Arturo Balderas Rodríguez
No debe extrañar que el presidente Donald Trump cambie de parecer a las pocas horas de haber emitido un comentario; lo raro sería que no lo hiciera. Pocos son ya quienes creen en sus ocurrencias que, por desgracia, se convierten en propuestas. No otra fue cuando fijó como fecha el 12 de abril para que la economía se abriera. La respuesta a tan aberrante decisión no se hizo esperar por parte de destacados epidemiólogos, incluidos los del propio gobierno, quienes le advirtieron que ello pondría en peligro la salud e incluso la vida de miles de estadunidenses. La preocupación fue compartida por una decena de gobernadores, quienes declararon que decidirían la reapertura asesorados de expertos en pandemias. A las pocas horas, Trump reculó, no sin antes advertir que su plan estaba dirigido a salvar la deteriorada economía de Estados Unidos. De esa forma dio paso, de nueva cuenta, a la innecesaria dicotomía entre salvar vidas o las finanzas. En tal sentido, no pocos economistas indicaron que sería más grave para la propia economía abrirla sin antes haberse controlado el brote epidémico, ya que la posibilidad de un rebote pudiera ser más catastrófico. Aunque precario, pareciera haber un acuerdo.
El congreso aprobó un paquete de 2 trillones de dólares que dará un respiro a los sectores económicos, en especial a los más de 22 millones que han perdido su empleo hasta mediados de abril. La dimensión de la crisis ya es comparable a las sufridas en los años 30 y 2007-2008. Es claro que los paquetes aprobados serán insuficientes para evitar que la crisis se profundice; por ello, los legisladores se aprestan a aprobar otro paquete. En este marco, la institución que juega un papel preponderante es el Banco de la Reserva Federal (Banco Central o FED, como se le conoce), que en tándem con el Tesoro estadunidense deberán conjugar esfuerzos primero para evitar que la debacle se profundice aún más y, acto seguido, para tratar de superar la que seguramente será una de las más difíciles etapas en la historia de Estados Unidos. Así lo consideró el presidente de esa institución que, por lo pronto, inyectó 2.3 trillones de dólares en el sistema financiero para agilizar y ampliar el volumen de créditos a miles de angustiados solicitantes.
El cuerpo dirigente de la FED, incluido su presidente, coincidieron en la necesidad de aumentar el endeudamiento del Estado hasta donde sea necesario, en otras palabras, ilimitadamente, con el propósito de estabilizar la caída de la economía. Con base en varios de los instrumentos de política monetaria que para ese fin maneja, en las pasadas semanas determinó rebajar la tasa de interés a un nivel histórico de 0.25 por ciento, lo que en última instancia tiene el propósito de aumentar y facilitar el flujo del dinero que presta a más de 25 instituciones, entre ellas la banca comercial. De esa manera, hacen a un lado la premisa sagrada de políticos, economistas e intelectuales conservadores de limitar a toda costa el endeudamiento del Estado, uno de cuyos aviesos fines es limitar el gasto social.
Sería suicida dar por concluida la emergencia sanitaria y abrir la economía. Al igual que en las crisis de los años 30 y, más recientemente en 2008, existen los mecanismos para superar la crisis mediante medidas monetarias que implementa el Banco Central, y las fiscales del Departamento del Tesoro. Es lamentable el movimiento cacerolista que auspician los republicanos y el propio presidente para obligar a que en los estados gobernados por demócratas se suspenda la cuarentena. La campaña de Trump para su relección está en marcha y, sin rubor alguno, usa al Covid-19 para el ataque político.
México SA
Paisanos y Covid-19// Desempleo al alza
Carlos Fernández-Vega
Para México, de tiempo atrás las remesas de los paisanos se convirtieron en el principal renglón en captación de divisas, muy por arriba del ingreso petrolero o turístico. En las últimas tres décadas por este concepto nuestro país captó alrededor de 476 mil millones de dólares, algo así como 40 por ciento del producto interno bruto a precios actuales.
Sin embargo, la pandemia de Covid-19 ha sacudido la economía estadunidense –y a la del mundo en su conjunto–, y más allá de las lamentables muertes de paisanos en el vecino del norte por ese virus, la consecuencia inmediata es que el monto de las remesas tiende a decrecer.
Un informe del Pew Research Center –con sede en Washington y del que se toman los siguientes pasajes– da cuenta de la situación: los hispanos son más propensos que los estadunidenses, en general, a decir que ellos o alguien en su hogar ha experimentado un recorte salarial o ha perdido su trabajo debido al brote de coronavirus.
De acuerdo con los resultados de una encuesta del referido centro de investigación (levantada entre el 19 y el 24 de marzo pasados), alrededor de la mitad (49 por ciento) de los hispanos reconocieron que, con el pretexto del virus, a ellos o alguien en su hogar perdieron el trabajo o se les recortó el salario, frente a 33 por ciento de los adultos estadunidenses (hasta ahora alrededor de 22 millones de trabajadores estadunidenses han solicitado el beneficio económico por seguro de desempleo).
Entre los hispanos, más personas dicen que alguien ha experimentado un recorte salarial, reducción en las horas de trabajo y/o despido, en una proporción que duplica a la del público en general. Un análisis reciente del Centro Pew documentó que cerca de 8 millones de trabajadores hispanos se empleaban en restaurantes, hoteles y otras actividades en el sector de servicios, y son quienes tienen un mayor riesgo de pérdida de empleo.
En marzo pasado, la tasa de desempleo en la comunidad hispanoparlante fue de 6 por ciento; en febrero, 4.4 por ciento. Es probable que la tasa actual sea mucho mayor, porque la cifra mensual se basa en datos de la segunda semana de marzo, antes de que se generalizara el impacto económico por el Covid-19.
Ahora, Estados Unidos tiene el mayor número de casos de coronavirus registra-dos en todo el mundo. La mayoría de los es-tados han cerrado negocios no esenciales y muchos han emitido órdenes a sus residentes de que se queden en casa. Más de cuatro de cada 10 estadunidenses (44 por ciento), incluido 47 por ciento de los hispanos, reconocen que la pandemia ha cambiado su vida personal de manera importante.
Los latinos están preocupados por el mayor impacto económico del Covid-19 en Estados Unidos. Noventa por ciento dice que el brote es una gran amenaza. Además, la encuesta de finales de marzo documenta una proporción significativa (42 por ciento) de ellos que advierte sobre una recesión causada por el coronavirus, mientras 16 por ciento considera que causará una depresión. Otro 40 por ciento asume que provocará desaceleración, pero no recesión.
Muchos hispanos ven al coronavirus como una gran amenaza para su situación económica personal. Sesenta y ocho por ciento de ellos (de acuerdo con la citada encuesta) reconoce que esa realidad ya les pegó, frente a 50 por ciento dos semanas atrás (otra encuesta levantada entre el 10 y el 16 marzo). En el periodo entre las dos, el Congreso debatió un proyecto de ley de gastos de emergencia por alrededor de 2 billones de dólares, que incluyó pagos gubernamentales de mil 200 dólares a personas, ampliación de los beneficios de desempleo y opción de posponer pagos por préstamos estudiantiles.
Las rebanadas del pastel
En todo caso, lo sorprendente es que todavía alguien se asombre: Javier Alatorre siempre ha sido el Titino (aunque físicamente se parece más a Neto, ambos personajes de Carlos Monroy) del ventrílocuo Ricardo Salinas Pliego, un oscuro empresario que entre el país y su patrimonio nunca duda: primero su patrimonio, y después, también.
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