto Ap
▲ Simpatizantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebran afuera del restaurante Versailles en Miami, Florida.Foto Afp
David Brooks. Corresponsal
Periódico La Jornada. Miércoles 4 de noviembre de 2020, p. 28
Nueva York., La elección nacional –posiblemente la más concurrida en un siglo– quedó inconclusa con una competencia más cerrada de lo esperado entre Donald Trump y Joe Biden y con el triunfo en manos de unos cinco estados claves que siguen contando las boletas, proceso que podría alargarse días.
Pero el presidente Trump declaró esta madrugada: francamente, ganamos esta elección, acusó que hay un fraude y que acudirán a la Suprema Corte para frenar el conteo, potencialmente provocando con ello una crisis constitucional.
Según proyecciones con base en los resultados preliminares de la elección más inusual –y según varias figuras prominentes–, la más importante en la historia moderna de Estados Unidos, la ruta del triunfo nacional de ambos candidatos depende de los resultados en Pensilvania, Michigan, Wisconsin y tal vez un par de distritos electorales en dos estados más.
Lo que empezó como una noche muy prometedora para los demócratas acabó pareciéndose a la de 2016, con el resultado dependiendo de relativamente muy pocos votos en unos cuantos estados. Florida, donde los demócratas pensaban que podrían sorprender, los sorprendió a ellos al no comportarse como pronosticaban las encuestas.
Ahí el voto latino de los cubanoestadunidenses y venezolanos ayudó a dar el triunfo a Trump, con analistas señalando que su mensaje antisocialista contra Biden fue más efectivo de lo que se pensaba.
Sin embargo, el voto latino en Arizona podría reparar el daño que los latinos de la zona de Miami infligieron contra su campaña, y si esa tendencia persiste en ese estado del suroeste, todo dependerá de los tres estados del medio oeste. La autoridades de esas entidades informaron que no tendrían resultados completos anoche, y que el conteo podría tardar varios días esta semana.
Ante esto, ambas campañas alentaron a sus bases a tener paciencia y festejaron sus posibilidades de triunfo, aunque quedó claro que los demócratas estaban algo desinflados por no haber sorprendido con triunfos en otros estados claves en el sur del país y hasta soñaban con voltear Texas, mientras el bando de Trump estaba aliviado por evitar la derrota en varios estados donde al inicio del día estaban amenazando, como Ohio y Carolina del Norte.
Georgia, donde continúa el conteo, aún podría sorprender a ambos bandos en una contienda muy cerrada.
Ante este panorama, Joe Biden, el contrincante demócrata, observó los resultados anoche en su casa cerca de Wilmington, Delaware, a un par de horas de Washington. A las 12:40 de este miércoles, el ex vicepresidente fue el primero en hacer declaraciones a sus seguidores: “nos sentimos bien… en camino de ganar esta elección” y exhortó a esperar a que se cuenten todas las boletas. Concluyó: mantengan la fe, vamos a ganar.
Trump, poco después de las dos de la madrugada, apareció ante las cámaras en la Casa Blanca y proclamó, falsamente: ganamos esta elección. Denunció que estaban por contar los votos y que de pronto dejaron de hacerlo, acusando a los demócratas de estar realizando un gran fraude. Agregó: vamos a ir a la Suprema Corte para frenar el conteo de los votos. Así cumplió con su amenaza de poner en duda la legitimidad de la elección de manera peligrosa y sin evidencia, algo raro si pensaba que estaba ganando.
Antes había publicado un par de tuits, en los que sostuvo que estaba ganando en grande y advirtió: ellos están intentando robar la elección. Nunca les permitiremos hacerlo.
La participación podría llegar al nivel más alto en un siglo. Lo más notable en esta inusual elección es que parece que por primera vez en la historia los votos anticipados, más de 100 millones, superarán los presenciales el día de las elecciones. Más de 100 millones de votos se emitieron antes del martes, lo cual representa más de dos tercios del voto total en la última elección presidencial en 2016.
Pero lo más importante a entender en esta contienda presidencial es que un candidato puede ganar el voto popular, pero perder la elección. Aquí lo que cuenta es cómo ese voto se expresa a nivel estatal, no nacional, y con ello cómo se reparte en votos en el Colegio Electoral, donde un ganador requiere 270 votos.
Y aun en elecciones más normales que ésta, el muy anormal sistema electoral estadunidense no puede garantizar ese principio básico de una persona, un voto, ya que no existe un proceso nacional. Por lo tanto, a lo largo de la jornada electoral nadie sabía si sus votos contarían, ni cuándo. Más aún, ante amenazas del presidente y sus aliados de tratar de frenar conteos y descalificar votos, sobre todo los adelantados, si las tendencias eran negativas para ellos sembró más sospechas sobre el proceso.
En plena jornada electoral, un juez federal ordenó al Servicio Postal de Estados Unidos –el cual sufrió lo que en efecto fue un autosabotaje de sus operaciones por órdenes del propio presidente para obstaculizar el procesamiento del voto por correo (el cual no tuvo precedente)– buscar unas 300 mil boletas que aún no habían sido entregadas a las autoridades electorales para ser contadas.
Mientras, los republicanos indicaron que continuarán con su esfuerzos para cuestionar ante tribunales el conteo de votos adelantados incluyendo los enviados por correo, entre otros.
Un observador comentó que en Estados Unidos pareciera que contar todos los votos es considerado por Trump y sus aliados como una demanda radical.
Incertidumbre
Con todo esto, el supuesto día culminante de la elección estaba repleto de dudas; imperó, más que nunca, una sensación de incertidumbre y temor ante posibles conflictos no sólo en tribunales, sino también en las calles del país.
Trump y su equipo, junto con aliados republicanos, han procedido suponiendo que no pueden ganar sin una serie de maniobras para limitar de alguna manera parte del voto, sobre todo en estados claves. Vale señalar que el presidente nunca ha gobernado con el apoyo de una mayoría, y perdió en el voto popular en su primera elección.
En la recta final de la contienda ya había señales dentro de la campaña de Trump y entre sus aliados, y no sólo por las encuestas, de que las cosas no favorecían al presidente. El mismo mandatario y su equipo parecían confirmar eso, después de que su estrategia para suprimir el voto no funcionó, al intensificar su acusación, sin evidencia alguna, sobre un fraude electoral y proceder a maniobras legales para obstaculizar la contabilidad del voto adelantado emitido en un volumen sin precedente; o sea, suponían que todo eso era necesario para evitar su derrota.
Ante la estrategia del equipo de Trump para cuestionar o frenar el conteo, varias coaliciones de organizaciones civiles se han preparado para enfrentar ese asalto y defender el voto durante los próximos días, tanto por vías legales como con movilizaciones masivas, si es necesario. Varias redes de agrupaciones se han preparado para una movilización para interrumpir un golpe de Estado.
La batalla por el Senado
La otra gran competencia política es por el control del Senado, el cual está por ahora en manos de los republicanos. Los demócratas necesitan obtener un incremento neto de cuatro curules para reconquistar el control de la cámara alta, pero esto pareció menos posible anoche.
Ayer ya muy tarde se sabía que los demócratas derrotaron a un republicano, pero perdieron un demócrata, y aunque aún hay posibilidad de que lo logren, es menos posible ahora.
En la Cámara de Representantes –donde las 435 curules estaban en juego– se pronosticó que los demócratas ampliarán su mayoría.
Al final de la noche, el mejor resumen fue del comediante Charlamagne Tha God: después de cuatro años que comprobaron que Trump era aún peor de lo que pensábamos, ¿cómo es posible que esta contienda esté tan cerrada? ¿Qué chingados está pasando con este país?
Esperanza, ira y temor en las casillas
▲ Un voluntario de la Universidad de Iowa desinfecta las cabinas de votación en el Centro de Bienestar y Recreación del campus.Foto Ap
▲ En Times Square, Nueva York, a la espera de los primeros resultados.Foto Afp
David Brooks. Corresponsal
Periódico La Jornada. Miércoles 4 de noviembre de 2020, p. 29
Nueva York., El supuesto derecho sagrado democrático de votar en este país culminó sin que nadie pueda garantizar que los votos cuenten, en un clima en el cual un presidente no descarta una especie de autogolpe si no gana en las urnas, y millones, en una ola multirracial que es la cara del futuro del país, tratando de rescatar lo que queda de esta democracia de las garras de un proyecto populista de derecha que nunca ha gobernado con el apoyo de una mayoría.
Millones de personas se formaron en largas filas en el país, algunos sin cubrebocas, una de ellas la esposa del mandatario, Melania, votando –se supone– por su marido. Fieles de Donald Trump repitieron las mil falsedades, teorías de conspiración y negación de la ciencia que expresa sin cesar su líder, y si esos argumentos no funcionan siempre hay la de la intervención divina, como comentó una mujer: Dios lo puso en la Casa Blanca y aún tiene más que hacer. Otros repitieron la razón por la cual votaron por él la primera vez en 2016: estaban hartos de la cúpula política de ambos partidos en Washington.
Mientras, aparentemente atreviéndose a desobedecer las órdenes divinas, otros se formaban para depositar su voto por los demócratas, pero vale subrayar que muchos, tal vez la mayoría, no estaban votando por el candidato demócrata Joe Biden, sino en contra del ocupante de la Casa Blanca, ya que más que nada, esta elección se convirtió en un referendo sobre Trump.
Unos dos tercios de los votantes expresaron que su opinión de Trump, buena o mala, fue lo que motivó su voto, según un sondeo de la agencia Ap. Un 63 por ciento opina que el país avanza en dirección errónea.
El clima fue una combinación de esperanza, ira y temor, algo que se expresaba en las filas de las casillas y en entrevistas con un amplio abanico de votantes durante los últimos días. Algunos llegaron a comentar que el futuro de la democracia está en juego.
Ex candidato presidencial, el senador Bernie Sanders reiteró: ésta no es sólo una elección entre Trump y Biden. Ésta es una elección sobre la democracia, contra el autoritarismo, y la democracia tiene que ganar y la primera manera de lograr eso es salir a votar en cantidades abrumadoras y derrotar a Trump, el presidente más peligroso en la historia estadunidense.
Otros estaban furiosos por las muertes de casi un cuarto de millón de personas –cifra muy superior a la de los estadunidenses fallecidos en todas las guerras en los últimos 70 años, explicó alguien– que atribuían en gran medida al manejo irresponsable de Trump de la pandemia.
Mayorías abrumadoras creen que el país camina en la dirección errónea. La pandemia y la crisis económica son las principales preocupaciones entre el electorado, y eso se expresaba de manera personal, varios votantes conocen a alguien afectado por el Covid-19 y otros están asustados por su supervivencia económica. Algunos más siguen pensando que Trump les regresará alguna version mítica del país donde todos (los blancos) son reyes y que los demócratas son socialistas disfrazados.
No fue el mejor anuncio o imagen para una democracia que se proclama ejemplo para el mundo el que las elecciones se hayan realizado con tropas de la Guardia Nacional y policías en estado de alerta en varios estados y ciudades del país, con varios comercios de marcas emblemáticas –Macy’s en Herald Square, Saks, Bloomingdales, Hermes, Tiffany, Dior– y algunos hoteles colocando grandes hojas de madera sobre sus vitrinas en Nueva York y otras ciudades, y que las medidas de seguridad hayan incluido una nueva valla alrededor de la Casa Blanca. Por lo menos un gobierno extranjero emitió alertas a sus ciudadanos en Estados Unidos sugiriendo tomar precauciones por posibles brotes de violencia relacionada con la elección.
Más aún, algunas agencias de inteligencia anticipaban violencia de agrupaciones estadunidenses ultraderechistas. El Departamento de Seguridad Interna evaluó que los supremacistas blancos son la amenaza más persistente y letal durante la coyuntura electoral, según un informe de inteligencia del ejército filtrada al periodista Ken Klippenstein de The Nation ayer por la tarde.
Sin embargo, la jornada electoral procedió sin graves problemas, sorprendiendo a casi todos. Aunque se reportaron algunos incidentes aislados de intimidación y maniobras de desinformación en algunos distritos electorales demócratas –o sea, en contra de ellos– y hubo por lo menos un hombre armado cerca de una casilla, además de algunos reportes de máquinas para voto que no funcionaban, observadores como el Comité de Abogados por Derechos Civiles bajo la Ley, reportaron: no hemos visto problemas sistemáticos mayores.
Anoche cientos de personas se congregaron cerca de la Casa Blanca en lo que algunos llamaron una fiesta de despedida para Trump. Al ritmo de tambores bailaron y prevaleció un ambiente relajado, a pesar de expectativas de disturbios de algunas autoridades.
Otros esperaban festejar por todo el país, pero todos estaban renuentes hasta tener algún tipo de confirmación de que ganaron, y aún estaban a la espera al concluir el día de los comicios.
El contexto
La pandemia contagió las elecciones estadunidenses, convirtiéndose en el factor clave de la contienda, entre los que usan cubrebocas y los que no, y su víctima mayor tal vez es Donald Trump, por su manejo irresponsable del Covid-19 en Estados Unidos, que continúa como el país número uno en contagios (más de 9.4 millones) y muertes (231mil 990) en el mundo.
También es una elección que se realiza en lo que promete ser la peor crisis económica desde la Gran Depresión, y la mayor exhibición de la desigualdad económica que se ha desarrollado bajo las políticas neoliberales de republicanos y demócratas a lo largo de las últimas cuatro décadas.
Desde marzo hasta la fecha, o sea a lo largo de la pandemia, 644 multimillonarios estadunidenses han incrementado sus fortunas en 931 mil millones de dólares, según un ánalisi de inequality.org. Entre ellos están Jeff Bezos de Amazon, Mark Zuckerberg de Facebook y Elon Musk de Tesla.
En tanto, la devastación económica producto del mal manejo de la pandemia ha generado una pesadilla para la población en general. Más de 23 millones de desempleados perderán la asistencia pública, decenas de millones enfrentan la posibilidad de ser lanzados de sus viviendas por falta de pago, o verán cortado el suministro de agua y electricidad por no poder pagar sus cuentas. Unas 98 mil empresas han cerrado. Un 40 por ciento de dueños de restaurantes dicen que tendrán que bajar las cortinas sin más apoyo del gobierno.
Los migrantes son los más vulnerables en esta coyuntura de pandemia, crisis económica y un gobierno antimigrante que apoya a agrupaciones racistas, y millones de ellos ayer tuvieron que ser espectadores de una contienda que tiene severas consecuencias directas para ellos, pero en la cual no tienen voto.



